Factores limitantes en la aplicación de compost: RIESGOS

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Conviene tener presente que no va a presentar los mismos problemas un compost que incorpore lodos de depuradora que otro que no lo haga; y lo mismo se puede decir sobre otros residuos que pueden formar parte de ellos. Incluso no supone los mismos riesgos el empleo de residuos sólidos urbanos o de lodos de depuradora de distinta localización o procedencia, pues pueden haber zonas industriales más o menos contaminantes, cuyos desechos o vertidos se incorporen a los residuos citados anteriormente. Al margen de todo esto, existen aspectos que en mayor o menor grado pueden limitar la utilización agrícola de los composts y esos son los que se van a tratar a continuación. Entre éstos se pueden considerar los siguientes (Costa et al., 1995):

Exceso de salinidad.

El compost, en especial el que incorpora residuos sólidos urbanos en su composición, si se emplea en dosis elevadas y reiteradamente, pueden contribuir a aumentar la salinidad de los suelos donde se utiliza, pues su contenido en cloruro y sodio suele tener cierta importancia. El origen de esta salinidad se puede encontrar en la cantidad de alimentos que han recibido sal de cocina, y que son vertidos a la basura. El lixiviado de los iones, cloruro y sodio por las aguas de lluvia, cuando el compost está apilado y dispone de un buen drenaje, puede contribuir a disminuir considerablemente este problema. Los lodos de depuradora tienen menos problemas desde este punto de vista, debido a que este residuo ha sufrido ya un lavado intenso durante su proceso en la planta de tratamiento. Cuando se ha tratado en la planta depuradora con floculantes, tales como el cloruro férrico, resultan inadecuados incluirlos en el compostaje, dado que pueden resultar perjudiciales si se aplican a cultivos sensibles a los cloruros. El exceso de salinidad puede influir negativamente en la capacidad de germinación de las semillas y en el crecimiento de las plantas. Además, puede provocar un empeoramiento de la estructura del suelo.

Exceso de nutrientes.

Normalmente, no suele presentar el compost este tipo de problemas; sólo en el caso de que el lodo de depuradora esté incluido en él y que el proceso de compostaje y maduración a que se ha sometido no haya sido el adecuado, se puede dar algún riesgo de este tipo. El contenido en materia orgánica del compost no supone peligro alguno, pues ésta es indispensable para la producción agrícola de un suelo en cantidades que oscilan entre el 1% y el 5% y con las proporciones de compost que se agregan habitualmente al mismo no se llegan a superar estos límites. Si el compost se añadiese en estado de inmadurez, en el que la cantidad de materia orgánica es mayor, la mineralización sería más rápida por ser inestable y, por tanto, tampoco supondría un aumento excesivo de la misma.

El potasio tampoco debería crear ningún problema de toxicidad, puesto que para ello sería necesario emplear cantidades altísimas de compost, que tuviese a su vez elevadas concentraciones de potasio asimilable. El nitrógeno es el nutriente que más problemas podría originar, en especial si el compost lleva incorporados lodos de depuradora, cuyo contenido en dicho nutriente puede llegar a ser bastante alto (0,6-6%). El problema con este nutriente se refiere a la posible lixiviación cuando está en forma de nitratos y la consiguiente contaminación de las aguas subterráneas. Hay que tener en cuenta que si bien la forma nitrato es la más móvil, también es la más disponible para la planta, por lo que muchos problemas se pueden evitar añadiendo el compost en períodos que se correspondan con las necesidades fisiológicas de las plantas y, sobre todo, en terrenos que sean poco permeables para que no exista migración de nitratos a lo largo del perfil del suelo. Asimismo, el empleo de residuos poco compostados en los que puede existir una alta proporción de volatilización de nitrógeno como amonio, puede originar problemas de fitotoxicidad sobre la germinación de semillas (Findenegg, 1987).

En lo que respecta al fósforo, cuando su contenido en el compost sea elevado en función de los residuos que lo forman y teniendo en cuenta la tendencia del suelo a inmovilizarlo, su contenido puede aumentar en los horizontes superiores, pudiendo contribuir con ello a la eutrofización de las aguas superficiales.

El contenido en calcio es elevado, en especial en el compost de residuos sólidos urbanos, lo que permite su utilización para la regeneración de suelos afectados por sales. En suelos de este tipo con predominio del ión Na+ se produce su sustitución por el Ca2+, que forma compuestos más estables, lo que permite el lavado de Na+ en profundidad y disminuye notablemente la conductividad eléctrica de los horizontes superiores.

Contaminantes orgánicos.

El riesgo de que exista este tipo de productos en el compost dependerá en gran medida de los residuos de partida y de la presencia en ellos de desechos industriales peligrosos. Los problemas originados por algunos de estos productos tóxicos son de tal magnitud que se pone en duda si antes de admitir la inocuidad de un compost debería realizarse un test de planta para confirmar la no fitotoxicidad.

Dentro de los residuos sólidos urbanos, los sacos o botellas con restos de herbicidas que se arrojan en ellos pueden polucionar el compost, así como los desechos de productos farmacéuticos no utilizados. Estudios sobre este tipo de riesgos ponen de manifiesto que en el compost con residuos sólidos urbanos se detecta la presencia de compuestos de carbono policíclicos aromáticos, tales como benzoantraceno, criseno y benzofluorantreno; además, dichos compuestos tienen niveles cien veces superiores a los existentes en un estiércol de caballo; pero también ponen en evidencia que estos productos no penetran en cultivos de champiñones cultivados sobre compost y lo hacen muy poco en raíces de zanahorias; en cambio, las partes aéreas de estas últimas reciben por contaminación atmosférica cantidades de carburos policíclicos muy superiores a las absorbidas por las raíces.

Trabajos realizados por García (1990) sobre compost de residuos sólidos urbanos y compost de lodos de depuradora indicaron que estos últimos contienen una mayor cantidad de compuestos fenólicos, ácidos orgánicos de bajo peso molecular (ácido acético, propiónico, butírico e isobutírico) y lípidos totales que los primeros: asimismo, se puso de manifiesto que el proceso de compostaje, siempre que se realice de forma adecuada, disminuye drásticamente el valor de los ácidos orgánicos y en especial el de los compuestos fenólicos con valores por debajo del 0,10%. En cuanto a los lípidos, los hidrocarburos saturados se ven reducidos con el proceso, en particular los de elevado peso molecular; esto no sucede con los ftalatos, que siguen apareciendo incluso en el compost maduro. Todo esto viene a confirmar que, si bien el proceso de compostaje no elimina totalmente la fitotoxicidad producida por los compuestos orgánicos, la reduce considerablemente.

En general, se concluye que después de la aplicación de los residuos al suelo, los constituyentes orgánicos se movilizan por procesos físicos, químicos y biológicos; los cambios incluyen volatilización, fotodescomposición, descomposición microbiana, adsorción, lixiviación hacia aguas subterráneas y asimilación por las plantas. De todos estos posibles caminos, los dos últimos son los más perjudiciales desde el punto de vista de la contaminación y deben ser evitados. Un proceso de compostaje adecuado puede ayudar en buena medida a ello.

Microorganismos patógenos

El compost que se obtiene después de un buen proceso biooxidativo, completado con una fase de maduración, debe de estar prácticamente exento de organismos patógenos, pues, la gran mayoría de ellos no llegan a resistir los 60-70ºC que se suelen alcanzar durante el proceso de compostaje. De tal forma que en un compostaje realizado con pilas al aire, son imprescindibles, los volteos, ya que hay que conseguir que la temperatura necesaria para destruir patógenos se alcance en la totalidad de la masa puesta a compostar. Si existiesen problemas de compactación o de mala aireación y no se pudiesen destruir la totalidad de los patógenos, convendría que este producto sufriese una fase de termogénesis antes de emplearse en agricultura.

De los diferentes residuos que se utilizan para formar el compost, los residuos vegetales son los que contienen menor número de organismos patógenos y además es poco probable que resistan las temperaturas que se alcanzan durante el compostaje. Los patógenos más numerosos y peligrosos se encuentran en los lodos de depuradora. Su cantidad depende de las condiciones generales de la población, ya que casi la totalidad de patógenos proceden de aguas residuales urbanas y, del proceso de estabilización que haya sufrido el lodo en la estación depuradora. La mayoría de los patógenos (sobre el 90%) son destruidos durante la fase de estabilización.

Existe una gran cantidad de patógenos y lo que parece excesivamente complicado es realizar un análisis completo en este sentido de cualquier residuo. Por ello, suelen emplearse como organismo índice la especie Escherichia coli o las bacterias coliformes, dada su gran difusión y presencia en aguas de alcantarillado. Sin embargo, no faltan detractores de este tipo de análisis sobre organismos índice, pues ha de tenerse en cuenta que los virus, si bien son poco numerosos, su peligrosidad es muy alta; además, a pesar de que la correlación entre las bacterias coliformes y las patógenas totales es alta en aguas, poco se sabe a este respecto sobre su presencia en los residuos.

La capacidad de supervivencia de los patógenos en el suelo y en las plantas se considera fundamental desde el punto de vista de la aplicación agrícola de los residuos. La supervivencia en el suelo es muy variable y va desde pocos días (como los quistes de protozoos) a varios años (como los huevos de Ascaris lumbricoides).

Conviene indicar que los patógenos en el suelo pueden resistir más en ausencia de radiaciones solares, temperaturas bajas y contenidos elevados de agua. Los virus y la mayor parte de los parásitos no se multiplican, sino que resisten en condiciones adversas. El movimiento vertical y horizontal de los patógenos en el suelo es muy reducido. En EE.UU. la Environmental Protection Agency realizó una armonización entre las diferentes normativas estatales para eliminar o reducir los patógenos, destacando las siguientes técnicas de tratamiento: pasteurización a diferentes temperaturas (su eficacia es relativa), desinfección química mediante encalado (elevando el pH a 12, pero no se consiguen eliminar las formas esporuladas de parásitos y los huevos, especialmente los de áscaris; además, su efecto es temporal), irradiación mediante fuentes de energía variada. Por último, está el proceso de compostaje, que permite obtener un producto relativamente desinfectado como resultado de los procesos termofílicos que se producen durante la biooxidación (Parr et al., 1978).

Presencia de materiales inertes y olor.

Una de las críticas más habituales por parte de los agricultores en contra del empleo agrícola del compost, y muy en particular cuando los residuos sólidos urbanos forman parte de él, es la presencia de materiales inertes, como trozos de vidrio, plásticos y metales, etc. Entre las diversas razones que se esgrimen en contra de estos productos por su contenido en inertes se pueden citar, las siguientes:

– Dilución de la fracción agronómica interesante del compost (materia orgánica degradable, elementos fertilizantes) por parte de los materiales inertes, los cuales no tienen ninguna acción beneficiosa y su transporte supone un gasto inútil.
– Deterioro de los instrumentos agrícolas: como ejemplo, la rotura de dientes de aparatos por enrollamiento con plásticos o por trozos de vidrio o metales.
– Riesgos de producir heridas en los agricultores que manipulan los productos, producidos por trozos de vidrio, jeringuillas, agentes metálicos cortantes, etc.
– Aspecto estético desagradable, con la consiguiente degradación del medio ambiente. Objetos insólitos, materiales plásticos de colores vivos y demás objetos contribuyen fuertemente a esta contaminación estética, a la cual son bastante sensibles los agricultores, cada vez más concienciados por las campañas antipolución y ecologistas.

A pesar de todo esto, no se debe ver en la presencia de los materiales inertes un aspecto negativo como tal dado que le confieren al compost una estructura apta para hacer de soporte de cultivos, ofreciendo una buena porosidad.

Cuando el proceso de compostaje no ha sido el adecuado puede surgir el problema del olor, lo que contribuye al rechazo por parte de los agricultores para emplear el compost sin ningún tipo de reservas.

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