10/03/2026

Revista InfoAgro México

Toda la agricultura, ahora en tus manos

Enfermedades causadas por hongos en pimiento 

Enfermedades causadas por hongos en pimiento 

 

  1. Introducción
  1. Factores que determinan el grado de la enfermedad
  1. Patógenos causantes de las distintas enfermedades
  1. Medidas de control

 

  1. Introducción

 

Varios son los factores que pueden desencadenar algún tipo de enfermedad en los cultivos de pimiento. El caso que nos ocupa en este artículo son las enfermedades causadas por hongos, las cuales deben ser abordadas desde una estrategia preventiva, además de integrar varias acciones de manejo junto a los tratamientos fungicidas. Implementar una buena serie de medidas es necesario, ya que si se produce una incidencia grave de estos fitopatógenos en las plantaciones de pimiento pueden causar unas mermas económicas considerables para el productor.  

 

  1. Factores que determinan el grado de la enfermedad

 

Se puede definir el término “enfermedad” relativo a un cultivo como una alteración del normal funcionamiento de las plantas, como consecuencia de la incidencia de determinados organismos patógenos (hongos, bacterias y virus), que suelen denominarse agentes bióticos. Igualmente, las enfermedades pueden producirse por factores o agentes abióticos, tales como desequilibrios nutricionales y/o hídricos, alteraciones genéticas, procesos de salinidad y/o toxicidad, daños mecánicos causados al cultivo, etc. (Obregón et al., 2023). 

 

La manifestación evidente de una enfermedad no se produce en el mismo momento de la alteración, sino que suele aparecer un tiempo después, que será variable en función del tipo y de la intensidad del factor (o factores) que lo origina. De este modo, se manifestará más adelante de forma visible, a través de los síntomas de la enfermedad, mediante manchas, lesiones, pudriciones, clorosis, etc. (Colombo et al., 2009). 

 

Para Obregón et al. (2023), es preciso que coincidan tres factores para que la enfermedad se produzca: 

 

  • Un hospedante susceptible. 

 

  • Un patógeno amenazante y agresivo.  

 

  • Unas condiciones ambientales en el entorno que sean favorables para la infección.  

 

Dependiendo del grado de cada uno de estos factores, así como otros condicionantes como la época del año, las prácticas de cultivo o el nivel de reservorio del patógeno, se producirá una mayor o menor incidencia de las enfermedades. 

 

Dicho grado de incidencia, así como la especie concreta de patógeno y las condiciones ambientales del momento van a provocar unos daños en los cultivos de pimiento, viéndose afectadas diferentes partes de las plantas, frutos incluidos, que van a suponer unas pérdidas económicas al verse afectada la producción final. 

 

El porcentaje de daños resulta totalmente incierto de estimar, ya que se ven implicados diferentes factores como acabamos de ver, siendo prácticamente imposible asegurar una cifra de daños concreta. No obstante, aunque se trate de unos “daños moderados” van a suponer, en mayor o menor medida, una pérdida de rentabilidad en la explotación pimentera. 

  

Por tanto, la incidencia de este tipo de enfermedades que afectan al desarrollo y a la producción supone una amenaza para los productores de pimiento, resultando prácticamente una obligación llevar a cabo una estrategia de prevención frente a estos patógenos, integrando diversas técnicas como son: monitoreo y diagnóstico, desinfección del terreno, vigilancia sanitaria, labores del cultivo, control químico y biológico, eliminación de posibles fuentes de inóculo, etc.  

 

  1. Patógenos causantes de las distintas enfermedades

 

Entre las diversas enfermedades causadas por fitopatógenos fúngicos, Obregón (2016) destaca las siguientes en el interior de los invernaderos, siendo descritas a continuación: 

 

– Damping-off. Este término se aplica a los daños sufridos por las plántulas a causa de ataques de determinados hongos como Phytophthora spp., Pythium spp., Fusarium spp. o Rhizoctonia solani, entre otros, cuyos síntomas van a variar en función del estado de desarrollo de las plantitas. 

 

A este respecto, si el ataque se produce en fase de preemergencia, las semillas no germinarán, pudriéndose finalmente. En caso contrario, si ocurre durante la postemergencia, se originan lesiones acuosas de color marrón alrededor del tallo, cuya zona basal se va afinando en comparación con la parte superior del tallo, provocando el vuelque y la posterior muerte de la plántula. El sistema radicular también se ve afectado, el cual se oscurece y se pudre.  

 

Es preciso señalar que el mencionado estado de plántula resulta ser el más susceptible a este tipo de infecciones, pudiendo afectar algunos de estos hongos patógenos a plantas adultas, a las que provocan síntomas como clorosis y/o marchitez, así como también daños en las raíces. 

 

Las condiciones que predisponen la incidencia de estos enemigos fúngicos son, generalmente, una humedad elevada del suelo o sustrato, así como una temperatura cálida, pudiendo sobrevivir por un tiempo indefinido en el mismo y aumentando su habilidad para infectar al huésped en los trasplantes de invierno, causando pérdidas importantes. 

 

– Podredumbre de la base del tallo. Causada por el hongo Sclerotium rolfsii (o Athelia rolfsii), cuyo síntoma inicial responde a una lesión de consistencia acuosa de tonos oscuros en la parte basal del tallo, sobre la que se forma al poco tiempo un micelio blanco con esclerocios redondos, que puede extenderse sobre el espacio circundante. Éstos son pequeños y de color claro inicialmente para después volverse oscuros y duros.  

 

Asimismo, la planta puede manifestar tanto amarillamiento como marchitez en su parte aérea, viéndose afectados los frutos en algunas ocasiones por estar en contacto con el suelo infectado, sufriendo una podredumbre blanda, igualmente con formación de micelio y esclerocios. 

 

Este hongo presenta una supervivencia en el suelo y en los restos de cultivo, pasando de un año a otro en forma de esclerocios. Las condiciones favorables para su desarrollo son suelos ácidos, temperaturas cálidas (28 º – 30 º C) y alta humedad relativa. 

 

– Moho blanco o pudrición blanca. Sclerotinia sclerotiorum es el responsable del marchitamiento parcial o total de la planta, así como de la podredumbre de los pimientos. El hongo va colonizando primero los pétalos de las flores, que caen sobre los tallos, desarrollando las lesiones en forma de anillos concéntricos blanco-grisáceos.  

 

Durante los meses fríos y húmedos se puede observar abundante micelio blanco sobre las zonas afectadas, con varios esclerocios incrustados. Lo mismo que sucede en el patógeno anterior, son cuerpos duros, oscuros y con formas variables, aunque suelen ser esféricos, que también infectan a los frutos, causando una podredumbre húmeda con micelio y esclerocios. 

 

Las condiciones óptimas de desarrollo de la enfermedad responden a un clima fresco y húmedo, con un intervalo de temperatura entre 15 º y 21 º C junto a una elevada humedad relativa y agua libre. 

 

– Tizón causado por Phytophthora. Es la especie P. capsici el causante de esta enfermedad, cuyos daños afectan a las raíces (principal y secundarias), tornándose oscuras, que finalmente se pudren y mueren. Las lesiones se extienden dañando el tejido vascular de la base del tallo, con una decoloración tanto externa como interna.  

 

De este modo, la estructura vegetal va perdiendo turgencia y adquiriendo un color verde-grisáceo, síntoma comúnmente llamado tristeza. Poco después, la copa de la planta se marchita y termina muriendo. En ciertas ocasiones, los síntomas se observan en las hojas en forma de manchas húmedas, oscuras, circulares u ovales, así como en las axilas de los tallos y en los frutos, donde puede originar una podredumbre húmeda con la formación de un moho blanco. 

 

Los suelos con niveles altos de humedad, compactados y con una capacidad de drenaje deficiente resultan idóneos para el desarrollo de la enfermedad, cuyo inóculo desde el propio suelo puede trasmitirse a la parte aérea a través del viento o el agua, principalmente por salpicaduras. Las temperaturas que oscilan entre 24 º y 33 º C favorecen la acción de este fitopatógeno. 

 

– Marchitamiento por Verticillium. Los síntomas causados por Verticillium dahliae comienzan con una leve clorosis de las hojas bajas, cambiando a amarillas conforme la enfermedad avanza, marchitándose posteriormente y cayendo de la planta. Asimismo, el tejido vascular se vuelve de color oscuro, más marcado en la zona del cuello que en la parte superior.  

 

El marchitamiento se produce como consecuencia de la obstrucción del sistema vascular después de que el hongo patógeno penetre directamente en la planta huésped a través de las raíces, invadiendo más tarde el tejido vascular e impidiendo el flujo de agua y de nutrientes. 

 

Las condiciones que predisponen la supervivencia del hongo en el suelo, en forma de micelio o microesclerocios, son temperaturas moderadas o cálidas, entre 20 º y 25 º C, que favorecen el avance de la enfermedad.  

 

– Mancha gris. Esta enfermedad está causada por Stemphylium solani (o S. lycopersici), cuyos síntomas se identifican mediante manchas circulares u ovales con los centros blancos grisáceos de un diámetro de hasta 5 mm, de consistencia seca, que a veces es confundida con los daños por fitotoxicidad. 

 

En los tallos de las plántulas, en zonas próximas al cuello, pueden aparecer lesiones en forma de estrías longitudinales de 1 a 2 mm de ancho con bordes color marrón rojizo, siendo frecuentes estos síntomas en los viveros. 

 

El entorno para que se produzca la infección requiere de agua libre (riego por aspersión, rocío o lluvia), resultando la enfermedad más severa en condiciones de elevada humedad (días nublados y/o lluviosos). De este modo, el viento y las salpicaduras de agua son medios de dispersión del patógeno, especialmente en viveros donde utilizan sistemas de microaspersión. Sobrevive como saprófito en restos vegetales, malezas o especies solanáceas silvestres.  

 

– Pudrición o moho gris. Está causado por Botrytis cinerea, viéndose afectada cualquier parte de la planta, destacando la esporulación grisácea característica, además de lesiones en forma de anillos concéntricos, principalmente en hojas y tallos, así como una podredumbre blanda en los frutos. 

 

Temperaturas entre 18 º y 23 º C unidas a una humedad relativa elevada (90 – 95 %) favorecen el crecimiento y la proliferación de esporas, cuya principal vía de diseminación es el viento. 

 

– Viruela por Cercospora capsici. Las manchas circulares en las hojas son los principales síntomas, que a su vez forman anillos concéntricos de color blanco-grisáceo en el centro de las mismas y marrón-rojizo en la periferia, aunque también pueden aparecer sobre peciolos, pedúnculos y tallos. El tamaño de las manchas es variable, observándose pequeños puntos negros del hongo (conidios – conidióforos).  

 

Las condiciones que favorecen el desarrollo de la enfermedad responden a temperaturas cálidas y humedades elevadas (78 – 85 %), siendo el viento, el agua de riego y los medios mecánicos las vías de diseminación para el patógeno. 

 

– Oídio u oidiopsis. Causada por el hongo Leveillula taurica, el cual es descrito de forma más detallada en otro artículo de la presente edición. 

 

  1. Medidas de control

 

Todas estas enfermedades que afectan a los cultivos de pimiento tienen un denominador común, que es el organismo que lo causa, es decir, hongos. Es cierto que no todos los hongos son iguales, pero la mayoría sí aparecen y se dispersan por los mismos medios y en las mismas condiciones o, al menos, bastante parecidas. 

 

Por ello, se enumeran a continuación una serie de actuaciones para hacer frente a estos organismos fúngicos fitopatógenos, siendo destacable que deben adoptarse de forma preventiva antes de su aparición, continuando más tarde de manera curativa una vez que empiezan a ser visibles los síntomas en las plantaciones. 

 

A este respecto, se consideran necesarias las siguientes medidas a adoptar (Colombo et al., 2009; Obregón et al., 2010; 2023): 

 

  • Desinfecciones del terreno previas a la plantación, destacando la técnica de solarización.  

 

  • Uso de semillas certificadas y tratadas contra enfermedades fúngicas. 

 

  • Uso de material vegetal sano, procedente de semilleros o viveros certificados. 

 

  • Empleo de variedades resistentes o tolerantes a ciertas enfermedades. 

 

  • Supervisión de las plántulas en el momento del trasplante, procurando que no haya ningún síntoma de enfermedad. 

 

  • Higiene en la manipulación de plantas, tanto de la ropa de los operarios como de los utensilios de trabajo, que deben estar libres del patógeno. 

 

  • Poda y eliminación de las partes de la planta afectadas, principalmente hojas, tallos y frutos. 

 

  • Retirada de las plantas enfermas y los restos vegetales infectados. 

 

  • Manejo climático en el invernadero, destacando la reducción de una HR elevada, mediante la ventilación del mismo. 

 

  • Labores en el terreno de cultivo que favorezcan el drenaje y eviten el encharcamiento, especialmente en los suelos pesados. 

 

  • Reducción de los aportes excesivos de agua de riego.  

 

  • Control de la fertilización, procurando que ésta sea equilibrada sin excesos de nitrógeno. 

 

  • Aplicación de tratamientos fungicidas, tanto preventivos como curativos, siguiendo una estrategia adecuada de rotación de materias activas y especificidad de las mismas. 

 

Por todo esto, es fundamental implementar el mayor número posible de acciones que conduzcan a la minimización de los daños por enfermedades, desde la preparación de la parcela de cultivo (pre-plantación) hasta las labores culturales y tratamientos fungicidas con las plantas ya adultas.