Filoxera, un enemigo histórico

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Introducción

La filoxera está considerada la plaga más terrible y devastadora de la vid a lo largo de su historia, destruyendo a finales del siglo XIX gran parte de los viñedos europeos. Afortunadamente, en la actualidad ya no resulta tan peligrosa debido a las medidas agronómicas empleadas. Sin embargo, no estaría de más que se siga vigilando su presencia y evolución, ya que estos insectos, como organismos vivos de la naturaleza, siempre encuentran la manera de seguir desarrollando su ciclo biológico, en el cual los cultivos de la vid resultan fundamentales para su supervivencia.

Descripción y Ciclo Biológico

La filoxera es el nombre común de una plaga causada por la especie Phylloxera vastatrix. Se trata de un insecto parásito, como es el pulgón, cuyo único huésped conocido es la vid. Presenta un polimorfismo muy marcado, en el que las formas partenogenéticas, es decir, las hembras que se reproducen sin intervención del macho dando nuevas hembras, son ápteras, de color variable (entre el amarillo y el ocre), con un tamaño que oscila entre 0.3 y 1.4 mm. Por otra parte, las formas sexuales no presentan piezas bucales, donde las hembras aladas miden de 2 a 3 mm y los machos ápteros de 0.3 a 0.5 mm.

Se pueden encontrar en las siguientes formas:

  • Gallícola, que viven sobre las hojas.
  • Radicícola, que viven en las raíces.
  • Alada y sexuada.

En lo que respecta a su ciclo biológico, tras la copulación, la hembra pone sobre el tronco un huevo único (llamado huevo de invierno) de color amarillo que va volviéndose verde durante el periodo frío. De la eclosión del mismo sale una hembra áptera (sin alas) partenogenética, la cual, según sea su desplazamiento, será radicícola o gallícola. La forma radicícola es de color amarillo.

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La primera hembra tiene tres mudas en un tiempo aproximado de unos 20 días antes de ser adulta. En ese momento puede poner una cantidad de huevos comprendida entre 40 y 100, que originarán nuevamente otras hembras partenogenéticas. Este ciclo se produce a lo largo de 5 – 6 generaciones (de 20 días).

El ciclo de este insecto se complica debido a las migraciones, cada vez más frecuentes, de una parte de las hembras partenogenéticas que van desde las hojas a las raíces, dando lugar de este modo a generaciones “neogallícolas – gallícolas” o “neogallícolas – radicícolas”.

En Europa, la forma radicícola es la única viable, donde las formas sexuales aparecen raramente, aunque su descendencia nunca sobrevive y las formas gallícolas no llegan a reproducirse, mientras que en Estados Unidos, durante el verano, la última generación de hembras tiene una muda suplementaria, transformándose en ninfas que producirán los ejemplares alados. Estas hembras (aladas) ponen sobre las hojas de la vid los huevos que darán los individuos sexuales, los cuales viven unos días, sólo el tiempo justo de copular y poner el huevo de invierno con el que se cierra el ciclo.

Importancia y daños

Esta plaga tiene una enorme importancia histórica, ya que a finales del siglo XIX estuvo a punto de hacer desaparecer los viñedos europeos. La filoxera tiene su origen en Estados Unidos, donde no afectó demasiado a la vid. Sin embargo, en 1868 entró en Europa por varios puntos comerciales como fueron Francia, Portugal, Austria y Alemania.

Durante su paso arrasó con la mayor parte de las vides del continente, aunque no llegó a colonizar el territorio por completo debido a que la forma radicícola no se puede desarrollar en suelos arenosos. De este modo, algunas plantaciones pudieron salvarse, recuperando así algunas variedades.

Por tanto, este insecto fue el causante de una grave crisis en la viticultura del continente europeo, ya que estuvo a punto de acabar con la producción de vino en toda Europa. Aunque parece imposible, por la enorme expansión de esta plaga, a día de hoy aún quedan algunas partes del planeta libres del ataque de este parásito, como son la Patagonia más austral, las Islas Canarias (España) o Chile.

En lo que respecta a su carácter epidemiológico, uno de los principales peligros que supone es su rápida multiplicación, así como su fácil propagación. Ésta puede realizarse a través del aire, del suelo y de las herramientas usadas por los viticultores. En este sentido, no importa cuánta savia pueda chupar el pulgón porque la clave radica en su reproducción excesivamente rápida.

El insecto vive en las hojas y en las raíces de la planta, chupando la savia y lesionando las raíces, propagándose mediante las formas aladas, las cuales son arrastradas por el viento a largas distancias y de un viñedo a otro.

Los ataques se concentran en la raíz de la planta (forma radicícola), caracterizados por unos abultamientos en forma de nudos y de un cierto grosor, que interrumpen el flujo de savia. En su forma gallícola el ataque se manifiesta en la cara superior de las hojas por una especie de abultamiento o agalla, provocada por la puesta del insecto que suele ser extraordinaria.

Durante el primer año del ataque, sus efectos resultan casi imperceptibles. Al año siguiente, la planta va perdiendo vigor y en los bordes de las hojas desaparece la clorofila, dejando paso a un tono amarillento. Esta debilidad provoca que los sarmientos no se sujeten, partiéndose. Además, los frutos se caen antes de alcanzar su madurez debido a la podredumbre de las raíces, lo que origina finalmente la muerte de la planta.

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Medidas de Control

La principal técnica para combatir los efectos demoledores de esta plaga se encontró unos años después de iniciarse, en el mismo sitio en el que ésta había tenido su origen. Dicha técnica agronómica resultó tan eficaz que en la actualidad se sigue empleando con éxito.

Consiste en el injerto de la vid europea sobre un patrón (o pie) de vid americana, la cual es resistente a la filoxera. De este modo, las vides americanas (Vitis berlandieri, V. rupestris, V. riparia y V. labrusca) han sido la base fundamental para injertar las variedades de Europa, generalmente Vitis vinifera.

Es importante precisar, considerando lo anteriormente descrito en este artículo, que las especies de vid europea son resistentes a la forma gallícola de Phylloxera vastatrix, que se desarrolla sobre las hojas, mientras que las especies americanas lo son a la forma radicícola, que se instala en las raíces.

Como hemos dicho, esta es la principal medida de control de esta plaga, aunque también existen otras menores, utilizadas de manera preventiva. Una de ellas consiste en aplicar tratamientos fitosanitarios cuando aparezcan las primeras agallas de la primera generación, no siendo necesario que sean específicos, haciendo una o dos intervenciones al año. Teniendo en cuenta que Vitis vinifera es resistente a los ataques de la parte aérea, la aplicación de tratamientos se vuelve más importante en las variedades americanas.

Otra alternativa es realizar las plantaciones sobre terrenos arenosos, donde los insectos no pueden atacar al sistema radicular de la planta porque el tipo de suelo les impide crear los túneles necesarios para poder acceder al mismo.

En el caso de esta temible plaga, al menos en el pasado, se ha podido comprobar que el principal método de control ha sido una medida cultural como son las labores de injerto, quedando los tratamientos agroquímicos en un papel secundario.

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