La valoración agronómica del compost

Desde un punto de vista agrícola, la aplicación de un compost al suelo no se debe considerar como algo aislado y referido única y exclusivamente a la calidad y características de dicho compost, sino ligado a la propia problemática del suelo donde se va a aplicar, así como a los cultivos que se van a desarrollar.

El suelo, visto como un sistema depurador, tiene gran incidencia, puesto que iones aportados por el compost pueden formar complejos con sus coloides minerales. Asimismo, los vegetales que se desarrollan en el suelo pueden asimilar una cantidad considerable de nutrientes, impidiendo su pérdida por lixiviación. Existe, por tanto, un sistema dinámico gracias al cual los elementos nutritivos pueden reciclarse, pasando de los residuos a las plantas, al aire o al agua, y, por lo tanto, puede considerarse al suelo como el mejor destino natural para los residuos. Desde una perspectiva agronómica, tradicionalmente se ha considerado al compost como un producto capaz de restituir al suelo la materia orgánica que se pierde por los cultivos, y en este sentido eran definidos por la legislación española. Pero ya en sus orígenes, el compostaje, concebido como un sistema industrializado de conversión de los residuos orgánicos en fertilizantes, persigue algo más que la simple producción de materia orgánica; por ello, hoy en día, se considera que el compostaje de residuos orgánicos, además de ser una forma operativa para el tratamiento de los mismos, posibilita el retorno a los terrenos de cultivo de una parte de las extracciones minerales efectuadas por las cosechas. Todo esto lleva a considerar al compost, especialmente cuando ha sido elaborado con residuos y procedimientos adecuados, como un material agronómicamente completo y a considerar estos productos como una fuente estimable de recursos minerales. Agronómicamente pues, el compost está reconocido como fertilizante (suministrador de nutrientes) y como enmienda orgánica (mejora la estructura del suelo). Su acción correctora se debe analizar desde tres aspectos diferentes.

Aspecto físico.

  • El compost tiene un efecto directo, debido a su gran contenido en materia orgánica, sobre la macroestructura de los suelos agrícolas, especialmente cuando se trata de zonas áridas. Influye sobre el volumen de los poros, dando como resultado una mejora en la distribución de humedad e intercambio de gases.
  • Aumenta la capacidad de retención hídrica, debido a la propiedad de las sustancias húmicas de retener agua.
  • Incrementa la retención de nutrientes por las plantas y los elementos traza en el suelo, debido a las propiedades de intercambio iónico de la materia orgánica.
  • Previene la erosión del suelo por la acción del humus en la creación de una mejor estructura del mismo

Aspecto químico.

La acción nutriente de un compost se puede desarrollar en dos direcciones:

– Directa:

Suministra N, P y K, en porcentajes relativamente pequeños, pero muy equilibrados. Además, de suministrar oligoelementos, que pueden ejercer efectos positivos o causar problemas de toxicidad a largo plazo.

– Indirecta:

Favorece la utilización de los fertilizantes químicos por las plantas. Los óxidos de hierro y aluminio del suelo absorben materia orgánica, impidiendo con ello o cuando menos retrasando, la fijación de los fosfatos solubles. Los compost evitan igualmente las pérdidas por lixiviación de las formas solubles de nitrógeno.

Los elementos cuya presencia se considera fundamental para establecer el valor agronómico del compost son (Costa et al., 1995): carbono, nitrógeno, fósforo, potasio y oligoelementos o elementos traza (metales y metaloides). El proceso de compostaje influye también sobre el valor agronómico del compost dado que dicho proceso consta de dos fases (compostaje y maduración). La primera de ellas, durante la cual se produce una fuerte mineralización de la materia orgánica, tiene gran influencia sobre algunos parámetros incidentes en el valor agronómico del compost. Lo primero que se observa cuando una masa de residuos se somete a un proceso de compostaje es una pérdida de peso con valores muy variados (desde el 12% hasta valores superiores al 50%) dependiendo de la biodegradabilidad de los materiales que se compostan y de su porosidad. Durante el proceso de compostaje se produce un aumento del porcentaje de cenizas y con él, el de todos los elementos contenidos en la fracción mineral, tales como fósforo, calcio, magnesio, sodio y metales pesados. Asimismo, aumenta la capacidad de intercambio catiónico, lo que indica que la materia orgánica restante cuenta con un mayor número de grupos funcionales que la que existía en un principio. Este aumento de macronutrientes y de la capacidad de cambio puede considerarse un hecho positivo, obteniéndose con el compostaje un producto, compost, con mayor poder fertilizante y capacidad de retener iones. Además disminuye el porcentaje de carbono, puesto que la mineralización conlleva la desaparición de las formas más lábiles de éste; si bien la materia orgánica que queda es más policondensada y, por tanto, más favorable desde el punto de vista de formación de humus. En contrapartida, el proceso de compostaje provoca el aumento de la salinidad del material, como se refleja en los valores de la conductividad eléctrica de sus extractos.

La concentración de nitrógeno, al contrario de lo que sucede con otros macronutrientes como fósforo y potasio, no aumenta con el proceso, sino que disminuye en algunos casos. Una pequeña parte de él es inorgánico, encontrándose inicialmente en forma de amonio; va desapareciendo conforme avanza el proceso de compostaje, quedando al final del mismo valores muy bajos. El nitrógeno nítrico se comporta de manera inversa dado que prácticamente no existe al comienzo detectándose al final del proceso, quizás como consecuencia de la mineralización del nitrógeno orgánico, pasando a amonio y oxidándose a nitrato.

Todos estos cambios se llevan a cabo especialmente en la fase de compostaje. La fase de maduración prácticamente no tiene incidencia sobre la mayoría de ellos, puesto que la actividad de los microorganismos es mínima y la pérdida de peso por mineralización es pequeña. Esta fase, en cambio, contribuye a obtener una materia orgánica más humificada, que no se perderá en gran medida al aplicarla al suelo.

Aspecto biológico.

La adición de compost al suelo favorece la coexistencia en el mismo de diversas especies de microorganismos; si se utilizasen exclusivamente fertilizantes químicos se favorecería sólo la proliferación de especies muy determinadas. El aporte de compost al suelo hace aumentar de forma espectacular la microflora del mismo. El aumento de microorganismos, enzimas y metabolitos microbianos que lleva consigo la incorporación de compost, puede favorecer la estimulación de sustancias de acción fitohormonal por parte de los microorganismos del suelo (Greene, 1980). Estrechamente ligada a la microflora está la producción de sustancias biológicas activas, que pueden influir en el desarrollo de las plantas (vitaminas, hormonas, antibióticos, aminoácidos, etc.).

Un factor extremadamente importante para la fertilidad del suelo es la población microbiana existente, responsable de la eficacia de los ciclos biológicos (C, N, P, etc.) de los cuales depende la mineralización de toda la materia de la que provienen los elementos esenciales para la vida y el desarrollo de las plantas. Particularmente importante es la actividad de los microorganismos en la rizosfera, donde los productos excretados por las raíces determinan una concentración microbiana claramente superior a la del suelo alejado de la raíz.

Por lo que respecta a la fertilidad biológica, los residuos que contienen cantidades altas de nitrógeno y fósforo son muy mineralizables por los microorganismos; en este sentido, todos los microorganismos existentes en el compost desempeñan un papel importante en la mineralización de la materia orgánica, favoreciendo la movilidad de otros micronutrientes y macronutrientes.

Conviene indicar que diversos grupos de mesofauna desempeñan un importante papel en la transformación de los residuos y en su incorporación al suelo. En primer lugar, hay que destacar a los protozoos y rotíferos existentes en el compost y los nematodos y lombrices del suelo. Estas últimas favorecen la mezcla entre los residuos y el propio suelo. También es favorable la acción ejercida por nematodos, rotíferos y protozoos en lo que se refiere a la eliminación de grandes cantidades de bacterias; la disminución del número de bacterias es importante en muchos casos, porque el crecimiento incontrolado conduce al bloqueo de poros del suelo, llevándolo a condiciones de anaerobiosis, obstaculizando con ello el desarrollo de la microfauna y mesofauna.