11/05/2026

Revista InfoAgro México

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Factores climáticos y agronómicos del cultivo de sandía parte III

Influencia de factores climáticos y agronómicos sobre el rendimiento 

Parte III 

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  1. Factores agronómicos

 

Hemos visto cómo los factores climáticos pueden afectar en un sentido u otro al comportamiento y a la productividad del cultivo de sandía. Sin embargo, existen otros factores que igualmente van a provocar estas situaciones en el cultivo. En este sentido, son varios los aspectos a considerar, como la calidad y el uso del agua de riego, las estrategias de fertilización, las labores realizadas en el cultivo, el acierto en la introducción de las colmenas de abejas, la eficacia en la aplicación de tratamientos, etc.  

 

A este respecto, J. A. Sánchez (2026) expone a continuación unas breves reseñas sobre estos aspectos a la hora de ponerlos en práctica, siendo las siguientes: 

 

– Calidad del agua de riego. No todas las aguas son óptimas para el riego, siendo fundamental conocer sus características principales, entre las que destacan la conductividad eléctrica (CE) y su composición mineral. La CE indica el contenido total de sales presentes en el agua, la cual debe estar dentro de un cierto rango para ser aplicada al cultivo de la sandía, pudiendo incluso ser necesario cambiar dicho rango, si fuese posible, en función del estado de la planta y/o de la fase fisiológica en la que se encuentre.  

 

En cuanto a los minerales presentes en el agua, éstos son diversos y con concentraciones variables, por lo que debe llevarse a cabo un análisis para conocer la composición de la misma y poder ajustar el plan de fertilización a las necesidades del cultivo en función del agua de riego disponible. Por otra parte, existen ciertos elementos que si se encuentran en concentraciones demasiado altas pueden resultar tóxicos para el cultivo. 

 

– Gestión eficiente del riego. Una dosificación óptima del riego resulta crucial para que el cultivo se desarrolle de forma correcta y pueda producir satisfactoriamente. A este respecto, si las dosis de agua resultan escasas, la planta mostrará un crecimiento deficiente y su producción final se verá mermada de manera segura, además de presentar una mayor susceptibilidad al ataque de las plagas. 

 

Por el contrario, aportes excesivos de agua en el riego van a ocasionar problemas al cultivo, desde amarilleos en las plantas, pasando por una mala absorción nutricional y la incidencia de enfermedades hasta concluir en una calidad poco o nada deseable de las sandías. Igualmente, los desequilibrios hídricos o cambios bruscos en los aportes de riego van a desembocar en mermas productivas y de calidad, además de aumentar los ataques de plagas y enfermedades.  

 

– Estrategias de Fertilización. Cada fase del cultivo de sandía, unida a la interacción con su entorno, implica un programa nutricional más o menos concreto. Por ello, es determinante conocer cómo es el comportamiento de la planta en cada una de sus fases y poder aplicar los fertilizantes más adecuados a sus necesidades. 

 

En ocasiones, a veces demasiadas, se suelen cometer errores graves en la fertilización debido a decisiones equivocadas, consecuencia de la precipitación o el desconocimiento, lo que supone una deriva muy desfavorable para el cultivo que resulta más grave en las fases más críticas, concluyendo en pérdidas considerables de producción. 

 

– Tratamientos. Las aplicaciones de determinados productos pueden ser de una gran ayuda en ciertos momentos del cultivo. Sin embargo, es preciso conocer bien dichos productos y sobre todo cómo pueden afectar a las plantas en el momento en el que se encuentran, ya que a menudo se observan síntomas de una mala praxis como son intoxicaciones o fitotoxicidades, quemaduras, aborto de flores y frutos, efectos nocivos contra abejas en la floración, desequilibrio de las poblaciones de las plagas y sus enemigos naturales, etc. 

 

– Poda o despunte. La sandía es un cultivo que requiere de una labor de poda, la cual no es demasiado complicada, pero sí hay que realizarla en el momento adecuado con el objetivo de que las rastras o tallos no presenten un crecimiento apical excesivo en detrimento de los tallos secundarios o terciarios, en los cuales deben salir las flores hembras para ser polinizadas, mostrando además un crecimiento equilibrado.  

 

– Introducción de colmenas. Esta actuación es esencial en el cultivo, siendo las abejas unos protagonistas muy importantes por su excelente labor en la fecundación de las flores, cuyo número de visitas a éstas va a determinar las características de las sandías futuras (peso, tamaño, calidad interna, …). Otro aspecto crucial es el momento de introducir las colmenas en la parcela, ya que en ocasiones se comete el error de anticipar dicha introducción, lo que va a provocar un cuaje (número de frutos) escaso, obteniendo así una cosecha deficiente. 

 

  1. Principales medidas de actuación

 

Teniendo en cuenta todo lo visto hasta ahora y lo extensa que puede resultar la información acerca de este tema, vamos a concluir el presente artículo con unas recomendaciones generales de J. A. Sánchez, Dr. Ingeniero agrónomo especialista en el cultivo de sandía, en las que se integran los factores climáticos, los agronómicos y las posibles consecuencias del manejo para el rendimiento del cultivo. 

 

Esta breve guía general de actuación se divide en cinco periodos diferentes del ciclo de cultivo, en los cuales se producen situaciones específicas donde la gestión debe ir encaminada a un óptimo desarrollo de las plantas con el objetivo final de obtener una cosecha satisfactoria. Por tanto, las distintas fases ofrecen lo siguiente: 

 

– Fase inicial. Estado de plántula: Este periodo corresponde a la fase de plantación, en la que los plantines son especialmente sensibles a contraer enfermedades de cuello y raíz. Por ello, es preciso evitar el exceso de humedad del entorno, controlando la dosis y la frecuencia de los riegos. En cuanto a la temperatura, si la plantación se produce en épocas frías, es conveniente utilizar medios de protección como acolchado plástico en el suelo y tunelillos sobre las plantitas. 

 

La fertilización debe ir orientada principalmente al desarrollo radicular, empleando mayormente abonos fosforados y productos que estimulen dicho crecimiento. La salinidad del agua de riego no debe ser demasiado elevada debido a la sensibilidad de las plántulas. También es recomendable llevar a cabo algún tratamiento fungicida de acción preventiva.  

 

– Crecimiento vegetativo de las plantas: Después de procurar un buen desarrollo del sistema radicular, así como el inicio del crecimiento aéreo, el objetivo de esta fase es el aumento de la estructura de la planta. Para esto suelen emplearse estrategias de fertilización con predominio del nitrógeno, aunque no es conveniente abusar de éste por el desequilibrio que genera y porque hace al cultivo más sensible a plagas y enfermedades. En este periodo se deben incrementar, tanto las dosis de riego como la cantidad de fertilizantes. 

 

En lo que respecta al entorno ambiental, una HR notable unida a una temperatura templada-cálida favorece bastante el crecimiento vegetativo de las plantas, aunque ya se sabe que valores demasiado altos de estas dos variables pueden suponer problemas en el cultivo. 

 

Cuando la envergadura de las plantas es amplia y se va aproximando la fase de floración es recomendable realizar un tratamiento con carácter preventivo para no realizar ningún otro tratamiento durante el periodo en el que las abejas están llevando a cabo su labor polinizadora. 

 

– Floración y cuajado de frutos: Esta es la fase más importante del cultivo, ya que en ella se va a configurar la producción futura del mismo. Climáticamente es fundamental que haya un nivel aceptable de radiación, así como reducir los valores de HR y temperatura para que las flores se encuentren en el mejor estado de cara a su fecundación por parte de los polinizadores. 

 

La estrategia a seguir en esta etapa es provocar a las plantas una situación de estrés controlado para frenar el crecimiento vegetativo e inducir la aparición de las flores. A este respecto, las medias más comunes deben enfocarse en: reducción o eliminación de los riegos, incremento de la conductividad eléctrica, aumento de los fertilizantes de fósforo y potasio, disminución del nitrógeno, regulación de la ventilación del invernadero, etc. 

 

– Engorde de los frutos: Una vez cuajados y “asegurados” los frutos en la planta, el fin de esta fase es desarrollar su tamaño, pero a la vez procurando una buena calidad a los mismos. Para ello, el suministro de riego debe ser constanteevitando cualquier momento de estrés hídrico. En fertilización, la CE debe reducirse en relación a la fase anterior, buscando un equilibrio y procurando que no falte ningún nutriente, ni macros ni micros. 

 

En cuanto al clima, se deben evitar condiciones extremas de HR, temperatura y radiación solar, ya que esto podría derivar en la pérdida de frutos o en daños ocasionados a éstos, repercutiendo en una merma productiva. Por ello, un buen manejo climático se hace necesario para “sacar adelante” el mayor número de frutos posible. 

 

– Fase final. Maduración de las sandías: Es el periodo final del ciclo y en éste debe realizarse una gestión que favorezca el aumento del contenido de azúcares en la sandía, lo que dará un valor añadido a la cosecha desde un punto de vista comercial.  

 

La estrategia a seguir promueve aumentar la conductividad eléctrica del riego, incrementando igualmente los fertilizantes potásicos. Si la CE y el nivel de potasio son demasiado bajos, la calidad se verá afectada con situaciones indeseables como grietas internas o nervios blanco-amarillentos en la pulpa, entre otros. También se deben reducir las dosis de riego, pero sin provocar un estrés significativo al cultivo. Aportes excesivos de agua pueden causar el rajado de los frutos. 

 

En cuanto a las condiciones ambientales, éstas deben ser relativamente moderadas, es decir, no son favorables valores de HR, temperatura y radiación excesivamente altos porque las cualidades de la fruta se verán afectadas de forma negativa.  

 

Finalmente, es preciso dejar claro que para conseguir el objetivo final deseado por agricultores y técnicos agrícolas se deben integrar las medidas y estrategias del ámbito climático con las agronómicas. Normalmente, los profesionales del campo nos centramos en controlar los parámetros del riego y la fertilización, olvidando a veces las condiciones ambientales, las cuales pueden ser determinantes en el comportamiento del cultivo y, por supuesto, en su productividad. 

 

Del mismo modo, no se debe olvidar que las situaciones adversas, así como los errores cometidos en la toma de decisiones durante las primeras fases del cultivo, especialmente en la más crítica, que es la de floración y cuaje, van a tener consecuencias más adelante, repercutiendo en un sentido o en otro en la cosecha final.