14/09/2026

Revista InfoAgro México

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Enfermedad postcosecha de la Mancha Húmeda en calabaza pt.2

Enfermedad postcosecha de la Mancha húmeda II 

 

  1. Estudio experimental
  1. Medidas básicas de prevención
  1. Estrategias pre-recolección 

 

  1. Estudio experimental

 

El planteamiento experimental llevado a cabo para determinar los motivos principales de la aparición de la mancha húmeda en los frutos de calabacita después de ser recolectados se muestra a continuación: 

 

– Test 1. Análisis de los factores de pre-cosecha y recolección, resultando los siguientes:   

 

  • Incidencia sobre la variedad.
  • Incidencia durante el ciclo de cultivo.  
  • Incidencia al final del ciclo de cultivo.  
  • Incidencia según comportamiento peri-recolección. 
  • Influencia de las condiciones ambientales. 

 

Los ensayos realizados reflejan que las condiciones climatológicas que favorezcan la condensación de agua en el interior del invernadero deben ser tenidas en cuenta. 

 

– Test 2. Factores intrínsecos a la propia planta. 

Este estudio concluye que el grado de afectación está más influenciado por factores externos a la propia planta que por factores intrínsecos a ésta. 

 

– Test 3. Estudio microbiológico de la alteración. 

Se determina que en la superficie de los frutos analizados existe una población heterogénea de bacterias, pudiendo algunas de ellas ser las causantes de enfermedades en hortalizas. 

 

– Test 4. Influencia del manejo postrecolección. 

La condensación de agua en la superficie del fruto favorece la aparición de las manchas, observando que la aplicación de frío durante la conservación ralentiza la aparición de los síntomas asociados con esta alteración. 

 

De este modo, todos los estudios realizados culminaron con las siguientes conclusiones:  

 

  • La “mancha húmeda” del calabacín solamente se manifiesta después de la recolección, pudiendo mostrar un aspecto ligeramente distinto en función de las condiciones de conservación y de la variedad.   
  • Se ven afectadas distintas variedades de calabacín. 
  • Se ha encontrado una cierta coincidencia, en el periodo invernal, entre la aparición de la alteración durante la conservación post-recolección de los frutos y las condiciones climatológicas que favorecen la condensación de agua en su superficie, previamente a su recolección. 
  • Se ha detectado una mayor frecuencia y gravedad del problema en comparación al invierno, con un incremento de frutos afectados tras su recolección, después de estar sometidos a una subida de temperatura de 37 º C en el interior del invernadero antes de ser recolectados. 
  • Las condiciones ambientales por sí solas no son suficientes para causar la alteración, ya que frutos conservados hasta 12 días tras su recolección no presentaron manchas, incluso en condiciones postcosecha favorables a su aparición.   
  • La detección de grupos bacterianos a partir de tejido alterado, así como las condiciones favorables a su aparición, como presencia de agua libre en la superficie del tejido y/o temperatura, apoyan la hipótesis de un origen microbiológico de la afección. 
  • La aparición de las manchas viene determinada por las condiciones ambientales durante el cultivo, pero son más precoces e intensas cuando los frutos se mantienen en postcosecha a 20 º C y con condensación de agua en su superficie. La exposición a 10 º C redujo, incluso detuvo, la aparición de las manchas.   

 

  1. Medidas básicas de prevención

 

Para llevar a cabo una serie de medidas preventivas frente a esta afección postcosecha que deteriora los calabacines, es preciso tener claro previamente contra qué factores se debe actuar. Por tanto, tras lo expuesto anteriormente, se deben considerar como aspectos claves a evitar, o al menos reducir, los siguientes: 

 

  • Condiciones ambientales, principalmente Tª y HR, tanto en el interior como en el exterior del invernadero, que provocan la condensación de agua sobre la piel de los frutos durante el cultivo. 
  • Niveles de Tª y HR en las cámaras de refrigeración que, igualmente, favorecen  la condensación de agua sobre la superficie de los frutos durante su almacenamiento y conservación. 
  • Relación de los tejidos afectados con la presencia de distintos grupos bacterianos, algunos relacionados con enfermedades en cucurbitáceas y otras hortalizas. 

 

De este modo, la prevención debe ir enfocada en el control de las condiciones climáticas, evitando así la condensación de agua sobre la superficie de los calabacines, además de actuar frente al desarrollo de las bacterias. Por tanto, una gestión adecuada del cultivo, así como de las condiciones de conservación en postcosecha van a reducir o minimizar la aparición y la difusión de estos daños. 

 

Los principios generales que se exponen a continuación reflejan a la perfección la importancia que tiene la prevención de cara al periodo postrecolección, siendo fundamental considerar las siguientes cuestiones (Namesny, 1999; Kader et al., 2007):  

 

  • Si un producto vegetal sufre daños fisiológicos a lo largo de su crecimiento, o durante su conservación postcosecha, las consecuencias van a ser irreversibles.  
  • Si un cultivo se contamina con microorganismos, la erradicación posterior de éstos va a resultar muy difícil.  
  • La prevención a lo largo de toda la cadena de producción, desde la semilla o plántula hasta la distribución del producto, es la mejor forma de garantizar la ausencia de daños.  
  • La aplicación de Buenas Prácticas Agrícolas durante el cultivo y su recolección, así como las Buenas Prácticas durante el acondicionamiento y la comercialización, contribuyen a asegurar las mejores condiciones para producir hortalizas de calidad.  

 

Por tanto, la prevención es la mejor estrategia de actuación para evitar enfermedades y otras patologías en el producto final. 

 

  1. Estrategiaspre-recolección

 

Como se ha indicado en apartados anteriores, la calidad de la cosecha comienza desde la siembra o plantación del cultivo. De este modo, el manejo adecuado del mismo tendrá una consecuencia directa, no sólo en el aspecto del producto recolectado, sino también en la conservación y salud del mismo.  

 

En lo referente a las prácticas que tienen lugar antes de la cosecha, es decir, a lo largo del ciclo de cultivo, se exponen algunas recomendaciones con el objetivo principal de obtener frutos más sanos, con las menores alteraciones posibles (Cortés, 2003; Hong y Moorman, 2005):  

 

– Plantación del cultivo. Tanto si se realiza siembra directa como trasplante, se deben adquirir semillas registradas procedentes de un proveedor acreditado, que garantice la ausencia de enfermedades. Asimismo, semillas y plántulas deben disponer de su pasaporte fitosanitario. 

 

– Agua para el riego. Las balsas de almacenamiento para el cultivo deben presentar las protecciones adecuadas, como vallado y cubierta, además de procurar unas condiciones adecuadas de impermeabilización para prevenir posibles infiltraciones de agua contaminada.  

 

Es importante llevar a cabo controles periódicos de la calidad microbiológica y química del agua utilizada para el riego, especialmente la que se utiliza en la preparación de tratamientos fitosanitarios, de aplicación directa sobre la planta, así como en los sistemas de nebulización.  

 

Por tanto, es fundamental realizar un mantenimiento adecuado de las balsas y pozos, procediendo a su limpieza y desinfección cuando los resultados de los controles analíticos del agua así lo precisen. 

 

– Condiciones ambientales en el invernadero. El control climático del invernadero es un aspecto esencial a la hora de prevenir enfermedades en el cultivo, siendo necesario el manejo sobre la Tª y la HR, evitando siempre que se den las condiciones que favorezcan la condensación de agua en la superficie de los frutos. El uso de plásticos “antigoteo” limita dicha condensación. 

  

Para ello, pueden aplicarse distintas prácticas de protección (blanqueo o encalado, mallas de sombreo, pantallas térmicas, …), ventilación (aperturas en la cubierta, ventanas laterales y cenitales, ventilación forzada, …) y/o refrigeración (nebulización, goteo aéreo, riegos frecuentes, humedecimiento del suelo, …). 

 

Por otra parte, si se desea realizar un control eficaz de temperatura y humedad relativa deben instalarse instrumentos de medición de estos parámetros climáticos, cuyos rangos óptimos en el cultivo de calabacín son: Tª, entre 10 º y 35 º C, y HR, entre 70 % y 80 %. 

 

Igualmente, es preciso mantener la vigilancia y calibración de estos dispositivos, actuando cuando los valores climáticos se sitúen fuera del rango de aceptabilidad establecido. No hay que olvidar que la mayoría de bacterias y hongos que causan daños a los cultivos presentan una mayor actividad con temperaturas cálidas (20 – 35 º C) y HR > 80 %, especialmente si se producen condensaciones (Sharrock et al., 1977; Buonaurio et al., 2001; Mora y Araya, 2002; Langston et al., 2003). 

 

– Manejo agronómico del cultivo. Entre las medidas más recomendables se pueden destacar las siguientes: 

 

  • Evitar los aportes excesivos de agua y de nitrógeno en la fertilización del cultivo, ya que aumenta la ternura de los frutos, lo que favorece la falta de consistencia, así como la susceptibilidad al ataque de plagas y enfermedades.   
  • Controlar lo más eficazmente posible las poblaciones de insectos plagas, evitando un crecimiento desmesurado, ya que éstos pueden actuar como vectores de transmisión de microorganismos dañinos para el cultivo. La implantación del control biológico es muy recomendable porque la aplicación repetida de productos fitosanitarios favorece la aparición de cepas resistentes por parte de los patógenos.  
  • Mantener un nivel de sanidad adecuado en las parcelas de cultivo, retirando inmediatamente los restos vegetales, sobre todo si están infectados, que deben depositarse en contenedores en el exterior del invernadero y alejarse cuanto antes.  
  • En las labores de poda y recolección, es fundamental limpiar las herramientas de corte durante la jornada, utilizando agua limpia que contenga algún producto desinfectante. El personal de trabajo también debe aplicar prácticas higiénicas de manipulación, como guantes, ropa lavada, etc. 

 

De este modo, considerando todo lo anteriormente expuesto, hay que tener especial atención a las labores realizadas durante el cultivo de calabacita, no solamente en el momento de la recolección de los frutos, ya que las condiciones del entorno, unidas a las de conservación y manipulado en la postcosecha van a influir en la buena calidad y sanidad del producto final.