Cómo preparar tu cultivo en lana de roca

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El término «hidroponía», procede de las palabras griegas hydros (agua) y ponos (cultivo). La técnica se difundió rápidamente en Estados Unidos y Europa, donde empezó a utilizarse en algunas instalaciones comerciales, y al estallar la segunda guerra mundial, los ejércitos norteamericanos e ingles, instalaron cultivos hidropónicos en sus bases militares del pacífico para alimentar a las tropas , utilizando como sustrato grava, ante la dificultad de trasladar los alimentos.

La lana de roca fue descubierta por unos científicos en Hawai en el año 1850, cuando observaron las hebras de roca creadas por las erupciones del volcán Mauna Loa. Lo que los científicos no pudieron prever, fue que su descubrimiento llevaría cambios tan enormes en el cultivo de plantas, casi un siglo más tarde.

El material original se extrae de diabasas y calizas. El proceso de extracción se realiza por medios mecánicos. La mezcla homogénea de rocas se introduce en un horno, y se funde todo a unos 1.600 grados centígrados. La masa fundida pasa por unas ruedas giratorias, de donde sale expandida en forma de fibras de 0,005 milímetros de grosor.

Posteriormente se añaden estabilizantes, se comprime la lana, y adquiere su forma de cintas continuas. Seguidamente, estas cintas son cortadas en planchas o tablas, para ser embaladas. El resultado es un medio de cultivo, con unas características físico-químicas idóneas para su uso en la agricultura. Debido a su proceso de fabricación con altas temperaturas, es un producto libre de patógenos y malas hierbas.

La lana de roca, al ser un cultivo que se desarrolla fuera del suelo, el terreno no necesita ningún tratamiento de abonado de fondo, aportación de estiercol o cualquier otra labor destinada a mejorar su estructura. Solamente, necesitaremos romper algo la estructura del suelo para permitir un buen drenaje.

El suelo del invernadero, debe estar nivelado para evitar drenajes incontrolados en las bolsas y para captar luz de forma homogénea en toda la explotación. El suelo que se encuentra debajo de las tablas, se debe de aislar con plástico negro para evitar el franqueo de raíces, evitar la propagación de posibles patógenos existentes en los suelos y evitar acumulaciones de agua en las bolsas.

En otras instalaciones también con lana de roca, se cubre todo el suelo del invernadero mediante una lona de color blanco o negro, permitiendo la de color claro, mayor iluminación en todo el cultivo. Es importante que en el transporte de las tablas y tacos de lana de roca, todos estos componentes, se coloquen correctamente en el vehículo, para que no sufran ningún daño en el transporte y lleguen a la finca en perfecto estado.

Los invernaderos son muy difíciles de cerrar con una malla adecuada, por lo que el primer proceso en la plantación de lana de roca, es que los insectos no entren en el invernadero, para de esta forma, obtener las máximas producciones. Un método eficaz, consiste en colocar una doble puerta en el invernadero, que evita en gran medida la entrada de plagas.

Existen trampas también que se colocan en el interior del invernadero, y sirven para decirnos la cantidad de plaga que tenemos en cada momento, ya que atraen a las plagas por el color y posteriormente las atrapan, debido a pegamento que llevan adheridas. Las trampas adhesivas son medios esenciales para detectar plagas de insectos y seguir el desarrollo de las poblaciones. En cultivos altos se colocan las trampas directamente encima de las plantas, levantándolas conforme van creciendo. Se deben de colocar donde el riesgo de infección es más alto, como son las bandas, las puertas y las aperturas de ventilación, y tienen la peculiaridad, de que el pegamento no se derrite con el calor.

Se suele hacer un agujero de aireación en la parte superior de la tabla, para que tengamos en la misma, un perfecto equilibrio agua-aire.

Las producciones de los cultivos en lana de roca son muy altos, debido a que la planta encuentra los elementos que necesita (agua, nutrientes, oxigeno,…) en óptimas condiciones, y los toma con un ahorro de energía notable. Esto supone que un mayor porcentaje de carbohidratos, se destine a fines productivos.

DRENAJES Y DEMANDAS

El drenaje también es un aspecto importante en el cultivo en lana de roca. Se suelen utilizar bandejas de demanda, que llevan acopladas unas cazoletas donde se mide el agua de demanda. El ajuste de las frecuencias de riego, para obtener los porcentajes de drenajes buscados, se realiza mediante la observación periódica de estas bandejas.

El sistema más utilizado de bandeja a la demanda se realiza mediante cazoletas y electrodos. La altura del rebosadero debe ser fija y el orificio de evacuación, lo suficientemente grande como para que no se obstruya con facilidad.

El mecanismo de funcionamiento de estas bandejas es bastante sencillo. Se colocan una serie de electrodos verticalmente dentro de una cazoleta y a una determinada altura, la cual se puede regular en función de la cantidad de agua que queramos aportar en cada riego, así como su frecuencia. En el momento en que no se realice contacto entre electrodos y el nivel de agua de la bandeja de demanda, se manda un riego, que pararía cuando si se produce este contacto.

El drenaje de los contenedores puede venir hecho de fábrica o sin ningún tipo de agujeros, siendo el mismo agricultor quien realice los drenajes, de la forma que vea más conveniente.
La calidad del agua tiene también una gran influencia en el diseño de la solución nutritiva. Cuanto más salina es el agua mayor es el porcentaje de drenaje que necesitaremos. Por ello es conveniente como primer paso, realizar una analítica de la misma en un laboratorio especializado, para conocer sus propiedades.

 

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