Oídio de la vid

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Introducción

El oídio de la vid es una enfermedad causada por un hongo que puede aparecer con cierta frecuencia, invernando en diferentes partes de la planta como las yemas, los sarmientos, las hojas y la corteza de las cepas.

A este fitopatógeno se le conoce, además de oídio, por otros nombres, dependiendo de la región geográfica. Algunos son: ceniza, cenicilla, polvo, polvillo, malura, blanqueta, etc.

Esta enfermedad no sólo ataca a los distintos órganos de la planta, afectando a su normal desarrollo, sino que puede afectar a la calidad del vino elaborado. Por lo que su identificación temprana, así como su control se hacen necesarios para minimizar los daños que produce.

Condiciones óptimas y distribución

El hongo causante de esta enfermedad se llama Uncinula necator, cuya presencia y persistencia en los viñedos se ven influenciadas directamente por las condiciones climáticas reinantes, especialmente la temperatura. Los valores claves pueden rondar los siguientes:

  • A partir de 15 º C comienza su desarrollo.
  • Rango más favorable de crecimiento oscila entre 25 º y 28 º C.
  • Detiene su desarrollo a partir de 35 º C.
  • Temperaturas superiores a 40 º C resultan letales para el oídio.

En cuanto a la humedad relativa del ambiente, ésta también influye en el desarrollo de la enfermedad, siendo los valores relativamente altos los que hacen germinar las conidias del hongo. Al contrario que el mildiu, las lluvias abundantes frenan su desarrollo.

El comportamiento de este hongo en el cultivo se puede resumir del siguiente modo:

  • Inverna en el interior de las yemas y en los sarmientos, esperando el momento para actuar.
  • En el comienzo de la brotación de la planta suelen darse las condiciones ambientales idóneas para que el patógeno salga de su letargo y empiece su desarrollo.
  • Cuando alcanza la madurez comienza la reproducción asexual, con la formación de una gran cantidad de conidias que, transportadas por el viento, propagan la enfermedad a cualquier parte verde de la planta.
  • A partir de este foco primario puede originar varias infestaciones, si las condiciones climáticas son favorables, a lo largo de todo el ciclo vegetativo de la vid.
  • Al final de la vegetación del cultivo, el hongo también detiene su actividad, disponiéndose a pasar el invierno en la forma de micelio (fase asexuada) en el interior de las yemas, o en forma de peritecas (fase sexuada) en los sarmientos.

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Medidas fitosanitarias

Como siempre, se pueden aplicar diferentes medidas de control:

Preventivas/culturales, biológicas y químicas. El resultado será más eficaz en la medida en que éstas se vayan combinando. Algunas recomendaciones para una correcta aplicación de las mismas son:

– Medidas preventivas y/o culturales:

Resultan fundamentales, ya que nos indican la presencia del fitófago y el nivel de población. El conteo de adultos se realiza mediante la colocación de trampas a la altura de los racimos, que pueden ser sexuales (los machos son atraídos por una sustancia química análoga al reclamo olfativo de la hembra) o alimenticias (mezcla de sustancias cuyos vapores atraen a los individuos). Es conveniente poner ambos tipos de trampas. Las sexuales sólo atraen a los machos y las alimenticias a ambos sexos. Además, el conteo, tanto de huevos como de penetración de larvas en los racimos dará una idea de los daños, presentes y futuros.

También se pueden aplicar técnicas de confusión sexual, utilizando para ello, difusores con feromona más un repelente. Este método es la mejor alternativa a los tratamientos químicos, sobre todo si éstos no son realizados de forma adecuada ni en el momento oportuno.

– Control biológico:

Existen algunas especies que pueden parasitar las larvas, como Trichogramma spp. Igualmente, se pueden emplear productos biológicos como Bacillus thuringiensis, coincidiendo con el inicio de la eclosión de los huevos.

– Control químico:

Se recomienda no realizar tratamientos contra la primera generación, al menos hasta que no se supere el 10% de racimos atacados, ya que el daño se reduce a la pérdida de algunos botones florales. No obstante, si fuera preciso por la incidencia de la plaga, deben llevarse a cabo, ya que un control eficaz de la primera generación es fundamental para asegurar un nivel aceptable de la plaga a lo largo del ciclo de cultivo.

Contra las siguientes generaciones se deben establecer los umbrales de actuación, basados en aspectos como los niveles de población y daños, los cuales deben determinarse para cada zona concreta, así como para cada tipo de uva (y su destino), debiéndose tener en cuenta ciertos factores como son:

-Productivos (n º de cepas / ha, n º de racimos / cepa o peso medio del racimo).
-Económicos (precio Kg de uva o coste de tratamientos).

-Incidencia del tratamiento sobre la falta de aparición de pudriciones (Botrytis cinerea).

Por tanto, el momento de realizar el tratamiento debe ser cuando ya ha tenido lugar la oviposición y se detectan las primeras eclosiones de los huevos, procurando que las larvas no causen daños significativos. Por otra parte, es preciso recalcar que cuanto más pequeñas sean éstas, más sensibles serán al tratamiento aplicado. No hay que retrasar la intervención porque los daños progresan rápidamente.  Además, aunque el tratamiento sea muy eficaz y mate las larvas, no se eliminan las heridas que hayan podido causar. La eficacia de los tratamientos reside en realizar una buena estrategia, acertando con el momento, la elección de los insecticidas, la dosis o la rotación – combinación de los productos.

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