18/03/2022

Revista InfoAgro México

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Aspectos del cultivo de brócoli

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La sociedad está experimentando un cambio en las formas de vivir, de comunicarse, de trabajar y, por supuesto, de alimentarse. A este respecto, existe una tendencia que nos lleva hacia una vida más sana, en la que la alimentación es un pilar básico. Entre los alimentos (vegetales) considerados actualmente más saludables y beneficiosos para nuestro cuerpo, además de ser los más demandados y consumidos, se encuentra el brócoli, junto a otros productos agrícolas como el aguacate, el arándano o las hortalizas en general, entre otros. Por ello, vamos a exponer una serie de aspectos relacionados con el cultivo del brócoli con el objetivo de conocerlo un poco mejor.

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El brócoli es originario de la zona del Mediterráneo Oriental, concretamente del Oriente Próximo, donde se sospecha que pudo haber nacido de forma silvestre, hace miles de años, en algunos puntos de los territorios conocidos en la actualidad como la Península de Anatolia, Siria y el Líbano.

Posteriormente, esta especie vegetal viajó hasta Italia, como consecuencia de la expansión del Imperio romano. Allí, encontró suelos y climas que le fueron favorables, al mismo tiempo que encontró una buena aceptación por parte de sus pobladores con respecto a su sabor, su versatilidad y sus propiedades alimenticias.

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Aunque el brócoli se convirtió en un alimento tradicional en Italia, no fue conocido en otras regiones de Europa hasta al menos el siglo XVI, distribuyéndose por otros países, como Inglaterra, Dinamarca, Holanda, Francia, España y Grecia (Maroto, 2002). No obstante, no se puede decir que esta crucífera fue ampliamente conocida y valorada en Europa hasta el siglo XX, siendo entonces incorporado a la dieta de la población europea.

Igualmente, el brócoli llegó tarde a América, aunque esto no supuso un impedimento para que esta especie se adaptara rápidamente al suelo americano, sobre todo en la costa oeste de Estados Unidos, donde se convirtió en uno de los cultivos preferidos de California. Desde entonces (S – XX y principios del S – XXI), los estadounidenses sienten cierta predilección por esta planta.

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Con el paso del tiempo, la producción y el consumo del brócoli se ha ido dispersando por varias regiones de Latinoamérica, siendo considerado un alimento saludable que tiene muchas propiedades nutricionales, así como numerosas cualidades medicinales. Actualmente, México es uno de los principales productores de esta brasicácea a nivel mundial.

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El brócoli es una planta dicotiledónea anual perteneciente a la familia Cruciferae, cuyo nombre científico es Brassica oleracea L. var italica Plenck. Esta hortaliza guarda una estrecha relación genética con otras variedades botánicas dentro de la misma especie Brassica oleracea L. Entre las más conocidas se encuentra la col (B. oleracea L. var capitata), la coliflor (B. oleracea L. var botrytis), la col de Bruselas (B. oleracea L. var gemmifera) o el colinabo (B. oleracea L. var gongylodes), entre otras.

En el ámbito de la taxonomía, es interesante mencionar que existe un vínculo particularmente estrecho entre el brócoli y la coliflor, ya que se suponen ciertas evidencias que sitúan al brócoli como progenitor de la coliflor, debido a que tiene una estructura floral menos compleja (Toledo, 2003).

En cuanto a su morfología, la planta de brócoli es de naturaleza herbácea, compuesta por distintas partes, las cuales son descritas del siguiente modo por Toledo (2003), del INIA (Instituto Nacional de Investigación Agraria):

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– Raíces. El sistema radicular de esta hortaliza es pivotante y leñoso. La raíz primaria puede profundizar hasta 0.8 m en el perfil del suelo y, generalmente, se pierde durante el proceso de extracción de plantas del almácigo. En el trasplante de brócoli en campo, el sistema radicular está compuesto principalmente por raíces adventicias secundarias, terciarias y raicillas, las cuales se concentran en su mayor parte en los primeros 40 – 60 cm de profundidad.

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– Hojas. La planta tiene un número comprendido entre 15 y 30 hojas grandes, con un tamaño aproximado de 50 cm de longitud y 30 cm de ancho. La lámina foliar es lobulada y el pecíolo ostenta mayor tamaño que en la col o la coliflor. La superficie de las hojas presenta una cutícula cerosa bastante desarrollada e impermeable.

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– Tallo principal. Su diámetro varía entre 2 y 6 cm y su longitud puede oscilar entre 20 y 50 cm. Presenta entrenudos cortos con un desarrollo intermedio entre la forma roseta (coliflor) y caulinar (col de Bruselas). La parte superior de este tallo es limitada por el crecimiento de la inflorescencia principal. No tiene ramificaciones, únicamente muestra en los nudos superiores las ramificaciones de inflorescencias secundarias.

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– Flores. Son perfectas y actinomorfas, con los pétalos libres, en número de cuatro, de color amarillo y dispuestos en forma de cruz, características de las crucíferas. Debido a problemas de autoincompatibilidad, la polinización es principalmente cruzada y se realiza con la ayuda de insectos, como las abejas y las moscas.

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– Inflorescencias. Es un corimbo conformado por numerosas flores, las cuales, en estado inmaduro constituyen la parte comestible de esta hortaliza. Se denomina florete al conjunto de flores individuales que se insertan mediante un pedúnculo común al tallo principal de la inflorescencia. Un corimbo está formado por varios floretes. Inicialmente, es compacta y firme, pero va perdiendo consistencia debido al crecimiento y desarrollo de los pedúnculos, la maduración de las flores y la separación de los floretes. El color de los corimbos incluye distintas tonalidades de verde, dependiendo del cultivar.

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– Fruto. Es una silicua con más de 10 semillas, dehiscente cuando madura. Las semillas son redondas, pequeñas (unos 2 mm de diámetro) y de color marrón oscuro a rojizo. Un gramo de semillas puede contener un número comprendido entre 180 y 250.

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Ya sabemos que de la planta de brócoli se cosechan las cabezas o pellas. Sin embargo, resulta interesante saber que las partes aprovechables para el consumo humano representan tan solo una pequeña parte de la producción total de biomasa. Para Martínez-Hernández (2012), tan solo un 15 – 25 %. No obstante, el resto de la planta puede incorporarse al suelo tras la cosecha de la inflorescencia como aporte mineral y de materia orgánica, lo que supone un aprovechamiento agronómico. Otro aprovechamiento estaría destinado a la alimentación animal (Hu et al., 2012; Yi et al., 2015). También, es conveniente conocer otros usos de los subproductos obtenidos en campo e industria, tales como: medicinal, producción de aromáticos, cosméticos y aditivos, así como de productos fitosanitarios para el control de enfermedades y nematodos transmitidos por el suelo (Rosa, 1999; Domínguez, 2011; Guerrero, 2012; López, 2014).

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Si se quieren obtener buenos rendimientos del cultivo, así como mejorar la calidad del producto final cosechado, es preciso que su desarrollo se produzca en unas condiciones que sean lo más parecidas posibles a sus niveles óptimos establecidos. Por ello, se deben conocer cuáles son las exigencias o requerimientos del brócoli en los principales factores de su entorno. Éstos son:

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– Clima

El brócoli es un cultivo que se adapta mejor a temperaturas templadas, con cierta tendencia al frío. El rango óptimo de temperatura para su crecimiento es de 15 º – 18 º C (INIA, 2003), con un valor promedio de 16 º C (Zamora, 2016). La semilla germina en torno a 7 días, dependiendo de la temperatura ambiente, con un intervalo entre 7 º y 35 º C.

Como límite superior de temperatura, se estiman unos 24 º – 25 º C, a partir de los cuales la calidad del producto obtenido se ve seriamente afectada debido a la pérdida de compactación de la cabeza por el crecimiento y separación de los floretes, la abertura de las flores individuales y la aceleración general de los procesos de senescencia (Toledo, 2003). No obstante, existen cultivares que pueden producir cosechas comerciales en condiciones de verano, aunque con altas temperaturas, las plantas desarrollan un tamaño más pequeño y unas cabezas deformes o normales, pero de color púrpura, que reduce la calidad (Zamora, 2016).

Se considera que el límite inferior de temperatura para su crecimiento está alrededor de los 5 º C (INIA, 2003), incluso puede tolerar la incidencia de heladas ligeras, con valores de – 2 º C, siempre y cuando no se haya formado aún la inflorescencia, ya que el producto se vería dañado por el congelamiento y posterior pardeamiento de la misma (Zamora, 2016).

Niveles altos de humedad relativa favorecen el progreso de la planta, aunque sin excederse, ya que la incidencia de enfermedades a causa de hongos y bacterias, principalmente, se pueden producir con valores de humedad ambiental elevada.

En cuanto a la luz, este factor no constituye una limitación crítica para el normal desarrollo del cultivo en la mayoría de los casos. La inducción y diferenciación floral, así como la formación de la cabeza, ocurren independientemente de la duración del día o fotoperíodo, es decir, se trata de una planta de fotoperíodo neutro (Toledo, 2003).

Sin embargo, el exceso de luminosidad puede constituir un factor limitante para el adecuado crecimiento del cultivo, por el hecho de que, comúnmente, esta condición está relacionada directamente con altas temperaturas. Por el contrario, en condiciones de baja luminosidad, se han obtenido excelentes resultados en lo referente a cantidad y calidad del producto cosechado (Toledo, 2003).

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– Suelo

El brócoli necesita suelos con unas propiedades concretas, entre las que destacan:

  • Cierto nivel de fertilidad.
  • Rango amplio de textura, desde suelos arenosos hasta arcillo-limosos, aunque tolera mejor las texturas medias.
  • Buena capacidad de drenaje.
  • Cierto contenido de materia orgánica.
  • Adecuada capacidad de retención de agua.
  • Valores de pH neutro, se considera medianamente tolerante a la acidez (6 – 6.8).
  • Niveles bajos de salinidad.

Cuantos más requisitos de éstos se puedan establecer, la producción de brócoli será mayor y de más calidad. En las circunstancias en las que el terreno de cultivo no reúna estos requisitos, deben ser debidamente manejados y/o realizar en ellos las correcciones necesarias para acercarnos a los valores más óptimos.

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– Agua

Su condición de planta mesofítica, exige disponibilidad permanente de agua, que sea de buena calidad para la obtención de máximos rendimientos. Si la presencia de lluvia no se produce con cierta frecuencia, será necesario dotar de riegos al cultivo para mantener dicha humedad en el suelo. Para ello, dicha aportación debe basarse en riegos ligeros y continuos, evitando que se produzcan desbalances, que podrían causar desequilibrios en las plantas y consecuencias no deseadas.

Desde la Universidad de Sonora, se afirma que el brócoli puede requerir una lámina total de agua de, aproximadamente, 50 cm durante la temporada otoño-invierno, alcanzando el más alto requerimiento hídrico a partir del inicio de la formación de la cabeza o pella, así como durante su desarrollo.

Este cultivo puede ser establecido, tanto en riego por gravedad como por goteo, donde las dosis de riego dependen de varios factores, como las características del suelo o de la fase fenológica del cultivo, pero, sobre todo, de las condiciones climáticas del entorno, especialmente de la temperatura.

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– Salinidad

El cultivo de brócoli tolera distintos niveles de salinidad, dependiendo del tipo de suelo en el que esté instalado. La tabla 1 muestra diferentes niveles de tolerancia en función de la textura.

 

La presencia de altos niveles de sales o de elementos tóxicos en el agua de riego, afecta el potencial de rendimiento de este cultivo, disminuyendo también su calidad (Toledo, 2003). En este sentido, el cultivo de brócoli se muestra moderadamente tolerante en suelos de textura media, presentando una mayor sensibilidad cuando se establece en suelos arcillosos. En cambio, puede llegar a tolerar mayores niveles de salinidad en suelos arenosos. Según Zamora (2016), el potencial de rendimiento del brócoli se ve reducido en un 10 % con unos valores de conductividad eléctrica de 4 dS m-1 y hasta en un 50% si éste aumenta hasta 8 dS m-1.

Por todo lo anterior, si se cultiva brócoli, es importante establecer en las parcelas de cultivo, dentro de lo posible, unas condiciones que se aproximen a los valores óptimos, que harán que se incremente el rendimiento del cultivo, así como la calidad de la cosecha.

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