20/02/2024

Revista InfoAgro México

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Malezas, plagas y enfermedades del cultivo de Apio

Malezas, plagas y enfermedades 

 

  1. Introducción

 

  1. Presencia de malas hierbas

 

  1. Principales plagas

 

  1. Enfermedades del cultivo

 

  1. Introducción

 

El cultivo del apio no tiene un perfil epidemiológico muy marcado, ya que sus enemigos pueden causar ciertos daños, aunque no de una forma tan severa como ocurre en otros cultivos hortícolas. No obstante, siempre es conveniente aplicar medidas de prevención frente a la presencia de organismos causantes de plagas y enfermedades, así como mantener un estado de limpieza adecuado en las parcelas de cultivo, comenzando por la eliminación de las malezas.  

 

  1. Presencia de malas hierbas

 

Las malas hierbas presentes en las parcelas de cultivo suelen competir con las plantas por la luz, el agua y los nutrientes, siendo un enemigo más de éstas. En el caso del apio, esto se hace más intenso en las primeras fases de desarrollo, teniendo en cuenta que se trata de una planta de crecimiento lento. No obstante, en determinadas circunstancias estas malezas pueden servir de ayuda, por ejemplo, algunos agricultores las utilizan como medio de sombreo para las plántulas en periodos calurosos. 

 

Para el control de las malas hierbas se recomiendan escardas manuales y mecanizadas, aunque existen materias activas de síntesis selectivas para realizar un control químico mediante productos herbicidas, los cuales deben aplicarse con la planta enraizada y el follaje seco (Maroto, 2002).  

 

Dicha lucha química se debe realizar cuando las malas hierbas tengan 3 o 4 hojas, aunque se escapen gran cantidad de semillas en el suelo aún sin germinar. El problema surge si las hierbas alcanzan las 6 hojas antes de tratarlas, ya que adquieren capacidad de rebrote y, aunque se traten, volverán a crecer (Maroto, 2002). 

 

Si las aplicaciones herbicidas no son suficientes porque dejan semillas o plantas sin destruir, es necesario completar la labor con alguna escarda manual para eliminar las especies resistentes. También, la técnica de biosolarización puede ayudar a rebajar la presión de las malezas (López-Marín, 2017). 

 

  1. Principales plagas

 

Aunque el apio se cultive, normalmente, al aire libre, estando bastante expuesto a los ataques de plagas (y también de enfermedades), el hecho de pasar algunas de sus fases fisiológicas bajo los efectos de bajas temperaturas, no se le supone un riesgo demasiado alto en cuanto a los daños ocasionados al cultivo.  

 

En tal sentido, las labores basadas en el uso de acolchados y cubiertas flotantes, así como el seguimiento de las recomendaciones del código de buenas prácticas agrícolas y ciertas técnicas naturales de lucha, hacen que las plagas no sean factores demasiado limitantes, ni siquiera, en zonas de casi monocultivo (López-Marín, 2017). 

 

Como plagas más significativas, están consideradas las siguientes (Monnet y Rhibault, 2000): 

 

  • Orugas de suelo, peligrosas en el momento y en fases posteriores al trasplante.  

 

  • Mosca del apio (Phylophyla heraclei L.), que daña a las raíces. 

 

  • Especies de Agrotis sp., que afectan al cuello de las pequeñas plántulas.  

 

  • Especies aéreas de orugas (Spodoptera littoralis, S. exigua, Plusia gamma, etc.), que devoran todos los órganos de la planta. 

 

  • Minadores de hoja del género Liriomyza (L. trifolii L., L. huidobrensis L. y L. brioniae L.), que también atacan la parte aérea.  

 

  • Trips (Frankliniella occidentalis), peligrosos en los trasplantes de los meses cálidos.  

 

  • Áfidos o pulgones (Aphis gosypii Banks y Myzus persicae Sulz), muy activos en sus ataques y con una gran capacidad para transmitir virosis. 

 

Como sucede en la mayoría de cultivos de interés, la gama de productos fitosanitarios, especialmente los de síntesis, se van reduciendo debido a su caída del registro por las políticas y normativas agrarias. Por ello, resulta realmente importante elaborar planes de control de plagas en los que se combinen las aplicaciones fitosanitarias con prácticas culturales, que resultan más inocuas y respetuosas con el entorno del cultivo. 

 

Algunos ejemplos a este respecto son (Monserrat, 2015; López-Marín, 2017): 

 

  • En el control de orugas de lepidópteros, utilizar trampas con feromonas, para fijar el momento óptimo del tratamiento con insecticidas biológicos, tipo Bacillus thuringiensis. 

 

  • En el caso de minadores, como Liriomyza spp., hay que respetar la fauna auxiliar de parasitoides, como Digliphus isaea y otros más, ayudando mediante la instalación de trampas cromotrópicas amarillas. 

 

  • Ante la aparición de trips, se recomienda tratar las plantaciones cuando aparezcan plantas afectadas por el virus del Bronceado (TSWV), así como el suelo con productos tipo Bauveria bassiana. Además, ayuda la colocación de trampas cromotrópicas azules, dificultando su actividad en ciclos de invierno-primavera. 

 

  • Es recomendable combatir los áfidos a partir de la aparición de formas ápteras y, sobre todo, si hay una presencia débil de parasitoides y depredadores, como Aphidoletes aphidimyza, Aphidius spp., Chrysoperla carnea, etc. Los pulgones alados se pegan en las placas cromotrópicas amarillas, por lo que es importante su instalación. 

 

  1. Enfermedades del cultivo

 

En lo concerniente a enfermedades (Monnet y Rhibault, 2000; López-Marín, 2017), entre las provocadas por hongos, se pueden destacar las siguientes como las de mayor incidencia: 

 

  • Cercosporiosis, causada por Cercospora apii Fres. 

 

  • Septoriasis, responsable Septoria apii Chest. 

 

  • Sclerotinia, por Sclerotinia sclerotiorum. 

 

  • Mildiu, por Plasmopara nívea Schr.  

 

Algunas enfermedades causadas por bacterias también provocan daños a las plantas de apio, como son: 

 

  • Pseudomonas apii 

 

  • Erwinia carotovora. 

 

Entre las enfermedades producidas por virus, se pueden citar: 

 

  • Virus del mosaico del apio (CeMV), con menor incidencia. 

 

  • Virus del mosaico del pepino (CMV), sin daños excesivos. 

 

  • Virus del Bronceado del tomate (TSWV), resulta más peligroso. 

 

Es importante recordar, y no debe olvidarse que, algunas enfermedades pueden aparecer en el almacén o planta de envasado después de ser recolectado el producto, especialmente si no se aplican tratamientos postcosecha con acción fungicida y las condiciones del ambiente son favorables para estos microorganismos. 

 

Para finalizar, se exponen algunas medidas preventivas para el control de estos agentes fitopatógenos responsables de dichas enfermedades.  

 

  • Limpieza de restos de cultivo y malas hierbas, en los que pueden quedar órganos de propagación de estos patógenos. 

 

  • Realización de rotaciones de cultivos, que impidan su multiplicación y perpetuación al utilizar especies no hospedantes. 

 

  • Uso de marcos de plantación que faciliten la aireación de las plantas y el suelo. 

 

  • Aplicación de una fertilización equilibrada, sin abuso del nitrógeno, que no suponga un vigor excesivo de las plantas, que las hace más susceptibles.  

 

  • Aplicación eficiente del agua de riego, evitando la acumulación y el encharcamiento de ésta en las parcelas, especial cuidado con los sistemas por aspersión. 

 

  • Aplicación de algún tratamiento preventivo si las condiciones son favorables para la aparición de enfermedades, como cobre contra bacterias o fungicidas específicos según el agente invasor que se trate. 

 

  • Debe imperar la limpieza y la higiene en las parcelas de cultivo, por su sanidad y protección. 

 

Así pues, las labores preventivas en combinación con algunos tratamientos fitosanitarios, cuando éstos sean necesarios, es la forma más adecuada para ejercer el control de plagas y enfermedades, así como de las malezas presentes en el entorno del cultivo. 

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