Descripción y requerimientos climáticos del cultivo
- Introducción
- Antecedentes históricos
- Anatomía de la planta
- Requerimientos climáticos
- Introducción
La calabacita es una de las hortalizas más representativas y extendidas por el mundo, cuyo origen procede de Mesoamérica, aunque el fruto que hoy se conoce, cilíndrico y alargado, se desarrolló en el norte de Italia. Actualmente, se cultiva en regiones cálidas y templadas, con cierta tolerancia a las altas temperaturas, pero más sensible a las bajas. La fase más crítica en relación a las condiciones climáticas es la polinización y fecundación, de la cual dependerá la producción final.
- Antecedentes históricos
El origen botánico del calabacín (Cucurbita pepo) se sitúa en Mesoamérica (México actual y Centroamérica), donde fue domesticado hace más de 7,000 años, incluso hasta 10,000. Los pueblos indígenas americanos cultivaban variedades de calabaza miles de años antes de la llegada de los europeos (Paris, 2000).
En sus inicios, eran plantas silvestres con sabor amargo que se cultivaban principalmente por sus semillas nutritivas y su piel dura, la cual resultaba útil como recipiente. Asimismo, formaba parte de la agricultura tradicional indígena junto a maíz y frijol (Paris, 2000).
Posteriormente, los colonizadores españoles llevaron las semillas de calabaza a Europa en el siglo XVI, dándole un uso ganadero como alimento de los animales, transcurriendo tres siglos hasta obtener un cultivo que ofrecía frutos cilíndricos y alargados por parte de los agricultores en el norte de Italia durante la segunda mitad del siglo XIX (Decker y Wilson, 1986).
De este modo, el nacimiento del calabacín o calabacita, conocido comercialmente como zucchini, se obtuvo en regiones italianas como la Toscana y Lombardía, en las que se seleccionaron mutaciones naturales de la planta en busca de una hortaliza que se pudiera cosechar y consumir inmadura, con una piel tierna y semillas blandas (Decker y Wilson, 1986).
La primera descripción de la variedad con el nombre de calabacín se encuentra en un trabajo publicado en Milán en 1901. El término “zucchini” proviene del diminutivo de “zucca”, que significa calabaza en italiano. Es preciso destacar el “Trattato completo di agricoltura” en Milán por Francesco Vallardi, quien documenta los primeros cultivos de calabazas alargadas de consumo culinario en el norte de Italia.
Ya en el siglo XX el calabacín moderno regresó al continente americano, siendo reintroducido en América del Norte en la década de 1920 por los inmigrantes italianos que se asentaron en California, considerando a ésta como su primera región de cultivo. Un informe de 1928 sobre las hortalizas cultivadas en el estado de Nueva York se refiere al calabacín como una de las 60 variedades cultivadas de C. pepo (Ferriol et al., 2003).
A partir de la década de 1960, el gran desarrollo de los cultivos intensivos de calabacita en invernaderos, principalmente en la zona de Almería (España), provocó su auge productivo y comercial, consolidándolo como un alimento básico a nivel mundial disponible todo el año (Ruiz, 2000).
- Anatomía de la planta
La planta de calabacita es anual de vegetación compacta y de crecimiento indeterminado (Reche, 1997). Pertenece a la especie Cucurbita pepo, la cual presenta una importante diversificación, dando lugar a un gran número de variedades comerciales diferentes (Meca, s/f).
Dicha variabilidad se manifiesta a través de diferencias en aspectos tales como tamaño, forma, y color, principalmente. Así, se pueden encontrar frutos de color verde, amarillo, naranja o blanco, entre otros. Y con forma alargada, redonda, oval, etc.
Dentro de la especie Cucurbita pepo se incluyen tres subespecies, presentando diversas tipologías (Meca, s/f):
- C. pepo subsp. pepo: Pumpkin, Vegetable Marrow, Zucchini, Cocozelle.
- C. pepo subsp. texana: Scallop, Croockneck, Acorn.
- C. pepo subsp. fraterna: únicamente incluye variedades silvestres.
En cuanto a la morfología de la planta cultivada, se expone a continuación una breve descripción de sus distintas partes (Intronzi, 1996; Reche, 1997):
– Sistema radicular. El calabacín presenta una raíz principal de la que emergen otras secundarias. Su desarrollo, especialmente en profundidad, va a depender del sistema de cultivo, así como del tipo de suelo donde se instala.
En terrenos desnudos y cultivos no protegidos, el crecimiento suele ser más profundo, entre 50 y 80 cm, mientras que en los sistemas enarenados propios de los invernaderos es más superficial, entre 25 y 30 cm, con una evolución más superficial de numerosas raicillas como consecuencia del continuo aporte de agua y fertilizantes.
– Tallo. Esta planta posee un tallo principal con atrofia de brotaciones secundarias, a menos que se realice una poda para que se ramifique en dos o más brazos. Dicho tallo tiene un crecimiento en forma sinuosa, no erecto, alcanzando una altura considerable.
Es cilíndrico, grueso y consistente, además de áspero al tacto con una superficie pelosa. Presenta entrenudos, normalmente cortos, aunque su longitud va a depender de las condiciones del entorno y de manejo. Del tallo parten los demás componentes de la planta como son hojas, flores, frutos y zarcillos.
– Hojas. Tienen un gran tamaño, con bordes dentados y compuestas por 5 lóbulos, sostenidas por peciolos fuertes y alargados, que se insertan directamente en el tallo, alternándose de forma helicoidal. La envergadura del limbo foliar puede superar los 50 cm, tanto de ancho como de largo. El haz es suave, mientras que el envés es áspero recubierto de pelos.
– Flores. Salen de las axilas y son grandes, solitarias, vistosas, de color amarillo, y forma de campana. Pueden ser masculinas (o estaminadas) y femeninas (o pistiladas), coexistiendo ambos sexos en la misma planta, pero en flores distintas. La apertura de las flores ocurre por las mañanas, siendo la polinización entomófila o cruzada.
– Fruto. Es una baya carnosa denominada «pepónide», unilocular, generalmente con forma alargada y cilíndrica, sin cavidad central, de color verde oscuro de diferentes tonalidades, que procede de un ovario ínfero y sincárpico. Los frutos nacen de las axilas de las hojas, estando unidos a un pedúnculo corto y grueso.
– Semillas. Son de color blanco amarillento, forma oval y/o redondeada, puntiagudas en su extremo, con la superficie lisa y con un surco longitudinal paralelo al borde exterior.
- Requerimientos climáticos
El calabacín es un cultivo muy extendido por las zonas con climas templados o cálidos, igual que sucede con otras cucurbitáceas. Sin embargo, es menos exigente a las altas temperaturas que el melón, el pepino y la sandía, resultando un cultivo más rústico que éstos. Por el contrario, presenta una mayor sensibilidad a los climas fríos y a las heladas, por lo que es un factor a considerar en los cultivos a campo abierto durante las épocas frías.
En lo que respecta a la temperatura, vamos a diferenciar tres fases fisiológicas, cuyos valores térmicos críticos son descritos por Intronzi (1996) y Reche (1997) del siguiente modo:
- Germinación. El rango óptimo en el suelo oscila entre 20 º y 25 º C, cuya duración para la emergencia de la plántula va a depender de la época de siembra y de las condiciones ambientales. No obstante, la Tª mínima no debe ser inferior a 15 º C ni la Tª máxima superior a 40 º C porque su crecimiento se ve afectado.
- Crecimiento vegetativo. Cuando la planta ha germinado, la temperatura ambiental más favorable para su desarrollo se encuentra entre 25 º y 30 º C, siendo conveniente no descender de los 20 º C. Con temperaturas por debajo de 10 º C es recomendable instalar medidas de protección frente al frío, mientras que por encima de 35 º C debe hacerse lo propio para evitar daños por deshidratación de frutos.
- Floración. La temperatura óptima oscila alrededor de los 20 º C durante la noche y los 25 º C durante el día. Es importante recordar que el calabacín es sensible a las bajas temperaturas. Por debajo de 10 º C se pueden producir caída de flores, así como problemas de cuajado y desarrollo de frutos. Valores superiores a 35 º C pueden causar problemas a la floración y al cuaje igualmente.
En cuanto a las condiciones de humedad relativa, el intervalo óptimo para el cultivo en invernadero oscila entre el 65 % y el 80%. Es importante señalar que la calabacita es exigente en niveles de humedad relativa, aunque no tanto como lo es el pepino. Si se supera el 90 %, valores propios del invierno, suelen aparecer problemas por incidencia de enfermedades, mientras que si la HR desciende demasiado (menos del 50 %) se pueden dar casos de deshidratación y aborto de frutos (Intronzi, 1996; Reche, 1997).
Respecto a las condiciones de luminosidad, es una planta de día neutro, aunque valores extremos, tanto por exceso como por defecto, van a ocasionar problemas en el normal funcionamiento del cultivo, afectando a su rendimiento.
Mención especial merece la fase de polinización y fecundación, particularmente en los cultivos de invernadero, donde uno de los mayores problemas que se presentan es el cuajado defectuoso de los frutos.
AI ser una planta entomófila, la polinización se realiza a través de insectos de manera que los granos de polen se adhieren a sus patas y alas siendo transportados dichos granos de unas flores a otras, en cuyo estigma maduro quedan retenidos.
Sin embargo, los frutos también suelen cuajarse mediante el uso de fitohormonas, especialmente cuando las condiciones ambientales no resultan favorables o la planta no está debidamente regulada.
Por tanto, el periodo que resulta trascendental en el cultivo es la floración, en el que destaca la viabilidad de las flores, donde las masculinas aparecen antes que las femeninas, siendo muy importante la coincidencia en la apertura de las flores de ambos sexos. No se debe olvidar que la producción final va a depender en gran parte de la calidad de las flores y las condiciones de la fecundación, además de otros mecanismos algo más complejos en los que influyen las condiciones climáticas.

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