Estado actual del debate sobre sustentabilidad

La sobreeconomización del mundo ha provocado la homogenización de los patrones de producción y consumo, contra la sustentabilidad planetaria basada en la diversidad ecológica y cultural.

La naturaleza es cosificada, “desnaturalizada” de su complejidad y convertida en materia prima (capital natural). Hemos llegado, incluso, a la explotación conservacionista de la naturaleza, que separa la biodiversidad en su función de equilibrio ecológico y la de su papel como banco de germoplasma.

La globalización económica es un estadio superior del proceso de acumulación e internacionalización del capital, que descarga en la naturaleza los desechos de la “creación destructiva” del capital.

La transeconomía es una inercia que ha desbordado sus límites. La racionalidad económica carece de flexibilidad para ajustarse a la sustentabilidad ecológica, las razones de fuerza mayor son las del mercado. Se ha negado la ley límite del crecimiento económico, y el debate se ha desplazado a la ecología política y no a la economía ecológica.

Se busca que sobreviva la resignificación política y cultural de la naturaleza, ya que han surgido nuevas formas de intervención del mundo natural y nuevas manifestaciones de impactos y riesgos. Se usan en la retórica oficial conceptos reservados a científicos; ya no sólo se mencionan capital, trabajo y tecnologías, ahora también territorio, autonomía y cultura entran al debate retórico. La naturaleza es lanzada a la esfera de la simulación de la economía transustantivada en capital.

Se califican como desastres naturales las alteraciones antropogénicas. Crece la incertidumbre de los procesos económicos y ambientales, y la ineficacia de las políticas públicas y los intereses encontrados. Se intensifica la dependencia tecnológica y el desarrollo sustentable es un mito.

La sustentabilidad se ha convertido en un proceso de luchas sociales y conflictos ambientales, por la apropiación y el manejo productivo de la biodiversidad. Se venden baratas la captura de bióxido de carbono, el petróleo, los recursos estéticos y la riqueza genética, lo cual ahonda diferencias entre los países ricos y pobres bajo el desarrollo sustentable.

Una posible solución es la desconstrucción de la racionalidad económica y la construcción de una racionalidad ecotecnológica sustentada en el potencial productivo de los ecosistemas, basada en una ética de la sustentabilidad, donde valor y territorio se perciban como política del lugar y la diferencia; donde identidad, autonomía y territorio se basen en supervivencia de la diversidad cultural y calidad de vida; donde la política del ser, del devenir y de la transformación se fundamenten en territorios culturales con reconstrucción de identidades. La lucha por la biodiversidad es un derecho a ser diferente, brinda singularidad y autonomía en la búsqueda de la equidad y la justicia, que propician la valorización del ambiente y la reapropiación de la naturaleza.

El estado actual en el debate sobre la sustentabilidad es el de lo deseado y no logrado; lo planeado y no alcanzado en lo social, ambiental, cultural, tecnológico, económico. Es un fenómeno multicausal caracterizado por su multidimensionalidad y multifactorialidad en la búsqueda de equidad intergeneracional, y cuyos retos son procurar y sostener el bienestar para todos.

Actualmente, la desigualdad, la injusticia y el deterioro ambiental fundamentan el discurso ambiental crítico del crecimiento, contra la racionalidad económica y la búsqueda de la sustentabilidad ecológica. Esta es la condición de diversidad étnica y cultural contra la sostenibilidad económica y biotecnológica.

El concepto se diluye, recodifica al hombre, su cultura y su naturaleza, como formas de una misma esencia, el capital, basado en una producción guiada por la lógica del mercado, cuyas características son el delirio e inercia de crecimiento y la retórica de la sustentabilidad.

Si no se actualizan las preferencias de las generaciones futuras, la sustentabilidad del capitalismo es imposible. Actualmente las estrategias de seducción y simulación reemplazan la violencia directa por violencia psicológica, el dominio económico se consigue a través del consumo y las preferencias.

Los contrarios de la dialéctica del desarrollo son el medio ambiente y el crecimiento económico. La transición del orden económico antiecológico hacia un nuevo orden social requiere sustentabilidad ecológica, democracia participativa y racionalidad ambiental. Esto permitirá el cambio de la legitimación de la capitalización a la valorización de los costos ambientales.

Hasta ahora sólo se ha documentado el deterioro y se ha actuado poco. Se sabe que existe un poder cada vez más concentrado, ubicuo y tecnologizado. Hemos perdido la noción de equilibrio, el mercado ha fomentado la pobreza con dignidad, ya que el mercado libre es socialmente insensible. Repartir la riqueza y consolidar la ciudadanización son requisitos del desarrollo, así como el manejo de los ámbitos de la comunidad.

La ciencia ha resuelto lo inmediato poniendo en riesgo el largo plazo. La universidad genera conocimientos y profesionistas que toman decisiones sin considerar las realidades emergentes producto de la confluencia y la articulación. Se ha fomentado la subordinación del quehacer universitario a la lógica política, sometida a la tiranía del mercado. La ciencia ha sido segregada y atomizada, sometida al utilitarismo y destinada a neutralizar el poder intelectual. El diálogo entre campos del saber se ha obstaculizado y complicado con un pensamiento fragmentado y compartimentado.