1. Introducción

Las cifras nacionales sobre el cultivo de la berenjena no son tan elevadas ni ofrecen tantas expectativas como ocurre con otros cultivos mexicanos, como por ejemplo, el tomate o el aguacate, entre otros. Sin embargo, es una realidad que la producción de esta hortaliza ha ido aumentando progresivamente durante los últimos años. Ya en el año 2012, se produjo un gran salto productivo con respecto a 2011, con un crecimiento superior al 1250 %. De este modo, la producción en el país de esta solanácea mantiene una tendencia creciente que, esperemos, siga de cara al futuro.

2. Producción

La producción nacional de berenjena puede considerarse relativamente nueva, presentando diversas oscilaciones (aumentos y descensos) en los volúmenes de producción, que podrían considerarse como “moderadas” entre los años 1980 y 2010 (gráfica 1). Sin embargo, en 2011 se produjo el mayor “desplome productivo” de la serie anual, con 9,015 toneladas únicamente, aunque, despegó de manera espectacular al año siguiente (122,000 toneladas), manteniéndose un creciendo constante en los años siguientes, donde se alcanzó, en 2017, la mayor cifra de los últimos 40 años, con 184,872 toneladas, aumentando así un 7.5 % con respecto a 2016 y un 16.4 % con respecto a 2015. En 2018 sufrió un pequeño descenso (2.8 %) hasta las 179,656 toneladas.

En lo que respecta a ese récord de producción en 2017, las cifras oficiales (SIAP – SAGARPA, 2018) son las siguientes:

  • Producción nacional: 184,872 toneladas.
  • Superficie cosechada: 3,000 hectáreas.
  • Tasa media anual de crecimiento en el período 2012 – 2017: 8.6 %.
  • Valor económico: 1,386 millones de pesos.
  • Rendimiento: 72.6 toneladas / hectárea.
  • Precio medio rural: 7,497 pesos / tonelada.

Por otra parte y, sin ninguna duda, la principal entidad productora de berenjena del país es Sinaloa, la cual representa el 96 % del total. En la gráfica 2 se muestran las principales entidades que cultivan esta hortaliza, quedando bastante clara la enorme diferencia existente entre Sinaloa y el resto de estados.

Esta entidad, por su posición geográfica, es una buena zona para producir hortalizas. SAGARPA cifraba su superficie dedicada a producción en 71,014 hectáreas en 2017. De esta superficie, se obtuvieron casi 3 millones de toneladas de productos hortícolas, donde el tomate rojo representó la tercera parte de este volumen. El valor de toda la producción de hortalizas durante dicho año fue de 15,485 millones de pesos.

Por su parte, la berenjena supuso en torno al 6 % del volumen total, con 177,349 toneladas. Dentro del estado de Sinaloa, destacan las regiones de Culiacán y Navolato como algunas de las mejores zonas para la producción de berenjena.

El ciclo productivo de esta hortaliza, desde que se siembra hasta que se cosecha, oscila entre 100 y 125 días, dependiendo de varios factores, especialmente la climatología. Dicho ciclo de cultivo es, principalmente, de otoño – invierno, con siembras comprendidas entre octubre y marzo, aunque puede ser también de primavera – verano, si el clima es favorable, como ocurre en Yucatán. 

De forma general, las cosechas se inician en diciembre, siendo los primeros meses del año donde se concentra la producción de frutos, tal y como muestra la tabla 1. 

Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic
15.8 28.6 13.1 15.7 7.7 15.1 1.4 0.5 0.2 0.3 0.8 0.8

Tabla 1. Distribución mensual (en %) de la producción anual de berenjena. SIAP, 2018.

Como puede observarse, durante los primeros seis meses del año se concentra de manera casi exclusiva (96 %) la producción nacional.

De los más de 90 países que cultivan berenjena en el mundo, México ocupa el puesto 11º, siendo el primero en el continente americano. Como suele ser habitual, la principal nación productora es China, que abarca, aproximadamente, el 60 % del volumen total del globo. Otros grandes productores son India, España u Holanda, entre otros.

3. Comercialización

Esta hortaliza presenta un bajo consumo a nivel nacional, siendo adquirida, principalmente, en la zona central de México. El valor medio anual de dicho consumo no alcanza el kilo por habitante, concretamente 0.9 kg (SIAP, 2018). Por tanto, es un aspecto que debería mejorarse, sobre todo teniendo en cuenta que este fruto posee unas excelentes propiedades, tanto nutritivas como saludables, las cuales, hasta el momento, no son demasiado conocidas por parte de la población. 

Prácticamente, la totalidad de la producción nacional de berenjena es destinada a la exportación, reservándose para consumo propio, únicamente un 5 % del volumen total. Si se comparan los datos oficiales (SIAP – SAGARPA, 2018) de importación y exportación, queda bastante clara la diferencia existente entre ambas. Así, en 2017, se exportaron 76,942 toneladas, que supusieron un monto económico de unos 25.5 millones de dólares (gráfica 3), frente a 36 toneladas importadas, únicamente.

En cuanto al comercio exterior, los principales destinos de la berenjena mexicana son Canadá y Estados Unidos, por su proximidad y fácil transporte, entre otros beneficios que puede reportar. Además, el vecino estadounidense es un gran consumidor de esta solanácea, siendo considerado el tercer país importador de berenjena a nivel mundial.

A parte de estos dos países, existen otros excelentes consumidores de berenjena, cuyas cifras de importación rondan las 15,000 toneladas, como son Rusia y Holanda. Otra oportunidad comercial para nuestro país está enfocada a los países de la Unión Europea, como Francia, que adquiere unas 50,000 toneladas anuales, Alemania, Italia, etc.

Finalmente, el precio de venta de este producto está provocando una cierta preocupación para los productores y comercializadores, ya que ha mostrado últimamente una incuestionable volatilidad, sin ninguna estabilidad. A este respecto, en el inicio del segundo semestre de 2019, se desplomó, recuperándose posteriormente a finales de agosto y principios de septiembre. 

Por lo tanto, debido a los altibajos mostrados, no resulta fácil identificar una tendencia o un comportamiento claro. Sin embargo, es preciso señalar que el consumo de este producto es relativamente nuevo en nuestro país, no existiendo una demanda definida y estable, aunque podría establecerse una tendencia creciente en un futuro inmediato, como ha ocurrido con otros productos agrícolas que ahora están firmemente establecidos en el sector.