¿Cómo diagnosticar un problema en tu cultivo?

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El manejo fitosanitario de los cultivos comprende una red de interacciones tan compleja que es difícil anticipar en qué momento se presentará un brote infeccioso o el incremento en la población de una plaga, cuál será la respuesta del cultivo ante la presión de éstos y lo qué es más crítico, qué medidas se deben tomar para evitar pérdidas significativas en la producción. Entre las variables más importantes involucradas en estas interacciones se encuentran las meteorológicas, como la temperatura, la precipitación y la humedad relativa, la condición fisiológica del cultivo, representada por la etapa de desarrollo, la nutrición, etc. y las que son intrínsecas al organismo dañino, esto es, la población inicial o presión de inóculo, el estadio de desarrollo, todo lo cual determina que la magnitud del efecto sobre el rendimiento varíe significativamente entre regiones y años.

Así como con nuestra salud, la mejor recomendación es siempre acudir al médico o, en este caso, a los especialistas en problemas fitosanitarios. Sin embargo, se pueden aplicar los siguientes pasos para identificar los síntomas que padece la planta y reducir las posibilidades de qué mal las ataca.

No todos los síntomas están relacionados con enfermedades de la planta o insectos, también pueden sufrir daños por la fertilidad del suelo y su textura, la luz que reciben, la temperatura o algún mal manejo o descuido durante la siembra.

  1. Observar la apariencia de las plantas: Hacer un registro mental, y fotográfico, de cómo luce el cultivo cuando está sano para detectar algún cambio anormal en su forma, color o rizado.
  2. Investigar los síntomas y su evolución: El primer paso es detectar si el problema tiene que ver con algún ser vivo (factor biótico) o no (factor abiótico). Por lo general, las enfermedades bióticas se esparcen de planta a planta, mientras que las abióticas no lo hacen.
  3. Resuelve las siguientes preguntas: ¿Cuándo se empezó a notar el problema? ¿El daño fue gradual o repentino? ¿Qué edad tienen las plantas afectadas? ¿Qué porcentaje de las plantas está afectado? ¿Qué tan severo es el daño?
  4. Observar patrones: Hay que revisar qué tan grande es el daño, si afectó a una larga superficie o sólo a algunas plantas, si la distribución del daño es uniforme o es al azar, si los síntomas están en las plantas de la esquina, o son las plantas lejanas o las de en medio. Generalmente, el daño uniforme sugiere un problema abiótico, un mal de la semilla o problemas en el trasplante.
  5. Revisar las prácticas agrícolas: Algunas veces el daño no es por una plaga, sino por problemas de irrigación, fertilización, condiciones del suelo o sembrado.
  6. Considerar los factores climáticos: Registrar los cambios de temperatura, el exceso o falta de lluvia, sequías, el tipo de suelo, etcétera.
  7. Analizar todo el campo: Revisar si el daño sólo se encuentra en un tipo de planta o en varios. Algunas enfermedades sólo se presentan en un tipo de planta; si es en varios, podría ser un problema abiótico.
  8. Registrar los síntomas y señales: Hay un listado de las señales en la planta de un patógeno, como esporas, manchas o agrietamiento; y síntomas como clorosis, pudrición, etcétera.

Con estos datos, ya es más sencillo hacer un diagnóstico para saber cómo actuar ante el problema fitosanitario y ver si se puede salvar la producción.

Llevar a cabo correctamente los protocolos de control biológico recomendados para  melón y sandía evita la transferencia de plagas al próximo cultivo de invierno y ayuda en gran medida a que los productores inicien la próxima campaña agrícola con unos niveles óptimos de sanidad vegetal en sus cultivos. La experiencia en campo ya ha demostrado fehacientemente que el mantenimiento del control biológico en los cultivos de primavera es imprescindible para cortar el ciclo vital de los insectos transmisores de enfermedades a las plantas y prevenir daños más graves en el futuro.

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