Chicharritas en el cultivo de frijol

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El frijol está considerado como un alimento imprescindible en la dieta de la población y de ahí su importancia. Se estima que este cultivo es atacado por unas 60 plagas distintas. Una de las más importantes es la chicharrita (Empoasca spp.), cuya incidencia causa mermas considerables en los rendimientos, y a veces pérdidas totales. Este insecto no solamente ataca al cultivo del frijol, sino que se alimenta de más de 100 especies de plantas cultivadas y silvestres, destacando por su importancia cultivos como papa, berenjena, calabaza, alfalfa y soya, entre otros. Dentro de Empoasca spp., destacan E. fabae y E. kraemeri.

Morfología y ciclo biológico

Este insecto tiene tres fases de desarrollo que son: adulto, huevo y ninfa. El ciclo biológico comienza por la puesta de los huevos que realizan las hembras (durante cinco semanas ponen de media de 70 a 80 huevos) insertando éstos en el interior de los tejidos de la planta, principalmente en las nervaduras más tiernas en el envés de las hojas. Tienen un color blanquecino, son alargados y de 0,6 a 1 mm de longitud. Este estado dura de 8 a 10 días. De los huevos emergen los estados inmaduros (ninfas), que pasan por 5 etapas, con una longitud que varía entre 0,5 y 2,5 mm, de colores verde pálido, muy semejantes a los adultos, pero que carecen de alas y se caracterizan por su capacidad de moverse lateralmente con mucha rapidez dando saltos. La fase ninfal dura de 10 a 15 días, según las condiciones del entorno.

Los adultos miden de 3 a 4 mm, son de color verde claro, presentan manchas blanquecinas en la cabeza y el tórax, y su aspecto con la cabeza más ancha que el cuerpo, le confiere forma triangular. Los adultos cuando están en reposo tienen las alas completamente desarrolladas, colocadas en forma de tejado. Pueden vivir unos 42 días de media a 25º C.

Daños

La chicharrita es uno de los insectos plaga que ocasiona daños considerables en las zonas productoras de frijol. Los ataques y daños provocados por este insecto son mucho más severos en épocas del año donde se dan condiciones de altas temperaturas y de sequía.

Puede presentarse en cualquier fase fenológica del cultivo,  pudiendo iniciar su ataque inmediatamente después de la germinación. Aparece regularmente desde la emergencia de la planta hasta el inicio de floración. Cuando el ataque de chicharrita es severo durante todo el ciclo, el período de las dos semanas previas a la floración es el más crítico, seguido en importancia por el intervalo entre la floración y la formación de vainas. Si las poblaciones altas se presentan al final del cultivo, esta etapa es la más sensible al daño. Hay cuatro componentes del rendimiento de frijol que se ven afectados (van Schoonhoven et al., 1978):

  1. Reducción del número de vainas por planta.
  2. Número de semillas por vainas.
  3. El peso de 100 semillas.
  4. Número de vainas sin semillas por planta.

En infestaciones fuertes, los adultos se encuentran en cualquier parte del follaje. Las hembras depositan los huevos en las nervaduras más tiernas del envés de las hojas, que son muy difíciles de localizar y se pueden reconocer porque la zona donde se ubican se vuelve más oscura. Las ninfas también se localizan en la zona del envés, y en mayor cantidad en la parte media y baja de la planta. Los daños lo realizan tanto las ninfas como los adultos al succionar la savia de las hojas. Después se produce un amarillamiento de los bordes y la punta de los foliolos que avanza hacia la nervadura central. Posteriormente, las hojas se deforman y se enrollan hacia abajo. Estas zonas foliares cloróticas se vuelven necróticas, dejando las hojas quebradizas. Incluso pueden producirse defoliaciones en infestaciones fuertes que terminan en la muerte de la planta. Todo este proceso se lleva a cabo en pocos días.

Además de los síntomas descritos en hoja, otros síntomas que manifiestan las plantas afectadas por esta plaga son:

  • Achaparramiento
  • Crecimiento raquítico en general
  • Reducción del crecimiento entre nudos
  • Caída de flores
  • Deformación y caída de vainas

En plantas con estrés de agua y nutrientes el efecto de estos síntomas es mayor.

Los daños provocados en las plantas resultan de la combinación de un daño mecánico iniciado por el insecto al introducir su estilete, seguido de una toxina que inyecta en el momento de alimentarse, lo que ocasiona finalmente una fitotoxicidad. Las chicharritas se alimentan de las células que destruyen, no de los haces vasculares. Además de los daños físicos que originan, son vectores que transmiten numerosas enfermedades virales entre plantas.

Todos estos daños tienen como consecuencia una pérdida significativa de la producción, y si no se controla en un periodo considerable o si el ataque empieza temprano, se puede perder el cultivo completamente.

Métodos de control

Realizar un control adecuado y relativamente eficaz de las plagas implica el conocimiento de aspectos tales como las zonas productoras, la identificación acertada de los insectos dañinos y beneficiosos presentes en el cultivo (también cada una de sus fases), la fisiología y el desarrollo de las plantas hospedantes, la distribución y dinámica de las poblaciones, las épocas críticas del daño y su relación con agentes externos (principalmente climáticos), etc. Cuando se tiene esta información se puede decidir el método (o los métodos) de control más adecuado para reducir la presencia del insecto plaga.

En el manejo y control de plagas que afectan al cultivo del frijol, es necesario cumplir dos requisitos indispensables:

1) Detectar cuando existe una población que puede ocasionar un daño considerable en el cultivo (daño económico).

2) Utilizar una estrategia de control efectiva que permita minimizar las pérdidas.

Para instituciones como INIFAP y SAGARPA, el método más preciso es el conteo directo de chicharritas en las hojas de frijol. Se recomienda muestrear las ninfas de la parte media de la planta hacia abajo, en el envés de las hojas. Si hay humedad relativa elevada en el cultivo, no se sugiere el uso de la red entomológica para el muestreo de adultos porque existe un riesgo alto de dispersar enfermedades bacterianas.

Los métodos principales de control son: el cultural, el biológico y el químico, entre otros.

Control cultural: No hay muchas acciones culturales que resulten efectivas en el manejo de este insecto. Sí puede ser útil emplear algunas variedades de frijol que poseen diferentes grados de susceptibilidad al daño por alimentación.

Control biológico: Se han descrito una gran cantidad de enemigos naturales, desde parasitoides de huevos hasta depredadores de ninfas y adultos, pero su impacto en los ataques de la chicharrita del frijol no está bien definido, aunque parece que la crisopa verde puede ejercer un cierto control.

Control químico: Se pueden utilizar algunos insecticidas indicados para combatir esta plaga. A medida que el cultivo tiene más follaje, especialmente cuando se cierra el surco con hojas de las plantas de ambos lados, se limita la efectividad de las aplicaciones de los productos de contacto, lo cual empeora por el comportamiento que tienen las ninfas de permanecer en el envés de las hojas.

Los umbrales recomendados, a partir  de los cuales se deben realizar aplicaciones, son cuando al contar 20 hojas al azar en el campo se encuentren:

  1. Una ninfa por hoja trifoliada, o un adulto por planta, desde la etapa de germinación a la aparición de la primera hoja trifoliada.
  2. Dos ninfas por hoja trifoliada, o dos adultos por planta, después de la primera hoja trifoliada hasta floración.
  3. Tres ninfas por hoja trifoliada, o tres adultos por planta, para el resto de las etapas del cultivo.

Además, si se capturan más de 100 adultos de chicharrita en 20 redazos completos con la red entomológica antes de la floración es el umbral para iniciar el control químico.

Es muy importante la detección a tiempo de las poblaciones de chicharrita, particularmente en años secos, ya que se deben iniciar las acciones de control antes de que se empiecen a observar los síntomas típicos del daño (los amarillamientos en las hojas), especialmente desde antes de la floración hasta la formación de vainas, ya que estos daños pueden ser irreversibles.

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