Preparación del suelo en el cultivo de papa

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A continuación se exponen una serie de labores culturales que han de llevarse a cabo en el cultivo de papa para que el rendimiento productivo y consecuentemente, la rentabilidad de la explotación sea la mayor posible. Son las siguientes:

  1. Implantación de rotaciones

 Para evitar el agotamiento del suelo, se recomienda la realización de rotaciones. Para el caso de la papa, se recomienda su introducción cada cinco años debido a la aparición de 1) rebrotes, principalmente si la recolección es mecanizada y 2) enfermedades de suelo que puedan comprometer el desarrollo del cultivo.

Dentro de las alternativas a considerar, se recomienda el cultivo de papa tras el de cereales. Por otro lado, comentar también que es un excelente precedente para la mayor parte de los cultivos. El inconveniente más importante reside en el control de rebrotes. Para éste se aconseja sembrar el siguiente cultivo sin labor previa.

  1. Preparación del terreno

 La papa requiere de suelo fértil y mullido, bien aireado y con una cierta homogeneidad en los agregados del mismo, para favorecer:

– Desarrollo del sistema radicular

– Emergencia rápida y homogénea de la parte aérea

– Reducción de las afecciones por fitopatógenos

Las labores que se deben llevar a cabo para conseguir que el suelo se encuentre en las mejores condiciones son:

Labor profunda no inferior a 25 centímetros de profundidad con abonado de fondo.

Escarificado profundo en el que se asurca el terreno dejando una distancia de 0.5-0.7 m.

El objeto del escarificado es aumentar la superficie de contacto entre el suelo y la planta, favorecer la infiltración del agua y facilitar la penetración de las raíces.

La época para realizar estas labores depende de las características de la zona de cultivo, así como de la planta que preceda a la papa, teniendo en cuenta una rotación de cultivos.

  1. Acolchado

El acolchado del terreno se realiza utilizando una lámina plástica, normalmente de polietileno negro. Con esta labor se consigue:

– Precocidad debido al aumento de la temperatura del suelo

– Control de malas hierbas en el entorno de la planta

– Ahorro de agua debido a una menor evaporación de la misma

– Disminución de las pérdidas de nutrientes

– Menor probabilidad de encharcamiento y por tanto, reducida incidencia de enfermedades de tallo.

Todo ello repercute sobre la calidad del producto final. Por el contrario, entre los inconvenientes de esta práctica se encuentran los elevados costos de mano de obra que supone su instalación. Para ello, ha de llevarse a cabo el siguiente procedimiento:

1º Preparación del suelo y asurcado.

2º Cobertura del terreno con una lámina de polietileno negro.

3º Apertura de orificios donde se va a realizar la siembra según los marcos de plantación que se deseen.

4º Siembra propiamente dicha.

  1. Plantación 

Época de plantación: Varía de unas zonas a otras, resultando fundamental para el éxito del cultivo. Esta decisión se basa en el estado de humedad del suelo y en su contenido en agua. Es recomendable que la plantación sea precoz en el cultivo de variedades tardías con el fin de asegurar una buena tuberización.

Profundidad de siembra: La profundidad de siembra debe estar en torno a los 7-8cm, en tanto que profundidades mayores retardan la emergencia y profundidades superficiales incrementan el riesgo de enverdecimiento. La plantación se puede realizar de forma manual o mecanizada mediante plantadoras automáticas.

Densidad de plantación: Los tubérculos se colocan sobre los surcos a una distancia de 0.5-0.7 m, separándose los golpes entre 0.3-0.4 m, lo que supone una densidad de plantación de aproximadamente 35,000-66,000 tubérculos/ha. Si la plantación es de regadío se pueden alcanzar densidades mayores.

La elección de la densidad de plantación no tiene repercusión directa sobre el rendimiento global de la producción, aunque si la densidad es muy elevada, puede dar lugar a tubérculos más pequeños, debido a una mayor competencia por la luz, agua y nutrientes.

Material de siembra: La plantación se realiza mediante tubérculos enteros o partes de éstos. Lo ideal es plantar tubérculos enteros, de tamaño superior a los 30 gramos. Los tubérculos de siembra no deben trocearse más que en dos porciones con un corte limpio. Ambas deben ser iguales tanto en tamaño como en número de yemas.

Las papas de siembra gruesas producen muchos tubérculos de tamaño medio, y las pequeñas con pocas yemas, pocos pero suelen ser de mayor tamaño. La cantidad de material vegetal empleada se encuentra entre 1,000 y 4,000 kg/ha, aunque es más común que varíe entre 1,000 y 2,500 kg/ha. Esta cifra depende de la densidad de plantación y del peso del tubérculo de siembra.

  1. Abonado

Las recomendaciones para el abonado de fondo (hay dos opciones, con y sin aplicación de estiércol) y el de cobertera son las siguientes:

*Abonado fondo: 

150 UF N amoniacal

100 UF P2O5

300 UF K2O

Abonado cobertera:

40-60 UF N nítrico

Abonado fondo:

20-30 t estiércol descompuesto*

80 UF N amoniacal

70-100 UF P2O5

200-300 UF K2O

Abonado orgánico: La papa es una planta que agradece los beneficios del estercolado, ya que mejora las condiciones físicas del suelo, y por tanto el desarrollo de los tubérculos. Si la siembra se realiza cuando el clima es templado, la incorporación de estiércol se debe realizar con 3-4 meses de antelación. Sin embargo, si la siembra se realiza cuando la temperatura asciende, no debe incorporarse estiércol debido a la posible pudrición de los tubérculos de siembra.

En cuanto a los diferentes tipos de estiércol, comentar que el de aves de corral deben ser empleados con precaución por su riqueza en nitrógeno, fósforo y potasio, ya que existe el riesgo de realizar una fertilización excesiva.

Nitrógeno: Es el factor determinante en el rendimiento del cultivo, ya que favorece el desarrollo de la parte aérea y la formación y engrosamiento de los tubérculos. Generalmente se aporta de una sola vez en el momento de la plantación, durante la preparación del suelo o sobre el caballón. Sin embargo, un exceso de nitrógeno produce un retraso en la tuberización y un desarrollo excesivo de la parte aérea.

Fósforo: El fósforo actúa a favor del desarrollo de las raíces, mejorando la calidad de los tubérculos y reduciendo su sensibilidad a daños (en particular al ennegrecimiento interno). La precocidad de la patata y el contenido en fécula están influenciados por el incremento de fósforo.

Potasio: Su influencia es decisiva en el cultivo de la papa, en tanto que favorece la formación de fécula y confiere a las plantas de mayor resistencia. Además, aquellos tubérculos que han sido fertilizados con la dosis correcta de potasio cuentan con una mayor vida post-cosecha.

Por otro lado, el calibre de los tubérculos también está directamente influenciado por la aportación de potasio. Al mismo tiempo, es importante conocer que un exceso de abonado potásico puede producir un desequilibrio y que el magnesio quede bloqueado para la planta.

Calcio: Las enmiendas de cal, favorecen el desarrollo de la papa, y se deben aplicar uno o dos años antes de la siembra.

Magnesio: La planta de la papa muestra rápidamente cualquier deficiencia de magnesio mediante el amarilleo del tejido vegetal que se encuentra entre los nervios de las hojas. Si la carencia es importante, puede provocar la muerte de la planta.

Boro y Cinc: El cultivo de la papa requiere de bajas dosis de boro, todo lo contrario que de cinc, ya que responde muy bien a las aportaciones de este último nutriente.

  1. Riego

La patata es un cultivo muy exigente en agua, aunque un exceso reduce el porcentaje en fécula y favorece el desarrollo de enfermedades. Desde la siembra, el estado hídrico del suelo influye directamente sobre la evolución del cultivo. La alternancia de períodos secos y húmedos da lugar a variaciones en la velocidad de engrosamiento de los tubérculos, siendo el origen de fisiopatías tales como agrietamiento, estrechamientos, etc.

Antes de la tuberización, un ligero déficit hídrico favorece el desarrollo del sistema radicular. Durante el período de tuberización propiamente dicho, las necesidades hídricas pueden alcanzar los 80 m3/ha/día.

El método de riego generalmente empleado en el cultivo de la patata es el de aspersión con instalaciones móviles. Los aspersores de baja presión son los más recomendados, ya que su gasto y potencia de bombeo son mínimos y el riego es de calidad, aunque es exigente en mano de obra.

  1. Malas hierbas

Existe una fuerte competencia entre el cultivo de la papa y las malas hierbas, ya que condicionan el rendimiento y dificultan las labores de recolección. Los herbicidas actúan en la capa superficial del terreno donde son absorbidos por las raíces adventicias de las malas hierbas, sin afectar a la patata, puesto que al ser plantada más profunda, su sistema radicular está exento de herbicida. Para el control de las malas hierbas se recomienda:

Tratamiento de emergencia: Se debe realizar lo antes posible después de la plantación, debiendo estar el suelo ligeramente húmedo. Es posible la aparición de fitotoxicidad si la aplicación es demasiado tardía o si se producen precipitaciones después del tratamiento.

Tratamientos durante la nascencia y post-emergencia: Se deben aplicar herbicidas específicos totalmente selectivos para el cultivo.

  1. Defoliación

Es una operación que se realiza en todo cultivo de patatas, cuyo objetivo es destruir la parte aérea de las plantas antes de la recolección. El objetivo es controlar el engrosamiento y  la acumulación de materia seca en los tubérculos. Además, la defoliación contribuye a 1) facilitar las operaciones de recolección, 2) actuar como protector de la cosecha (al incrementarse las temperaturas durante el período de cultivo tardío se evita el rebrote de los tubérculos) y 3) destruir el medio de desarrollo de enfermedades tales como mildiu. Según el destino de la producción, la defoliación se realiza según diferentes métodos:

Arranque mecánico: La arrancadora extrae las plantas comprimiendo los laterales del caballón para evitar la extracción de los tubérculos. La principal ventaja de este método es la ausencia de residuos, pero es necesario nivelar las parcelas con el aporcado bien formado.

Desgarramiento y trituración: Es un método que se emplea antes de la eliminación química, ya que por sí sola no destruye las plantas.

Se emplea un girotriturador de eje horizontal compuesto por cuchillas que trituran las plantas a 15-20 cm de la parte superior del caballón. Si se observa la presencia de mildiu, la trituración puede presentar riesgos sanitarios para los tubérculos.

Eliminación térmica: Las plantas son alcanzadas por una llama a una temperatura de 800ºC bajo un cárter de vapor recalentado. Las principales ventajas son la rapidez destructiva de las hojas y la independencia de las condiciones climáticas.

Eliminación química: Es el método más utilizado, en el que se pueden emplear diversas materias activas: clorato sódico, DNOC, diquat y glufosinato sódico (no autorizado en cultivos de papa de siembra por el riesgo de alteración de la germinación).

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