¿Por qué se tuercen los frutos de pepino?

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Introducción

 La producción de pepino en cultivos intensivos ofrece un buen número de frutos en un corto periodo de tiempo, especialmente, si las condiciones en la que éstos se desarrollan son favorables. Además, si todos los frutos cosechados presentan unas buenas características comerciales, su venta tendrá mejores condiciones de venta debido a su mayor calidad. Sin embargo, hay ocasiones en las que, por distintas razones, los frutos no ofrecen su mejor aspecto, presentando síntomas poco atractivos de cara al cliente. Uno de estos casos ocurre cuando el pepino pierde su verticalidad o rectitud y termina torciéndose, mostrando así una marcada curvatura que desvirtúa su valor.

Principales causas.

Los frutos de pepino pueden curvarse por diversos motivos. Algunos de los más importantes se exponen a continuación, distinguiendo cuatro grupos claramente diferenciados: factores climáticos, de manejo, propios de las planta y debido a plagas.

Generalmente, las condiciones extremas son las responsables de este problema, además de otras muchas. En este sentido, hay que tener presente un factor que resulta bastante determinante en el cultivo y es la radiación solar. En los periodos cálidos, dicha radiación suele ser muy elevada, afectando a dos factores climáticos fundamentales, como son:

  • Altas temperaturas. El exceso de temperatura provoca un estrés a las plantas que puede ocasionar diversos problemas. Valores superiores a los 40º C ya suponen un perjuicio a tener en cuenta.


  • Baja humedad relativa. Del mismo modo, valores de humedad relativa demasiado bajos pueden causar esta sintomatología en los frutos. Dado que el pepino es un cultivo muy sensible a esta condición climática, cuando la humedad del ambiente es inferior al 50% las plantas sufren mucho, con las consecuencias correspondientes.

Estos dos factores causan a las plantas un gran estrés, apareciendo síntomas como amarilleos y/o quemaduras en sus ápices, hojas mustias y curvadas, por no hablar de los frutos, los cuales pierden la consistencia, además de mostrar otras deficiencias, como decoloraciones, defectos en la piel o torceduras en su forma.

 

  • Bajas temperaturas. Durante las épocas frías, las temperaturas inferiores a 10º C son responsables de la curvatura de los frutos, más aún por debajo de 5º C. El motivo es que dichas condiciones provocan una presión sobre la epidermis cuando los frutos están en su etapa más temprana, causando pequeñas estrías, prácticamente inapreciables, que inducen a esta tendencia durante el desarrollo de los mismos.

Otro efecto que se observa en las estaciones frías es una ruptura de forma continua de la epidermis de los frutos, tanto grandes como pequeños, siendo su característica principal unas rayas longitudinales en su superficie. Un gran contraste entre las temperaturas nocturnas y diurnas es el responsable de estos efectos negativos.

Las labores que se realizan al cultivo a veces no resultan adecuadas, provocando ciertas consecuencias negativas. Algunas de estas acciones son:

  • Labores culturales. Acciones como liar la guía en el tutorado, eliminar los tallos sobrantes en la poda y quitar las hojas viejas o enfermas, entre otras, pueden causar daños mecánicos a las distintas partes de la planta, especialmente a los frutos, los cuales pueden sufrir heridas involuntarias cuando presentan un tamaño pequeño que, posteriormente, se convertirá en una cicatriz, siendo la responsable de la pérdida de calidad al quedar torcido. 

 

  • Déficit hídrico. Es preciso recordar las altas exigencias de agua que tiene este cultivo. Por tanto, cualquier periodo en el que se produzca una falta importante de agua tendrá consecuencias graves en el rendimiento final. Un momento crítico en el que no puede existir carencia de agua es durante la fase de cuaje y comienzo de desarrollo del fruto. Si esto ocurre, se pueden producir abortos de frutos, cuyos síntomas principales son amarilleos, deshidratación de la piel, curvatura, arrugas, etc.
  • Nutrición deficiente o desequilibrada. En cualquier hortaliza cultivada de manera intensiva con ciertas particularidades como en hidropónico o en invernadero, el análisis y ajuste del agua de riego para aplicar una solución nutritiva adecuada es casi una necesidad. El cultivo de pepino no es una excepción. De hecho, es bastante exigente en nutrientes. Cuando se producen deficiencias o desequilibrios nutricionales, las plantas pueden mostrar síntomas como tallos delgados, hojas pequeñas, entrenudos alargados, tonos pálidos o amarillentos, floración débil, abortos excesivos (fuera de lo normal), torcedura de frutos o sistema radicular poco desarrollado, entre otros.

Exceso de salinidad. El pepino es un cultivo bastante sensible al exceso de sales, tanto en el suelo como en el agua de riego. Dos elementos especialmente presentes en ambos medios y que suelen ser los responsables mayoritarios de los efectos salinos en la planta son el cloro y el sodio. Por esto, los niveles demasiado elevados de conductividad eléctrica pueden provocar las citadas torceduras en los frutos, además de reducir significativamente la producción y causar situaciones de estrés continuas.

 En determinadas ocasiones es el estado de la propia planta el causante de las deformaciones de los frutos. Algunos casos pueden ser:

  • Exceso de producción. Si la planta presenta una carga productiva demasiado grande, no tiene fuerza para desarrollar todo y muestra síntomas como afinamiento de las cabezas, más abortos de lo normal y las conocidas torceduras de los frutos.
  • Apoyo del fruto en las hojas. Generalmente, los pepinos más largos, como el holandés o europeo, suelen apoyarse en la unión de la hoja y el tallo, quedando encajados en esa posición y doblándose mientras crecen.

Desarrollo de zarcillos. Una parte muy característica de las cucurbitáceas son los zarcillos que desarrollan, los cuales les sirven como un medio para sostenerse y trepar. Algunas veces, estos zarcillos se enrollan estrangulando los frutos y, por tanto, curvándose.

Algunas plagas son las causantes de las torceduras de los frutos, fundamentalmente, debido a sus hábitos alimenticios. Las más destacadas son:

  • Trips. Estos insectos raspan la superficie vegetal constantemente. Cuando afectan a los frutos en sus inicios (1 – 2 cm), donde son especialmente tiernos, provocan su torcedura, la cual se va agravando conforme se van desarrollando. Por tanto, suponen una de las plagas que más daños provoca en los pepinos.

Ácaro blanco. Es un enemigo del cultivo al que puede considerarse como sigiloso, ya que cuando se observan los síntomas suele ser tarde. Los frutos presentan un aspecto brillante, tipo aceitoso, además de que se afinan las puntas y se curvan.

Cómo reducir la incidencia

Hemos visto que los frutos torcidos de pepino pueden deberse a diversos factores de todo tipo. A continuación, vamos a mencionar algunas medidas para reducir, en mayor o menor grado, la incidencia de este fenómeno que tantos problemas ocasiona al productor. Atendiendo a la clasificación de los motivos del apartado anterior, algunas recomendaciones al respecto serían las siguientes:

Se deben intentar reducir los efectos negativos que provocan las condiciones climáticas extremas. En el caso de situaciones muy cálidas y secas, es conveniente bajar la temperatura ambiental, así como aumentar la humedad relativa. Para ello, se pueden aplicar medidas como:

  • Aumentar la dotación de los riegos.
  • Aplicar métodos de sombreo: mallas, cubiertas o encalado de los techos, en caso de invernaderos. 
  • Aportar agua al aire por medio de nebulizadores.

En el caso contrario, es decir, con bajas temperaturas, es recomendable aplicar medidas contra el frío: 

  • Protecciones para las plantas en las estructuras: doble techo, doble banda, manta térmica, etc.
  • Acolchado de plástico en el suelo.
  • Sistemas de calefacción, especialmente durante la noche.

También, es importante intentar reducir las grandes diferencias ambientales entre el día y la noche.

Estas acciones recaen sobre el agricultor, que es el responsable de la plantación, las cuales deben llevarse a cabo de la manera más metódica posible. Si es necesario, con un asesoramiento técnico específico.

 

  • Labores culturales. Deben realizarse con mucho cuidado, evitando causar heridas en los frutos que, al crecer provocarán daños irreversibles.

 

  • Déficit hídrico. Es preciso mantener un nivel de humedad en el suelo adecuado y continuo, pero sin llegar a excederse. El uso de tensiómetros puede ser una ayuda, manteniendo sus lecturas en torno a 10 – 15 centibares.

 

  • Nutrición deficiente o desequilibrada. La fertilización debe ser lo más completa posible, intentando cubrir las necesidades de las plantas en cada fase del ciclo de cultivo. Como puede observarse en la tabla 1, que muestra una solución nutritiva general para este cultivo, los aportes de nitrógeno, calcio y potasio deben ser generosos. 

 

Cultivo Solución nutritiva (meq·l-1)
Aniones Cationes
NO3 H2PO4 SO4= NH4+ K+ Ca++ Mg++
Pepino 16 1.25 2.7 1.25 8 8 2.7

Tabla 1. Solución nutritiva general para el cultivo de pepino (Sonneveld, 1994).

 

Por lo tanto, para lograr un buen balance nutricional es recomendable realizar análisis iniciales de agua y suelo, comprobando de manera periódica los resultados mediante análisis foliares de las plantas.

Exceso de salinidad. De forma previa a la siembra, debe elegirse con mucho cuidado la parcela de cultivo, teniendo presente las características físico-químicas, tanto del terreno como del agua de riego. El nivel de sales debe regularse mediante los volúmenes de agua aportados, así como su frecuencia. De este modo, se lavará el exceso de sales perjudiciales para las plantas. En el caso del sodio, las aplicaciones de calcio ayudan a reducirlo en el entorno de las raíces.

La principal recomendación en estos casos es mantener una vigilancia constante del cultivo para evitar situaciones en su origen que, una vez que se producen, ya no tienen solución posible.

  • Exceso de producción. Es recomendable realizar una valoración de la carga de frutos que presenta la planta, ajustando el aporte de insumos a la misma, ya que la fase de engorde de frutos es la más exigente en agua y nutrientes. También, se puede descargar la planta de aquellas piezas que no presentan un aspecto óptimo y, probablemente, se perderán.
  • Apoyo del fruto en las hojas. Hay que anticiparse a esta situación, colocando los frutos en una posición adecuada antes de que se doblen.

Desarrollo de zarcillos o bigotes. Se pueden eliminar los zarcillos a medida que se van desarrollando, disminuyendo así el riesgo y evitando problemas posteriores más serios.

Detectar su presencia en el cultivo lo más temprano posible resulta fundamental a la hora de evitar daños mayores. Para ello, se deben realizar monitoreos periódicos. Una vez detectada la plaga, se deben llevar a cabo medidas de control, principalmente compaginando el empleo de enemigos naturales y los tratamientos fitosanitarios compatibles con éstos. Es preciso señalar que, en pepino, las sueltas de estos organismos suelen funcionar bastante bien, destacando el uso de Orius insidiosus, Amblyseius swirskii o Phytoseiulus persimilis, entre otros insectos benéficos.

Como se ha podido comprobar, son muchas las razones por las que los frutos de pepino se pueden torcer, perdiendo su valor comercial. En general, es necesario estar muy pendiente del tipo de curvatura que se presente, actuando con antelación y aplicando las medidas adecuadas lo antes posible. Igualmente, hay que aclarar que la curvatura será más destacada en aquellas variedades cuyos frutos son más largos, como pueden ser los pepinos europeos u holandeses.

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