18/06/2024

Revista InfoAgro México

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Roya del café III

Medidas preventivas y de control 

La razón principal en la que se fundamenta el control de la roya del café consiste en la necesidad de proteger el follaje durante el llenado del fruto, ya que la hoja cumple una función fundamental en todas las etapas del cultivo al ser el órgano que procesa los nutrientes para el mantenimiento, crecimiento y producción de la planta (Virginio y Astorga, 2015).  

En la etapa de producción es necesaria su presencia hasta 60 días después de la floración principal y hasta 30 días antes de la cosecha. De este modo, si el follaje de la planta de café se mantiene sano se asegura la cosecha del ciclo productivo y el desarrollo armónico del cultivo para las futuras cosechas (Cenicafé, 2011). 

En general, los factores que determinan la aparición de una enfermedad son 4, siendo necesario tenerlos en cuenta si se quiere alcanzar un manejo adecuado: hospedero, patógeno, ambiente y manejo agronómico del cultivo. Solo de esta manera se podrán romper o disminuir las interacciones entre ellos, mermando el desarrollo de una epidemia, ya sea retrasando su aparición o reduciendo su expansión (Cenicafé, 2011). 

Entre las medidas o acciones que pueden ayudar a mantener la enfermedad de la roya en ciertos niveles aceptables en las plantaciones de café, se enumeran algunos como, por ejemplo: 

– Manejo agronómico. Algunos de las labores que son claves de cara a la exposición de los árboles a la enfermedad son: 

 

  • Poda: En los países productores de café de Centroamérica, una de las limitaciones que se presentan es la edad avanzada de los cafetales, superior a 15 años en la mayoría de los casos, señal de que el manejo del cultivo no ha sido el más apropiado, evidenciando el envejecimiento de las plantaciones, según el Instituto del café (2013). Este organismo de Costa Rica señala que la poda debe realizarse después de finalizar la cosecha del grano, preferentemente en el periodo seco o con escasa precipitación, cuyo propósito principal es la eliminación del tejido enfermo, así como de las ramas quebradas, forzando con ello a una renovación de la planta. 

 

  • Fertilización: La gestión adecuada de los nutrientes supone un aspecto fundamental en el comportamiento del ciclo productivo del cultivo, ya que una óptima nutrición proporciona los minerales requeridos por la planta para realizar sus funciones básicas, además de mejorar su vigor, productividad y mecanismos de defensa contra la roya. Por ello, es necesario reponer los elementos del suelo extraídos por las plantas, considerando aspectos importantes como los niveles de éstos, las necesidades del cultivo y su fase fisiológica, acidificación (valor del pH), enmiendas calizas y/u orgánicas, etc. 

 

  • Sombreo: Es importante realizar un manejo adecuado de la sombra, siendo la asociación con árboles una práctica común en Centroamérica, con más del 90 % de los cafetales en dicha situación. Esta práctica ofrece grandes beneficios al cultivo, como regulación del microclima dentro del cafetal (el café es una planta sensible a las variaciones bruscas de temperatura), reducción de la radiación, mejora del balance hídrico, incremento de la humedad relativa dentro del cafetal, mejora de la fertilidad del suelo, así como reducción de la erosión por la cobertura de la hojarasca y otros más, aunque la regulación del microclima también puede beneficiar al hongo patógeno.  

 

– Control genético. La producción de café en los países de Centroamérica está basada en variedades que derivan de las antiguas, las cuales presentan características productivas excelentes, junto a un porte bajo que facilita la cosecha del grano, pero que son muy susceptibles a la roya anaranjada. No obstante, se han llevado a cabo programas de mejoramiento genético en países de América (Brasil, Colombia y Centroamérica), Asia (India) y África, con el desarrollo de nuevas variedades que muestran cierta resistencia a la roya. 

– Control químico. Como suele ser habitual, ha sido una de las primeras herramientas utilizadas desde el ingreso de la enfermedad al continente americano. Para SAGARPA et al. (2013), la base racional para el manejo químico de la roya del café involucra la fenología de la planta, para lo cual es preciso identificar los periodos de mayor susceptibilidad, así como los factores de manejo que más impactan en la enfermedad, dándose la mayor incidencia durante los meses correspondientes al desarrollo y maduración del fruto, siendo el momento oportuno para empezar con la aplicación de fungicidas antes de que se inicie la estación de lluvias. 

A continuación, Barquero (2013) y Zambolin (2013), exponen un repaso sobre los fungicidas aplicados frente a la roya del café. Uno de los primeros productos utilizados en el control fueron los fungicidas a base de azufre, aunque los resultados fueron poco satisfactorios. Sin embargo, ensayos con fungicidas a base de cobre ofrecían mejores resultados porque actúan sobre las esporas del hongo mediante el bloqueo de los procesos de respiración, producción de proteínas y debilitamiento de la membrana celular.  

También están disponibles los fungicidas sistémicos, que se movilizan dentro de los tejidos de la planta por donde circula el agua y los nutrientes. A éstos se les conoce como fungicidas curativos porque tienen la capacidad para detener las infecciones del hongo desde dentro de la planta, atacando la infección en las etapas tempranas de la enfermedad.  

El grupo de fungicidas denominados triazoles han mostrado una mejor actividad en el control de la roya, ya que inhiben la formación de una sustancia llamada ergosterol, la cual es esencial para el hongo. Algunos son: Tebuconazol, Difenoconazol, Epoxiconazol, Cyproconazol, Triadimenol, Propiconazol, Tetraconazol y Flutriafol.  

Posteriormente, ha surgido un grupo de fungicidas sistémicos denominado estrobilurinas, cuyo modo de acción consiste en inhibir la respiración de la mitocondria de la célula, entre los que se pueden citar: Piraclostrobin, Azoxystrobin, Trifloxystrobin, Picoxystrobin y Kresoxim-methyl. 

Se pueden combinar los fungicidas triazoles y estrobilurinas, con el propósito de evitar que las poblaciones de Hemileia vastatrix desarrollen resistencia. Dicha mezcla se comercializa de manera conjunta, por lo que el productor no tiene que adquirir los dos productos por separado.  

Es importante recordar que el personal técnico que ofrece labores de asesoramiento conoce con detalle los nombres de los productos y las formulaciones que se deben aplicar, así como el calendario de aplicación. 

En la modalidad de café orgánico se pueden emplear productos a base de diferentes extractos de plantas, distintas formas de cobre o con base microbiológica (bacterias y hongos de acción antagónica a la roya). 

Para realizar el correspondiente tratamiento fitosanitario es recomendable realizar un monitoreo en el cafetal del estado de la enfermedad. Barquero (2013), señala que si dicho monitoreo es inferior al 10 % se debe hacer uso de fungicidas protectores (cúpricos), mientras que si es superior al 10 % deben emplearse fungicidas sistémicos (curativos). Los fungicidas protectores son ineficaces en casos de infecciones fuertes. 

También es recomendable hacer uso de surfactantes que facilitan una mejor adherencia y cobertura del producto sobre la superficie de las hojas, siendo preciso realizar varias aplicaciones para ejercer un mejor control de la enfermedad, aunque la frecuencia de aplicación depende de las condiciones ambientales y del grado de incidencia de la roya. 

Los equipos de aplicación son determinantes en los resultados del tratamiento, los cuales deben estar bien calibrados, intentando conseguir una buena cobertura del follaje a través de las boquillas, especialmente en el envés de las hojas. Esto cobra especial importancia en la aplicación de fungicidas protectores, ya que éstos no se movilizan por la planta, siendo necesario que el tejido vegetal quede bien cubierto, protegido de la enfermedad. 

Por lo tanto y, a modo de conclusión, la lucha frente a la roya del café debe estar basada en una estrategia conjunta en la que interactúen distintas prácticas como las acciones culturales o de manejo, la selección genética y la correcta aplicación de fungicidas. Si las dos primeras se realizan de manera adecuada, se reducirá la probabilidad de emplear el control químico, el cual, en ciertas ocasiones causa más problemas que soluciones, particularmente medioambientales y de salud.