Oídio en el cultivo de pimiento
- Introducción
- Descripción del patógeno
- Síntomas y daños
- Dispersión y modo de actuación
- Medidas de control de la enfermedad
- Introducción
El oídio o ceniza es una enfermedad que hay que tener en cuenta en numerosos cultivos entre los que se encuentra el pimiento. El hongo patógeno causante de dicha enfermedad posee una alta capacidad de desarrollo y dispersión, especialmente si las condiciones climáticas le son favorables. Por ello, es tremendamente importante llevar a cabo una estrategia de control basada en la prevención y en una vigilancia temprana, para así poder actuar con el primer indicio de su presencia en las plantas. Entre las medidas de control destacan: la higiene de las parcelas, la reducción de la cantidad de esporas, la desinfección previa del terreno, la retirada de las partes infectadas de la planta o la correcta aplicación de tratamientos contra el oídio, entre otras.
- Descripción del patógeno
La enfermedad conocida normalmente como oídio (u oidiopsis) en pimiento recibe también otros nombres, dependiendo de la región, como pueden ser ceniza, cenicilla, mildiu pulverulento o powdery mildew, estando considerada actualmente una enfermedad de bastante relevancia en cultivos de pimiento, especialmente los que se desarrollan bajo cubierta (René, 2018).
El responsable de esta enfermedad en el cultivo es Leveillula taurica, un hongo biótrofo endosimbiótico perteneciente a la familia Erysiphaceae. Es un parásito obligado de las plantas, a las que afecta en su rendimiento, así como en la calidad de sus frutos (Morales et al., 2018).
La distribución de este hongo fitopatógeno se produce prácticamente a nivel mundial, colonizando un número muy elevado de especies vegetales, más de 1,000 pertenecientes a 74 familias distintas. Entre su amplio rango de hospedantes se pueden citar algunos ejemplos como el tomate, la alfalfa, la berenjena, la cebolla, el puerro o el ajo. Sin embargo, es sobre las especies del género Capsicum (pimiento) donde alcanza su mayor dispersión a nivel mundial (Palti, 1988; Zheng et al., 2013).
A este respecto, es conveniente señalar que su falta de preferencia por ningún hospedero en particular lo convierte en un enemigo peligroso. Según Morales (2023), esta amplia gama de hospedantes hace muy difícil su control, por lo que es más que recomendable llevar a cabo estrategias preventivas cuando se acerque la fecha de su aparición en los cultivos de pimiento.
- Síntomas y daños
El síntoma más característico y por el que recibe el nombre de ceniza o cenicilla es la formación de un polvo, generalmente de color blanquecino, en la superficie de las hojas, correspondiente al micelio del hongo que resulta bastante visible a simple vista.
La evolución de la sintomatología en las plantas de pimiento, según René (2018), se produce del siguiente modo:
- Las primeras manifestaciones suelen aparecer en las plantas más maduras del cultivo, así como en las hojas más viejas de la planta.
- Inicialmente se pueden observar manchas de color verde claro o amarillo brillante de forma circular u ovalada con un diámetro de 0.5 a 2 cm y un borde irregular o difuso en la cara superior de las hojas. Estas manchas respetan las nervaduras de las hojas.
- En la cara inferior se desarrollan síntomas similares, pero no tan evidentes como en la cara superior, siendo el más significativo la aparición de un fieltro blanco, constituido principalmente por conidióforos y conidios, desarrollándose el micelio en el mesófilo de la hoja.
- En una etapa más avanzada del proceso infeccioso, las manchas adquieren un color amarillo intenso, incrementando su tamaño y llegando a unirse. Sobre éstas se observan lesiones necróticas de color marrón.
- Cuando ocurre una progresión rápida de la enfermedad, el desarrollo de ésta avanza hacia la zona alta, alcanzando a hojas más jóvenes.
- En general, las hojas afectadas se vuelven cloróticas, abarquilladas y fijadas débilmente al tallo, causando en poco tiempo una defoliación y quedando los frutos expuestos a la radiación directa del sol, lo que supone serios daños.
Los daños que sufren las plantas enfermas y defoliadas derivan en una disminución de su rendimiento al verse reducida su actividad fotosintética, dependiendo de manera directa con la severidad del ataque. Además, se produce un incremento del proceso respiratorio, que dará lugar a una pérdida de energía (ATP) en las plantas y a una notable reducción del contenido de azúcar de los frutos. Del mismo modo, se induce la aparición de otras enfermedades (Klingner y Lucero, 1982; Palti, 1988; Agrios, 1996).
- Dispersión y modo de actuación
Las condiciones favorables para este hongo patógeno son humedades relativas en torno a 50 – 70 % y temperaturas cálidas, cuyos valores óptimos oscilan en un rango de 18 º y 25 º C, acelerándose el avance de los síntomas cuando son superiores a 30 º C, ya sea en campo abierto o en cultivo protegido, como invernaderos (Obregón et al., 2023).
Según Morales (2023), estas condiciones son cada vez más frecuentes en zonas consideradas templadas debido al cambio climático, contribuyendo a la expansión de la enfermedad, resultando cada vez más difícil su control.
Leveillula taurica sobrevive en diversos medios, tales como restos vegetales de cultivos anteriormente afectados, en plantas de pimientos silvestres, en otros hospedantes alternativos o en malas hierbas, y puede hacerlo durante todo el año. En cuanto a su dispersión, se lleva a cabo a través de las esporas de origen asexual, principalmente arrastradas por el viento, aunque también se han reportado diferentes insectos plagas como trips, pulgones y moscas blancas como vehículos de transmisión efectivos (Obregón, 2016).
En lo que respecta al ciclo de la enfermedad, hay que destacar dos aspectos fundamentales: uno es su condición de endoparásito, lo que significa que el micelio del hongo se desarrolla en el interior del tejido vegetal afectado, y otro es su capacidad polífaga, es decir, que puede alimentarse de diversos huéspedes diferentes.
A este respecto, René (2018) describe, de forma general, el modo de actuación de este hongo de la siguiente manera:
- La oidiopsis se desarrolla en el cultivo conforme al progreso temporal típico de una enfermedad policíclica.
- Al tratarse de un parásito obligado, la fuente de inóculo inicial se encuentra principalmente en hospederos alternativos o en restos de cultivo.
- Una vez que los conidios de L. taurica alcanzan la superficie de la hoja se produce la germinación, en un periodo breve de pocas horas.
- La ropa de trabajo del personal, así como los utensilios empleados en las labores del cultivo van a contribuir a la diseminación.
- La viabilidad de los conidios se reduce si la temperatura supera los 40 º C durante un periodo de 6 horas.
- Los conidios germinados están fijados a la superficie de la hoja por los denominados “cuerpos de adhesión”.
- Las hifas de infección no penetran de manera directa si no que crecen hasta ingresar en la planta por los estomas.
- En el interior, el micelio se desarrolla en el tejido del parénquima esponjoso y en empalizada, generando haustorios en alguna de estas células.
- Desde la infección, transcurrido un periodo de 3 a 4 semanas, el micelio coloniza el mesófilo, con un rango óptimo de temperatura de 20 º a 25 º C.
- Finalmente, los conidióforos emergen al exterior por los estomas, principalmente los dispuestos en la superficie del envés de la hoja, produciendo abundantes esporas y desarrollando también micelio superficial.
- Los conidios que son transportados por el viento vuelven a provocar un nuevo ciclo infeccioso.
Por tanto, es evidente que en un entorno que presente huéspedes alternativos o la propia presencia de la enfermedad, unido a condiciones ambientales favorables y cierta acción del viento, la dispersión del oídio se producirá, sin ninguna duda, de forma ágil.
- 5. Medidas de control de la enfermedad
Según Morales (2023), una reducción de la incidencia de la enfermedad va a depender de forma significativa del nivel que presente la tasa de desarrollo del inóculo inicial. Este autor considera dos factores primordiales para que se produzca dicha reducción: el grado de resistencia de la planta huésped y el adecuado manejo de los fungicidas.
Para llevar a cabo un control razonable de la ceniza es conveniente realizar un conjunto de labores que sean anteriores a la aparición del patógeno causante. Por tanto, la estrategia de prevención se antoja fundamental en el control del oídio. Las medidas a adoptar pueden ser de distinta índole, destacando algunas (René, 2018; Obregón et al., 2023):
– Prácticas culturales. En estas labores es importante:
- Marcos de plantación que sean adecuados, evitando altas densidades que favorezcan después su desarrollo.
- Rotaciones de cultivos con el fin de cortar el ciclo del parásito.
- Vigilancia y monitoreo frecuente en busca de los síntomas iniciales de la enfermedad.
- Eliminación de malas hierbas y otras plantas que puedan ser reservorio del patógeno.
- Eliminación de las hojas viejas o basales que son las más susceptibles.
- Manejo adecuado de las condiciones ambientales (ventilación, riego, sombreo, etc.).
- Gestión eficiente del riego y los fertilizantes, evitando un uso excesivo de agua y abonos nitrogenados, especialmente.
- Reducción de las posibles situaciones de estrés en el cultivo, ya que éstas hacen más sensibles a las plantas a contraer enfermedades.
- Retirada y eliminación de partes afectadas y/o de restos vegetales infectados.
- Vigilancia de otros patógenos como virus o incluso otros hongos, los cuales pueden ejercer cierta influencia en esta enfermedad.
– Manejo genético. Se puede destacar que en el género Capsicum existen dos tipos de resistencia:
- Firmeza frente a la penetración del patógeno y a la abscisión foliar.
- Reacción de hipersensibilidad, existiendo variedades comerciales con un buen comportamiento frente al oídio.
– Control biológico. El uso de productos de origen biológico, basados en microorganismos de acción antagónica contra este hongo puede ser de utilidad si se aplica con carácter preventivo y en unas condiciones favorables para este tipo de agentes de control. Algunos ejemplos son Bacillus amyloliquefaciens, B. subtillis o Pythium oligandrum, entre otros.
– Aplicación de tratamientos fungicidas. Es fundamental tener en cuenta el desarrollo de resistencias por parte del patógeno si el control químico no se aplica de forma correcta. Por ello, algunas recomendaciones al respecto son:
- Realizar una detección precoz de los primeros síntomas, debido a su elevada capacidad de producir esporas, siendo prioritario el hecho de disminuir al máximo dicha capacidad de producción.
- Tener presente que las primeras infecciones se originan en lugares de la planta con una baja intensidad luminosa, unido a unas condiciones climáticas favorables para el desarrollo del hongo.
- Llevar a cabo una óptima calidad de aplicación, considerando una correcta presión de trabajo, un adecuado tamaño de gota y un buen estado de la maquinaria de aplicación, sobre todo si el producto aplicado actúa por contacto.
- Realizar rotaciones de materias activas en los tratamientos, usando productos que presenten diferentes mecanismos de acción.
- Mojar de manera uniforme la superficie vegetal, sin descuidar el envés de las hojas, que es una zona de difícil acceso y donde el oídio hace daño.
- Tener precaución a la hora de aplicar fungicidas anti-oídio en plántulas o plantas de escaso tamaño, dada la sensibilidad de éstas y la agresividad de determinados productos, pudiendo causar daños por fitotoxicidad a causa del tratamiento, siendo recomendable esperar al menos dos semanas después del trasplante para reducir el riesgo.
- No aplicar este tipo de tratamientos en un entorno de estrés ambiental como elevados niveles de temperatura, radiación solar o humedad relativa. Las condiciones de rocío, niebla o goteo de la cubierta del invernadero tampoco son convenientes.
En definitiva y considerando todo lo relatado anteriormente, es preciso estar atento en las parcelas de pimiento a los primeros síntomas de oídio, así como llevar a cabo el mayor número posible de labores culturales preventivas que reduzcan la incidencia de este parásito patógeno. Hay que tener presente que el control químico no es la única herramienta disponible.

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