Descripción y fases del cultivo de espárrago
- Introducción
- Morfología del espárrago
- Fases fenológicas del cultivo
- Introducción
El espárrago (Asparagus officinalis L.) es una planta de porte arbustivo, con flores y bayas, aunque la parte comestible son los tallos emergentes denominados turiones. Para poder cosecharlos es preciso llevar a cabo un correcto manejo del cultivo, ya que la parte aérea (y también la radicular) deben acumular sustancias nutritivas que sirvan de reserva para las fases siguientes. Aspectos como la climatología, la región productora y, sobre todo, el manejo practicado al cultivo, serán determinantes en la obtención de espárragos de calidad.
- Morfología del espárrago
El espárrago (Asparagus officinalis L.) es una planta herbácea, monocotiledónea y de porte arbustivo, que pertenece a la familia Asparagaceae. Asimismo, es una planta plurianual, cuya vida productiva se estima entre 7 y 8 años, quizá más. Esta duración de las variedades cultivadas resulta ser bastante inferior a los espárragos de crecimiento silvestre, que pueden alcanzar los 20 años de longevidad, incluso 30, según Vidal (1958).
En cuanto a las partes de la planta del espárrago, se puede realizar una diferenciación más general, distinguiendo entre parte subterránea y parte aérea. La parte subterránea consta del rizoma y las raíces, constituyendo alrededor del 85 % de toda la masa del cultivo. El rizoma, comúnmente es la base de todas las estructuras, además del almacén principal de almidón de la planta (Kaur et al., 2018; Riojas, 2019). La parte aérea se compone del tallo, el follaje y las partes reproductivas.
Una diferenciación más específica de las distintas partes de la planta, nos lleva a distinguir: sistema radicular, tallo, hojas, flores y frutos, que son descritas a continuación:
– Sistema radicular. Es muy potente, ya que su función principal es acumular las reservas que permitirán la brotación al año siguiente. Está compuesto por dos tipos de raíces:
- Raíces principales. Tienen un color amarillento, con forma cilíndrica y no presentan ramificaciones. Son carnosas, aumentando de grosor y de longitud con el paso de los años, superando los 2 m de largo y los 3 mm de grueso (Del Pozo, 1999; Serrano, 2003). Presentan un crecimiento horizontal, siendo sus funciones principales el anclaje de la planta y la absorción de carbohidratos (Benages, 1990).
- Raíces secundarias. Éstas emergen a partir de las raíces principales, encargándose de absorber el agua y los nutrientes. Son de color blanquecino o pálido, fibrosas, delgadas (grosor promedio de 0.5 mm), se ramifican profusamente y crecen en profundidad (Pamplona, 1982; Del Pozo, 1999; Serrano, 2003).
Al sistema radicular del espárrago se le denomina “ascensional” porque las raíces nuevas se desarrollan encima de las que mueren, siendo éste el motivo por el pueden desarrollar un gran tamaño. Sin embargo, a pesar de su notable crecimiento, es preciso tener muy en cuenta que es una planta con una alta sensibilidad a la asfixia radicular (Pamplona, 1982).
– Tallo principal. Es único, comprende la parte subterránea y está modificado en un rizoma que actúa como unión entre el sistema radicular y la parte aérea de la planta. Está formado por un disco, también llamado “cepa”. En el rizoma se forman, además, grupos de yemas vegetativas, ubicadas en el ápice de crecimiento, donde se desarrollan los turiones o espárragos, que es la parte comestible. Al conjunto de las raíces, el tallo y las yemas se le denomina “garra o zarpa”. Una vez que los turiones salen a la superficie, se ramifican y empiezan a lignificarse, adquiriendo la típica coloración verdosa (Japón, 1986).
En ese momento reciben el nombre de “frondes, mata o fuste”. En plantaciones de regadío, los frondes pueden medir 1.2-1.5 m, mientras que, en condiciones de secano, alcanzan un tamaño inferior, aproximadamente 0.7-1 m. En función de la variedad y del tipo de suelo, éstos pueden ser más o menos compactos, resultando más convenientes las variedades frondosas y abiertas por su mayor producción. Por el contrario, las formas compactas tienen una menor ventilación, siendo más sensibles a contraer enfermedades (Serrano, 2003).
– Hojas. Éstas aparecen cuando los tallos alcanzan una altura de 15-20 cm, que suelen ser rudimentarias, finas y cortas. Los turiones portan las yemas cubiertas por brácteas, que en realidad son las hojas verdaderas. Las hojas comúnmente conocidas son en realidad cladófilas, filocladios o cladodios, tallos modificados delgados que dan el típico aspecto de la planta. Dichas yemas se ramifican para formar todo el follaje, denominado “helecho” o “plumero” (Serrano, 2003).
Es importante destacar que, si el tallo no se ramifica correctamente, las hojas no crecerán de forma adecuada, quedando en unas simples escamas. En este sentido, el desarrollo de la masa foliar es crucial, ya que favorecerá la capacidad de la planta para acumular reservas en el sistema radicular (Fernández y Bañón, 1992; Grubben y Denton, 2004).
– Flores. Son de color blanco verdoso, trímeras y con forma de campana. Aparecen en las axilas de las hojas. Al ser el espárrago una planta dioica, las flores pueden ser únicamente masculinas o femeninas porque funcionalmente se desarrollan los estigmas o los estambres, con fecundación cruzada. No obstante, de manera eventual, se han detectado flores hermafroditas sobre plantas masculinas (Japón, 1986). El proceso de polinización de las flores responde al tipo entomófilo, es decir, por insectos (Del Pozo, 1999).
– Frutos. Son bayas, con forma de globo y un diámetro aproximado de 6 mm. Las plantas femeninas tienen más cantidad de bayas que las masculinas. En su maduración adquieren un color rojo intenso, conteniendo en su interior 5 o 6 semillas de tonos pardo oscuro o negro y una forma triangular, poliédrica o redonda. Cada gramo de semillas puede contener, aproximadamente, un número de 40 a 50 (0.02 g por semilla), aumentando el poder germinativo si se trata de híbridos (Salmerón, 1971; Del Pozo, 1999).
- Fases fenológicas del cultivo
Salmerón (1971), divide el desarrollo del cultivo en las siguientes fases desde el punto de vista agronómico:
– Fase de formación de las garras. Comprende desde la siembra del espárrago hasta que se desarrolla el rizoma del mismo y se lleva a cabo en el vivero o semillero.
– Fase de improductividad o productividad creciente. Comienza cuando se plantan las garras provenientes del semillero (o vivero). En esta fase las raíces inician la acumulación de sustancias nutritivas, las cuales van a ser las reservas, indispensables, en la fase siguiente. Normalmente, en el primer año no se suele recoger la producción, esperando al segundo, que será mayor (Vidal, 1958).
– Fase productiva. Se subdivide, a su vez, en otras dos etapas, una de producción plena y otra cuando ésta va decayendo, siendo:
- Etapa de máxima producción. Tiene una relación muy directa con el manejo que se hace del cultivo (labores, riego, fertilización, …) y las condiciones de su entorno (incidencias climáticas, plagas y enfermedades, …). La influencia de todos estos factores determinará, en mayor o menor medida, su potencial de productividad. Asimismo, los turiones deben cosecharse antes de que aparezca la parte vegetativa.
Según Serrano (2003), la recolección suele durar unos 45 días en climas cálidos. Si este proceso se prolonga más tiempo del que la planta dispone en sus reservas radiculares, el tamaño o el calibre de los turiones puede disminuir hasta niveles no comercializables, produciéndose una reducción del número de yemas, debilitándose de manera considerable el cultivo.
- Etapa de producción decreciente. En ésta se les permite a los turiones que desarrollen su estructura vegetal, con sus ramificaciones, tallos y hojas, con el fin de que vuelvan a acumularse sustancias de reserva. Este proceso coincide con las fases de floración y de fructificación (Serrano, 2003). A este respecto, Moreau y Zuang (1977) determinan que se producirá un mayor crecimiento a medida que aumenta la temperatura, registrando en torno a 1.8 cm por día a 13 º C, incrementándose hasta 3 cm diarios si se alcanzan los 17 º C.
Por otra parte, Del Pozo (1999), señala que, en un clima templado, las fases fenológicas se corresponden con una estación del año, presentando la planta de espárrago un desarrollo que comprende desde la germinación de la semilla hasta la etapa productiva, repitiéndose tras cada cosecha. Quispe (2023), define una serie de fases en el cultivo del espárrago en las zonas de Perú, atendiendo a las siguientes:
– Desarrollo inicial. Las semillas se trasplantan a campo, o a la cama, después de 12-14 semanas, siendo la temperatura óptima para la germinación 20 º C. Kaur et al. (2018), indican que la germinación mejora si las semillas se remojan a una temperatura comprendida entre 30 º y 35 º C durante 5 días antes de sembrar. Tras la emergencia, se conforma la plántula, que contiene las primeras hojas verdaderas. En este estado se empieza a formar el rizoma y el sistema radicular (Casas, 2004).
– Brotación y primera cosecha. Las coronas brotan una semana después del trasplante en campo, siendo la temperatura mínima requerida para brotar de 12 º C (Serrano, 2003). La importancia de esta fase se centra en el desarrollo del follaje, el cual determinará la biomasa del rizoma y del sistema radicular, que será clave para acumular suficientes reservas (Del Pozo, 1999). Es recomendable cosechar un año después del trasplante (Casas, 2004).
– Segunda brotación, ramificación y apertura. Después de la cosecha, el rizoma brota y los tallos se ramifican, iniciándose un nuevo ciclo de brotes y la maduración del helecho o plumero, normalmente cada 4-5 meses (Casas y Sánchez, 2008). El crecimiento de los tallos va a determinar la estructura de la planta, resultando tremendamente importante la energía de sus reservas previas, las cuales dependen del desarrollo anterior de la planta, que debe evitar los problemas sanitarios (Del Pozo, 1999).
– Floración. En esta fase las flores son visibles, apareciendo antes en las plantas masculinas, en un número mayor que en las femeninas, generalmente en un relación de cuatro a uno, según Alva y León (2008).
– Fructificación y maduración. Las plantas femeninas forman sus primeras bayas, mostrando inicialmente tonos verdes para después tornase color rojo. La maduración comienza con la aparición de los frutos rojos (maduros), alcanzándose los máximos niveles de materia seca y de carbohidratos. Asimismo, el follaje se va oscureciendo y la tasa fotosintética comienza a decaer desde su valor máximo (Alva y León, 2008).
– Formación de turiones y cosecha. En la parcela se realiza el “agoste” (o agostamiento), que consiste en la reducción y el posterior cese del riego, lo que hace que se seque el follaje de la planta, induciendo a acumular las reservas en la corona. Más tarde se realiza el “chapodo”, que es el corte del plumero, para permitir la emergencia de los turiones y así poder realizar la cosecha. Si se realiza el aporque (hacer un camellón sobre el surco de los espárragos después del chapodo), se obtendrán espárragos blancos. Si no se hace, se obtendrán espárragos verdes (Casas, 2004).
Visto todo lo anterior, se puede concluir que, las distintas fases son importantes para obtener finalmente una cosecha satisfactoria y de calidad. Por ello, es importante prestar atención a las condiciones del entorno, así como al manejo que se aplique al cultivo.

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