11/05/2026

Revista InfoAgro México

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Control integrado de plagas en sandía 

Control integrado de plagas en sandía 

 

  1. Introducción
  1. Conceptos previos en el control de plagas
  1. Principales plagas que afectan al cultivo 
  1. Medidas de actuación en el MIP

 

  1. Introducción

 

El cultivo de sandía tiene numerosos enemigos que se constituyen como plaga, los cuales en determinadas situaciones causan severos daños y, por tanto, graves pérdidas económicas a los productores. A este respecto, deben aplicarse un buen número de actuaciones que hagan frente a estos ataques, las cuales corresponden a diferentes tipos, como culturales, biológicas, genéticas, físicas o químicas, que deben ser integradas en un programa de control que resulta eficiente, pero también adecuado y respetuoso con el entorno. 

 

  1. Conceptos previosen el control de plagas

 

Tradicionalmente, cuando ha aparecido cualquier tipo de plaga o enfermedad en el cultivo se ha recurrido de manera exclusiva a la aplicación de tratamientos fitosanitarios con el objetivo de erradicar por completo la presencia de estos enemigos. Sin embargo, aspectos como la conciencia medioambiental o las demandas de los consumidores han dado lugar a ciertos cambios en los procesos de producción agraria. 

 

A este respecto, hay que destacar el concepto de Manejo Integrado de Plagas (MIP), el cual no es un tipo nuevo de control. Ya en 1989, Andrews y Quezada mencionan la Protección Integrada de Cultivos, desarrollada por la Universidad de California y entendida como una nueva manera de establecer el control de plagas y enfermedades (Apablaza, 1999).  

 

Asimismo, a principios de la década de 1990, ampliando el concepto de Control Integrado, surge otro concepto, el de Control Holístico, que consiste en tener en cuenta el potencial genético productivo y la salud de la especie vegetal durante todo su ciclo, considerando algunos criterios como pueden ser: un valor real de rendimiento, el contenido de materia orgánica del suelo, la sanidad vegetal, unas prácticas adecuadas o el cuidado de la fauna auxiliar, entre otros (Apablaza, 1999). 

 

De este modo, se pretende llevar a cabo el control de los enemigos del cultivo mediante la integración de medidas de tipo biológico, físico y químico, estableciendo unos determinados límites, tanto ecológicos como económicos, desechando el principio de exterminio de las poblaciones plaga y de sus enemigos naturales, así como tolerando una mínima presencia de éstas, que se encuentren a un nivel tan bajo que no suponga ningún daño económico al cultivo (Crawford, 2017).  

 

Con este enfoque aparece otro concepto importante dentro de las estrategias de control, el concepto de umbral de daño económico, es decir, la densidad de población de una plaga a partir de la cual se producen pérdidas económicas. Para Mareggiani y Pelicano (2008), estas pérdidas ocurren cuando los costes destinados al control superan al valor de las pérdidas de cosecha.  

 

En principio, esta operación parece sencilla, pero no es así porque cuando una o varias plagas actúan sobre un cultivo influyen diversos factores que hay que tener presentes. Algunos de éstos, según Crawford (2017), son los siguientes: 

 

  • Se debe conocer con cierta precisión la relación existente entre la densidad poblacional de la plaga que interviene y la reducción de cosecha que provoca, siendo esta relación complicada de establecer. 

 

  • El umbral de daño económico no puede considerarse un valor estático, ya que van a influir aspectos variables como la mano de obra o el precio de los fitosanitarios en los costes del control, y el volumen de cosecha o, especialmente, los precios de venta de la misma en las pérdidas económicas. 

 

  • La incidencia de los patógenos está directamente relacionada con el manejo del cultivo, así como por las condiciones climáticas del entorno, resultando complicado en ocasiones saber la evolución y el daño causado por éstos. 

 

  • La tecnología puede ayudar con modelos predictivos, aunque a veces no resultan tan acertados, teniendo que hacer caso a la experiencia acumulada que se aplica a una situación real, estableciendo así un umbral de daño orientativo. 

 

En cualquier caso, las nuevas perspectivas establecidas en el control de plagas y enfermedades ya no responden a la erradicación de éstas una vez que son detectadas en el cultivo, sino que se establecen una serie de acciones preventivas y curativas que integran distintos ámbitos como el biológico o el cultural, además del químico que, por otra parte, debe ser respetuoso con el entorno ambiental y con la salud de los consumidores. 

 

  1. Principales plagas que afectan al cultivo

 

Larraín (2003) define el control integrado de plagas como una estrategia de manejo que involucra el uso de diversas técnicas como el monitoreo en campo, la identificación de una determinada plaga y sus diferentes estados de desarrollo, los métodos de prevención o el uso apropiado de plaguicidas, entre otros. 

 

No obstante, hay que tener en cuenta que el cultivo de sandía se encuentra en una amplia variabilidad de microclimas, suelos y, en general, entornos específicos de cada una de las distintas zonas productoras de sandía, lo que implica una cierta diversificación de los programas de manejo de plagas, los cuales deben considerar las características locales, aunque existen ciertos aspectos esenciales, que se deben cumplir en cualquier programa de MIP, independiente de las condiciones de cada zona de producción (Crawford, 2017). 

 

La gran diversidad de condiciones de cultivo que pueden darse en las diferentes regiones donde se desarrolla la sandía va a dar lugar también a una amplia gama de especies plagas, existiendo una mayor especificidad y/o incidencia de daños de algunas de éstas, siempre dependiendo de su adaptación al entorno del cultivo.  

 

De este modo, las especies de insectos plaga que pueden incidir sobre los cultivos de sandía se muestran a continuación: 

 

  • Dípteros. Las larvas de Delia o Hylemia afectan a semillas en germinación y a plántulas, en las que se introducen en la zona del cuello. 

 

  • Lepidópteros. Las larvas de algunas especies causan daños en las plántulas al inicio del cultivo (Agrotis spp., …) o más tarde cuando los frutos están creciendo (Spodoptera spp., …), en los que origina marcas características en la superficie de la cáscara. 

 

  • Caracoles y babosasHelix sp. o Limax sp. actúan en condiciones de humedad alta, destruyendo los cotiledones y las hojas de las plántulas, llegando a provocar su muerte. 

 

  • Moscas minadorasLiriomyza spp. es el género más conocido, cuyas larvas realizan galerías en las hojas del cultivo, reduciendo así su superficie útil para realizar la fotosíntesis. Las perforaciones de las hembras adultas al realizar la oviposición constituyen puntos de entrada de organismos patógenos. 

 

  • Trips. La especie más cosmopolita es Frankliniella occidentalis, aunque tiene a la sandía como hospedero secundario dentro de su amplia gama altamente polífaga. 

 

  • Pulgones. Suponen una de las amenazas más serias para el cultivo de sandía, destacando Aphis gossypii y Myzus persicae. Causan daños directos a las plantas, además de ser vectores eficaces de diversas virosis. 

 

  • Mosca blanca. La especie Trialeurodes vaporariorum también causa daños directos al cultivo mediante inyección de toxinas, así como indirectos (vector de virus y formación de fumagina). 

 

  • Araña roja. Las especies de Tetranychus spp., principalmente T. urticae, son polífagas y no tienen a la sandía como hospedero principal. Sin embargo, cuando colonizan este cultivo en condiciones cálidas y secas, pueden causar pérdidas cuantiosas al desecar plantas y frutos, que quedan inservibles para su comercialización. 

 

Las especies de todos estos grupos de insectos que suponen, en mayor o menor medida, una amenaza para los cultivos de sandía hará su aparición dependiendo de las condiciones existentes en las parcelas de cultivo, donde la influencia climática de la región, el estado y la fase de las plantas o las estrategias de manejo, entre otros factores, serán determinantes en su incidencia. 

 

  1. Medidas de actuación en el MIP

 

Cada uno de los enemigos vistos anteriormente presenta un comportamiento diferencial y específico que tendrá que ser abordado acorde con sus características propias, tales como ciclo biológico, dispersión, hábitos alimenticios, etc. No obstante, se muestran a continuación un conjunto de medidas generales de control que deben estar presentes en cualquier plan de control integrado de plagas (INIA, 2017). 

 

– Reconocimiento en la parcela de las plagas y sus enemigos naturales. Permite identificar a ambos e iniciar las estrategias de control. 

 

– Monitoreo en el cultivo. Es una de las herramientas más importantes en el MIP, ofreciendo información útil que permite tomar decisiones de acción. 

 

– Criterios de actuación. Según la información obtenida en los monitoreos y otros registros se puede determinar el momento de actuación. 

 

– Integración de diferentes métodos de control. Los utilizados son de tipo: cultural, genético, biológico, físico y químico. 

 

– Modificación de las condiciones ambientales. Si es posible realizarlo, el manejo climático puede condicionar la presencia y la evolución de las poblaciones plaga.  

 

– Uso de plántulas libres de plagas procedentes de semilleros. Esto evitará la presencia de enemigos en la fase inicial del cultivo. 

 

– Vigilancia y control de malezas. Éstas suponen un reservorio de contagio de diversos enemigos como pulgones y arañas, entre otros. 

 

– Realización de una estrategia adecuada de rotación de cultivos. Rompe el ciclo biológico y disminuye la capacidad de actuación de las plagas. 

 

– Eliminación de los restos del cultivo anterior. La sanidad vegetal es fundamental de cara a la prevención. 

 

– Cuidado y mantenimiento de la salud del suelo. Es importante un buen nivel de materia orgánica, así como una actividad microbiológica en el mismo. 

 

– Plan de fertilización equilibrada, evitando el exceso de abonos nitrogenados que hace a las plantas más apetecibles para las plagas y más sensibles a sus ataques. 

 

– Uso de variedades tolerantes o resistentes. Supone una buena medida de control genético. 

 

– Respeto y mantenimiento de los enemigos naturales. El control biológico es una excelente opción a través de mecanismos de parasitismo y depredación, además de no tener efectos residuales. 

 

– Aplicación de microorganismos entomopatógenos. La aplicación de productos a base de hongos, bacterias y virus presentan buenos resultados contra los insectos plaga, causándoles finalmente la muerte. 

 

– Implantación de medidas físicas. Su fin es minimizar la densidad de población, utilizando barreras físicas, ya sean materiales (mantas, mallas o plásticos) o naturales (setos o barreras vegetales), así como trampas de feromonas, adhesivas de colores, de luz, etc. 

 

– Aplicación de tratamientos fitosanitarios. El control químico debería ser el último método al que recurrir. No obstante, es una herramienta necesaria cuando las poblaciones de las plagas se incrementan de forma significativa, pero deben ser utilizados bajo unas pautas adecuadas.  

 

Respecto al uso de plaguicidas, es preciso conocer algunos aspectos que van ser determinantes para mejorar la eficacia de los tratamientos en el control de las plagas. En este sentido, se destacan algunos de estos aspectos que pueden ser claves (Armengol y Martínez, 1995; De Liñán, 2002): 

  

  • La decisión debe estar basada en el umbral de daño, o en el riesgo de sufrir pérdidas económicas, a través de un monitoreo regular donde se determine si la plaga alcanza este umbral.  

 

  • Se debe tener presente en la elección de los productos a utilizar su formulación, especificidad, dosis y forma de aplicación, entre otros. 

 

  • El estudio de la plaga a controlar también es importante, prestando atención el estado de desarrollo, ciclo biológico, fase del cultivo, etc. 

 

  • Es esencial utilizar un volumen de agua suficiente, el cual estará determinado por factores como el equipo que se utilice, el tipo de plaguicida o el estado de desarrollo del cultivo, entre otros. 

 

  • La presión a la hora de realizar el tratamiento debe ser la adecuada para cubrir completamente las plantas, especialmente si se trata de plagas que se esconden bien como larvas o trips. 

 

  • La capacidad de mojar la superficie del cultivo resulta especialmente importante en aquellos plaguicidas cuyo modo de acción es únicamente por ingestión, como sucede con Bacillus thuringiensis, cuyas esporas deben ser ingeridas por las larvas. 

 

  • Los productos utilizados en el control químico deben considerarse realmente necesarios y no introducirse en el tratamiento como complemento de otros. 

 

  • Los plaguicidas deben ser respetuosos con el medioambiente, con la fauna auxiliar e inocuos para la salud de los consumidores. 

 

En conclusión, se ha podido comprobar que existen numerosas formas de actuación para luchar contra las plagas de un cultivo, siendo trascendental la integración del mayor número posible de éstas, además de establecer un conocimiento adecuado de los factores que influyen en la interacción entre los insectos plaga y las plantas atacadas.