La araña roja, una plaga muy rápida

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Introducción

El cultivo de pepino requiere unas condiciones más o menos concretas para alcanzar un buen rendimiento, donde se puede destacar unos valores de humedad y temperatura relativamente elevados, así como una fertilización bastante nitrogenada que pueda satisfacer las exigencias de las plantas. Sin embargo, estas mismas condiciones resultan bastante favorables para la instalación y desarrollo de determinadas plagas, como sucede con la araña roja. Por ello, cuando se sospeche que la situación sea propicia para dichos ataques hay que extremar las labores de vigilancia en el cultivo, sobre todo en periodos cálidos, ya que esta plaga supone una alta incidencia a nivel mundial, afectando a un gran número de cultivos, tanto en invernadero como al aire libre.

Ciclo biológico

 Esta plaga se conoce comúnmente como araña (o arañita) roja, aunque realmente no se trata de una araña sino de un ácaro. Su nombre es Tetranychus urticae y es identificado como “el ácaro de dos manchas”. Es muy polífago, ya que ataca a más de 900 especies de plantas cultivadas (Hincapié et al., 2008; Flores et al., 2011).

   De este modo, se alimenta de numerosos cultivos, no solamente del pepino (Cucumis sativus). Por ejemplo, en el estado de Colima, se ha encontrado en otras cucurbitáceas como sandía (Citrullus lanatus), calabacita (Cucurbita pepo) y melón (Cucumis melo), en solanáceas como jitomate (Solanum lycopersicum), chile (Capsicum sp.) y tomate de cáscara (Physalis ixocarpa), además de otras especies varias como banano (Musa paradisiaca), papaya (Carica papaya), maíz (Zea mays), cítricos y plantas ornamentales (SAGARPA, 2011). A todos éstos hay que añadir otros cultivos como fresa (Fragaria sp.) y cacahuate (Arachis hypogaea) en otras entidades (Flores et al., 2011). Por tanto, queda claro que estos ácaros fitófagos pueden alimentarse prácticamente cualquier especie vegetal.

 El éxito de su rápida expansión y desarrollo se fundamenta en tres aspectos básicos: 

  • Corto ciclo de vida.
  • Alta capacidad de reproducción.
  • Rápida resistencia a la acción de acaricidas e insecticidas. 

   En cuanto a su ciclo biológico, T. urticae presenta cinco fases de desarrollo: huevo, larva, dos estados ninfales (protoninfa y deutoninfa) y adulto. Los huevos tienen forma esférica (diámetro de 0.14 mm) y son lisos y brillantes, con un color blanquecino, que se va oscureciendo conforme se va desarrollando. Las larvas muestran una longitud aproximada de 0.15 mm, con dos manchas oscuras características en el tórax y seis patas. Al principio son transparentes y van cambiando el color en función de diversos factores, principalmente, la alimentación (entre verde claro y marrón). Los dos estados ninfales presentan un aspecto similar al de las larvas, aunque sus manchas son más grandes y tienen ocho patas. Finalmente, los adultos presentan un claro dimorfismo sexual, distinguiendo entre machos y hembras, las cuales son más grandes, ovaladas y con tonos más intensos.

 Las hembras ponen los huevos en el envés de las hojas, cuyo número dependerá de las condiciones ambientales, especialmente de la temperatura, alcanzando una cifra alrededor de 100 con valores de unos 30º. Si la temperatura desciende a 20º C, el número de huevos también lo hace, hasta valores en torno a 40. De este modo, si las condiciones son favorables, la eclosión de los huevos puede tardar de 2 a 4 días, emergiendo las larvas, que comienzan a alimentarse de manera inmediata, pasando posteriormente por los dos estados de ninfa ya citados (protoninfa y deutoninfa) que, finalmente, se convierten en adultos.

 Por lo tanto, el ciclo biológico de la araña roja es muy rápido en climas cálidos, completándose el tiempo entre el estado de huevo y la etapa reproductiva de los adultos en apenas una semana (García – Marí et al., 1991) a 30º C, aunque la temperatura no es el único factor que influye en el desarrollo biológico de T. urticae. Otros factores como la humedad relativa (Herbert, 1981) y la composición química de la planta hospedante (Van den Boom et al., 2003) afectan también a la duración de las distintas fases de crecimiento de este ácaro.

Generalmente, la reproducción en estado adulto es sexual, destacando un aspecto que refleja su potencial reproductivo y es la proporción entre machos y hembras, la cual se decanta claramente a favor de las hembras, en una relación 3:1. Éstas comienzan a poner huevos cuando son adultas en un periodo comprendido entre 0.5 y 3 días.

Cuando el clima ya no resulta tan favorable, es decir, bajan las temperaturas, las hembras que se encuentran fecundadas entran en una etapa de reposo (diapausa), refugiándose en cualquier lugar, ya sean árboles, malezas o alguna grieta que le proporcione amparo hasta el momento de volver a aparecer cuando las condiciones mejoren, reiniciando sus ataques en el envés de las hojas, donde comenzarán a aparearse y a realizar las primeras puestas de huevos.

Síntomas y daños

Su presencia se produce en lugares que presentan climas cálidos y relativamente secos, donde se perciben a simple vista como pequeños puntitos de color rojo, inicialmente situados en el envés de las hojas y distribuidos después por diferentes partes de la planta. Al aumentar el enfoque sobre estos ejemplares, los puntitos rojos se transforman en distintas formas móviles de ácaros, tanto en tamaños como en colores.

En lo que respecta a sus principales hábitos de instalación y propagación en las parcelas de cultivo, los más destacados son los siguientes: 

  • Suelen organizarse de manera inicial en pequeñas agrupaciones, denominadas colonias, que posteriormente se extienden por todo el cultivo.
  • Tejen una red muy característica, formada por hilos de seda, que puede llegar a cubrir una parte importante de la planta, que les sirve de protección contra ataques de depredadores, condiciones ambientales adversas y/o tratamientos fitosanitarios. 
  • Pueden atacar a la planta en cualquiera de sus estados de desarrollo, colonizando primeramente las hojas, pero con poblaciones altas invaden los demás órganos de la planta, en cuestión de horas.
  • Igualmente, se transmiten de unas plantas a otras con gran rapidez. 
  • Las malezas actúan como reservorios de la plaga, facilitando la transmisión. El viento, las herramientas y el material de trabajo son otros medios de propagación de la plaga.
  • Cuando el alimento empieza a agotarse buscan otros huéspedes donde poder seguir creciendo y apareándose.

Los síntomas más característicos de su actividad corresponden a unos puntos amarillos, bastante visibles, en las hojas, tanto en el haz como en el envés, que pueden ir evolucionando hasta pequeñas manchas, incluso hasta una desecación de las mismas si no se toman medidas. Estos amarilleos corresponden a la alimentación de los ácaros al romper la superficie de las hojas y destruir las células del mesófilo (Tanigoshi y Davis, 1978). Conforme aumentan las poblaciones de araña roja se suman a estos síntomas la tela de seda tan característica que suelen tejer.

De este modo, el comportamiento de Tetranychus urticae provoca ciertos daños en el cultivo, cuya consecuencia es una reducción de la producción final, traducida principalmente en una menor actividad de las plantas, al disminuir su crecimiento y vigor, causando incluso enanismo. Por tanto, se ven afectados procesos básicos como la transpiración y la fotosíntesis (Sances et al., 1979; De Angelis et al., 1983), que influyen de manera determinante en fases decisivas del cultivo como la floración y el desarrollo de los frutos (Avery y Brigss, 1968; Felipe 2003). 

Es preciso señalar que una sintomatología ciertamente acusada, así como los daños derivados de la misma, podrían producirse bajo la coincidencia de varios factores, donde estos ácaros desarrollan su máxima actividad. Serían principalmente: 

  • Condiciones ambientales muy favorables: alta temperatura y baja humedad relativa.
  • Ausencia de enemigos naturales en el entorno.
  • Ausencia de medidas, tanto preventivas como de control.
  • Importante presencia de la plaga en cultivos anteriores. 

Métodos de contro

Para combatir de forma eficaz el progreso de las poblaciones de araña roja es preciso combinar los distintos métodos de control disponibles. También es necesario llevar a cabo una serie de medidas preventivas basadas en labores culturales que reduzcan al máximo su dispersión entre las plantas.

Estas labores culturales que sirven como medidas preventivas tienen una gran trascendencia de cara al control de los citados ácaros. Algunas de las más importantes son las siguientes:

  • Eliminación de los restos de cultivos y las malezas, especialmente si hay presencia de estos individuos, ya que pueden actuar como reservorio de la plaga.
  • Utilización de material vegetal sano, libre de plagas (y enfermedades) y, por supuesto, que proceda de semilleros autorizados.
  • No asociación de cultivos en la misma parcela, ni abandono de los mismos al final del ciclo. 
  • Si se aplica estiércol en el terreno de cultivo, hay que asegurarse que esté bien fermentado y exento de plagas. Esta labor tiene especial importancia en la producción orgánica. 
  • Realización de rotaciones de cultivos. Si es posible, que exista un distanciamiento considerable en el tiempo entre las plantaciones. 
  • El empleo de plantas que sirvan de atrayentes puede ser una buena medida.
  • No perjuicio de las poblaciones de insectos auxiliares con aplicaciones fitosanitarias, ya que éstos suponen una excelente alternativa de control.
  • Protección durante los primeros estados vegetativos de las plantas cultivadas. 
  • Implantación de un marco de plantación lo más amplio posible, sin afectar negativamente a la producción del cultivo. 
  • Gestión adecuada de la fertilización, manteniendo un balance equilibrado de las plantas y evitando el uso excesivo de abonos nitrogenados que provocan un mayor vigor y, por tanto, una probable proliferación de estos ácaros en el cultivo. En este sentido, el pepino requiere mucho nitrógeno en su nutrición.
  • Precaución en el transporte de la plaga por toda la parcela a través de los distintos medios que suponen las operaciones agrícolas, como ropa, calzado o herramientas de trabajo.

Además, hay que tener en cuenta algunas medidas más en los cultivos de pepino protegidos de invernadero:

  • Desinfección de las estructuras y el suelo (o sustratos) antes de la plantación en parcelas con ataques previos de araña roja. 
  • Colocación de mallas en todas las ventilaciones, con una densidad mínima de 10 x 20 hilos / cm2
  • Vigilancia de la hermeticidad de las puertas, sobre todo de las que coinciden con la dirección de los vientos dominantes.
  • Revisión para que no haya roturas ni agujeros en los plásticos del invernadero. 
  • Regulación del control climático para evitar las condiciones óptimas en las que se producen los ataques de T. urticae.

Una vez aplicadas las medidas preventivas, otro aspecto a considerar en el entorno de los cultivos es el control biológico. A este respecto, el conocimiento de la biología de las plagas agrícolas y sus enemigos naturales es fundamental para elaborar programas de control eficaces que mantengan el equilibrio ecológico (Gallardo et al., 2005).

Sin duda, resulta fundamental no eliminar las poblaciones de estos insectos beneficiosos por la aplicación inadecuada de tratamientos fitosanitarios que sean perjudiciales para ellos. De hecho, está comprobado que, si no se realizan este tipo de aplicaciones, las especies propias de cada región se instalan en los cultivos, llevando a cabo su función. Afortunadamente, durante los últimos años, la investigación y el empleo de enemigos naturales para controlar las principales plagas de los cultivos han experimentado un aumento significativo.

Algunas investigaciones han reportado que, en determinados cultivos, además de los ácaros considerados plaga, se encuentran también ácaros depredadores, pertenecientes principalmente a la familia Phytoseiidae, que engloba a más de 2000 especies, de las cuales algunas son depredadores de estos ácaros fitófagos, como T. urticae, siendo objeto de estudios taxonómicos, biológicos y ecológicos, lográndose éxitos en el manejo integrado de cultivos agrícolas (Doreste 1984; Lofego et al., 2000).

Para el control biológico de la araña roja en los cultivos de pepino suelen emplearse diferentes enemigos naturales, que pueden distribuirse por las plantas para llevar a cabo dicho control. Algunos de los más utilizados son:

Este ácaro está considerado el principal depredador de araña roja, además de que se alimenta de manera exclusiva de esta especie, de nada más. Las hembras ponen los huevos cerca de las colonias de T. urticae y cuando las larvas emergen y evolucionan a los estados ninfales comienzan a devorar los estados inmaduros de araña roja. Los adultos, en cambio, depredan a su presa en todas sus fases de desarrollo, succionando su contenido interno. Se recomienda realizar las sueltas de estos individuos en los focos tras la primera señal de presencia de la plaga.

Se trata de un ácaro depredador muy activo, buscando constantemente presas a las que devorar, tanto los adultos como los estados inmaduros. Aunque se emplea para el control biológico de Tetranychus urticae, también se puede usar frente a otros tipos de arañas y ácaros como Panonychus ulmi en frutales, Panonychus citri en cítricos, Polyphagotarsonemus latus y más. Lo mismo que sucede con otros ácaros depredadores, debe soltarse al observar el primer síntoma de la plaga mediante aplicación localizada.

Es un mosquito cecidómido que puede controlar varias especies de araña roja. Los adultos buscan activamente las colonias, depositando sus huevos cerca de los ácaros plaga. Cuando emergen, tardan una semana en transformarse en larvas maduras y entonces se alimentan de los huevos de su presa. Se recomienda su uso cuando se empiecen a observar las primeras colonias.

Es un chinche depredador que se alimenta principalmente de las especies de mosca blanca Trialeurodes vaporariorum y Bemisia tabaci, aunque también puede consumir otros insectos como trips, minadores de hojas y arañas rojas, entre otros. Durante un tiempo puede subsistir alimentándose de la savia de las plantas, pero necesita presas para favorecer su desarrollo. Debido a que este chinche requiere de un cierto periodo para establecerse en el cultivo, es recomendable aplicarlo de manera preventiva.

 Como se puede observar, existen diferentes alternativas en el control biológico de la araña roja en las plantaciones de pepino, un cultivo que necesita para su crecimiento unas condiciones favorables de temperatura, especialmente en invernaderos, donde los ataques de ácaros fitófagos son más que probables. El momento y las dosis de suelta de los enemigos naturales son fundamentales para conseguir un buen control de la plaga, aspectos que deben ser evaluados por personal técnico especializado.

   Además de los depredadores naturales, existe otro método alternativo basado en la aplicación de diversas especies de organismos biológicos como pueden ser hongos. En este sentido, Beauveria bassiana y Metarhizium anisopliae han sido reconocidos como importantes agentes de control biológico, siendo evaluados en varios países en condiciones de laboratorio, invernadero y campo (Tamai et al., 2002; Rosas et al., 2003).

   Finalmente, quedan las estrategias apoyadas en el control químico. A lo largo de los años, la lucha frente a las diferentes plagas de los cultivos se ha basado en la aplicación exclusiva y sistemática de plaguicidas (insecticidas, acaricidas, etc.). Las poblaciones de araña roja en las cucurbitáceas no suponen una excepción. Su control se realiza principalmente con el uso de acaricidas químicos (Aguilar, 2011; Lorenzo et al., 2002).

Sin embargo, factores como el cambio climático, las malas prácticas agrícolas y un uso indiscriminado de los productos fitosanitarios han contribuido durante las últimas décadas a un incremento considerable de estas poblaciones. La araña roja, además de exhibir una rápida reproducción, muestra una extraordinaria resistencia a la mayoría de productos utilizados por los agricultores. De hecho, se ha documentado que T. urticae posee resistencia a más de 90 plaguicidas a nivel mundial (Cerna et al., 2005), lo que hace que esta técnica resulta a veces ineficaz.

   Otro aspecto que resulta fundamental, y que suele olvidarse, es que el uso de determinados plaguicidas favorece la instalación y el desarrollo poblacional de los ácaros al quedar éstos libres de competidores por el alimento y sin depredadores naturales (Ripa y Caltagirone, 1990). Es más, la proliferación de este ácaro está muy ligada a la aplicación de insecticidas de amplio espectro, a los cuales presenta total inmunidad. Su uso, especialmente los piretroides sintéticos, tiene como consecuencia el efecto contrario al deseado, es decir, provoca un crecimiento incontrolado tras la eliminación de la mayoría de sus depredadores naturales.

Por lo tanto, la estrategia de control debería basarse en aplicar los tratamientos acaricidas cuando los métodos preventivos han fallado, y no al revés. Algunas consideraciones para conseguir una mayor eficacia en los tratamientos realizados son: 

  • Realizar las aplicaciones conociendo el nivel de crecimiento de la población de ácaros, así como el nivel de riesgo que supone para el cultivo.
  • Tratar inicialmente los focos, vigilando de forma periódica que no aumenten.
  • Procurar mojar bien las partes de la planta donde se localiza la plaga, distribuyendo el caldo de manera uniforme mediante maquinaria en buen estado y calibrada.
  • Evitar las aplicaciones reiteradas con la misma materia activa, siendo conveniente alternar distintas materias con diferentes modos de acción para reducir así la aparición de resistencias.
  • Elegir la materia activa más adecuada en función de las condiciones del cultivo y de la presencia de enemigos naturales, siendo compatible con ambos.
  • Algunas materias activas utilizadas habitualmente son: abamectina, hexitiazox, etoxazol o tebufenpirad, entre otras. También la aplicación de otros productos como aceites vegetales y azufre pueden ayudar.
  • Seguir las recomendaciones técnicas y de uso que vienen indicadas en el registro fitosanitario, tanto las dosis autorizadas como el cultivo para el que esté expresamente permitido.

   Teniendo en cuenta todos los aspectos expuestos, resulta evidente que, bajo unas condiciones favorables, esta plaga resulta muy difícil de controlar en determinados momentos. Por tanto, con la aplicación de las medidas preventivas y la combinación de los diferentes métodos de control, se puede alcanzar el objetivo de reducir al máximo estas poblaciones de ácaros.

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