18/06/2024

Revista InfoAgro México

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Fases fenológicas de desarrollo. Parte II.

Desarrollo de las partes aéreas

El crecimiento de la parte aérea del cafetal se genera a partir de las células meristemáticas ubicadas en el ápice del tallo y de las ramas (yemas apicales), así como en las axilas de las hojas (yemas laterales, yemas axilares y yemas seriadas). De los meristemos de las yemas se desarrollan los primordios de nudos, hojas, brotes, ramas y flores (Arcila, 2007).   

El ápice del tallo es el responsable de la formación de nudos, hojas y del crecimiento en altura de la planta (crecimiento ortotrópico), mientras que en el ápice de las ramas ocurre la formación de nudos, hojas y la expansión lateral de la planta (crecimiento plagiotrópico) (Arcila, 2007). 

En lo que respecta al desarrollo vegetativo de los órganos aéreos de las plantas de café, vamos a enfatizar en dos, las yemas (Moens, 1968; Cannell, 1985) y las hojas (Valencia, 1999; Arcila, 2007), destacando los siguientes aspectos de las primeras: 

 

– Yemas en el tallo. En cada nudo que se forma en el tallo crecen dos axilas foliares opuestas, de las cuales se originan 4 – 5 yemas, ordenadas en forma lineal, de mayor a menor, razón por la que se les denomina yemas seriadas (laterales o axilares). La primera yema da lugar solamente a brotes de crecimiento horizontal (ramas primarias), formándose un solo par de ramas primarias por nudo. La siguiente yema origina brotes verticales (o chupones), mientras que las otras permanecen latentes en el tallo. 

 

– Yemas en las ramas. Se originan de 4 a 5 yemas, igual que en el caso anterior, ordenadas en forma lineal (yemas laterales). Estas yemas no presentan uniformidad en la edad, dando origen a flores, en la medida que las condiciones ambientales sean favorables. Así, de cada yema se forman entre 4 y 6 flores, denominándose a este conjunto inflorescencia o glomérulo. Aquellas yemas que no generan flores, forman ramas secundarias (o terciarias), cuando se dan condiciones ambientales poco favorables para la floración, que suele ocurrir en plantas mayores de 15 meses. Por ello, se considera que la formación de ramas secundarias es un fenómeno común, dentro de unas condiciones normales de desarrollo de la planta de café. 

 

En definitiva, según Moens (1968) y Cannell (1985), el desarrollo de la parte aérea del cafeto, así como su producción, suceden a partir de las yemas apicales y axilares del tallo, y también de las ramas. A partir de estas yemas se forman los nudos, las hojas, las yemas florales y las ramas. Asimismo, la cantidad de nudos y de hojas formadas dependen en alto grado de la disponibilidad de insumos del entorno (agua, nutrientes y energía) que, a su vez, determinará el volumen de cosecha. 

Pasando al desarrollo foliar y su relación con la producción de la planta, las hojas del cultivo son órganos donde se realizan los tres procesos fisiológicos más importantes, los cuales sustentan todo el crecimiento y el funcionamiento vegetal (Arcila, 2007). Son:  

 

  • Fotosíntesis. Es el proceso que permite la elaboración de toda la materia hidrocarbonada necesaria para la planta. 

 

  • Respiración. Es la función en la cual la planta utiliza parte de sus hidratos de carbono fotosintetizados para obtener la energía necesaria en su desarrollo. Ocurre en todos los tejidos de la planta, pero es particularmente intensa en las hojas y en los tejidos jóvenes. 

 

  • Transpiración. Es un mecanismo de refrigeración de la planta. Mediante este proceso elimina, a través de los estomas, el exceso de agua absorbida por las raíces, teniendo un papel importante en la absorción de agua y nutrientes. 

 

Además de estas tres funciones, las hojas cumplen otras más como, por ejemplo, proteger las yemas, las flores y los frutos de las condiciones climáticas adversas, como puede ser el granizo y el exceso de radiación, entre otros. 

En lo referente al crecimiento de la hoja, existen estudios sugerentes, como el de Buitrago (1983), que analizó dicha tasa de crecimiento en plantas de almácigo de una determinada variedad, encontrando que éstas alcanzaban su máximo desarrollo entre 20 y 25 días después de su aparición. Asimismo, en las plántulas, el primer par de hojas verdaderas aparece a los 70 días después de la germinación.  

Por otra parte, se ha observado que en las ramas primarias suele aparecer un par de hojas cada 20 días, aproximadamente, y que el área promedio que alcanza una hoja a plena exposición solar es de 30 a 40 cm2. 

En lo que respecta a las épocas de formación de hojas, ésta sucede durante todo el año, pero existen determinados momentos en que los factores climáticos, como la radiación y la disponibilidad de agua en el suelo, favorecen una mayor formación de hojas en la planta (Valencia, 1999).  

Igualmente interesante puede resultar la cantidad de follaje, la cual varía en función de la edad y de la densidad de población, y ha sido reportada en algunos estudios como el de Valencia (1973), en cafetos de 5 años de edad, donde el número de hojas observado fue de 3,920; 6,400 y 7,600 para densidades de 10 mil, 5 mil y 2.5 mil plantas por hectárea, respectivamente. Otro estudio reveló que, para las mismas densidades de siembra, los mayores números de hojas por planta fueron de 12,521; 11,623 y 4,365, respectivamente, para 56, 53 y 43 meses. Además, se observó una tendencia en la cual disminuye el tamaño promedio de las hojas con la edad (Arcila y Chávez, 1995). 

 

Desarrollo floral

La fase de floración comienza, obviamente, con la aparición de las primeras flores, periodo que puede estar influenciado por varios aspectos como son: la duración del día (fotoperiodo), la época de siembra, la temperatura y la disponibilidad hídrica, entre otros (Franco, 1940; Barros et al., 1978). 

De este modo, la floración del cafeto es un acontecimiento asociado, de forma estrecha, a las condiciones climáticas de cada región, registrado normalmente como el momento de la antesis, es decir, cuando se abren las flores. Por lo tanto, debe considerarse a la floración como un proceso de desarrollo complejo, el cual se inicia 4 – 5 meses antes de la apertura floral (Camayo y Arcila, 1996; Camayo et al., 2003).  

Como ya se ha comentado anteriormente, las flores se forman en las yemas ubicadas en las axilas foliares, en los nudos de las ramas. Para Arcila (2007), el proceso puede mirarse desde dos aspectos: el desarrollo de la inflorescencia en las axilas foliares (nudos en las ramas) y el desarrollo de las flores en cada inflorescencia. Cada nudo puede contener, potencialmente, entre 24 y 32 botones florales (de 12 a 16 botones florales por axila). 

Cada yema está conformada por un pedúnculo, que contiene varios nudos en los que se insertan dos hojas diminutas y opuestas (brácteas), en cuyas axilas se producen entre 3 y 5 botones florales. Este conjunto constituye la inflorescencia, conocida también como glomérulo. La yema que produce un glomérulo se demora aproximadamente 12 semanas para dar origen a los botones florales (Arcila, 2007). 

Durante el desarrollo de la inflorescencia (y de la flores) ocurren las siguientes etapas (Wormer y Gituanja, 1970; Barros et al., 1978; Camayo et al., 1996): 

 

– Inducción floral e iniciación de la inflorescencia. Ocurre a nivel molecular, de forma rápida y no diferenciable externamente. Después de la inducción se inicia la inflorescencia, que puede durar de 30 a 35 días, aproximadamente. 

 

– Desarrollo de los botones florales en las yemas. Tiene una duración promedio de 45 días y finaliza en el momento en que se observan los botones florales adheridos entre sí y aún sin abrir, emergiendo en una inflorescencia (multifloral). 

 

– Crecimiento y reposo de los botones florales. Éstos alcanzan un tamaño de 4 a 6 mm, se separan y, aún verdes, cesan su crecimiento entrando en una fase de reposo que puede durar alrededor de 30 días. Esta inactividad es una verdadera latencia, inducida por la exposición continua de la yema a estrés hídrico o a factores endógenos. 

 

– Crecimiento del botón floral latente. Factores como las lluvias repentinas, la reducción súbita de la temperatura y/o la variación de los contenidos de ácido giberélico pueden estimular dicho crecimiento, que aumenta su longitud 3 o 4 veces. De este modo, los botones inician la etapa de preantesis, la cual se detecta por la coloración blanquecina de los pétalos, todavía cerrados. Esta etapa dura de 6 a 10 días. 

 

– Antesis o florescencia (apertura de la flor) propiamente dicha. La duración media de una flor dura, aproximadamente, unos 3 días. En Coffea arabica, la flor se auto fecunda, de manera que cuando abre, la fecundación ya está completa en un porcentaje superior al 90 %. 

 

Finalmente, una flor de café posee los cuatro tipos de estructuras que caracterizan a una flor completa y perfecta: dos estructuras estériles, que son el cáliz y la corola, y dos estructuras fértiles, que son los carpelos (ovario – estilo – estigma) y los estambres (Arcila, 2004). 

 

Desarrollo de los frutos

Una vez efectuada la fecundación, el ovario se transforma en fruto y los óvulos en semilla. Este proceso se denomina cuaje (cuajado, cuajamiento…) de frutos, e indica el inicio de su crecimiento. Una estimación de dicho cuaje puede ser el porcentaje de retención de los frutos, que se mide como la relación entre el número de frutos presentes tres meses después de la floración en comparación con el número de flores abiertas (Arcila y Jaramillo, 2003).  

En los cultivos de café, estos valores fluctúan dependiendo de las condiciones climáticas durante cada año, según las regiones productoras. Se han reportado valores de retención de frutos entre un 20 y un 90 %, registrándose los valores más bajos en los años con peores condiciones (especialmente más lluviosos) (Arcila y Jaramillo, 2003). 

Desde el momento de la floración hasta la maduración del fruto transcurren, en promedio, unas 32 semanas, con una duración media de desarrollo del fruto comprendida entre 220 y 240 días, dependiendo siempre de la zona donde se ubique el cafetal. Dicho desarrollo se compone de diferentes etapas (León y Fournier,1962; Huxley, 1969; Suárez, 1979; Salazar et al., 1993, 1994), como son: 

 

  • Etapa 1: Primeras 7 semanas después de la floración (0 – 50 días). Es una etapa de crecimiento lento, en la cual el fruto tiene el tamaño de un fósforo.  

 

  • Etapa 2: Semanas de la 8 a la 17 después de la floración (50 – 120 días). El fruto crece de manera acelerada, adquiriendo su tamaño final, y la semilla presenta una consistencia gelatinosa.  

 

  • Etapa 3: Semanas de la 18 a la 25 después de la floración (120–180 días). La semilla completa su desarrollo, tomando una consistencia más sólida y ganando peso. 

 

  • Etapa 4: Semanas de la 26 a la 32 después de la floración (180 – 224 días). El fruto se encuentra fisiológicamente desarrollado y comienza a madurar. 

 

  • Etapa 5: Después de la semana 32 (más de 224 días), el fruto se sobremadura, tornando a un color violeta oscuro, donde finalmente se seca. En esta etapa, generalmente, el fruto pierde peso. 

 

Desde la floración hasta la maduración de los frutos transcurren de 7 a 8 meses, aunque en los casos en los que se favorece el desarrollo sucesivo de las flores sobre los nudos, trae como consecuencia que en las ramas se encuentren frutos en diferentes estados de desarrollo de forma simultánea. Por ello, la cosecha no va a ser uniforme, dependiendo dicha distribución de otros factores, además de los ambientales o climáticos, como pueden ser los patrones de floración de cada región cafetera.