Bitter-pit en las manzanas

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¿Qué es el bitter-pit?

Es una fisiopatía que se declara por la muerte y deshidratación de células en zonas aisladas del mesocarpio, uno o dos milímetros debajo de la piel, llegando a afectar a todo el volumen de éste, si el caso es severo. Estas manchas generadas suponen, lógicamente, una disminución del valor comercial de la fruta, ya que, además del defecto en su apariencia externa, las manzanas pueden presentar una piel grasa, un deterioro en la textura de la pulpa y un descenso en la concentración de ácidos y azúcares (Val y Blanco, 2000).

eniendo en cuenta las circunstancias que envuelven a los mercados y la exigencia por parte de los clientes, en la que la calidad del producto debe prevalecer, las manzanas que presentan estas imperfecciones en la piel tienen una más que difícil salida comercial en los mercados internacionales, especialmente en el europeo. De este modo, esta alteración, aplicada a todas las zonas del mundo dedicadas al cultivo del manzano, alcanza su máxima expresión durante el proceso de conservación, cuando ya se ha invertido un capital importante en la recolección, transporte y refrigeración, para terminar ofreciendo un producto, cuyo valor comercial es bastante deficiente. 

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¿Por qué se produce?

Numerosos trabajos de investigación indican que el metabolismo del calcio juega un papel clave en el desarrollo del bitter-pit (Monge et al., 1994; Lang y Voltz, 1998). En general, se acepta que este fenómeno es el resultado de una deficiencia de calcio en el fruto. Sin embargo, esto no es totalmente cierto, ya que el tejido afectado contiene mayor concentración de calcio que el sano (Val y Blanco, 2000).

De hecho, datos obtenidos en laboratorio, indican que las manchas de bitter-pit contienen, no solamente mayor concentración de Ca2+, sino que acumulan gran cantidad de Mg2+ y fosfato. Esto explicaría por qué Burmeister y Dilley (1993) consiguieron inducir la aparición de manchas similares a esta fisiopatía infiltrando a las manzanas una solución de MgCl2.

Durante las últimas décadas se ha venido realizando una investigación exhaustiva con el objetivo de aliviar el problema del bitter-pit. La mayoría de los investigadores están de acuerdo en que las soluciones pasan por llevar a cabo una nutrición adecuada de los árboles, mantener un valor de pH óptimo del suelo (6.5 – 7), practicar una metodología de poda correcta, incluyendo la poda en verde de verano (Preston y Perring,1974), además de un régimen hídrico favorable, evitando las situaciones de estrés, especialmente en las primeras fases de la estación (Failla et al., 1990). A esto hay que añadir que los tamaños de fruto excesivos agravan la incidencia de esta fisiopatía (Volz et al., 1993). Sin embargo, las causas que desencadenan la aparición del bitter-pit en las manzanas todavía no han quedado claramente establecidas (Val y Blanco, 2000).

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¿Cómo solucionarlo?

A pesar de las dudas que aún puedan quedar acerca de cuál es la mejor metodología de manejo del cultivo para evitar o minimizar la incidencia del bitter-pit en las manzanas, se pueden establecer, a grandes rasgos, una serie de acciones o recomendaciones para intentar alcanzar dicho objetivo. Son las siguientes:

– Mantener una humedad adecuada en el suelo, ya que un buen estado hídrico y una tasa alta de fotosíntesis, incrementan la concentración de calcio en el fruto, siempre que el crecimiento vegetativo no sea excesivo. 

– Realizar una adecuada fertilización, que resulte equilibrada, sin exceso de nitrógeno que provoque un vigor desmesurado y manteniendo las relaciones adecuadas entre nutrientes, evitando los excesos de potasio y magnesio, los cuales son elementos antagonistas del calcio. Este aspecto es fundamental para que no se produzcan desequilibrios entre elementos minerales. Otros desequilibrios nutricionales también agravan esta fisiopatía, aunque no esté implicado el calcio. La deficiencia de hierro, por ejemplo, detectada en sus primeros estados, se relaciona directamente con la incidencia del bitter-pit en cámara (Sanz y Machín, 1999). 

Si se considera que las aplicaciones foliares forman parte de la nutrición vegetal, las aspersiones de calcio pueden ayudar a controlar el bitter-pit cuando la carga de cosecha del árbol sea escasa, pero no son capaces de corregir los errores cometidos en el manejo de la plantación (Val y Blanco, 2000).

– Mantener un pH favorable también es importante para asegurar la continuidad en la toma de agua y nutrientes durante toda la estación, reduciendo de este modo posibles carencias o desequilibrios nutricionales. 

– Asegurar una buena polinización, que determinará el número de semillas de los frutos. Este aspecto resulta de gran importancia, ya que experimentos realizados en manzana Golden, han demostrado que los frutos afectados por bitter-pit contienen un promedio de 2.4 semillas por fruto, mientras que las manzanas sanas albergan en sus cinco receptáculos una media de 5.6 pepitas por fruto. El número de semillas aporta un aspecto positivo porque determina una interdependencia entre el transporte basípeto de auxina y el acrópeto del calcio dentro del fruto. Por lo tanto, es necesario obtener un número de semillas más alto, previniendo de esta forma, posibles alteraciones fisiológicas de frutos (Cutting et al., 1990; Tomala, 1997, Broom et al., 1998).  

– Llevar a cabo unas labores culturales adecuadas, entre las que destacan practicar una poda correcta, que no resulte excesiva, además de moderar el vigor del árbol o ajustar el aclareo de frutos, el cual debe ser el adecuado para obtener un buen número de piezas de tamaño medio.  

Después de estas recomendaciones agronómicas, vamos a concluir citando algunas perspectivas de diagnóstico del bitter-pit, las cuales pueden ser de utilidad si consiguen que los agricultores se anticipen al problema o, al menos, intuir la posibilidad de que aparezca en sus manzanos. 

A este respecto, un estudio realizado por Val et al. (1999) sobre las causas nutricionales que provocan el bitter-pit reflejó, tras investigar el comportamiento de los nutrientes a lo largo del ciclo vegetativo en hojas y frutos, que el factor de riesgo aumenta considerablemente cuando el valor de la relación foliar K/Ca desciende por debajo de 2 y en fruto aumenta por encima de 25, cuando han transcurrido entre 80 y 100 días después de la plena floración, momento que coincide con el de máximo crecimiento del volumen de fruto (Aznar et al., 1999). Estos resultados son importantes porque permiten actuar al agricultor sobre los árboles unos 50 días antes de la cosecha, pudiendo aplicar medidas correctoras o, sencillamente, destinando la cosecha, o parte de ella, al consumo directo. Así, con estos valores se podrían determinar los árboles en los que muy posiblemente pudiera aparecer bitter-pit con un solo muestreo en la fecha crítica (Val et al., 1998).

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Según Val y Blanco (2000), la investigación sobre este tema debería encaminarse al estudio de los aspectos fisiológicos que potencialmente permitan incrementar el suministro de calcio a las manzanas, destacando el trabajo en las siguientes directrices: 

  • Control en el manejo cultural.
  • Control en la fertilización, especialmente con los niveles de N, K y Mg.
  • Control sobre la carga de cosecha del árbol. 
  • Verificación de la correspondencia entre el transporte de auxinas y su relación con el movimiento del calcio. 
  • Procedimientos que permitan modificar el flujo de transpiración de los frutos para estudiar en qué forma se altera la toma de Ca2+. 
  • Caracterización de las lesiones producidas por el bitter-pit, desde un punto de vista anatómico y de composición química, para entender las causas metabólicas que desencadenan la alteración. 

Finalmente, los métodos de prognosis o diagnóstico, que permitan a los productores de manzanas evaluar de forma temprana la incidencia de la fisiopatía sobre su cosecha, deben ser considerados y aplicados, por la importancia que supone, ya que evitaría elevados costes como consecuencia de las mermas en la producción, tiempo de almacenamiento en cámara y mano de obra necesaria para la selección de la fruta en el momento de su salida al mercado. 

Para Sanz y Machín (1999), este diagnóstico temprano podría abordarse mediante el análisis del fruto en sus primeros estados de desarrollo, determinando el contenido de nutrientes de las flores. Sin embargo, para Val y Blanco (2000), el análisis nutricional de hojas y frutos en épocas concretas del ciclo vegetativo (80 días después de la plena floración y en cosecha), en distintas variedades y condiciones medioambientales, permitiría extender el uso de la relación K/Ca en frutos y en hojas con fines de diagnóstico.

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