Uva – Junio 2020

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Slide PRODUCCIÓN
DE UVA
EN MEXICO

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Consumo y comercio de uva

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Introducción

Una buena parte de la uva producida en nuestro país corresponde a uva fresca. De este volumen nacional, una proporción considerable es destinada a la exportación, mayoritariamente a Estados Unidos. El mercado internacional está demandando una mayor cantidad de esta fruta en los últimos años. México puede entrar a formar parte del grupo de los principales exportadores de uva de mesa del mundo si se aplican mejoras e inversiones en este sector.

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Consumo de uva en México

De la producción nacional de uva, aproximadamente el 63 % se destina a producto en fresco, el 24.5 % tiene un uso industrial y el 12.5 % se consume como uva pasa o seca.

En lo que respecta al consumo de la población de estas tres modalidades de uva, junto al consumo de vino, el valor medio anual se encuentra en torno a:

  • Uva de mesa: 1.8 kg / persona.
  • Uva industrial: 0.5 kg / persona.
  • Uva pasa: 0.2 kg / persona.
  • Vino: 0.75 l / persona.

Actualmente, se satisface el 100 % de la demanda nacional con la producción interna, incluso se realizan importaciones, principalmente de países como Chile, Estados Unidos y Perú. En 2017, dichas importaciones (tabla 1) obtuvieron las siguientes cifras:

Tabla 1

Tipo de uva

Volumen (toneladas)

Valor (millones dólares)

Uva de mesa

78,991

133.0

Uva seca

10,717

15.8

Tabla 1. Importaciones de uva en 2017. Datos de SIAP – SAGARPA, 2018

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Los valores referentes a uva industrial son muy bajos, según esta fuente. Posiblemente, debido a que las necesidades vitivinícolas son cubiertas mayoritariamente con uva nacional.

En cuanto al valor económico generado por la producción nacional, en 2017 ascendió a 6,467 millones de pesos de uva de mesa, 616 millones de uva industrial y 197 millones de uva pasa. Por tanto, existe una mayor demanda y consumo, incluso mayor nivel de importaciones, de la uva de mesa con respecto al resto.

Por otra parte, las variedades destinadas a uva fresca* que más se cultivan en el país son: Flame seedless, Sugarone, Red globe y Perlette, mientras que los tipos principales de uva seca son morena y rubia. También, es necesario conocer que el 50 % de las variedades cultivadas en México (unas 40) se dedican a la industria, fundamentalmente a la elaboración de vino, donde las más importantes son:

  • Variedades de uva tinta*: Cabernet Sauvignon (22 %), Salvador (16 %), Carignan (15 %), Merlot (8 %), Tempranillo (5 %), Syrah (5 %), otras (29 %).
  • Variedades de uva blanca*: Chenin Blanc (19 %), Chardonnay (18 %), Early Divine (17 %), Saint Emilion (17 %), Sauvignon Blanc (12 %), Moscatel (3 %), otras (14 %).

Es importante resaltar que el consumo de vino mexicano ha aumentado un 20 % en la última década, lo que hace pensar que esta tendencia creciente podría seguir en el futuro.

* Las variedades citadas han sido referenciadas del Atlas Agroalimentario 2018.

Comercio en el mercado internacional

De las casi 340 mil toneladas de uva fresca producidas en nuestro país en 2017, el 57.6 % se destinó a la exportación (195,889 toneladas). Este volumen supuso un montante económico de 246 millones de dólares. Por el contrario, las cifras de exportación correspondientes a los demás tipos de uva ofrecieron unos valores muy inferiores. Por esto, nos vamos a centrar en el comercio internacional de la uva de mesa.

Las importaciones de uva fresca a nivel mundial han aumentado más de un 33 % durante los últimos 10 años. En este sentido, los principales países importadores de uva se exponen en el gráfico 1.

Gráfico 1. Principales países importadores de uva en 2016 (miles de toneladas).

Elaboración propia con datos de SAGARPA, 2017.

Como se puede observar, el mayor importador de uva de mesa en el mundo es Estados Unidos, que supone el principal destino de la uva mexicana. Algunos países europeos como Alemania, Países Bajos y Reino Unido están bien situados en este ámbito, después del país norteamericano. Otros destinos de nuestra uva, a parte de Estados Unidos, son Guatemala, Costa Rica o El Salvador, entre otros. Según SAGARPA, en 2017 la uva producida en el país se enviaba a 13 destinos distintos.

No obstante, no debemos olvidar que nuestro país no es uno de los principales productores de esta fruta en el orbe, por lo que nuestro margen de mejora es amplio. Por tanto, este sector puede buscar, por una parte, aumentos de rendimiento basados en las mejoras agronómicas y tecnológicas y, por otra, consolidar y ampliar las vías comerciales en el mercado internacional.

A este respecto, los principales países exportadores de uva de mesa son representados en el gráfico 2.

Gráfico 2. Principales países exportadores de uva en 2016 (miles de toneladas).

Elaboración propia con datos de SAGARPA, 2017.

Si tenemos en cuenta los volúmenes de exportación mostrados, algunos de estos países, como India u Hong Kong, estarían muy cercanos de las cifras de exportación de la uva mexicana, por lo que podrían considerarse como competencia directa de nuestro país. Por lo tanto, resulta de vital importancia trabajar de manera adecuada con el objetivo de conseguir una mejora, tanto productiva como comercial, siendo posible así escalar en el ranking mundial de esta fruta.

Finalmente, vamos a citar algunas estrategias de mercado, orientadas a ampliar las relaciones comerciales internacionales, mejorando de esta manera el volumen de uva exportado, así como las operaciones de negocio. Para ello es preciso, como se ha comentado anteriormente, obtener y desarrollar un producto competitivo, en el que la calidad, sanidad e inocuidad sean sus propiedades fundamentales. En este sentido, algunas de estas estrategias (propuestas por la SAGARPA) son:

Consolidar los mercados ya existentes

como pueden ser Estados Unidos y Canadá, en los que se sugiere fortalecer el comercio libre de aranceles, ofreciendo para ello un producto de alta calidad y desarrollando esquemas de protección de la propiedad intelectual que permitan diferenciar los mercados y acceder a los segmentos de mayor precio.

Expandirse en los mercados con menor presencia

Se distinguen dos grupos:

  • Estados miembros de la Unión Europea, donde se sugiere una reducción arancelaria que permita la incursión competitiva de uva, así como proponer disciplinas de cooperación regulatoria en materia de medidas sanitarias y fitosanitarias y, en su caso, de obstáculos técnicos al comercio.
  • Centroamérica (Guatemala, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Nicaragua) y Panamá, basándose en el arancel 0 %, se recomienda fortalecer las relaciones con los actuales importadores a través del Tratado de Libre Comercio Único con Centroamérica, así como con Panamá mediante un tratado bilateral.

Desarrollar nuevas vías

Una de ellas sería con países como Brasil, a través del Tratado de Libre Comercio. Otra vía, con países de la Alianza del Pacífico como Japón, Australia, Nueva Zelanda, Malasia y Corea. Todos los casos posibles estarían basados en pactos o convenios que incluyan peticiones de reducciones arancelarias, buscando con ello una mejora significativa en los términos de negociación.

De este modo, si se aumenta la cantidad y calidad de nuestra uva, así como se mejoran las relaciones comerciales, a través de tratados, convenios o negociaciones con distintos países que resulten beneficiosas para México, consolidando las relaciones ya existentes y ampliando nuevos mercados, el sector de la uva podría experimentar un crecimiento considerable.

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Condiciones óptimas de cultivo

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Introducción

El cultivo de la vida es muy importante a nivel mundial, representado por algunos países que tienen una larga tradición vitivinícola. La obtención de la uva supone una cierta diversidad en cuanto a productos se refiere, como su consumo en fresco, la amplia industria de las bebidas, etc. En nuestro país, la producción de uva va aumentando poco a poco durante los últimos años. Por esto, resulta de cierto interés conocer algunos aspectos que pueden afectar a su desarrollo y producción, especialmente los que son más favorables para mejorar su rendimiento.

Un poco de historia

La especie Vitis vinifera, de la cual derivaron la mayoría de las variedades conocidas, se cultivó por primera vez en el Cáucaso en el 6,000 a.C. El cultivo progresó hacia Egipto y Fenicia alrededor del 3,000 a.C. y en el 2,000 a.C. llegó a Grecia, para más tarde pasar a Italia, Sicilia y el norte de África. En España, Portugal y Francia se comenzó a cultivar en el 500 a.C. Finalmente, se extendió hacia el este y el norte de Europa, llegando incluso a las Islas Británicas.

Ya en nuestro entorno próximo, la viticultura se originó en California en 1769, cuando los monjes españoles instalaron sus misiones por toda la región. La variedad que cultivaron fue una uva de origen Europeo llamada “Mission”, de la cual sacaban el vino sacramental. La expansión de las uvas cultivadas para comer en fresco se produjo alrededor del 1800, cuando un gran número de colonizadores reconoció las grandes posibilidades que presentaban las tierras mexicanas para el cultivo de esta fruta. William Wolfskill plantó la primera cepa en los alrededores de lo que actualmente se conoce como “Los Ángeles”. Además, la primera variedad mediterránea conocida la cultivó William Thompson en Sacramento en el año 1860. Dicha variedad se conoce en la actualidad con el nombre de “Thompson” (Horticultura Internacional, 1998).

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Características

La vid es un arbusto caducifolio que pertenece a la familia Vitaceae, cuyo género tiene como nombre científico Vitis. Este género comprende más de 60 especies, de las cuales las más importantes son: Vitis berlandieri, V. rupestris, V. riparia, V. labrusca y V. vinifera. Las cuatro primeras se conocen como vides americanas y se usan en hibridaciones para producir patrones, mientras que Vitis vinifera es reconocida como la vid europea y agrupa a la mayoría de las variedades cultivadas (Pérez, 2000).

Es una planta leñosa que presenta el tronco retorcido y la corteza rugosa. Si se deja crecer libremente puede alcanzar gran longitud, pero mediante la poda anual queda reducida a un arbusto de escasa altura. Las plantas están constituidas por tallos trepadores mediante unos órganos especializados llamados zarcillos, los cuales se enroscan y sirven para sostenerla. En casi todas las variedades, los zarcillos se disponen en posición opuesta a las hojas, endureciéndose en cuanto encuentran soporte.

Las ramas jóvenes, denominadas sarmientos, son flexibles y muy engrosadas en los nudos, sobre los cuales se disponen de manera alterna las hojas, que resultan grandes, con el borde dentado, estípulas caducas, nerviación palmada y limbo suborbicular, entre otras características.

Las flores, generalmente son pequeñas, verdosas y hermafroditas, que se agrupan formando racimos unisexuales. Los sépalos están soldados e inconspicuos, a veces reducidos a un anillo. Los pétalos son verdosos, coalescentes en la parte superior y precozmente caducos. Los estambres son erectos al principio y después reflejos. El ovario tiene forma de ovoidea a globosa, con un solo estigma.

El fruto es una baya globosa recubierta de un polvo fino y blanco, con varias semillas piriformes ovoides con chalaza elíptica, dos surcos longitudinales separados por una cresta aguda, el ápice redondeado y el endospermo trilobulado. Se obtienen en vides de 2 años, que se cortan después de la recolección.

En la unión de la hoja y el sarmiento nacen las yemas. Una vez formadas, maduran dentro de su cubierta durante toda la temporada de crecimiento. Al final de la misma, cada yema albergará las estructuras que darán vida, en el siguiente ciclo, a los futuros sarmientos (o tallos jóvenes), con sus correspondientes hojas, flores y zarcillos.

La vid posee tres tipos de yemas:

  • Yema principal. Es la que brota más frecuentemente y se compone a su vez de tres yemas: primaria, secundaria y terciaria, siendo la más importante la primaria porque trae la producción de la temporada.
  • Yema pronta (o anticipada). Es una yema que puede brotar en la misma temporada que la yema principal, dando origen a un brote anticipado. Puede producir fruta, aunque ésta será de baja calidad. Por lo general, son ramas improductivas.
  • Yema latente. Brota sólo en condiciones extremas, como una fuerte fertilización nitrogenada o una poda excesiva, dando origen a un brote muy vigoroso en madera vieja (tronco, por ejemplo) llamado «chupón». Este brote es netamente vegetativo, por lo que no produce fruta y si lo hace es de mala calidad.

Exigencias del cultivo

La vid se cultiva hoy en día en las regiones templadas y cálidas de todo el mundo. Generalmente, en las zonas cuyas latitudes están comprendidas entre los 20 º y 50 º Norte – Sur del Ecuador, donde están bien definidas las cuatro estaciones del año (Pérez, 2000).

En estas regiones, el crecimiento y la floración están controlados por la temperatura. De este modo, los ciclos de desarrollo y producción ocurren durante la primavera, el verano y a comienzos del otoño, después el crecimiento se detiene en otoño e invierno, perdiendo las plantas el follaje y permaneciendo en estado de inactividad fisiológica (invernación). En el trópico, la planta permanece siempre verde y no pierde el follaje, lo que permite generar 2 – 3 cosechas al año, dependiendo de la variedad y la zona.

El principal factor climático que influye sobre la vid es la temperatura, la cual presenta sus valores óptimos entre 15 º y 25 º C. Puede soportar bajas temperaturas, incluso alguna helada, aunque eso dependerá de las características del cultivo, así como de las circunstancias del entorno.

Durante el periodo vegetativo, las plantas deben acumular una cantidad determinada de calor diario para madurar posteriormente sus racimos de forma adecuada. Esta acumulación de temperatura oscila entre 2,500 º y 4,000 º C, dependiendo de la cepa.

En cuanto a su preferencia por los suelos, las principales propiedades de los mismos son:

  • Textura franco – arenosa.
  • Suficiente contenido en materia orgánica.
  • Buena capacidad de drenaje.
  • Ligeramente ácidos, con pH comprendidos entre 5.5 y 7.0.

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Manejo agronómico

Es evidente que las decisiones y acciones que se llevan a cabo en cualquier cultivo tienen unos resultados concretos a la hora de la cosecha, tanto en el buen como en el mal sentido. Los viñedos no son una excepción, por lo que las técnicas aplicadas repercutirán finalmente en su rendimiento. Por ello, vamos a tratar tres aspectos que resultan fundamentales en el cultivo de la vid: Influencia de los portainjertos, uso de fitorreguladores y labores de poda.

– Influencia de los portainjertos

La principal influencia de éstos radica en el vigor del crecimiento, así como en la capacidad de absorción de agua y nutrientes, por lo que la calidad de la unión patrón – injerto resulta fundamental. En suelos pobres y faltos de humedad, los patrones vigorosos que poseen una mayor capacidad de penetración de las raíces en el suelo, permitirían una mejor absorción, favoreciendo así el vigor de las plantas. Por el contrario, en suelos fértiles los patrones muy vigorosos podrían causar efectos contraproducentes al cultivo como, por ejemplo, una disminución de la productividad con fruta de mala calidad.

En lo que respecta a la influencia de los portainjertos sobre la producción y la calidad de la fruta, algunas experiencias señalan que existen diferencias notorias en aspectos como el contenido de azúcar, el pH y el peso de las bayas, comparando uvas procedentes de vides injertadas con plantas sin injertar. Un aspecto importante de la calidad de la uva de mesa es su peso, el cual puede aumentar en plantas injertadas. También el portainjerto, dependiendo de su vigor, podría modificar en algún sentido el pH del jugo de la uva (González et al., 1999).

Por tanto, es importante elegir adecuadamente un patrón, teniendo en cuenta características como su vigor, la fertilidad del suelo, la disponibilidad de agua o las condiciones climáticas, entre otras.

– Uso de fitorreguladores

En la viña no se dispone de tanta experiencia como en otros cultivos respecto a la utilización de fitorreguladores, entendiendo como tales aquellas sustancias orgánicas capaces de promover, inhibir o modificar uno o varios procesos fisiológicos vegetales. Los principales son: auxinas, giberelinas, citoquininas, inhibidores, etileno y generadores del mismo.

Las auxinas se sintetizan principalmente en las zonas subapicales de los brotes en crecimiento activo, en hojas jóvenes y en embriones en desarrollo, interviniendo en numerosos procesos del crecimiento de la vid (dominancia apical, cuajado de los frutos, etc.).

Las giberelinas son producidas generalmente en hojas y bayas jóvenes, así como en los ápices de las raíces. Su aplicación es una técnica habitual en el cultivo de variedades sin semillas para conseguir un mayor crecimiento de las bayas, mientras que en las variedades con semillas los resultados dependen del momento de aplicación: antes de la floración favorece el alargamiento y el desarrollo del racimo, en plena floración produce un aclareo del racimo por eliminación de algunas flores, y después del cuajado favorece el engrosamiento de los granos.

Las citoquininas se sintetizan principalmente en las raíces, al estimular a nivel celular la síntesis proteica. De este modo, intervienen en muchos procesos como: regular el crecimiento de los racimos y el cuajado, estimular el crecimiento del óvulo o favorecer la transformación de flores masculinas en hermafroditas, entre otros.

El principal inhibidor del crecimiento es el ácido abscísico (ABA), que desempeña un papel importante en el reposo de las yemas y las semillas. Éste inhibe el crecimiento de los brotes y, a veces, estimula la abscisión y la senescencia, tanto de hojas como de frutos. El lugar mayoritario de síntesis del ABA son las hojas maduras, pero también se puede realizar en otros tejidos como tallos o raíces.

– Labores de poda

La poda no debe ser una operación rutinaria, sino buscando la manera de dar la estructura más conveniente a la cepa, denominada poda de formación (en los primeros años de vida de la planta). Además, existe otro tipo conocida como poda de producción o conservación, mediante la cual se consigue vigorizar la planta, regular la producción o incluso aumentarla.

En este sentido, las cepas más vigorosas no tienen porqué dar el mejor fruto, ni tampoco las más débiles y enfermizas. El mejor fruto será producido por cepas perfectamente sanas, con un desarrollo equilibrado. Por tanto, se trata de procurar formar cepas de esta condición, sin importar cortar más a las muy vigorosas y reforzar a aquellas que han sufrido daños o están débiles por alguna circunstancia.

Algunas recomendaciones básicas sobre cómo realizar una poda adecuada son:

  • Escoger las yemas cuyos sarmientos lleven la conveniente dirección, ya que está comprobado que cuando la savia circula a velocidad normal, el fruto es de mejor calidad. En los sarmientos verticales ésta circula más rápido y en los horizontales o rastreros, más despacio.
  • Tener en cuenta el número de yemas que se van a dejar sin cortar porque si se mantienen muchas, los frutos serán más pequeños. Se debe dejar un número proporcional al vigor y para que penetre bien el aire y el sol en el cultivo.

Existen diversas formas de poda, cuyo tipo ideal dependerá de las variedades existentes, así como del clima y del suelo predominantes en cada zona. Según Echeverría et al. (1979), el sistema de poda más recomendable es el tradicional que induce a la planta a producir de manera más generosa. Debe hacerse en la época fría, a partir de la quincena siguiente a la caída natural de las hojas, considerando que cuanto más temprana sea la poda, más temprana será también la brotación posterior. Podar tardíamente conlleva una serie de inconvenientes. Haba (1999) afirma que influye en aspectos como la disminución del ciclo vegetativo, una reducción de la calidad de la uva para vinificación o menor maduración. No obstante, algunos viticultores la emplean como técnica para retrasar la brotación cuando existe riesgo de heladas.

Así pues, si se eligen los recursos disponibles y se emplean las labores de cultivo de manera acertada, la producción de los viñedos puede resultar satisfactoria, con los correspondientes beneficios que eso conlleva. Para esto, es siempre recomendable que los agricultores se asesoren correctamente con el objetivo de conseguir un mejor resultado en sus cultivos vitícolas.

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Oportunidades para México en el mercado mundial de vino

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Introducción

El sector del vino en el mundo está cambiando desde comienzos de este siglo hacia una situación más globalizada, donde los países tradicionalmente vinícolas han bajado su crecimiento en post de una estabilidad, dejando paso a otros productores potenciales. De este modo, el panorama actual deja abiertas algunas posibilidades de establecimiento a países como México que cuentan con el nivel productivo y comercial.

Panorama mundial del vino

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El vino es una bebida obtenida de la uva (Vitis vinifera), mediante la fermentación alcohólica de su mosto o zumo. Dicha fermentación se produce por la acción metabólica de levaduras, que transforman los azúcares del fruto en etanol y el gas en dióxido de carbono. De este modo, el azúcar y los ácidos que posee la fruta son suficientes para el desarrollo de la fermentación. No obstante, el vino es una suma de factores ambientales: clima, latitud, altitud, horas de luz y temperatura, entre otros.

Superficie

Aproximadamente dos terceras partes de la recolección mundial de uva se dedica a la producción vinícola, a pesar de que el cultivo de la vid cubre solamente el 0.5 % del suelo cultivable en el mundo. El gráfico 1 muestra la evolución de la superficie mundial de viñedos destinados a la producción de vino, uva de mesa o uva pasas (en fase de producción o todavía improductivos).
Gráfico 1. Evolución mundial de la superficie de viñedos (millones de ha) en el periodo 2000 – 2016.
Elaboración propia con datos de OIV, 2017.
En lo que va de siglo, la superficie de cultivo ha sufrido un ligero descenso. En los primeros años, dicha superficie permaneció constante. Sin embargo, a medida que ha ido avanzando el tiempo, se ha ido produciendo una disminución, aunque es cierto que en los últimos años ésta ha permanecido constante.
En el gráfico 2 se muestra la evolución de la superficie de vid en los principales países productores de uva.
Gráfico 2. Evolución de la superficie de vid (2000 – 2016) en los principales países productores.
Fuente: OIV, 2017.
Puede apreciarse, desde el año 2000, tres tendencias claras:
* Disminución del viñedo en Europa y Turquía.
* Aumento en China.
* Estabilización en Estados Unidos.

Producción de vino

El cultivo de la vid se ha asociado tradicionalmente a lugares bajo un clima mediterráneo. De hecho, tres grandes países productores de vino a nivel internacional, como son Italia, Francia y España, concentran la mitad de la producción en el mundo (tabla 1).

País

Volumen (millones hl)

Italia

50.9

Francia

43.5

España

39.3

Estados Unidos

23.9

Australia

13.0

China

11.4

Sudáfrica

10.5

Chile

10.1

Argentina

9.4

Alemania

9.0

Tabla 1. Principales países productores de vino en el mundo en 2016. 

Datos de OIV, 2017.

En 2016, se generaron 267 millones de hectolitros de vino en el mundo. Sin embargo, esta cifra supuso un retroceso del 3 % con respecto al año anterior (gráfico 3).

Gráfico 3. Evolución de la producción mundial de vino (millones de hl). 

Elaboración propia con datos de OIV, 2017.

La producción de vino ha sufrido una tendencia con ciertos altibajos, aunque al final del periodo representado, se refleja un descenso que, según la Organización Internacional de la vid y el vino (OIV) se debió a las condiciones climáticas desfavorables, las cuales han tenido consecuencias negativas en las producciones.

Consumo

El consumo mundial de vino se ha estabilizado desde la crisis económica de 2008, estimándose en 242 millones de hectolitros en 2016 (OIV, 2017). Para esta Organización Internacional, dicho consumo ha disminuido en los últimos diez años, especialmente en las regiones con mayor tradición vitivinícola. Los países que representan el mayor consumo de vino en el mundo se exponen en la tabla 2.

País

% respecto al total

Estados Unidos

13 %

Francia

11 %

Italia

9 %

Alemania

8 %

China

7 %

Tabla 2. Principales países consumidores de vino en el mundo. Datos de OIV, 2017.

Durante el periodo comprendido entre el año 2000 y 2016, Estados Unidos y China, principalmente, han experimentado un crecimiento en cuanto al consumo de vino. El país norteamericano, con 31,8 millones de hl confirma su primer puesto como consumidor mundial.

Países vinícolas tradicionales como Francia (27 millones hl) e Italia (22.5 millones) han sufrido una disminución en sus cifras de consumo a lo largo de este siglo, aunque se mantiene estables durante los últimos años. Otros países también se mantienen constantes, como son Alemania (20.2 millones hl), España (9.9) y Rusia (9.3).

Por último, las operaciones de intercambio de vino a nivel mundial en 2016 fueron de 104 millones de hl, manteniendo una cierta estabilidad desde 2011. Este volumen se tradujo en una cantidad económica que rondó los 29 billones de euros (OIV, 2017).

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Papel de la OIV

Las siglas OIV corresponden a “Organización Internacional de la Viña y el Vino”, la cual se define como una organización intergubernamental de carácter científico y técnico, con una competencia reconocida en el campo de la viña, el vino, las bebidas a base de vino, las uvas de mesa, las uvas pasas y otros productos derivados de la vid. Fue creada por el Acuerdo del 3 de abril de 2001, firmado inicialmente por 35 Estados soberanos, sometido a diversos procedimientos internos (aprobación, aceptación o ratificación), entrando en vigor el 1 de enero de 2004.

A finales de 2018, la OIV estaba compuesta por 47 Estados miembros (figura 1), a los cuales se han agregado en calidad de Estados observadores los antiguos miembros de la Oficina Internacional de la Viña y el Vino.

Fig. 1. Estados miembros de la OIV en 2018. Fuente: web oficial de OIV.

Los Estados miembros se enumeran a continuación:

Alemania, Argelia, Argentina, Armenia, Australia, Austria, Azerbaiyán, Bélgica, Bosnia y Herzegovina, Brasil, Bulgaria, Chile, Chipre, Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, España, Francia, Georgia, Grecia, Hungría, India, Israel, Italia, Líbano, Luxemburgo, Malta, Marruecos, México, Moldavia, Montenegro, Noruega, Nueva Zelanda, Países Bajos, Perú, Portugal, República Checa, República del Norte de Macedonia, Rumanía, Rusia, Serbia, Sudáfrica, Suecia, Suiza, Turquía, Uruguay y Uzbekistán.

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Las Entidades y Organizaciones que actúan como Observadores son las siguientes:

  • Academia Internacional Amorim.
  • AIDV: Asociación Internacional de Juristas de Derecho de la Viña y el Vino.
  • AREV: Asamblea de las Regiones Europeas Vitícolas.
  • ASI: Association de la Sommellerie Internationale.
  • AUIV: Asociación Universitaria Internacional del Vino y de los Productos de la Viña.
  • CERVIM: Centro di Ricerche, Studi e Valorizzazione per la Viticoltura Montana.
  • FIVS: Federación Internacional de los Vinos y Bebidas espirituosas.
  • OENOPPIA: Oenological Products and Practices International Association.
  • Región autónoma de Ningxia Hui, China.
  • UIOE: Unión Internacional de Enólogos.
  • VINOFED: Federación Mundial de los Grandes Concursos Internacionales de vinos y Bebidas espirituosas.
  • WIM: Wine in Moderation.
  • Ciudad de Yantaï (China).

Las Organizaciones intergubernamentales que participan igualmente son:

  • Codex Alimentarius.
  • CIHEAM: International Centre for Advanced Mediterranean Agronomic Studies.
  • FAO: Food and Agriculture Organisation of the United Nations.
  • ISO: International Organisation for Standardisation
  • Mercosur: Southern Common Market.
  • OIML: International Organisation of Legal Metrology.
  • UE: Unión Europea.
  • UPOV: International Union for the Protection of New Varieties of Plants.
  • WCO: World Customs Organisation.
  • WHO: World Health Organisation.
  • WTO: World Trade Organisation.

En cuanto a los objetivos y atribuciones principales que tiene la OIV son los siguientes, comenzando por los objetivos:

  • Indicar a sus miembros las medidas que permiten tener en cuenta las preocupaciones de los productores, consumidores y otros actores del sector vitivinícola.
  • Asistir a las otras organizaciones internacionales, intergubernamentales y no gubernamentales, especialmente a aquellas que ejercen actividades normativas.
  • Contribuir a la armonización internacional de las prácticas y normas existentes y, cuando sea necesario, a la elaboración de nuevas normas internacionales para mejorar las condiciones de elaboración y comercialización de los productos vitivinícolas, teniendo en cuenta los intereses de los consumidores.

Estas misiones son orientadas por medio de un Plan Estratégico. Además, con el fin de alcanzar estos objetivos, la OIV ostenta estas atribuciones:

  • Promover y orientar las investigaciones técnico-científicas.
  • Elaborar y formular recomendaciones, así como hacer un seguimiento de su aplicación de común acuerdo con sus miembros, principalmente en materias como:
  • Condiciones de producción vitícola.
  • Prácticas enológicas.
  • Definición y/o descripción de los productos.
  • Etiquetado y condiciones de puesta en el mercado.
  • Métodos de análisis y de apreciación de los productos derivados de la vid.
  • Someter a sus miembros a las propuestas relativas a:
  • Garantía de autenticidad de los productos derivados de la vid, sobre todo de cara a los consumidores y en particular a las de etiquetado.
  • Protección de las indicaciones geográficas y en particular de las áreas vitivinícolas y las denominaciones de origen.
  • Mejora de los criterios científicos y técnicos de reconocimiento.
  • Protección de las obtenciones vegetales vitivinícolas.
  • Contribuir a la armonización y adaptación de la normativa por sus miembros.
  • Participar en la protección de la salud de los consumidores y contribuir a la seguridad sanitaria de los alimentos, a través de:
  • La vigilancia científica especializada, que permite evaluar las características propias de los productos derivados de la vid, promoviendo y orientando las investigaciones sobre las características nutricionales y sanitarias apropiadas.
  • La difusión de la información resultante de dichas investigaciones a los profesionales de la medicina y la salud.

Por tanto, esta Organización tiene un papel bastante destacado en cuanto a las actividades en torno a la producción, consumo y comercio de vino (entre otros productos) a nivel mundial.

Oportunidades para el sector vitivinícola de México

El sector del vino en nuestro país ofrece los siguientes aspectos:

  • Superficie de viñedo: 32 mil hectáreas, que supone un incremento del 8 % con respecto a 2010.
  • Producción de vino: 194 mil hectolitros (45 º en el mundo), aumentando un 8 % entre 2012 y 2016.
  • Consumo de vino: 895 mil hl (35 º en el mundo), casi el doble desde el año 2000.
  • Importaciones de vino: 681 mil hl (cuatro veces más respecto al año 2000).
  • Exportaciones de vino: 12 mil hl (duplicando la cantidad en los últimos diez años).

El mercado del vino continúa globalizándose, donde se pueden destacar ciertos aspectos que pueden beneficiar la entrada de México en este sector. Algunos de éstos son:

  • Cada vez hay más países productores, por lo que la oferta se desarrolla y se diversifica, aumentando la competitividad.
  • El consumo del vino se vuelve más globalizado, produciéndose un desplazamiento desde Europa hacia otros países consumidores, lo que ha cambiado los esquemas de consumo, pasando de un modelo tradicional a uno moderno.
  • Los intercambios se vuelven cada vez más globalizados, originándose una evolución profunda en el flujo en los últimos diez años. Actualmente, el 43 % del vino consumido es importado.
  • Nuevas preocupaciones y expectativas de los consumidores, que exigen estar mejor informados y ser conocedores, tanto del nivel de los productos como de las condiciones de producción.

De este modo, los principales retos para el futuro que debe abordar nuestro sector vitivinícola nacional deben estar enfocados en lo siguiente:

  • Retos medioambientales (preocupaciones medioambientales y recursos naturales).
  • Retos económicos (mejorar la competitividad del sector, así como su internacionalización).
  • Retos sociales (identidad, autenticidad, calidad, seguridad alimentaria y diversidad).

Por lo tanto, es posible mejorar la producción vitivinícola nacional, del mismo modo que la calidad de los vinos. Así, se podrá aumentar la cuota de mercado de nuestro producto, participando más activamente en el mercado de vino mundial, lo que puede aportar beneficios, no solo económicos, sino también de imagen y prestigio.

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Mildiu de la vid

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Introducción

El Mildiu de la Vid es una peligrosa enfermedad que ataca a las viñas, causada por el hongo Plasmopara vitícola, el cual puede provocar serios daños en los cultivos, originando graves pérdidas económicas a los viticultores.

Cuando se producen ataques severos, su control resulta especialmente complicado, siendo fundamental llevar a cabo una estrategia de lucha adecuada, comenzando por las labores de prevención.

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Condiciones óptimas y distribución

La enfermedad se produce por el desarrollo del hongo dentro de los tejidos infectados de la vid. Plasmopara vitícola es un endoparásito obligado que inverna fundamentalmente en forma de oospora en los restos vegetales del ciclo anterior, en las hojas muertas caídas y también como micelio en las yemas y hojas persistentes (este último caso en regiones con inviernos suaves). Cuando la temperatura es superior a 13 º C y se producen lluvias considerables (superiores a 10 mm) las oosporas germinan y emiten esporangios que llegan a las partes verdes de la planta, diseminados por el agua y el viento, liberando las zoosporas.

Estas esporas penetran en los tejidos de la planta a través de los estomas, dando lugar a un micelio intercelular y a lo que se conoce como infestación primaria. Este proceso requiere una humedad relativa del 95 – 100 % y al menos 4 horas de oscuridad. Tras la fase de incubación, se hacen visibles en el envés de las hojas las fructificaciones (o conidios del hongo), que producirán las infestaciones secundarias, las cuales se irán sucediendo a lo largo del periodo vegetativo.

La gravedad de los ataques de mildiu en vid viene determinada principalmente por las condiciones ambientales, además de la sensibilidad varietal. A este respecto, la temperatura óptima para la esporulación es de 18 º – 22 º C. Los esporangios se desprenden de los esporangióforos al diluirse un tabique de calosa, para lo cual se requiere de nuevo una humedad relativa elevada. Su dispersión hacia las hojas, donde germinan en agua, requiere de una temperatura óptima de 22 º – 25 ° C para emitir las zoosporas.

Por tanto, es preciso estar atentos a los avisos meteorológicos de las Estaciones de cada región, tanto si se trata de zonas poco endémicas de la enfermedad como endémicas, para prever los posibles riesgos y controlar la evolución de los ataques en la zona correspondiente.

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Síntomas y daños

El hongo puede atacar a todos las partes verdes de la vid, principalmente a las hojas y racimos, cuyos principales síntomas son:

– En las hojas: Con condiciones favorables, se puede producir la infección primaria, visible por la conocida como “mancha de aceite” en el haz, donde aparecen manchas amarillentas, de aspecto aceitoso y formas angulares, limitadas por los nervios. Las esporas del hongo aparecen de modo característico en el envés, con formación densa, blanca y algodonosa, conocida también como “pelusilla”.

La infección de las hojas es muy importante, tanto como fuente de inóculo para la infección de los racimos como fuente de contaminación futura invernante. Las infecciones secundarias que se suceden a continuación presentan la misma sintomatología. Al final del periodo vegetativo estas manchas se tornan angulares, en forma de mosaico y de color pardo-rojizo. En ataques severos las hojas infectadas caen al suelo, repercutiendo en la cantidad y calidad de la cosecha.

– En racimos: Tanto las flores como los frutos recién cuajados presentan especial sensibilidad. Los racimos jóvenes son muy sensibles, mostrándose grisáceos cuando están infectados y se recubren de un polvo gris debido a la esporulación del hongo. En caso de ataque a estos órganos es característica la aparición de la citada pelusilla blanquecina. Cuando el hongo coloniza el raquis del racimo, se curva en forma de S y se acaba secando, parcial o totalmente. A partir del estado fenológico cuyo tamaño del fruto se asemeja a un guisante, éstos se arrugan y desecan, no existiendo esporulación alguna, lo que se conoce como mildiu tardío o larvado. A partir del envero, el racimo ya no es tan sensible a la enfermedad.

El periodo más crítico ocurre en la fase de floración y cuajado, donde el cultivo es especialmente sensible al ataque del hongo. Por tanto, cuando se producen condiciones de elevada humedad relativa, es conveniente mantener protegido el viñedo desde ese estado fenológico hasta el envero y a partir de la detección de la primera mancha.

Métodos de control

Siempre resulta muy recomendable llevar a cabo medidas preventivas antes de que aparezca cualquier síntoma visible de la enfermedad. De este modo, se reducirán las posibilidades de infección en el viñedo. Algunas de estas medidas son:

  • Las labores de poda y deshojado realizadas tras la floración y cuajado favorecen la aireación de la planta, disminuyendo el riesgo de contaminación por parte del hongo.
  • La orientación de las hileras también favorece la aireación del cultivo, siempre que se realice en la dirección de los vientos predominantes de cada región.
  • La eliminación de malas hierbas contribuye a despejar el espacio, estando más ventilado.
  • No labrar durante la floración.
  • Prestar atención a las previsiones meteorológicas locales que determinarán las condiciones de riesgo. Igualmente, los modelos epidemiológicos de predicción de infecciones pueden resultar de utilidad.
  • Al inicio de la floración se puede realizar un tratamiento preventivo, especialmente si las condiciones meteorológicas son favorables para el desarrollo de la enfermedad.

Una vez que Plasmopara vitícola se ha instalado en el cultivo hay que recurrir a los tratamientos fitosanitarios, los cuales deben ser lo más efectivos posible. Para ello, existe una amplia gama de productos disponibles en el mercado, incluyendo fungicidas sistémicos, penetrantes y de contacto.

Con los productos de contacto hay que tener en cuenta la acción de la lluvia, especialmente cuando éstas resultan abundantes (superiores a 15 – 20 mm), ya que pueden lavar la aplicación realizada, inhibiendo así sus posibles efectos. No será necesaria la repetición del tratamiento si transcurren al menos 1 – 2 horas entre su aplicación y la lluvia, aunque es conveniente consultar las informaciones específicas de cada fungicida a este respecto.

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Los productos sistémicos tienen la capacidad de detener del desarrollo del micelio del hongo durante la primera fase del ciclo. Estos productos se distribuyen por la planta y tienen tres ventajas principales:

  • La sustancia activa no es eliminada por la lluvia.
  • El tratamiento es curativo.
  • La vegetación que se forma después del tratamiento queda protegida.

Se recomienda su uso en zonas lluviosas con riesgo de infección que coinciden con la fase de crecimiento rápido de las cepas.

Los fungicidas penetrantes entran en los órganos tratados, actuando sinérgicamente con el producto con el que se combina, aumentando la eficacia del tratamiento.

Es realmente importante conocer los diferentes productos a emplear, sus características, modo de empleo, modo de acción, etc. para poder realizar una estrategia eficaz, haciendo una alternancia o rotación adecuada, así como una correcta mezcla de los mismos. Su manejo óptimo también resulta fundamental para evitar la aparición de resistencias.

Algunas materias activas empleadas para el control del mildiu son: azoxistrobin, cimoxanilo, famoxadona, hidróxido cúprico, oxicloruro de cobre, mancozeb, piraclostrobin, sulfato cuprocálcico, etc. Las materias pertenecientes al grupo de las fenilamidas son muy eficaces y específicas de este hongo.

Por lo tanto, para ejercer una lucha eficaz contra el mildiu de la vid es preciso, en primer lugar, realizar unas labores preventivas en el cultivo, siempre prestando atención a las condiciones del entorno y de la época reinante, especialmente a las climatológicas. En segundo lugar, la estrategia de control fitosanitario debe estar enfocada en el conocimiento de la enfermedad, de las fases sensibles del cultivo y de las características de los fungicidas aplicados.

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Oídio de la vid

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Introducción

El oídio de la vid es una enfermedad causada por un hongo que puede aparecer con cierta frecuencia, invernando en diferentes partes de la planta como las yemas, los sarmientos, las hojas y la corteza de las cepas.

A este fitopatógeno se le conoce, además de oídio, por otros nombres, dependiendo de la región geográfica. Algunos son: ceniza, cenicilla, polvo, polvillo, malura, blanqueta, etc.

Esta enfermedad no sólo ataca a los distintos órganos de la planta, afectando a su normal desarrollo, sino que puede afectar a la calidad del vino elaborado. Por lo que su identificación temprana, así como su control se hacen necesarios para minimizar los daños que produce.

Condiciones óptimas y distribución

El hongo causante de esta enfermedad se llama Uncinula necator, cuya presencia y persistencia en los viñedos se ven influenciadas directamente por las condiciones climáticas reinantes, especialmente la temperatura. Los valores claves pueden rondar los siguientes:

  • A partir de 15 º C comienza su desarrollo.
  • Rango más favorable de crecimiento oscila entre 25 º y 28 º C.
  • Detiene su desarrollo a partir de 35 º C.
  • Temperaturas superiores a 40 º C resultan letales para el oídio.

En cuanto a la humedad relativa del ambiente, ésta también influye en el desarrollo de la enfermedad, siendo los valores relativamente altos los que hacen germinar las conidias del hongo. Al contrario que el mildiu, las lluvias abundantes frenan su desarrollo.

El comportamiento de este hongo en el cultivo se puede resumir del siguiente modo:

  • Inverna en el interior de las yemas y en los sarmientos, esperando el momento para actuar.
  • En el comienzo de la brotación de la planta suelen darse las condiciones ambientales idóneas para que el patógeno salga de su letargo y empiece su desarrollo.
  • Cuando alcanza la madurez comienza la reproducción asexual, con la formación de una gran cantidad de conidias que, transportadas por el viento, propagan la enfermedad a cualquier parte verde de la planta.
  • A partir de este foco primario puede originar varias infestaciones, si las condiciones climáticas son favorables, a lo largo de todo el ciclo vegetativo de la vid.
  • Al final de la vegetación del cultivo, el hongo también detiene su actividad, disponiéndose a pasar el invierno en la forma de micelio (fase asexuada) en el interior de las yemas, o en forma de peritecas (fase sexuada) en los sarmientos.

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Medidas fitosanitarias

Como siempre, se pueden aplicar diferentes medidas de control:

Preventivas/culturales, biológicas y químicas. El resultado será más eficaz en la medida en que éstas se vayan combinando. Algunas recomendaciones para una correcta aplicación de las mismas son:

– Medidas preventivas y/o culturales:

Resultan fundamentales, ya que nos indican la presencia del fitófago y el nivel de población. El conteo de adultos se realiza mediante la colocación de trampas a la altura de los racimos, que pueden ser sexuales (los machos son atraídos por una sustancia química análoga al reclamo olfativo de la hembra) o alimenticias (mezcla de sustancias cuyos vapores atraen a los individuos). Es conveniente poner ambos tipos de trampas. Las sexuales sólo atraen a los machos y las alimenticias a ambos sexos. Además, el conteo, tanto de huevos como de penetración de larvas en los racimos dará una idea de los daños, presentes y futuros.

También se pueden aplicar técnicas de confusión sexual, utilizando para ello, difusores con feromona más un repelente. Este método es la mejor alternativa a los tratamientos químicos, sobre todo si éstos no son realizados de forma adecuada ni en el momento oportuno.

– Control biológico:

Existen algunas especies que pueden parasitar las larvas, como Trichogramma spp. Igualmente, se pueden emplear productos biológicos como Bacillus thuringiensis, coincidiendo con el inicio de la eclosión de los huevos.

– Control químico:

Se recomienda no realizar tratamientos contra la primera generación, al menos hasta que no se supere el 10% de racimos atacados, ya que el daño se reduce a la pérdida de algunos botones florales. No obstante, si fuera preciso por la incidencia de la plaga, deben llevarse a cabo, ya que un control eficaz de la primera generación es fundamental para asegurar un nivel aceptable de la plaga a lo largo del ciclo de cultivo.

Contra las siguientes generaciones se deben establecer los umbrales de actuación, basados en aspectos como los niveles de población y daños, los cuales deben determinarse para cada zona concreta, así como para cada tipo de uva (y su destino), debiéndose tener en cuenta ciertos factores como son:

-Productivos (n º de cepas / ha, n º de racimos / cepa o peso medio del racimo).
-Económicos (precio Kg de uva o coste de tratamientos).

-Incidencia del tratamiento sobre la falta de aparición de pudriciones (Botrytis cinerea).

Por tanto, el momento de realizar el tratamiento debe ser cuando ya ha tenido lugar la oviposición y se detectan las primeras eclosiones de los huevos, procurando que las larvas no causen daños significativos. Por otra parte, es preciso recalcar que cuanto más pequeñas sean éstas, más sensibles serán al tratamiento aplicado. No hay que retrasar la intervención porque los daños progresan rápidamente.  Además, aunque el tratamiento sea muy eficaz y mate las larvas, no se eliminan las heridas que hayan podido causar. La eficacia de los tratamientos reside en realizar una buena estrategia, acertando con el momento, la elección de los insecticidas, la dosis o la rotación – combinación de los productos.

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La polilla de la vid

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Introducción

Existen algunas plagas de lepidópteros que atacan al cultivo de la vid, conocidas comúnmente como «polillas de la vid», entre las que destaca la especie Lobesia botrana. Esta especie tiene una amplia distribución en los viñedos del mundo, ya que está presente en más de 50 países. Aunque es la plaga con mayor presencia en los viñedos, su rango de hospedantes es amplio, incluyendo a más de 30 especies vegetales de diferentes familias. De este modo, puede atacar a otros cultivos como kiwi, pera, almendra, cereza, ciruela, arándano y grosella (CAB International, 2015). Por tanto, ejercer unas labores de vigilancia efectivas para evitar que provoque daños en los cultivos resulta fundamental.

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Ciclo biológico y desarrollo

Los diferentes estados de desarrollo de este insecto son: huevo, larva, pupa (o crisálida) y adulto, cuya duración media es: incubación del huevo 7 – 10 días, estado de larva 20 – 30 días y pupa 10 – 12 días, siempre en función de las condiciones climáticas.

En cuanto a su ciclo anual, inverna en forma de pupa, escondida en diversos lugares como la corteza de las cepas, el suelo o las hojas caídas, aunque la mayoría de las veces (60 %) lo hace en la corteza de las cepas.

Los adultos emergen de forma escalonada, iniciando su salida incluso antes de la brotación, saliendo los machos en primer lugar y después las hembras, asegurando de este modo la fecundación. Al final de dicho periodo de emergencia predominan las hembras.

El vuelo se produce al final de la tarde, permaneciendo previamente escondidas en las hojas y los racimos. Tras la fecundación, esta 1ª generación hace la puesta mayormente sobre las envueltas de los botones florales, poniendo la hembra entre 50 y 80 huevos, durante un periodo aproximado de unos 6 días.

Las orugas emergidas atacan los botones florales, uniéndolos con unos hilos sedosos y formando agregados, denominados glomérulos, los cuales son fácilmente reconocibles. Al final de esta fase, la larva teje un capullo para la siguiente, en cuyo interior crece una crisálida. Esto lo hace principalmente en los repliegues de las hojas, aunque también en los racimos, el suelo, la corteza, etc.

Al cabo de unos días emergen los adultos repitiendo el ciclo, aunque con algunas variaciones. La 2ª y 3ª generaciones hacen la puesta en las uvas verdes o en la fase de maduración. Al insecto le atraen las superficies lisas secas, por lo que cuando llueve apenas hay puestas de huevos. Para evitar que se produzcan desecaciones de los mismos, las hembras tienen tendencia a realizar la puesta en la parte más sombreada de los racimos.

La duración de los diferentes estados varía con la temperatura ambiente, alargándose cuando descienden las temperaturas, lo que condicionará el número de generaciones al año, las cuales pueden oscilar entre 2 y 4, dependiendo de la latitud y las condiciones climáticas predominantes. En este sentido, puede darse el caso de que una generación no aparezca (por ejemplo, la 3ª) debido a que los huevos que provienen de la puesta de las hembras de la anterior (2ª generación) formen la crisálida pero que ésta no evolucione, entrando en diapausa. Esto se produce porque no recibe las horas de luz suficientes, proceso conocido como fotoperiodo, estimado éste entre 15 y 16 horas. Por tanto, queda claro que el factor principal que rige el desarrollo de la plaga es la temperatura, influyendo en la duración de cada fase biológica, en el fotoperiodo y en el número de generaciones anuales.

En general, el rango de temperaturas para su desarrollo oscila entre 10 ° y 30 ° C, siendo el óptimo el intervalo comprendido entre 26 º y 29 ° C, mientras que temperaturas inferiores a 8 ° C y superiores a 34 ° C pueden ocasionar la muerte de las larvas.

A este respecto, un grupo de investigación en Chile ofreció los siguientes datos obtenidos en campo:

  • Tiempo mínimo para maduración sexual, cópula y oviposición: 2 días (23 º C) y 7 días (14.5 º C).
  • Temperatura mínima requerida para la cópula: 13.5 º C.
  • Temperatura mínima requerida para oviposición: 9.0 º C.
  • Potencial de fecundidad (23 º C): 196 huevos / hembra.
  • Potencial de fertilidad (23 º C): 85 – 90 % de eclosión.
  • Longevidad de los adultos (23 º C): 12 días.

En lo referente a su dispersión, la principal vía a grandes distancias se produce mediante la comercialización de productos infestados. Otro medio de menor distancia es el vuelo de los adultos, que pueden alcanzar unos 200 metros. En cuanto a su supervivencia, hemos visto que este insecto se protege de las bajas temperaturas invernales en estado de pupa (o crisálida) bajo la corteza de la vid, generalmente.

Daños en el cultivo

Los daños ocasionados por esta plaga varían en función de la época del año. Así, en primavera las larvas se alimentan de los brotes florales uniéndolos con un hilo de seda que forman una aglomeración (glomérulos). A finales de primavera y principios de verano se observan bayas perforadas, podridas o secas por la alimentación de las larvas, así como una mayor presencia de hilos de seda y heces en los racimos. Al terminar el verano, en predios donde aún queda fruta sin cosechar, las larvas se establecen en los racimos, donde provocan la deshidratación de las bayas con abundante seda, reduciendo considerablemente el rendimiento del cultivo.

La primera generación larvaria ataca las inflorescencias, mientras que las posteriores, que pueden ser dos o tres (según la zona), provocan daños en los frutos en formación. Generalmente, la segunda generación daña las bayas verdes y la tercera las bayas maduras o en proceso de maduración. De esta forma, existen dos tipos de daños, los directos y los indirectos:

  • Daños directos: Son ocasionados por las larvas al alimentarse de las inflorescencias o de los frutos, que pueden morderlos superficialmente y/o también penetrarlos de inmediato.
  • Daños indirectos: Se producen a partir de las heridas generadas por daños mecánicos, los cuales pueden favorecer la aparición de diversos hongos como Aspergillus, Alternaria, Rhizopus, Cladosporium, Penicillium y especialmente Botrytis cinerea, causante de la pudrición gris.

Estos daños disminuyen la cantidad y calidad de la cosecha, lo que reduce la producción y dificulta la comercialización, originando pérdidas económicas considerables. Además, hay que considerar las pérdidas económicas indirectas a través de las regulaciones que imponen los países importadores en el comercio internacional.

Actualmente, en el continente americano está presente en Argentina, Estados Unidos y Chile. En este último se ha constatado un aumento de las poblaciones de esta polilla en base a las capturas efectuadas en trampas de feromonas.

En lo que respecta a nuestro país, según un informe de SAGARPA y SENASICA de 2016, no había registros de la presencia de la plaga en México. Los resultados del Programa de Vigilancia Epidemiológica Fitosanitaria no registraron casos positivos de Lobesia botrana. Sin embargo, el riesgo de introducción de esta plaga en el país es latente, principalmente por las importaciones de uva fresca y uva pasa procedentes de Estados Unidos y Chile. El potencial establecimiento y dispersión de esta plaga afectaría significativamente a la producción vitivinícola. Por lo tanto, dicha presencia generaría un impacto económico negativo, ya que también afectaría gravemente a las exportaciones de este producto, cuyo principal destino es Estados Unidos.

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Medidas fitosanitarias

Como siempre, se pueden aplicar diferentes medidas de control: preventivas/culturales, biológicas y químicas. El resultado será más eficaz en la medida en que éstas se vayan combinando. Algunas recomendaciones para una correcta aplicación de las mismas son:

– Medidas preventivas y/o culturales: Resultan fundamentales, ya que nos indican la presencia del fitófago y el nivel de población. El conteo de adultos se realiza mediante la colocación de trampas a la altura de los racimos, que pueden ser sexuales (los machos son atraídos por una sustancia química análoga al reclamo olfativo de la hembra) o alimenticias (mezcla de sustancias cuyos vapores atraen a los individuos). Es conveniente poner ambos tipos de trampas. Las sexuales sólo atraen a los machos y las alimenticias a ambos sexos. Además, el conteo, tanto de huevos como de penetración de larvas en los racimos dará una idea de los daños, presentes y futuros.

También se pueden aplicar técnicas de confusión sexual, utilizando para ello, difusores con feromona más un repelente. Este método es la mejor alternativa a los tratamientos químicos, sobre todo si éstos no son realizados de forma adecuada ni en el momento oportuno.

– Control biológico: Existen algunas especies que pueden parasitar las larvas, como Trichogramma spp. Igualmente, se pueden emplear productos biológicos como Bacillus thuringiensis, coincidiendo con el inicio de la eclosión de los huevos.

– Control químico: Se recomienda no realizar tratamientos contra la primera generación, al menos hasta que no se supere el 10% de racimos atacados, ya que el daño se reduce a la pérdida de algunos botones florales. No obstante, si fuera preciso por la incidencia de la plaga, deben llevarse a cabo, ya que un control eficaz de la primera generación es fundamental para asegurar un nivel aceptable de la plaga a lo largo del ciclo de cultivo.

Contra las siguientes generaciones se deben establecer los umbrales de actuación, basados en aspectos como los niveles de población y daños, los cuales deben determinarse para cada zona concreta, así como para cada tipo de uva (y su destino), debiéndose tener en cuenta ciertos factores como son:

  • Productivos (n º de cepas / ha, n º de racimos / cepa o peso medio del racimo).
  • Económicos (precio Kg de uva o coste de tratamientos.
  • Incidencia del tratamiento sobre la falta de aparición de pudriciones (Botrytis cinerea).

Por tanto, el momento de realizar el tratamiento debe ser cuando ya ha tenido lugar la oviposición y se detectan las primeras eclosiones de los huevos, procurando que las larvas no causen daños significativos. Por otra parte, es preciso recalcar que cuanto más pequeñas sean éstas, más sensibles serán al tratamiento aplicado. No hay que retrasar la intervención porque los daños progresan rápidamente.  Además, aunque el tratamiento sea muy eficaz y mate las larvas, no se eliminan las heridas que hayan podido causar. La eficacia de los tratamientos reside en realizar una buena estrategia, acertando con el momento, la elección de los insecticidas, la dosis o la rotación – combinación de los productos

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Filoxera, un enemigo histórico

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Introducción

La filoxera está considerada la plaga más terrible y devastadora de la vid a lo largo de su historia, destruyendo a finales del siglo XIX gran parte de los viñedos europeos. Afortunadamente, en la actualidad ya no resulta tan peligrosa debido a las medidas agronómicas empleadas. Sin embargo, no estaría de más que se siga vigilando su presencia y evolución, ya que estos insectos, como organismos vivos de la naturaleza, siempre encuentran la manera de seguir desarrollando su ciclo biológico, en el cual los cultivos de la vid resultan fundamentales para su supervivencia.

Descripción y Ciclo Biológico

La filoxera es el nombre común de una plaga causada por la especie Phylloxera vastatrix. Se trata de un insecto parásito, como es el pulgón, cuyo único huésped conocido es la vid. Presenta un polimorfismo muy marcado, en el que las formas partenogenéticas, es decir, las hembras que se reproducen sin intervención del macho dando nuevas hembras, son ápteras, de color variable (entre el amarillo y el ocre), con un tamaño que oscila entre 0.3 y 1.4 mm. Por otra parte, las formas sexuales no presentan piezas bucales, donde las hembras aladas miden de 2 a 3 mm y los machos ápteros de 0.3 a 0.5 mm.

Se pueden encontrar en las siguientes formas:

  • Gallícola, que viven sobre las hojas.
  • Radicícola, que viven en las raíces.
  • Alada y sexuada.

En lo que respecta a su ciclo biológico, tras la copulación, la hembra pone sobre el tronco un huevo único (llamado huevo de invierno) de color amarillo que va volviéndose verde durante el periodo frío. De la eclosión del mismo sale una hembra áptera (sin alas) partenogenética, la cual, según sea su desplazamiento, será radicícola o gallícola. La forma radicícola es de color amarillo.

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La primera hembra tiene tres mudas en un tiempo aproximado de unos 20 días antes de ser adulta. En ese momento puede poner una cantidad de huevos comprendida entre 40 y 100, que originarán nuevamente otras hembras partenogenéticas. Este ciclo se produce a lo largo de 5 – 6 generaciones (de 20 días).

El ciclo de este insecto se complica debido a las migraciones, cada vez más frecuentes, de una parte de las hembras partenogenéticas que van desde las hojas a las raíces, dando lugar de este modo a generaciones “neogallícolas – gallícolas” o “neogallícolas – radicícolas”.

En Europa, la forma radicícola es la única viable, donde las formas sexuales aparecen raramente, aunque su descendencia nunca sobrevive y las formas gallícolas no llegan a reproducirse, mientras que en Estados Unidos, durante el verano, la última generación de hembras tiene una muda suplementaria, transformándose en ninfas que producirán los ejemplares alados. Estas hembras (aladas) ponen sobre las hojas de la vid los huevos que darán los individuos sexuales, los cuales viven unos días, sólo el tiempo justo de copular y poner el huevo de invierno con el que se cierra el ciclo.

Importancia y daños

Esta plaga tiene una enorme importancia histórica, ya que a finales del siglo XIX estuvo a punto de hacer desaparecer los viñedos europeos. La filoxera tiene su origen en Estados Unidos, donde no afectó demasiado a la vid. Sin embargo, en 1868 entró en Europa por varios puntos comerciales como fueron Francia, Portugal, Austria y Alemania.

Durante su paso arrasó con la mayor parte de las vides del continente, aunque no llegó a colonizar el territorio por completo debido a que la forma radicícola no se puede desarrollar en suelos arenosos. De este modo, algunas plantaciones pudieron salvarse, recuperando así algunas variedades.

Por tanto, este insecto fue el causante de una grave crisis en la viticultura del continente europeo, ya que estuvo a punto de acabar con la producción de vino en toda Europa. Aunque parece imposible, por la enorme expansión de esta plaga, a día de hoy aún quedan algunas partes del planeta libres del ataque de este parásito, como son la Patagonia más austral, las Islas Canarias (España) o Chile.

En lo que respecta a su carácter epidemiológico, uno de los principales peligros que supone es su rápida multiplicación, así como su fácil propagación. Ésta puede realizarse a través del aire, del suelo y de las herramientas usadas por los viticultores. En este sentido, no importa cuánta savia pueda chupar el pulgón porque la clave radica en su reproducción excesivamente rápida.

El insecto vive en las hojas y en las raíces de la planta, chupando la savia y lesionando las raíces, propagándose mediante las formas aladas, las cuales son arrastradas por el viento a largas distancias y de un viñedo a otro.

Los ataques se concentran en la raíz de la planta (forma radicícola), caracterizados por unos abultamientos en forma de nudos y de un cierto grosor, que interrumpen el flujo de savia. En su forma gallícola el ataque se manifiesta en la cara superior de las hojas por una especie de abultamiento o agalla, provocada por la puesta del insecto que suele ser extraordinaria.

Durante el primer año del ataque, sus efectos resultan casi imperceptibles. Al año siguiente, la planta va perdiendo vigor y en los bordes de las hojas desaparece la clorofila, dejando paso a un tono amarillento. Esta debilidad provoca que los sarmientos no se sujeten, partiéndose. Además, los frutos se caen antes de alcanzar su madurez debido a la podredumbre de las raíces, lo que origina finalmente la muerte de la planta.

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Medidas de Control

La principal técnica para combatir los efectos demoledores de esta plaga se encontró unos años después de iniciarse, en el mismo sitio en el que ésta había tenido su origen. Dicha técnica agronómica resultó tan eficaz que en la actualidad se sigue empleando con éxito.

Consiste en el injerto de la vid europea sobre un patrón (o pie) de vid americana, la cual es resistente a la filoxera. De este modo, las vides americanas (Vitis berlandieri, V. rupestris, V. riparia y V. labrusca) han sido la base fundamental para injertar las variedades de Europa, generalmente Vitis vinifera.

Es importante precisar, considerando lo anteriormente descrito en este artículo, que las especies de vid europea son resistentes a la forma gallícola de Phylloxera vastatrix, que se desarrolla sobre las hojas, mientras que las especies americanas lo son a la forma radicícola, que se instala en las raíces.

Como hemos dicho, esta es la principal medida de control de esta plaga, aunque también existen otras menores, utilizadas de manera preventiva. Una de ellas consiste en aplicar tratamientos fitosanitarios cuando aparezcan las primeras agallas de la primera generación, no siendo necesario que sean específicos, haciendo una o dos intervenciones al año. Teniendo en cuenta que Vitis vinifera es resistente a los ataques de la parte aérea, la aplicación de tratamientos se vuelve más importante en las variedades americanas.

Otra alternativa es realizar las plantaciones sobre terrenos arenosos, donde los insectos no pueden atacar al sistema radicular de la planta porque el tipo de suelo les impide crear los túneles necesarios para poder acceder al mismo.

En el caso de esta temible plaga, al menos en el pasado, se ha podido comprobar que el principal método de control ha sido una medida cultural como son las labores de injerto, quedando los tratamientos agroquímicos en un papel secundario.

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Beneficios y propiedades de la uva

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Introducción

Como todo el mundo sabe, las uvas son las frutas que se obtienen de la vid, aunque no serán tan conocidos los numerosos beneficios que su consumo aporta a la salud.  Por tanto, siempre que sea posible y sin abusar de su ingesta, nos ayudará a mejorar el estado y la salud de nuestro organismo. En este artículo vamos a relatar las excelentes propiedades de esta fruta, así como los beneficios que nos reporta.

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Condiciones óptimas de cultivo

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Introducción

El cultivo de la vida es muy importante a nivel mundial, representado por algunos países que tienen una larga tradición vitivinícola. La obtención de la uva supone una cierta diversidad en cuanto a productos se refiere, como su consumo en fresco, la amplia industria de las bebidas, etc. En nuestro país, la producción de uva va aumentando poco a poco durante los últimos años. Por esto, resulta de cierto interés conocer algunos aspectos que pueden afectar a su desarrollo y producción, especialmente los que son más favorables para mejorar su rendimiento.

Un poco de historia

La especie Vitis vinifera, de la cual derivaron la mayoría de las variedades conocidas, se cultivó por primera vez en el Cáucaso en el 6,000 a.C. El cultivo progresó hacia Egipto y Fenicia alrededor del 3,000 a.C. y en el 2,000 a.C. llegó a Grecia, para más tarde pasar a Italia, Sicilia y el norte de África. En España, Portugal y Francia se comenzó a cultivar en el 500 a.C. Finalmente, se extendió hacia el este y el norte de Europa, llegando incluso a las Islas Británicas.

Ya en nuestro entorno próximo, la viticultura se originó en California en 1769, cuando los monjes españoles instalaron sus misiones por toda la región. La variedad que cultivaron fue una uva de origen Europeo llamada “Mission”, de la cual sacaban el vino sacramental. La expansión de las uvas cultivadas para comer en fresco se produjo alrededor del 1800, cuando un gran número de colonizadores reconoció las grandes posibilidades que presentaban las tierras mexicanas para el cultivo de esta fruta. William Wolfskill plantó la primera cepa en los alrededores de lo que actualmente se conoce como “Los Ángeles”. Además, la primera variedad mediterránea conocida la cultivó William Thompson en Sacramento en el año 1860. Dicha variedad se conoce en la actualidad con el nombre de “Thompson” (Horticultura Internacional, 1998).

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Características

La vid es un arbusto caducifolio que pertenece a la familia Vitaceae, cuyo género tiene como nombre científico Vitis. Este género comprende más de 60 especies, de las cuales las más importantes son: Vitis berlandieri, V. rupestris, V. riparia, V. labrusca y V. vinifera. Las cuatro primeras se conocen como vides americanas y se usan en hibridaciones para producir patrones, mientras que Vitis vinifera es reconocida como la vid europea y agrupa a la mayoría de las variedades cultivadas (Pérez, 2000).

Es una planta leñosa que presenta el tronco retorcido y la corteza rugosa. Si se deja crecer libremente puede alcanzar gran longitud, pero mediante la poda anual queda reducida a un arbusto de escasa altura. Las plantas están constituidas por tallos trepadores mediante unos órganos especializados llamados zarcillos, los cuales se enroscan y sirven para sostenerla. En casi todas las variedades, los zarcillos se disponen en posición opuesta a las hojas, endureciéndose en cuanto encuentran soporte.

Las ramas jóvenes, denominadas sarmientos, son flexibles y muy engrosadas en los nudos, sobre los cuales se disponen de manera alterna las hojas, que resultan grandes, con el borde dentado, estípulas caducas, nerviación palmada y limbo suborbicular, entre otras características.

Las flores, generalmente son pequeñas, verdosas y hermafroditas, que se agrupan formando racimos unisexuales. Los sépalos están soldados e inconspicuos, a veces reducidos a un anillo. Los pétalos son verdosos, coalescentes en la parte superior y precozmente caducos. Los estambres son erectos al principio y después reflejos. El ovario tiene forma de ovoidea a globosa, con un solo estigma.

El fruto es una baya globosa recubierta de un polvo fino y blanco, con varias semillas piriformes ovoides con chalaza elíptica, dos surcos longitudinales separados por una cresta aguda, el ápice redondeado y el endospermo trilobulado. Se obtienen en vides de 2 años, que se cortan después de la recolección.

En la unión de la hoja y el sarmiento nacen las yemas. Una vez formadas, maduran dentro de su cubierta durante toda la temporada de crecimiento. Al final de la misma, cada yema albergará las estructuras que darán vida, en el siguiente ciclo, a los futuros sarmientos (o tallos jóvenes), con sus correspondientes hojas, flores y zarcillos.

La vid posee tres tipos de yemas:

  • Yema principal. Es la que brota más frecuentemente y se compone a su vez de tres yemas: primaria, secundaria y terciaria, siendo la más importante la primaria porque trae la producción de la temporada.
  • Yema pronta (o anticipada). Es una yema que puede brotar en la misma temporada que la yema principal, dando origen a un brote anticipado. Puede producir fruta, aunque ésta será de baja calidad. Por lo general, son ramas improductivas.
  • Yema latente. Brota sólo en condiciones extremas, como una fuerte fertilización nitrogenada o una poda excesiva, dando origen a un brote muy vigoroso en madera vieja (tronco, por ejemplo) llamado «chupón». Este brote es netamente vegetativo, por lo que no produce fruta y si lo hace es de mala calidad.

Exigencias del cultivo

La vid se cultiva hoy en día en las regiones templadas y cálidas de todo el mundo. Generalmente, en las zonas cuyas latitudes están comprendidas entre los 20 º y 50 º Norte – Sur del Ecuador, donde están bien definidas las cuatro estaciones del año (Pérez, 2000).

En estas regiones, el crecimiento y la floración están controlados por la temperatura. De este modo, los ciclos de desarrollo y producción ocurren durante la primavera, el verano y a comienzos del otoño, después el crecimiento se detiene en otoño e invierno, perdiendo las plantas el follaje y permaneciendo en estado de inactividad fisiológica (invernación). En el trópico, la planta permanece siempre verde y no pierde el follaje, lo que permite generar 2 – 3 cosechas al año, dependiendo de la variedad y la zona.

El principal factor climático que influye sobre la vid es la temperatura, la cual presenta sus valores óptimos entre 15 º y 25 º C. Puede soportar bajas temperaturas, incluso alguna helada, aunque eso dependerá de las características del cultivo, así como de las circunstancias del entorno.

Durante el periodo vegetativo, las plantas deben acumular una cantidad determinada de calor diario para madurar posteriormente sus racimos de forma adecuada. Esta acumulación de temperatura oscila entre 2,500 º y 4,000 º C, dependiendo de la cepa.

En cuanto a su preferencia por los suelos, las principales propiedades de los mismos son:

  • Textura franco – arenosa.
  • Suficiente contenido en materia orgánica.
  • Buena capacidad de drenaje.
  • Ligeramente ácidos, con pH comprendidos entre 5.5 y 7.0.

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Manejo agronómico

Es evidente que las decisiones y acciones que se llevan a cabo en cualquier cultivo tienen unos resultados concretos a la hora de la cosecha, tanto en el buen como en el mal sentido. Los viñedos no son una excepción, por lo que las técnicas aplicadas repercutirán finalmente en su rendimiento. Por ello, vamos a tratar tres aspectos que resultan fundamentales en el cultivo de la vid: Influencia de los portainjertos, uso de fitorreguladores y labores de poda.

– Influencia de los portainjertos

La principal influencia de éstos radica en el vigor del crecimiento, así como en la capacidad de absorción de agua y nutrientes, por lo que la calidad de la unión patrón – injerto resulta fundamental. En suelos pobres y faltos de humedad, los patrones vigorosos que poseen una mayor capacidad de penetración de las raíces en el suelo, permitirían una mejor absorción, favoreciendo así el vigor de las plantas. Por el contrario, en suelos fértiles los patrones muy vigorosos podrían causar efectos contraproducentes al cultivo como, por ejemplo, una disminución de la productividad con fruta de mala calidad.

En lo que respecta a la influencia de los portainjertos sobre la producción y la calidad de la fruta, algunas experiencias señalan que existen diferencias notorias en aspectos como el contenido de azúcar, el pH y el peso de las bayas, comparando uvas procedentes de vides injertadas con plantas sin injertar. Un aspecto importante de la calidad de la uva de mesa es su peso, el cual puede aumentar en plantas injertadas. También el portainjerto, dependiendo de su vigor, podría modificar en algún sentido el pH del jugo de la uva (González et al., 1999).

Por tanto, es importante elegir adecuadamente un patrón, teniendo en cuenta características como su vigor, la fertilidad del suelo, la disponibilidad de agua o las condiciones climáticas, entre otras.

– Uso de fitorreguladores

En la viña no se dispone de tanta experiencia como en otros cultivos respecto a la utilización de fitorreguladores, entendiendo como tales aquellas sustancias orgánicas capaces de promover, inhibir o modificar uno o varios procesos fisiológicos vegetales. Los principales son: auxinas, giberelinas, citoquininas, inhibidores, etileno y generadores del mismo.

Las auxinas se sintetizan principalmente en las zonas subapicales de los brotes en crecimiento activo, en hojas jóvenes y en embriones en desarrollo, interviniendo en numerosos procesos del crecimiento de la vid (dominancia apical, cuajado de los frutos, etc.).

Las giberelinas son producidas generalmente en hojas y bayas jóvenes, así como en los ápices de las raíces. Su aplicación es una técnica habitual en el cultivo de variedades sin semillas para conseguir un mayor crecimiento de las bayas, mientras que en las variedades con semillas los resultados dependen del momento de aplicación: antes de la floración favorece el alargamiento y el desarrollo del racimo, en plena floración produce un aclareo del racimo por eliminación de algunas flores, y después del cuajado favorece el engrosamiento de los granos.

Las citoquininas se sintetizan principalmente en las raíces, al estimular a nivel celular la síntesis proteica. De este modo, intervienen en muchos procesos como: regular el crecimiento de los racimos y el cuajado, estimular el crecimiento del óvulo o favorecer la transformación de flores masculinas en hermafroditas, entre otros.

El principal inhibidor del crecimiento es el ácido abscísico (ABA), que desempeña un papel importante en el reposo de las yemas y las semillas. Éste inhibe el crecimiento de los brotes y, a veces, estimula la abscisión y la senescencia, tanto de hojas como de frutos. El lugar mayoritario de síntesis del ABA son las hojas maduras, pero también se puede realizar en otros tejidos como tallos o raíces.

– Labores de poda

La poda no debe ser una operación rutinaria, sino buscando la manera de dar la estructura más conveniente a la cepa, denominada poda de formación (en los primeros años de vida de la planta). Además, existe otro tipo conocida como poda de producción o conservación, mediante la cual se consigue vigorizar la planta, regular la producción o incluso aumentarla.

En este sentido, las cepas más vigorosas no tienen porqué dar el mejor fruto, ni tampoco las más débiles y enfermizas. El mejor fruto será producido por cepas perfectamente sanas, con un desarrollo equilibrado. Por tanto, se trata de procurar formar cepas de esta condición, sin importar cortar más a las muy vigorosas y reforzar a aquellas que han sufrido daños o están débiles por alguna circunstancia.

Algunas recomendaciones básicas sobre cómo realizar una poda adecuada son:

  • Escoger las yemas cuyos sarmientos lleven la conveniente dirección, ya que está comprobado que cuando la savia circula a velocidad normal, el fruto es de mejor calidad. En los sarmientos verticales ésta circula más rápido y en los horizontales o rastreros, más despacio.
  • Tener en cuenta el número de yemas que se van a dejar sin cortar porque si se mantienen muchas, los frutos serán más pequeños. Se debe dejar un número proporcional al vigor y para que penetre bien el aire y el sol en el cultivo.

Existen diversas formas de poda, cuyo tipo ideal dependerá de las variedades existentes, así como del clima y del suelo predominantes en cada zona. Según Echeverría et al. (1979), el sistema de poda más recomendable es el tradicional que induce a la planta a producir de manera más generosa. Debe hacerse en la época fría, a partir de la quincena siguiente a la caída natural de las hojas, considerando que cuanto más temprana sea la poda, más temprana será también la brotación posterior. Podar tardíamente conlleva una serie de inconvenientes. Haba (1999) afirma que influye en aspectos como la disminución del ciclo vegetativo, una reducción de la calidad de la uva para vinificación o menor maduración. No obstante, algunos viticultores la emplean como técnica para retrasar la brotación cuando existe riesgo de heladas.

Así pues, si se eligen los recursos disponibles y se emplean las labores de cultivo de manera acertada, la producción de los viñedos puede resultar satisfactoria, con los correspondientes beneficios que eso conlleva. Para esto, es siempre recomendable que los agricultores se asesoren correctamente con el objetivo de conseguir un mejor resultado en sus cultivos vitícolas.

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Consumo y comercio de uva

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Introducción

Una buena parte de la uva producida en nuestro país corresponde a uva fresca. De este volumen nacional, una proporción considerable es destinada a la exportación, mayoritariamente a Estados Unidos. El mercado internacional está demandando una mayor cantidad de esta fruta en los últimos años. México puede entrar a formar parte del grupo de los principales exportadores de uva de mesa del mundo si se aplican mejoras e inversiones en este sector.

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Consumo de uva en México

De la producción nacional de uva, aproximadamente el 63 % se destina a producto en fresco, el 24.5 % tiene un uso industrial y el 12.5 % se consume como uva pasa o seca.

En lo que respecta al consumo de la población de estas tres modalidades de uva, junto al consumo de vino, el valor medio anual se encuentra en torno a:

  • Uva de mesa: 1.8 kg / persona.
  • Uva industrial: 0.5 kg / persona.
  • Uva pasa: 0.2 kg / persona.
  • Vino: 0.75 l / persona.

Actualmente, se satisface el 100 % de la demanda nacional con la producción interna, incluso se realizan importaciones, principalmente de países como Chile, Estados Unidos y Perú. En 2017, dichas importaciones (tabla 1) obtuvieron las siguientes cifras:

Tabla 1

Tipo de uva

Volumen (toneladas)

Valor (millones dólares)

Uva de mesa

78,991

133.0

Uva seca

10,717

15.8

Tabla 1. Importaciones de uva en 2017. Datos de SIAP – SAGARPA, 2018

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Los valores referentes a uva industrial son muy bajos, según esta fuente. Posiblemente, debido a que las necesidades vitivinícolas son cubiertas mayoritariamente con uva nacional.

En cuanto al valor económico generado por la producción nacional, en 2017 ascendió a 6,467 millones de pesos de uva de mesa, 616 millones de uva industrial y 197 millones de uva pasa. Por tanto, existe una mayor demanda y consumo, incluso mayor nivel de importaciones, de la uva de mesa con respecto al resto.

Por otra parte, las variedades destinadas a uva fresca* que más se cultivan en el país son: Flame seedless, Sugarone, Red globe y Perlette, mientras que los tipos principales de uva seca son morena y rubia. También, es necesario conocer que el 50 % de las variedades cultivadas en México (unas 40) se dedican a la industria, fundamentalmente a la elaboración de vino, donde las más importantes son:

  • Variedades de uva tinta*: Cabernet Sauvignon (22 %), Salvador (16 %), Carignan (15 %), Merlot (8 %), Tempranillo (5 %), Syrah (5 %), otras (29 %).
  • Variedades de uva blanca*: Chenin Blanc (19 %), Chardonnay (18 %), Early Divine (17 %), Saint Emilion (17 %), Sauvignon Blanc (12 %), Moscatel (3 %), otras (14 %).

Es importante resaltar que el consumo de vino mexicano ha aumentado un 20 % en la última década, lo que hace pensar que esta tendencia creciente podría seguir en el futuro.

* Las variedades citadas han sido referenciadas del Atlas Agroalimentario 2018.

Comercio en el mercado internacional

De las casi 340 mil toneladas de uva fresca producidas en nuestro país en 2017, el 57.6 % se destinó a la exportación (195,889 toneladas). Este volumen supuso un montante económico de 246 millones de dólares. Por el contrario, las cifras de exportación correspondientes a los demás tipos de uva ofrecieron unos valores muy inferiores. Por esto, nos vamos a centrar en el comercio internacional de la uva de mesa.

Las importaciones de uva fresca a nivel mundial han aumentado más de un 33 % durante los últimos 10 años. En este sentido, los principales países importadores de uva se exponen en el gráfico 1.

Gráfico 1. Principales países importadores de uva en 2016 (miles de toneladas).

Elaboración propia con datos de SAGARPA, 2017.

Como se puede observar, el mayor importador de uva de mesa en el mundo es Estados Unidos, que supone el principal destino de la uva mexicana. Algunos países europeos como Alemania, Países Bajos y Reino Unido están bien situados en este ámbito, después del país norteamericano. Otros destinos de nuestra uva, a parte de Estados Unidos, son Guatemala, Costa Rica o El Salvador, entre otros. Según SAGARPA, en 2017 la uva producida en el país se enviaba a 13 destinos distintos.

No obstante, no debemos olvidar que nuestro país no es uno de los principales productores de esta fruta en el orbe, por lo que nuestro margen de mejora es amplio. Por tanto, este sector puede buscar, por una parte, aumentos de rendimiento basados en las mejoras agronómicas y tecnológicas y, por otra, consolidar y ampliar las vías comerciales en el mercado internacional.

A este respecto, los principales países exportadores de uva de mesa son representados en el gráfico 2.

Gráfico 2. Principales países exportadores de uva en 2016 (miles de toneladas).

Elaboración propia con datos de SAGARPA, 2017.

Si tenemos en cuenta los volúmenes de exportación mostrados, algunos de estos países, como India u Hong Kong, estarían muy cercanos de las cifras de exportación de la uva mexicana, por lo que podrían considerarse como competencia directa de nuestro país. Por lo tanto, resulta de vital importancia trabajar de manera adecuada con el objetivo de conseguir una mejora, tanto productiva como comercial, siendo posible así escalar en el ranking mundial de esta fruta.

Finalmente, vamos a citar algunas estrategias de mercado, orientadas a ampliar las relaciones comerciales internacionales, mejorando de esta manera el volumen de uva exportado, así como las operaciones de negocio. Para ello es preciso, como se ha comentado anteriormente, obtener y desarrollar un producto competitivo, en el que la calidad, sanidad e inocuidad sean sus propiedades fundamentales. En este sentido, algunas de estas estrategias (propuestas por la SAGARPA) son:

Consolidar los mercados ya existentes

como pueden ser Estados Unidos y Canadá, en los que se sugiere fortalecer el comercio libre de aranceles, ofreciendo para ello un producto de alta calidad y desarrollando esquemas de protección de la propiedad intelectual que permitan diferenciar los mercados y acceder a los segmentos de mayor precio.

Expandirse en los mercados con menor presencia

Se distinguen dos grupos:

  • Estados miembros de la Unión Europea, donde se sugiere una reducción arancelaria que permita la incursión competitiva de uva, así como proponer disciplinas de cooperación regulatoria en materia de medidas sanitarias y fitosanitarias y, en su caso, de obstáculos técnicos al comercio.
  • Centroamérica (Guatemala, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Nicaragua) y Panamá, basándose en el arancel 0 %, se recomienda fortalecer las relaciones con los actuales importadores a través del Tratado de Libre Comercio Único con Centroamérica, así como con Panamá mediante un tratado bilateral.

Desarrollar nuevas vías

Una de ellas sería con países como Brasil, a través del Tratado de Libre Comercio. Otra vía, con países de la Alianza del Pacífico como Japón, Australia, Nueva Zelanda, Malasia y Corea. Todos los casos posibles estarían basados en pactos o convenios que incluyan peticiones de reducciones arancelarias, buscando con ello una mejora significativa en los términos de negociación.

De este modo, si se aumenta la cantidad y calidad de nuestra uva, así como se mejoran las relaciones comerciales, a través de tratados, convenios o negociaciones con distintos países que resulten beneficiosas para México, consolidando las relaciones ya existentes y ampliando nuevos mercados, el sector de la uva podría experimentar un crecimiento considerable.

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Producción de Uva en México

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Slide PRODUCCIÓN
DE UVA
EN MEXICO

La uva es un excelente alimento vegetal, con muchas utilidades de consumo. Así, se puede consumir en fresco (uva de mesa), aportando innumerables propiedades beneficiosas para la salud. También, tiene un uso industrial, destinada a elaborar diversas bebidas como jugos, mosto o vino, entre otros productos. Igualmente, este fruto se puede consumir como uva pasa, donde sufre un proceso de secado y deshidratación, teniendo a su vez muchos usos culinarios (ensaladas, platos cocinados, etc.). En este artículo vamos a abordar los aspectos concernientes a la producción nacional en los tres ámbitos principales: uva de mesa, uva industrial y uva pasa.

Uva de Mesa

México ocupaba en el año 2017 la posición 29 en el ranking mundial de productores de uva fresca, con un volumen de 340 mil toneladas. Durante los últimos años, la producción nacional ha ofrecido una cierta oscilación, con aumentos y descensos de un año con respecto a otro, como se puede observar en el gráfico 1.

En 2017 se produjo un incremento significativo con respecto al año anterior, concretamente 84 mil toneladas más (32.8 %). Esto se debió al aumento de la superficie de cultivo que, según cifras oficiales se situó en 20 mil hectáreas en ese año, aumentando un 12.7 % con respecto a 2016.

Otro aspecto a destacar es el aumento de la productividad anual, que actualmente ronda las 16.5 toneladas / hectárea, como consecuencia del mayor nivel tecnológico. Hay que tener presente que más del 90 % de la superficie se encuentra mecanizada, a lo que hay que sumar que prácticamente la totalidad de dicha superficie está bajo la modalidad de riego.

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Evolución de la producción nacional (miles de toneladas)

Gráfico 1. Evolución de la producción nacional (miles de toneladas) de uva para consumo en fresco entre 2010 y 2017. Elaboración propia con datos de SIAP – SAGARPA, 2018.

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Distribución Mensual de Producción

  • Mayo
  • Junio
  • Julio
  • Agosto
  • Septiembre
  • Octubre

Gráfico 2. Distribución mensual de la producción nacional de uva fresca (% respecto al total). Elaboración propia con datos de SIAP – SAGARPA, 2018.

Con todo esto, las previsiones de cara al futuro son optimistas, ya que se estima un crecimiento en la producción nacional para los próximos años. Así, SAGARPA hace una estimación en torno a 415 mil toneladas para 2024 y 450 mil para 2030, con un crecimiento medio anual superior al 1.8 %.

Por otra parte, la producción a lo largo del año se concentra entre los meses de mayo y julio, siendo junio el mes que ofrece el mayor valor, concretamente un 64.2 % de la producción total anual. En el gráfico 2 se muestra la distribución productiva (en %) de cada mes.

En cuanto a las zonas productoras del país, Sonora es, sin duda, el Estado que más rendimiento ofrece, con más del 91 % de la producción nacional de uva fresca. Así, en 2017 esta Entidad generó casi 311 mil toneladas, una cifra muy superior al segundo productor, Zacatecas, con algo más de 15 mil. Después aparecen Aguascalientes y Baja California, con casi 6 mil toneladas cada una. Estos cuatro Estados aumentaron su volumen generado con respecto a años anteriores, sumando entre ellos más del 99 % de la producción total de uva de mesa, es decir, prácticamente toda la uva fresca del país.

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Uva Industrial

En lo que respecta a la producción de uva para uso industrial, las cifras son inferiores al caso anterior, tal y como muestra el gráfico 3 sobre su evolución durante los últimos años.

Al contrario de lo ocurrido en el caso de la uva de mesa, el año 2017 supuso un descenso con respecto al año anterior, casi un 20 % menos. Paralelamente a este descenso de producción se ha originado una reducción de la superficie cosechada, ya que dicha superficie pasó de 8 mil hectáreas en 2012 a 7 mil en 2017. Su productividad media es aproximadamente de 9 toneladas / hectárea.

La distribución del volumen anual generado a nivel nacional de la uva industrial se concentra en otros meses diferentes a los que se produce en la uva de mesa. Dicho periodo, tal y como muestra el gráfico 4, ocurre entre julio y octubre.

El mes en el que se produce el mayor volumen de uva para el sector industrial es septiembre, con un 41.4 % de la producción total anual.

Los principales Estados productores del país son: Baja California (17,924 toneladas), Zacatecas (17,616 tn), Sonora (12,516 tn), Aguascalientes (8,516 tn) y Coahuila (4,025 tn). Esta última Entidad es la única que aumentó considerablemente su producción (82 % respecto a 2012).

El resto de Estados, excepto Zacatecas que también creció, aunque poco, redujeron dicho nivel de producción en 2017 en relación a años anteriores. Esta tendencia ocurrida en los últimos años nos puede dar una información determinante a la hora de interpretar el comportamiento en el ámbito productivo de la uva para uso industrial, sobre todo, si tenemos en cuenta que supone el principal insumo para el sector vitivinícola, el cual representaba en 2016 el 23 % de la producción total de uva.

Distribución Mensual de Producción

  • Producción Nacional
  • Industrial
  • Uva Pasa

Gráfico 4. Distribución mensual de la producción nacional de uva industrial (% respecto al total).  Elaboración propia con datos de SIAP – SAGARPA, 2018.

Uva Pasa

Como se puede observar en el gráfico histórico, a excepción de 2010, el resto de años fueron más productivos que 2017. Del mismo modo, la superficie cosechada en ese año fue de 3 mil hectáreas, mil menos que en 2012. Con estas cifras se puede situar la productividad de este tipo de uva en algo más de 3.5 toneladas / hectárea.

De las 11,304 toneladas producidas a nivel nacional, prácticamente la totalidad se concentra en el Estado de Sonora, con un volumen de 10,913. La producción restante corresponde a Baja California.

Existen dos tipos de uva pasa o seca elaborada en el país:

  • Se provoca la deshidratación del fruto exponiéndolo al sol.
  • El secado se realiza mediante túneles de aire caliente.

El mes donde se concentra la producción nacional a lo largo del año es julio. En 2017, el volumen en dicho mes superó el 80 % de la producción total (gráfico 6).

Por tanto, y a modo de síntesis, podemos reflejar que la tendencia productiva de la uva de mesa se mantiene creciente, incluso con expectativas positivas de cara al futuro, mientras la uva industrial y la uva pasa presentan descensos en su producción en los últimos años, aunque sus principales mercados, especialmente el de vino, tienen cierta repercusión mundial, lo que puede ofrecer algunas oportunidades a la uva mexicana.

El cultivo de uva pasa, igual que ocurre en el caso de la uva industrial, está sufriendo un retroceso en los últimos años. En 2017 mostró un volumen de 11 mil toneladas, cifra relativamente inferior en relación a años anteriores, tal y como muestra el gráfico 5.

Evolución de la producción nacional de uva pasa

2010 10000Toneladas
2011 12000Toneladas
2012 13000Toneladas
2013 12000Toneladas
2014 13000Toneladas
2015 14000Toneladas
2016 14000Toneladas
2017 11000Toneladas

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La huella de los plaguicidas en México

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A partir del modelo de agricultura industrial impulsado en el país, en las últimas décadas, el uso de plaguicidas (insecticidas, fungicidas y herbicidas) y fertilizantes
sintéticos ha aumentado de forma preocupante. Por un lado, la promoción de este modelo ha fomentado el control corporativo de todo el sistema alimentario, comenzando por la concentración del mercado de los insumos (semillas y agrotóxicos) por unas cuantas empresas; y por el otro ha conducido casi al exterminio de prácticas milenarias de producción de alimentos sanos para las personas y el medio ambiente.

Plaguicidas en agua

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Estudios revelan residuos cancerígenos en algunas lagunas y ríos de México

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Los pescadores de la laguna de Navachiste, en Sinaloa, encuentran de vez en cuando centenas de peces muertos en el agua. La causa está en la tierra: toneladas de plaguicidas esparcidos en los cultivos de la región han llegado hasta los cuerpos de agua y en algunos casos han sido arrastrados hasta los océanos.

Un estudio de Greenpeace, la Universidad Autónoma de Campeche y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) revela que en los ríos, lagos y mares de México existen residuos de al menos 30 sustancias químicas que se utilizan en el campo como plaguicidas, algunas de ellas señaladas como peligrosas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los investigadores tomaron muestras de agua en Sinaloa, Yucatán y el Golfo de California para determinar cuáles eran los plaguicidas que habían sido arrastrados hasta las aguas de estas regiones. En todas las muestras había sustancias químicas, revela el informe.

“El impacto de los plaguicidas va más allá de la calidad de la tierra, afecta también al agua y a las especies que viven allí”, apunta Sandra Laso, responsable del programa de agricultura y alimentación de Greenpeace. En algunos casos, estos químicos fueron hallados a 10 metros de profundidad en el mar.

“Esas sustancias ni siquiera deberían estar allí”, añade Laso.

Entre los plaguicidas encontrados en el estudio está el glifosato, un herbicida muy popular en México que se utiliza principalmente en cultivos de sorgo, aguacate, limón, mandarina y toronja. La OMS ha clasificado a esta sustancia como “posible cancerígena” y países como Francia, Holanda, Dinamarca y Bélgica han prohibido su uso.

El estudio apunta a que los agricultores usan este componente indiscriminadamente en los cultivos y con poco conocimiento sobre las dosis permitidas para hacerlo. En el estado de Campeche, explica el informe, hace 30 años el glifosato no figuraba entre los plaguicidas más utilizados en el campo y ahora se encuentra en la mayoría de los cultivos.

Además del glifosato, los investigadores hallaron en sus muestras el químico endrín, prohibido en México, que ha servido para mitigar las plagas en los sembradíos de algodón. Esta sustancia afecta al sistema nervioso cuando hay contacto humano. El estudio además de desmenuzar la penetración de los químicos en los mares, ríos y lagos del país, también apunta a que la producción agrícola de México está contaminada.

“Estos alimentos con sustancias peligrosas están llegando a nuestras mesas y nosotros no tenemos idea sobre el impacto que están teniendo en nuestra salud”, explica Laso, de Greenpeace.

La ONG ha pedido al Gobierno mexicano que ajuste la regulación del uso de plaguicidas en el campo. Además, señala que el catálogo de plagucidas de la Secretaría de Salud no ha sido actualizado en una década y que las políticas públicas entorno a la agricultura en México no incentivan a los productores a utilizar métodos menos contaminantes para combatir las plagas.

“Nosotros estamos mostrando la punta del iceberg pero la realidad es que se necesita hacer una evaluación mucho más profunda”, reconoce Laso.

Noticias

El fracaso de los cultivos transgénicos

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A 20 años de los primeros alimentos transgénicos Greenpeace denuncia el fracaso que significaron para el mundo, ya que no ha cumplido una de sus principales promesas que era «acabar con el hambre».

“Veinte años de fracaso. Por qué no han cumplido sus promesas lo cultivos transgénicos” es el informe que Greenpeace ha hecho público este jueves. En él analizan y desmontan mitos en torno a ese tipo de cultivos y lo que han supuesto para la sociedad en términos medioambientales, sociales y de salud.

Luís Ferreirim responsable de la campaña de Agricultura de Greenpeace España asegura que “Dos décadas después, las promesas en torno a los cultivos transgénicos siguen creciendo pero no su popularidad. Pese al marketing agresivo de la industria de los transgénicos solo ocupan el 3% de la superficie agraria mundial y solo cinco países concentran el 90% de la producción, lo que demuestra su fracaso”.

Y agrega que “Los cultivos transgénicos han demostrado que no son necesarios y no han ofrecido soluciones para acabar con el hambre en el mundo” .

¿Cuáles son los principales problemas de los cultivos transgénicos?

El informe de la ONG ecologista expone algunos de los principales problemas que traen consigo este tipo de cultivos que prometían acabar con el hambre en el mundo y no lo han hecho.

Fomentan el uso de plaguicidas:

Prácticamente todos los cultivos transgénicos comerciales están desarrollados para producir su propio insecticida o para tolerar las fumigaciones con herbicidas. Sin embargo, paralelamente lo que están provocando es que las plagas y la vegetación espontánea desarrolle resistencia a estos productos químicos, lo que da origen a superplagas y “super-malas hierbas”. Esto provoca que los agricultores se vean obligados a incrementar el uso de plaguicidas.

No alimentan al mundo:

Los estudios prueban que los cultivos transgénicos no incrementan los rendimientos, algo demostrado también en España por organismos oficiales, como el propio Gobierno de Aragón, y pueden afectar la forma de vida de los pequeños agricultores, lo que representa una amenaza para la seguridad alimentaria. Además, la inmensa mayoría de los cultivos transgénicos alimentarios se destina a la producción de piensos para animales que se consumen en los países enriquecidos.

No existe consenso científico sobre la seguridad de los cultivos transgénicos:

A pesar de los intentos de la industria de los transgénicos para tranquilizar a los consumidores sobre la seguridad de los cultivos transgénicos, cientos de científicos independientes cuestionan estas afirmaciones. La ingeniería genética sigue siendo una tecnología que plantea riesgos para la salud y puede desencadenar efectos no deseados e irreversibles en el medio ambiente.

El rechazo a los cultivos transgénicos crece y la superficie ocupada por ellos disminuye

La Unión Europea es un claro ejemplo de ello, donde el único cultivo transgénico autorizado, el maíz MON810 (de la multinacional Monsanto y cuya autorización está en proceso de renovación tras caducar en 2008) ha sido prohibido en 19 países y en 2015 solo se cultivó en cinco. España tiene el dudoso honor de ser el único país europeo que lo cultiva a una escala importante (unas 100.000 hectáreas según las estimaciones del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente), aunque esta superficie va en descenso y entre 2014 y 2015 en España se redujo un 18% y un 1% a nivel mundial, según datos de la industria.

Agricultura ecológica:

Las prácticas modernas de agricultura ecológica se presentan como la solución probada y sostenible para enfrentar los desafíos que enfrenta la agricultura y la humanidad.

Además de evitar la erosión del suelo y la degradación, aumentan la fertilidad del suelo, conservan la calidad del agua y protegen la biodiversidad. La biodiversidad es sin duda el mejor seguro frente a los desafíos presentes y futuros.

Ferreirim concluye que “La coexistencia entre cultivos transgénicos y convencionales y ecológicos no es posible. La demanda de productos ecológicos no para de aumentar, por ello España, exponente máximo de la agricultura ecológica en la UE, debe seguir apostando por un modelo de agricultura respetuoso con el medio ambiente y la salud de las personas donde los cultivos transgénicos no tienen lugar”.

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El mundo de los transgénicos

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Los cultivos transgénicos están muy concentrados en apenas 6 países, en unos pocos cultivos y en unas pocas características. Aunque hay muchas plantas transgénicas, sólo unas pocas se cultivan. La soja transgénica, con 41.4 millones de hectáreas en 2003, representó el 61% del área transgénica mundial; el maíz, con 15.5 millones de hectáreas, el 23%. El resto corresponde al algodón, con 7.2 millones de hectáreas y el 11% del total mundial, y a la colza, con 3.6 millones de hectáreas y el 5% del total mundial.

En el año 2003 el 55% de los 76 millones de hectáreas de soja cultivadas en el mundo correspondió a la soja transgénica, el 21% de los 34 millones de hectáreas cultivadas de algodón, el 16% de la colza de los 22 millones de hectáreas cultivadas en el mundo, y el 11% de los 140 millones de hectáreas de maíz cultivadas en el mundo correspondió al maíz transgénico. Si se suman los cuatro cultivos citados, el 25% de los 272 millones de hectáreas correspondió a los cultivos transgénicos.

QUIÉN

Monsanto tiene el 80% del mercado de las plantas transgénicas, seguida por Aventis con el 7%, Syngenta (antes Novartis) con el 5%, BASF con el 5% y DuPont con el 3%. Estas empresas también producen el 60% de los plaguicidas y el 23% de las semillas comerciales.

CÓMO

La práctica totalidad de los cultivos transgénicos han sido manipulados para reemplazar a sustancias químicas de amplio uso, sobre todo insecticidas (Bacillus thuringiensis) y herbicidas (glifosato o glufosinato, fabricados también por las mismas empresas que venden las semillas). La mayoría de las plantas transgénicas incorporan un gen de resistencia a los antibióticos (gen marcador). Cerca del 18% por ciento de los cultivos transgénicos mundiales son variedades Bt (Bacillus thuringiensis), sobre todo de maíz (9,1 millones de hectáreas, 13% del total mundial en 2003), manipuladas para producir una toxina contra los insectos (12.2 millones de hectáreas en total), y el 73% son cultivos transgénicos de soja (41.4 millones de hectáreas, 61%), maíz, colza y algodón diseñados para resistir a herbicidas como el glifosato o el glufosinato (67.7 millones de hectáreas). El resto llevan ambas características, Bt y resistencia al glifosato.

DÓNDE

Estados Unidos (63%), Argentina (21%), Canadá (6%), China (4%), Brasil (4%) y Sudáfrica (1%) representan el 99% de la superficie plantada con transgénicos en 2003, aunque en el resto del mundo, afortunadamente, no pasan de ocupar un lugar marginal. No obstante, ha aumentado el número de países con cultivos transgénicos, 6 en 1996, 9 en 1998, 13 en 2001, y 18 en 2003. Los transgénicos se cultivan en 7 países industrializados (Estados Unidos, Canadá, Australia, España, Alemania, Rumania y Bulgaria) y en 11 países en desarrollo (Argentina, China, Sudáfrica, México, Indonesia, Brasil, India, Uruguay, Colombia, Honduras y Filipinas).

El ISAAA prevé que en los próximos cinco años 10 millones de agricultores de 25 países sembrarán 100 millones de hectáreas de cultivos transgénicos, y el valor del mercado mundial de transgénicos pasará de los actuales 4,500 millones de dólares de este año a 5,000 millones en el año 2005.

Estados Unidos sembró 42.8 millones de hectáreas con cultivos transgénicos, un 10% más que en 2002, representando el 63% del total mundial (básicamente maíz Bt y soja tolerante a herbicidas). Argentina plantó 13.9 millones de hectáreas, un 3% más que en 2002 y un 21% del total mundial (maíz Bt, y casi el 100% de la superficie de soja). Canadá cultivó 4.4 millones de hectáreas, el 6% del total mundial y un 26% más que en 2002 (colza, maíz Bt y soja tolerante a herbicidas).

Brasil, que en 2003 sembró soja transgénica legalmente por primera vez (ya se importaban semillas de soja transgénica de contrabando, procedentes de Argentina), a pesar de las promesas electorales del presidente Lula y de la oposición de buena parte del PT, plantó 3 millones de hectáreas, un 4% del total mundial (en su totalidad soja resistente al herbicida glifosato, que vende Monsanto, al igual que las semillas transgénicas).

China plantó 2.8 millones de hectáreas de algodón transgénico (58% del cultivo nacional de algodón), con un aumento del 33% respecto a 2002 y el 4% del total mundial.

Sudáfrica sembró 400.000 hectáreas, un 33% más que en 2002 y un 1% del total mundial (maíz Bt, algodón y soja). En Australia disminuyó la superficie cultivada, que fue de sólo 100,000 hectáreas de algodón transgénico. India plantó algodón Bt por segundo año, llegando a 100,000 hectáreas en 2003. Uruguay plantó 60,000 hectáreas de soja y maíz Bt, y Rumania sembró 70,000 hectáreas de soja transgénica.

España siguió siendo el único país de la Unión Europea que sembró una superficie importante con cultivos transgénicos, 32,000 hectáreas de maíz Bt, con un aumento del 33% respecto a 2002, aunque deberá dejar de cultivarlo, por la utilización de antibióticos, que inducen a resistencias, tras la resolución del Parlamento Europeo. En el resto de Europa, Alemania sembró una pequeña superficie con maíz Bt, y Bulgaria siguió cultivando unos pocos miles de hectáreas de maíz tolerante a herbicidas.

Filipinas sembró por primera vez cultivos transgénicos en 2003, unas 20,000 hectáreas de maíz Bt. En Indonesia los agricultores sembraron una pequeña superficie con algodón Bt en Sulawesi. Colombia aumentó las plantaciones de maíz Bt hasta unas 5,000 hectáreas, y Honduras plantó 2,000 hectáreas de maíz Bt en 2003 (500 hectáreas en 2002). México cultivó 25,000 hectáreas de maíz Bt y 10,000 hectáreas de soja tolerante al herbicida glifosato.

CUÁNDO

La progresión ha sido espectacular, desde el primer cultivo transgénico de tabaco en 1992 en China, y las primeras plantaciones comerciales en Estados Unidos en 1994. En 1995 se cultivaron apenas 200,000 hectáreas, en 1996 se pasó a 1,7 millones de hectáreas, en 1997 a 11 millones, en 1998 se cultivaron 27.8 millones, en 1999 se plantaron 39.9 millones, 43 millones en 2000, 52.6 millones en 2001, 58.7 millones en 2002 y en el año 2003 se alcanzaron los 67.7 millones de hectáreas, con un crecimiento mundial del 15% (11% en los países industrializados respecto a 2002 y un 28% de aumento en los países en desarrollo).

CUÁNTO

En 1983 se creó la primera planta transgénica, y en 20 años los cultivos transgénicos, impulsados por unas pocas multinacionales, pasaron de la nada a más de 67.7 millones de hectáreas en el año 2003, sin que aún se conozcan sus consecuencias sobre la salud y el medio ambiente, y en contradicción con el más elemental principio de precaución. Según el Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas (ISAAA), el área mundial de cultivos transgénicos se multiplicó por 40 desde 1996.

PORQUÉ

Las plantas transgénicas son mayoritariamente resistentes a los herbicidas, y se venden formando parte de un «paquete de tecnología» que incluye la semilla transgénica y el herbicida al que es resistente. Los dos productos principales son actualmente el «Roundup Ready» de Monsanto que tolera su herbicida «Roundup» (glifosato), y el «Liberty Link» de AgrEvo que tolera su herbicida «Liberty» (glufosinato).

Puede parecer contradictorio y demagógico, pero un objetivo declarado de tales plantas transgénicas es reducir el uso de herbicidas. Al diseñar cultivos tolerantes a niveles muy altos de exposición a un herbicida (que es un producto químico tóxico para la mayoría de las plantas), las empresas ofrecen a los agricultores la opción de usar potentes aplicaciones de herbicidas en la estación de crecimiento, en lugar de la práctica normal que requiere una serie de aplicaciones de varios compuestos diferentes. A pesar de lo que pregonan las empresas fabricantes, en la práctica aumenta la cantidad de herbicidas aplicados, al no afectar a las plantas cultivadas, pero su simplicidad facilita el trabajo de muchos agricultores.

Otro beneficio potencial pregonado por Monsanto es que pueden permitir «el mínimo laboreo», las técnicas de cultivo que reducen la necesidad de arar o incluso lo eliminan completamente. Una de las razones para arar es eliminar las malas hierbas, pero al dejar la tierra desnuda, el arado agrava la erosión del suelo fértil.

Las plantas transgénicas resistentes a los herbicidas, al igual que los cultivos Bt, son una extensión del modelo actual basado en los plaguicidas. Pueden permitir una reducción del uso de los herbicidas a corto plazo, pero su adopción generalizada promoverá la dependencia de los herbicidas. En muchas partes del mundo en desarrollo, donde hoy apenas se usan herbicidas, el hábito de su uso podría agravar la crisis ambiental: los herbicidas son tóxicos para muchos organismos del suelo, contaminan las aguas subterráneas y pueden tener efectos a largo plazo en las personas y en la fauna. Y, por supuesto, la resistencia aparecerá, pues se favorece la dependencia de unos pocos herbicidas de amplio espectro (glifosato y glufosinato), por lo que la resistencia se desarrollará más rápidamente, y la agricultura será más vulnerable. En EE.UU. el uso generalizado de Roundup (glifosato) en la soja Roundup Ready ha promovido varias especies de malas hierbas resistentes a ese herbicida.

El Bacillus thuringiensis (Bt) transgénico reemplaza a un insecticida, que antes se rociaba sobre las plantas, por otro dentro de la misma planta. La resistencia de las plagas al Bt podría aparecer en pocos años, afectando no sólo a los cultivos transgénicos, dado que el Bt también se usa en los cultivos convencionales. Los agricultores verán cómo uno de los plaguicidas más benigno ambientalmente dejará de ser útil.

Los cultivos Bt son un retroceso a los peores días del empleo masivo de plaguicidas químicos, cuando se animaba a que los agricultores rociaran sus campos con plaguicidas cuya toxicidad no tardó en aparecer. El Bt está programado para atacar a la plaga durante todo el periodo de crecimiento de la planta, aumentando la probabilidad de resistencia, al aumentar al máximo la exposición.

En 1997, un año después de su primera plantación comercial en Canadá, un agricultor informó, y las pruebas de ADN confirmaron, que la colza Roundup Ready se había propagado, por polinización, a una especie silvestre cercana, que crecía en los márgenes del sembrado, produciendo una mala hierba con resistencia al herbicida. El gen con resistencia al herbicida había «escapado.» Había aparecido una grave contaminación, la genética, al abrir la caja de Pandora transgénica.

Si un cultivo transgénico es capaz de reproducirse sexualmente (y generalmente lo es), la fuga de «transgenes» es inevitable, lo que puede tener graves consecuencias en las zonas de gran diversidad agrícola. El algodón de Monsanto, mezcla de Roundup Ready y Bt, está en el mercado desde hace varios años. En el futuro podría difundir una amplia variedad de potentes genes en la naturaleza.

Todas las semillas transgénicas están patentadas. Hasta ahora los agricultores podían comprar las semillas, incluso las patentadas, y podían usarlas posteriormente en sus propios cultivos e incluso cambiarlas por otras semillas. Pero con las nuevas leyes de patentes, todas esas actividades son ilegales; el comprador paga por usar una sola vez el Germoplasma.

El derecho a poseer genes es un fenómeno nuevo en la historia mundial y sus efectos en la agricultura, y en la vida en general, todavía es muy incierto. Las multinacionales argumentan que la propiedad intelectual es esencial para que prospere su industria. Para otros se trata de un nuevo neofeudalismo, que convierte a los agricultores en los nuevos siervos de las multinacionales, que les venden semillas y plaguicidas y les compran la producción a muy bajos precios, sin dejarles ni oficio ni beneficio, con el único consuelo de la propiedad formal sobre la tierra que cultivan.

En la práctica, una especie de franquicia de Monsanto. Las multinacionales de las semillas transgénicas han iniciado una nueva era, cuyo fin es controlar la industria más importante y básica (todos comemos todos los días, y la mayoría tres veces), una industria que factura más de 2 billones de dólares, la industria alimentaria.

Las patentes son un ingrediente importante en la expansión de la industria. Las ventas globales de plantas transgénicas crecieron de 75 millones de dólares en 1995 a 4,500 millones en 2003. Se espera que las ventas alcancen los 5,000 millones en 2005 y 25,000 millones en el año 2010.

Las patentes dan a las multinacionales un enorme poder sobre los agricultores. Para defender sus derechos sobre las patentes, las cuatro o cinco multinacionales del sector exigen a los agricultores que firmen «contratos de semillas», un fenómeno totalmente nuevo en la agricultura. Los contratos pueden estipular qué marca de plaguicidas debe usar el agricultor, una especie de mercado cautivo para algunos herbicidas en estos «paquetes tecnológicos.»

La lucha para reforzar las patentes no se detendrá con este tipo de contratos. La llamada «tecnología de protección de los genes», popularmente denominada «terminator», puede hacer que los contratos sobre las semillas sean una realidad biológica, al igual que los actuales desarrollos tecnológicos. La tecnología terminator o similares (traitor) impiden que las semillas recolectadas vuelvan a germinar. La tecnología terminator aumentará la uniformidad de los cultivos al restringir la práctica de guardar y cruzar semillas de un año para otro por los agricultores.

Y en cuanto al potencial de la biotecnología para alimentar a la población mundial, las tendencias actuales no son muy alentadoras. El problema del hambre, que afecta según la FAO a 842 millones de personas, es un problema de distribución y de desigualdades, y no de falta de alimentos, que sobran. Las plantas transgénicas están hechas para dar beneficios a las 4 multinacionales que las fabrican, y no para alimentar a los pobres del mundo. Pretender adornar con el supuesto altruismo de alimentar a los hambrientos lo que es una apropiación y un oligopolio sobre la alimentación, es uno de los mayores escarnios contemporáneos.

La agricultura ecológica, con mezcla de cultivos, sin empleo de herbicidas y otros plaguicidas ni abonos químicos, con mezcla de ganado y cultivos de leguminosas, permite obtener mejores resultados a largo plazo, y es el nuevo paradigma agrícola de la sostenibilidad, muy diferente al enfoque tecnocrático que hoy domina el pensamiento.

El rechazo de los consumidores y de los fabricantes y grandes comercializadores de alimentos en Europa ha reducido el consumo de los alimentos transgénicos. Las exportaciones estadounidenses de Soja y Maíz a la Unión Europea han caído estrepitosamente.

Los consumidores podemos y debemos rechazar los transgénicos, por razones de salud (alergias, resistencia a los antibióticos), de la calidad de los alimentos, de los riesgos ambientales (contaminación genética, pérdida de biodiversidad, resistencias) y de los riesgos económicos y políticos que se derivarían de poner nuestra alimentación en manos de cinco grandes multinacionales.

El rápido lanzamiento de los cultivos transgénicos es muy parecido al del DDT y a las centrales nucleares, hoy en crisis. La combinación de oposición pública y crisis financiera forzó a la paralización del desarrollo de estas tecnologías, después de que sus efectos en el medio ambiente y en la salud humana demostraran ser más complejos, difusos y duraderos que las promesas que acompañaron a su rápida comercialización. En un esfuerzo para evitar este mismo ciclo con la introducción de cada nueva tecnología «revolucionaria», se ha propuesto la adopción del principio de precaución, al que se oponen las multinacionales citadas.

La transición a una agricultura y ganadería ecológica es una necesidad imperiosa, y así empiezan a entenderlo los consumidores y los propios agricultores. En 2002 la agricultura ecológica certificada se extendió por 23 millones de hectáreas, aunque una cantidad muy superior no etiquetada se cultivó sin agroquímicos ni transgénicos.

Los transgénicos tendrán consecuencias mucho más graves y prolongadas que los plaguicidas tóxicos, y suponen el último eslabón de un modelo insostenible, que empobrece a los agricultores y perjudica a los consumidores, beneficiando sólo a unas pocas empresas multinacionales, con un enorme poder de manipulación e influencia sobre algunos gobiernos, como el de Estados Unidos, que a su vez presionan a la Unión Europea y a otros países donde el rechazo a los transgénicos es cada vez mayor.

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Posibles ventajas agronómicas de los cultivos transgénicos

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El futuro de los transgénicos puede ser promisorio, particularmente ligado a aquellos desarrollos no imperialistas que buscan mejorar la calidad de los alimentos, ofrecer plantas con resistencia a efectos ambientales desfavorables como sequías, heladas y acidez y alcalinidad extremos; plantas bioinsecticidas o gramíneas y vegetales en general con capacidad para fijar nitrógeno atmosférico; especies vegetales con capacidad para prosperar en medios contaminados con metales pesados descontaminándolos; estas condiciones permitirían utilizar eficazmente la superficie agrícola preservando los bosques y en el 2050 alimentar a los 2,000 millones de nuevos habitantes del planeta. También son promisorios aquellos desarrollos asociados a la producción de fármacos en las Granjas farmacéuticas y el control de vectores de enfermedades como el paludismo y el dengue mediante OGM. Sin embargo, estos desarrollos deberían mantenerse en confinamiento hasta encontrar y aplicar evaluaciones de riesgo ecológico creíbles.

Transgénicos de primera generación.

1. Resistencia a herbicidas. Los herbicidas, como el glifosato, son elementos clave para la agricultura sin roturación del suelo o siembra directa; de este modo, el glifosato está ligado al control de la erosión, a una menor compactación del suelo, a la acumulación de materia orgánica y a la economía de maquinarias y diesel6.

Desde 1996 se cultiva soya transgénica resistente al glifosato, donde el gen CP4 EPSPS del Agrobacterium fue transferida a la soya, denominado “Evento 40-3-2”. Posteriormente, irrumpieron otros cultivos RoundUp Ready con resistencia al glifosato como maíz, canola, sorgo, alfalfa y algodón. Estos transgénicos permitieron controlar las malezas con glifosato ya que este producto no los afecta. La Monsanto propietaria de la semilla transgénica y del glifosato protege su paquete tecnológico mediante patentes y obliga a los usuarios del paquete a pagar regalías por la parte de la cosecha que se usa para la siembra.

Monsanto desistió en 2004, ante la presión de los compradores de trigo estadounidense, de continuar con la entrega al mercado de trigo resistente a herbicidas, pero en el 2011 anunció la puesta en el mercado en el 2013 un trigo GM resistente a la sequía y de mayor rendimiento. Syngenta y BASF también anunciaron la producción de trigo transgénico.

2. Resistencia a insectos-plagas. La producción de plantas con capacidad para elaborar sus propios insecticidas reduce la necesidad de aplicar insecticidas, por esta vía se controla por ejemplo: el gusano cogollero del maíz y la lagarta rosada en el algodón, sin hacer uso de insecticidas preservando el medio ambiente.

El control plagas e insectos en la agricultura y vectores de enfermedades humanas como malaria (los mosquitos transgénicos8 será probablemente el arma del mañana para el control del paludismo que mata una persona cada treinta segundos), dengue9 y chagas, se ha realizado con la aplicación de insecticidas, trayendo contaminación del ambiente, resistencia de las plagas a los insecticidas haciendo necesario aumentar la potencia de éstos e intoxicando a los insectos no blanco y lo más importante a los obreros que las aplican y a las poblaciones rurales próximas a las aplicaciones. Al respecto Soberón y Bravo10 plantean lo siguiente: ¿Existe un insecticida ideal, que sea tóxico sólo para su insecto blanco, que no sea recalcitrante, que no contamine el ambiente y que no genere la aparición de insectos resistentes?

El Bacillus thuringiensis (Bt) relacionado con los letales B. cereus y B. anthracis, descubierto en 1902 por Ishiwatari, es el insecticida biológico más utilizado en el control de plagas agrícolas y vectores de enfermedades como el dengue y el paludismo porque su Gen Cry no es tóxico para vertebrados11. Sobre este conocimiento se desarrolló plantas transgénicas que expresan el transgen Cry1ab que le confieren resistencia al ataque de larvas de lepidópteros. Las toxinas Bt se han usado como bioinsecticida en los últimos 40 años principalmente en cultivos de hortalizas y cereales, su aplicación directa ha tenido desventajas relacionadas al reducido tiempo de viabilidad de las proteínas Cry en el ambiente, la baja efectividad en el control de insectos barrenadores y chupadores. Estos problemas se han resuelto con el cultivo de plantas que producen la toxina Cry accesible a los insectos barrenadores y chupadores.

El maíz transgénico expresa la toxina Cry1ab, procedente de la subespecie Kurstaki de B. thuringiensis, el cual supone una manera eficaz y rentable de controlar barrenadores y chupadores del maíz que suelen producir cuantiosos daños a la agricultura. Además, ambiental y económicamente supone una serie de ventajas con relación al método tradicional de control, que es el uso de insecticidas de síntesis química.

Los aumentos actuales en la producción, si acaso existen, asociados a transgénicos bioinsecticidas y resistentes al glifosato están relacionados al control plagas y malezas, para cuyo propósito la agricultura convencional dispone de procesos mecánicos, agroquímicos y bioinsecticidas. En resumen, las plantas resistentes a herbicidas o productoras de bioinsecticidas no ofrecen ninguna ventaja al consumidor y representan un potente riesgo a la salud de los ecosistemas; y, a nivel de productor se argumenta menores costes de producción.

Transgénicos de segunda generación.

1. Tolerancia al estrés ambiental. Están en la carpeta de la ingeniería genética encontrar plantas con resistencia a la sequía y temperaturas extremas; fijación simbiótica de nitrógeno atmosférico en especies distintas a las leguminosas sustituyendo el uso de fertilizantes químicos nitrogenados; resistencia a suelos ácidos y alcalinos utilizando genes de arqueobacterias; reducciones en el ciclo del cultivo, básico en los procesos de adaptación a las condiciones que plantea la crisis climática. Científicos de la Universidad de Xianjiang de China han desarrollado plantas de tabaco transgénico tolerantes al frío que expresan proteínas anticongelantes del escarabajo, codificada por el gen MpaAFP149; los científicos buscan introducir este gen a la papa y tomate susceptibles al frío (www. springerlink.com/ content/w30567gr). La célula utiliza varios mecanismos para manejar los efectos como altas temperaturas, salinidad, toxicidad por metales pesados, uno de ellos, es la producción de enzimas con propiedades antioxidantes como el nucleósido difosfato quinasa 2 (NDFK2), insertando la codificación de este gen, científicos coreanos12 han logrado obtener líneas de papa con tolerancia a: salinidad elevada, altas temperaturas y toxicidad por metales pesados; se conoce que el enzima PI-PLC (ciclo del ácido láctico) juega un rol clave en este proceso, gracias a la introducción del gen que codifica estaenzima investigadores de la Universidad de Shandong, México (CINVESTAV), Brasil (EMBRAPA) obtuvieron líneas de maíz con mayor tolerancia a la sequía.

2. Mejora de la calidad nutritiva. El incremento de los contenidos de proteínas, minerales o vitaminas es una interesante ruta para mejorar la calidad nutricional; por ejemplo, el arroz transgénico Golden Rice rico en beta carotenos, es de alto interés en países del sudoeste asiático cuyos niños sufren deficiencias de vitamina A que conlleva a la ceguera; otros transgénicos de interés son aquellos que ofrecen mayor concentración de aminoácidos esenciales o mayor contenido de sólidos totales en la granos. En esta línea, la Universidad de Lleida (Catalunya)13 ha dado a conocer un Maíz transgénico vitamínico que podría ser destinado a mejorar la calidad de la alimentación en países en vías de desarrollo cuya dieta se basa en cereales; este maíz contiene genes de bacterias productoras de vitaminas A, C y ácido fólico, con granos del color rojizo, fruto del elevado contenido de beta caroteno, superior en 169 veces al del maíz convencional; los científicos esperan poner a disposición de los agricultores este maíz gratuitamente después de un periodo de pruebas para garantizar su inocuidad.

Plantas transgénicas capaces de vacunar contra enfermedades; aumentar los rendimientos agronómicos y la superficie cultivada utilizando suelos marginales sea por patrones climáticos, edáficos o por contaminación con metales pesados; corregir las deficiencias dietéticas de aminoácidos, vitaminas o minerales como la deficiencia de hierro que afecta a más de 400 millones de mujeres en países en vías de desarrollo y que conduce al nacimiento de niños prematuros con alto riesgo de mortalidad perinatal; son los desarrollos biotecnológicos futuros que pueden tener una contribución significativa a la reducción del hambre y la mejora de la calidad de vida. Estos desarrollos biotecnológicos superaron con éxito la investigación primaria, pero muchos de ellos tienen pruebas de bioseguridad aún en ciernes.

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Debate sobre los transgénicos

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A pesar de que la modificación genética de semillas vegetales es duramente criticada en la actualidad, es necesario reseñar que, históricamente, el ser humano ha modificado las plantas cultivadas mediante diferentes mecanismos con el fin de seleccionar determinadas características que han servido a sus necesidades. El proceso de selección va evolucionando a lo largo de los años con el mismo objetivo, aunque la controversia que presenta este tema al respecto es muy grande.

Ventajas e inconvenientes

El uso de organismos transgénicos en agricultura ofrece ventajas e inconvenientes, los cuales vamos a exponer a continuación.

Ventajas

Las principales ventajas que ofrecen los cultivos genéticamente modificados son las siguientes:

– Reducción en el uso de herbicidas. La implantación de cultivos resistentes al glifosato ha reducido de forma significativa el uso de varios herbicidas tóxicos y con gran persistencia en el medio ambiente, como la antracina, la metribucina o el alacloro.

– Disminución en el empleo de plaguicidas. El uso de cultivos con el gen Bt ha reducido la necesidad de aplicar plaguicidas convencionales. Así, entre 1996 y 2006, el cultivo de organismos transgénicos permitió una reducción de estos productos a nivel mundial de 286,000 toneladas, lo que supone una disminución del 15%.

Por otra parte, algunos estudios han revelado que los cultivos transgénicos requieren, como promedio, un 37% menos de plaguicidas que los cultivos convencionales.

A este respecto, es preciso señalar que, las especies evolucionan de forma natural para adaptarse a los nuevos ambientes generados. Así, en 2009, científicos de Monsanto encontraron en algunas partes de la India, una especie de polilla que se había vuelto resistente a la primera generación de algodón Bt. Esta resistencia se ha encontrado también en España, Australia, China y Estados Unidos. Para contrarrestar estas adaptaciones, se han desarrollado cultivos que expresan más de un gen Bt, dirigiéndose a más de un receptor en los insectos, dificultando, de este modo, la aparición de individuos resistentes.

– Menor contaminación del medio ambiente.

Estos dos puntos anteriores contribuyen a reducir de manera importante el riesgo de contaminación, especialmente de los acuíferos.

Es conveniente destacar que, si la mitad de los cultivos de la Unión Europea fueran transgénicos, se estima que se dejarían de usar 14,500 toneladas de productos fitosanitarios, con un ahorro de 20.5 millones de litros de diésel, que reduciría las emisiones de CO2 a la atmósfera en 73,000 toneladas.

– Mejoras agronómicas relativas al rendimiento y a la sanidad vegetal. El aumento de la productividad de los cultivos modificados genéticamente se cifra en torno al 21 % con respecto a los convencionales, así como la calidad de los frutos.

También es destacable la resistencia a plagas y enfermedades conocidas. En este sentido, la inclusión de toxinas bacterianas, como las de Bacillus thuringiensis, resultan más específicas contra determinadas familias de insectos y menos agresivas con el medio ambiente.

Mostramos algunos ejemplos de estos usos en diferentes regiones del mundo:

  • La introducción del algodón Bt en la India ha permitido a los pequeños agricultores unos rendimientos superiores de sus cultivos, con menores gastos en insumos fitosanitarios.
  • El empleo de este mismo cultivo (algodón Bt), en seis provincias de China, pudo reducir el uso de plaguicidas a la mitad, duplicando las poblaciones de mariquitas, crisopas y arañas, con sus correspondientes beneficios medioambientales a los campos adyacentes de maíz, soja y cacahuetes.
  • En el caso de algunas zonas donde se cultiva el maíz Bt, el combate de plagas ya no requiere el uso de insecticidas de amplio espectro.

– Tolerancia a diferentes factores como: salinidad, sequía, suelos contaminados con metales pesados y condiciones climáticas extremas.

– Producción de nuevos alimentos, que pueden ofrecer:

  • Posibilidad de incorporar características distintas. Por ejemplo, tomates con la vacuna incorporada de la hepatitis B; sería una vacuna comestible.
  • Lucha contra el hambre y la desnutrición; creando alimentos con mayor cantidad de nutrientes o añadiendo nuevos, como el arroz dorado.

– Mejoras en el proceso industrial. Las aplicaciones en agronomía y mejora vegetal ofrecen estos beneficios, que pueden ser fundamentales:

  • Gran versatilidad en la ingeniería, ya que los genes que se incorporan al organismo huésped pueden provenir de cualquier especie, incluyendo bacterias. Esto permite el cruzamiento entre especies de reinos diferentes, algo que probablemente no podría suceder de forma natural.
  • Se puede introducir un solo gen en el organismo sin que esto interfiera en los demás. De esta manera, resulta ideal para mejorar los caracteres monogénicos, es decir, codificados por un solo gen, como es el caso de algunos tipos de resistencias a herbicidas.
  • El proceso de modificación genética es mucho más rápido que las técnicas tradicionales de mejora por cruzamiento. Esta diferencia puede ser de varios años.

– Obtención de nuevos materiales. La ingeniería genética ofrece cualidades novedosas fuera de este ámbito, como puede ser la producción de plásticos biodegradables y biocombustibles.

Inconvenientes

Por el contrario, existen varios argumentos para oponerse a los OMG, los cuales citamos a continuación:

– Daños a la salud. Se considera que no se han realizado estudios suficientes para garantizar la inocuidad de su consumo. Además, durante el proceso de ingeniería genética se usan genes que otorgan resistencia a antibióticos para identificar las células con la modificación deseada. Esto genera la preocupación de que dichos genes puedan ser transferidos a microorganismos que originen cepas resistentes a los antibióticos. Por último, se argumenta que los transgénicos pueden generar nuevas alergias, aunque este hecho no se ha observado.

– Impacto medioambiental, donde las consecuencias del uso de transgénicos originan una preocupación de que:

  • Los OMG resistentes a herbicidas (como el glifosato) produzcan, como efecto secundario, que los agricultores apliquen una mayor cantidad del mismo, afectando a las especies colindantes.
  • Del mismo modo, la posibilidad de usar insecticidas de manera intensiva, a los que son resistentes los transgénicos, haga que se vean afectadas las especies cercanas, que no lo son.
  • El empleo de toxinas de Bacillus thuringiensis, aunque es por definición, un método específico, pueda afectar a especies beneficiosas.
  • Exista una transferencia de genes a bacterias de la rizosfera. Sin embargo, es un riesgo poco probable.
  • El polen de las especies transgénicas pueda fecundar a cultivos convencionales, obteniéndose híbridos, que podrían transformarse en transgénicos. En este sentido, también existe cierta inquietud con respecto a la polinización cruzada. Por ejemplo, en los campos de maíz del país hay parcelas colindantes de plantaciones modificadas genéticamente y convencionales, existiendo el riesgo de polinización de unas con otras, haciendo de este modo peligrar las variedades tradicionales.

– Impacto económico. El mercado de semillas transgénicas está dominado por unas pocas compañías multinacionales, lo que supone un serio riesgo de oligopolio. Este hecho se ve agravado por la alta inversión inicial necesaria para desarrollar una variedad nueva, así como los numerosos problemas legales que se encuentran las pequeñas compañías en determinados países.

Tema de discusión

En la actualidad, existe una fuerte controversia entre promotores y detractores de la producción de organismos genéticamente modificados, en función de su interés, seguridad, salud o impacto sobre el medioambiente.

Aunque la modificación genética se realiza únicamente en laboratorios y no directamente en zonas de cultivo, la inocuidad de los transgénicos es objeto de un fuerte debate entre los sectores que se posicionan a favor de la biotecnología y los que defienden la alteración del entorno ambiental. Ambos sectores respaldan sus argumentos con estudios científicos, acusándose mutuamente de ocultar, o ignorar, determinados hechos frente a la opinión pública.

A este respecto, la FAO indica que los cultivos transgénicos, cuya finalidad es la alimentación, no han generado daños al medioambiente ni a la salud humana en ninguna parte del mundo. Es más, la reducción de plaguicidas y herbicidas que conlleva su uso, se ha traducido en beneficios para el medioambiente y la salud de los trabajadores del campo.

Este Organismo internacional expone una serie de conclusiones que deben tenerse en cuenta:

  • Hasta ahora, en los países donde se han desarrollado cultivos transgénicos, no ha habido ningún informe verificable de que causen algún peligro importante para la salud (producción de moléculas perjudiciales o generación de alergias) o el medioambiente (diseminación no deseada de algunos genes).
  • Las plagas de los cultivos no han desarrollado resistencias importantes al gen Bt.
  • Han aparecido algunas evidencias de malas hierbas que son tolerantes a los herbicidas, pero éstas no han invadido ecosistemas agrícolas o naturales.
  • Se están viendo algunos beneficios sociales y ambientales importantes, debido a que los agricultores están empleando menos plaguicidas, sustituyendo éstos por otros menos nocivos. Como consecuencia, los trabajadores agrícolas y las fuentes de agua tienen menores riesgos de contaminación. Además, las aves e insectos beneficiosos están volviendo a los campos de cultivo.
  • Existe un amplio consenso científico en que los OMG que se encuentran actualmente en el mercado no representan un peligro mayor que los alimentos convencionales y, hasta la fecha, no se ha documentado ningún caso de enfermedad en humanos debido al consumo de éstos.
  • Los OMG deben someterse a controles más exhaustivos, para garantizar su inocuidad, que los alimentos producidos mediante técnicas convencionales.

Entre los defensores de los OMG, varias organizaciones científicas internacionales, principalmente el Consejo Internacional para la Ciencia, afirman que los organismos comercializados no son peligrosos para la salud humana y que los riesgos de diseminación al medioambiente son debidamente controlados.

En la postura opuesta, otras organizaciones no científicas, entre ellas el​ Comité de Investigación Independiente sobre Ingeniería Genética (de origen francés) o el​ Panel de Ciencia Independiente (del Reino Unido), alegan que los estudios realizados por los organismos acreditados son insuficientes o superficiales, debiéndose tomar las precauciones pertinentes respecto a los cultivos transgénicos, para evitar la contaminación genética del medioambiente.

Como puede observarse con bastante claridad, ambas posturas chocan frontalmente, con dos enfoques totalmente opuestos. Por tanto, el debate que existe en la actualidad sobre los cultivos transgénicos, no parece que vaya a llegar a un consenso, al menos en un futuro próximo.

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Durante el siglo XVIII se creía que los tomates eran tóxicos

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Durante siglos, los europeos y luego los colonos americanos miraron a los tomates con desconfianza y aprensión porque creían que eran tóxicos. Hoy los comemos sin miedo.

La carta firmada por más de un centenar de premios Nobel ha sido el último episodio de un cruento debate en torno a los transgénicos y su papel en la alimentación mundial, con el arroz dorado como principal ejemplo. Sus detractores cuestionan sus efectos sobre la salud y su impacto en el medio ambiente, mientras que sus defensores señalan sus ventajas nutricionales, que pueden mejorar la salud de millones de personas, así como los estrictos controles de seguridad a los que se someten estos organismos.

El debate en torno al arroz dorado dura ya 16 años, desde que en 2000 se publicase en la revista ‘Science’ el artículo en que se describía su desarrollo. Desde entonces, las investigaciones en torno a los transgénicos han seguido adelante, concluyendo entre otras cosas que “hasta el momento no se ha detectado ningún riesgo significativo relacionado con el uso de cultivos transgénicos”.

Hubo una época, antes de los transgénicos, en que un miedo similar se extendía en torno a un cultivo del que hoy nos alimentamos sin pensárnoslo dos veces: el tomate. Durante más de dos siglos, los tomates se consideraron tóxicos en zonas de Europa y de Estados Unidos por una mezcla de mito y desconocimiento, que fue superada poco a poco para convertirse en uno de los frutos más consumidos en el mundo.

La primera domesticación del tomate

“Los tomates nacieron en Perú, y allí se pueden encontrar todavía las variedades silvestres de las que evolucionaron los tomates que conocemos hoy”, explica María José Díez Niclós, responsable del banco de germoplasma del Instituto de Conservación y Mejora de la Agrodiversidad Valenciana, de la Universidad Politécnica de Valencia. Esos tomates originales, explica, no son como los que conocemos: eran apenas malas hierbas, más pequeños, duros y de color verde. “Los habitantes locales partieron de variedades como ‘Solanum pimpinellifolium’ y fueron seleccionando los que más les convenían porque tenían frutos más grandes, o de sabor más agradable”.

frutos

De Perú, el tomate viajó a México, donde vivió una segunda domesticación. Hay pruebas de que ya se cultivaban unos 500 años antes de Cristo. Allí, los tomates ya no eran pequeños y verdes, los había de color amarillo y seguramente rojos, parecidos a los tomates actuales. “Es probable que a Europa llegasen primero los tomates amarillos, y por eso en Italia al tomate se le llama ‘pomodoro’, o manzana de oro”, explica Díez. Italia fue uno de los primeros países europeos en los que se extendió su consumo y que integró el tomate en su gastronomía.

¿Por qué se temían los tomates?

Sin embargo, fue en Europa donde el tomate se encontró con la desconfianza e incluso el miedo a su consumo. Según Andrew F. Smith, autor de varios libros sobre historia de los alimentos, uno de ellos sobre el tomate, a finales del siglo XVIII, un gran porcentaje de los europeos llamaba a los tomates ‘manzana venenosa’, porque se creía que los aristócratas enfermaban y morían después de comerlos.

La causa no estaba en los tomates, sino en los platos: era costumbre que estuviesen hechos de peltre, una aleación que contiene plomo. Al ser una fruta muy ácida, al colocar los tomates sobre el estaño, liberaban el plomo, lo que causaba el envenenamiento de los comensales. A falta de conocimientos sobre química que explicasen lo que ocurría, el tomate quedó marcado como culpable.

Pero no fue solo por eso. Niclós explica que el tomate forma parte de la familia de las solanáceas, arbustos con altos niveles de alcaloides que sí son tóxicos. La asociación con otras plantas como la belladona o el estramonio jugaba en contra de la fama del tomate como alimento. Las berenjenas, las patatas o los pimientos también son solanáceas, pero puesto que algunos de estos alimentos también habían llegado recientemente de América, su uso no estaba implementado todavía.

Así que durante décadas, el tomate se cultivaba solo con fines ornamentales. “Poco a poco, a base de consumirlo en pequeñas cantidades o de ver que en otros lugares se comía sin problemas, se fue extendiendo su uso”, explica Díez. En Europa, el tomate vivió una tercera domesticación, en que intervinieron algunos procesos de mejora profesional, en forma de selección y cruzamientos, para conseguir variedades más resistentes, sabrosas o atractivas.

Este proceso continuó en Norteamérica, donde los tomates llegaron de la mano de los colonos europeos y donde, de nuevo, tuvieron que vencer la desconfianza del público. Según documentos de la época, Thomas Jefferson, el tercer presidente de Estados Unidos y uno de los considerados Padres Fundadores, fue de los primeros habitantes del estado de Virginia en cultivar y comer tomates. “La mayoría de los americanos pensaban que los tomates eran venenosos, así que fue un evento sorprendente cuando, en 1806, los sirvió a sus invitados en la Casa del Presidente”, cuenta el escritor e historiador Thomas J. Craughwell.

Cómo hacer los tomates que queremos

La evolución del tomate no se ha detenido hasta hoy. Desde esos primeros habitantes de Perú, que elegían los tomates más grandes y sabrosos, hasta los biotecnólogos, que hoy trabajan con técnicas avanzadas de selección y mejora, el tomate ha ido cambiando para adaptarse a lo que necesitamos de él.

Por ejemplo, explica Díez, seleccionamos unas especies u otras según tengan características que sean favorables para su consumo directo o para su procesado industrial: “Si plantamos tomates que serán recogidos y consumidos tal cual, tendrán que ser visualmente atractivos para el consumidor, con la piel suave y una textura uniforme; si van a ser procesados para convertirlos en salsas y otros productos, tendrán que tener una piel más resistente y madurar todos al mismo tiempo para que sean recogidos de forma automatizada”.desconfias

Los tomates raf, los kumatos, los tomates cherry… “Las demandas del mercado son otro factor que ha impulsado la mejora del tomate”, concluye Díez. Igual que en la moda o en los coches, los productores se esfuerzan por dar a los consumidores los productos por los que están dispuestos a pagar más, ya sean coches más rápidos o tomates más carnosos. Eso sí, varios siglos después, ya nadie parece preocupado por envenenarse comiendo tomates. ¿Tendremos por delante todavía siglos de miedo a los transgénicos?

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Foro Internacional Innovación e inocuidad: Desafíos agroalimentarios del siglo XXI

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Foro Internacional Innovación e inocuidad – Parte 1

 

Foro Internacional Innovación e inocuidad – Parte 2

 

Foro Internacional Innovación e inocuidad: Desafíos agroalimentarios del siglo XXI

Martes 24 de abril
Hotel RIU Plaza Guadalajara
8:00 a. m. a 2:30 p. m.
Guadalajara, México

Haga parte de este diálogo que plantea una reflexión sobre la adopción de las Buenas Practicas Agrícolas y el buen uso de las tecnologías en la producción para garantizar la inocuidad de los alimentos, tema clave para abrir nuevos mercados como el europeo.

*** EVENTO SIN COSTO PREVIO REGISTRO ***

Regístrese previamente al teléfono +52 (33) 3587-3742, al correo electrónico foro@elagricultorprimero.org o ingresando al siguiente link

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Testimonial de Ceickor, una fusión de Koppert México y el Instituto Agropecuario Rapel

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Testimonial de Ceickor – Parte 1

 

Testimonial de Ceickor – Parte 2

 

Testimonial de Ceickor – Parte 3

 

Testimonial de Ceickor – Parte 4

 

Testimonial de Ceickor – Parte 5

 

Sobre CEICKOR.

El Centro de Investigación y Capacitación Koppert Rapel (CEICKOR) surge de la fusión de dos empresas innovadoras y comprometidas con el desarrollo humano y el mejoramiento de la competitividad del agro mexicano:

Koppert México, S.A. de C.V. y el Instituto Agropecuario Rapel, A.C.

Como equipo de trabajo tenemos el firme compromiso de atender la urgente necesidad de profesionalizar la agricultura protegida en nuestro país facilitando de manera responsable capacitación especializada para el desarrollo de Growers mexicanos, buscando en todo momento retar el conocimiento existente y la forma tradicional de hacer las cosas para contribuir a mejorar la competitividad y la rentabilidad de nuestro sector, influyendo positivamente en el desarrollo de la agricultura protegida mediante investigación aplicada y la transferencia efectiva del conocimiento.

Ofrecemos una alternativa de alta calidad para la especialización de técnicos, capaces de liderar proyectos de alto impacto orientados a:

•Mejorar el rendimiento por metro cuadrado de los cultivos,
•Mejorar la calidad de los productos,
•Reducir los riesgos durante el ciclo de cultivo,
•Reducir los costos de operación,
•Mejorar la rentabilidad de los invernaderos.

Le invitamos a ser parte de nuestros programas académicos personalizados donde combinamos la práctica y la teoría en situaciones reales, atendiendo al enfoque “Aprender Haciendo o Aprendizaje en Acción”, conocido también como “Action Learning”.

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Testimonial de Hydrofoods. Empresa que produce tomate de exportación bajo 20 hectáreas de invernaderos de alta tecnología.

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Testimonial de Hydrofoods – Parte 1
 


 
Testimonial de Hydrofoods – Parte 2
 

 
Sobre Hydrofoods.
La empresa Hydrofoods produce tomate de exportación bajo 20 hectáreas de invernaderos de alta tecnología ubicados en el Centro Integral para Invernaderos AGROPARK, en el estado de Querétaro. Hydrofoods exporta más del 95% de su producción, cuenta con la certificación Global Gap y su misión es producir alimentos de la más alta calidad.

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Networking TogetHER, la herramienta de Kellogg para empoderar a la mujer.

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       En 2017, Kellogg creó Networking TogetHER para conectar con organizaciones y compartir mejores prácticas relevantes que promuevan la inclusión y el desarrollo de las mujeres.

·       Networking TogetHER cuenta con la participación de más de 50 empresas en México y su plan para 2021 es expandirse a más países de Latinoamérica.

Ciudad de México, 4 de marzo de 2020.- En México y en todo el mundo, el 8 de marzo es reconocido como el Día Internacional de la Mujer; sin embargo, Kellogg va más allá al asegurarse de contar con un entorno diverso, porque saben que esto requiere trabajo constante y no solo esfuerzos de una fecha.

De acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México sigue teniendo una de las mayores brechas de empleo por género con consecuencias negativas para el crecimiento económico; sin embargo, como país estamos dando grandes pasos en la dirección correcta[1] y, parte de esto, es gracias a las acciones que diversas empresas generan día con día para empoderar a mujeres y hombres por igual.

«En Kellogg vamos mucho más allá de que hombres y mujeres tengamos las mismas oportunidades, porque sabemos que no es un tema de género, creencias o preferencias; sino de qué manera podemos todos contribuir para aprender, crecer y compartir lo que sabemos, para que todos sigamos empoderándonos en un ambiente sano», aseguró Luz Consuelo Garza, líder de WOK en Kellogg México y Latinoamérica.

Kellogg dio vida a la cultura de diversidad e inclusión a través de los Business Employee Resource Groups (BERG’s) y el primero de ellos fue Women of Kellogg (Mujeres de Kellogg, en español), mejor conocido como WOK. Este grupo empezó hace más de 10 años en Estados Unidos y fue el primero en expandirse a nivel global para llegar a México en 2014. Hoy en día, WOK cuenta con más de 500 integrantes, donde hombres y mujeres participan juntos, para promover el desarrollo y bien común de las mujeres dentro y fuera de la organización, impulsando a alcanzar un mejor balance.

«En 2017 nos dimos cuenta de que hacía falta construir una red de mujeres para crear sinergia hacia el exterior con otras compañías; es así como, desde hace 4 años, creamos Networking TogetHER y conectamos con organizaciones para compartir mejores prácticas relevantes que promuevan la inclusión y el desarrollo de las mujeres en nuestras empresas», comentó Luz Consuelo.

El objetivo principal de Networking TogetHER es empoderar e impulsar a las mujeres para que se desarrollen dentro de sus organizaciones hasta ocupar puestos ejecutivos conservando su esencia única.

La clave de su éxito se fundamenta en tres pilares: comunidad, lugar de trabajo y mercados, en donde abordan temas desde mejores prácticas para reclutamiento de personal, hasta casos de éxito personales, para que más mujeres reconozcan su potencial y se inspiren a lograr grandes cosas, además de que puedan transformar la cultura de las organizaciones hacia la inclusión natural de la mujer y llevar la participación de las mujeres a la escala más alta, en todas las compañías.

Hasta el día de hoy, gracias a esta red, Kellogg ha llegado a intercambiar ideas con más de 50 empresas a través de sesiones bimensuales y, desde el año pasado, se han adaptado para que esta dinámica prevalezca dentro de la compañía de manera virtual.

«Nuestro plan para 2021 es seguir creciendo esta red y expandirnos a otros países de Latinoamérica con actividades de forma remota y generando talleres y asesorías que ayuden a las mujeres, en cualquier etapa de su vida, para crecer profesional y personalmente y, así, formar una red cada vez más grande y sólida para crecer todos juntos», concluyó Víctor Marroquín, presidente y director de Kellogg México.

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NK, la nueva marca de semillas de Syngenta que innovará la producción de maíz.

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Con una inversión de 3.8 mdd en la estación experimental de Guadalajara, Syngenta amplía sus capacidades de desarrollo de producto en México. La innovación en tecnología y el acompañamiento de los productores desde la siembra hasta la cosecha serán las claves de NK.

 

Ciudad de México a 1 de marzo de 2021. La innovación está presente en todos los ámbitos del desarrollo humano y la agricultura no es la excepción. Con la finalidad de contribuir con el crecimiento del campo en México, Syngenta lanzó NK, marca de semillas, con más de 135 años de trayectoria que tiene el objetivo de proporcionar nuevas soluciones para que los productores de maíz maximicen su rentabilidad en el campo.

 

Como parte de los compromisos adquiridos en el segundo capítulo del Good Growth Plan, donde Syngenta destinará 2 mil millones de dólares a nivel global hasta 2025 para el desarrollo de innovaciones en agricultura sostenible, en México se lanzará un nuevo híbrido en la región de Centro Bajío y Occidente que complementa el portafolio de soluciones agrícolas para una de las regiones más importantes del país. Este hibrido también propondrá un mejor potencial de rendimiento y sanidad.

 

Durante el evento de presentación, Ana Grau, directiva de Syngenta Semillas para Latinoamérica Norte destacó la importancia de la innovación en el campo ante el incremento poblacional, la menor disponibilidad de suelo para cultivo y agua para riego. “Contar con los últimos avances en ciencia y tecnología resultan benéficos para alcanzar una producción sostenible en términos de sostenibilidad y rentabilidad. Cultivos más resistentes a plagas, que requieran menor uso de soluciones agrícolas y consuman menos recursos, redituarán para pequeños, medianos y grandes productores”, señaló.

 

Entre las características más importantes que forman parte de este lanzamiento, se encuentra NK Cerca, plataforma de servicios al cliente que dará acompañamiento al agricultor en todo lo referente a las decisiones que se tomen en torno a las semillas desde la siembra y hasta la cosecha. Dicho acompañamiento se valdrá de dos herramientas:

 

NK ENFOCA: servicio en campo de vuelo de drones que genera informes para la toma de decisiones de manejo agronómico.

 

NK PLANIFICA: herramienta digital para la planificación de siembra de maíz, que brinda información clave acerca de la solución del portafolio que mejor se adapta a la región y a los objetivos productivos de cada agricultor, así como recomendaciones de densidad de siembra y nutrición.

 

El portafolio de NK, es de alto potencial para las principales regiones productivas y cuenta con el respaldo global de años de investigación en genética para estar a la altura de los tiempos y de las exigencias del mercado actual de semillas. Fundada en 1884, NK ha protagonizado además grandes hitos de la historia mundial de la producción de semillas, como haber sido la primera en vender formalmente semillas de maíz, la primera en desarrollar una variedad propia de soya y la primera en comercializar maíces BT, por mencionar algunos ejemplos.

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Mazorcas de maíz y sus malformaciones.

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Es muy común encontrar en plantaciones de maíz diversas malformaciones en las mazorcas, sin embargo este ciclo invierno ha aumentado está anomalía a causa de la falta de insumos que provocó la deficiencia de nutrientes y el incremento de daños por plagas y enfermedades. Se considera que es muy difícil tratar de corregir este tipo de problemas en los cultivos de maíz, aunque un diagnóstico adecuado del origen del problema es muy benéfico para prevenir reincidencias en donde dichas anomalías afectan el rendimiento productivo y además la calidad de la cosecha.

 

La presencia de malformaciones en las mazorcas de maíz, supone una pérdida importante del rendimiento productivo que a su vez disminuye la calidad del producto que se va a comercializar de esta manera disminuye también su valor en el mercado. Existen distintas causas que originan la presencia de estas malformaciones en los cultivos las cuales pueden ser de distinta índole, las condiciones ambientales es una causa que puede provocarlo y es imposible que el productor pueda controlarlo pues se considera que una vez que se manifiesta la fisiopatía, los daños son irreversibles, por lo que no se puede recuperar la calidad que tiene en la espiga. En las espigas pueden verse el número de granos que contiene.

 

Algunas causas que provocan las malformaciones en las mazorcas de maíz son:

  • Daños por plagas.
  • Malas aplicaciones de herbicidas, sobre todo previo a floración del maíz.
  • Condiciones ambientales adversas, en especial durante la emisión de estigmas.
  • Presión por enfermedades.
  • Mala aplicación de fungicidas.
  • Factores abióticos diversos como granizo e inundaciones.

 

La pudrición de la mazorca, causada por hongos, principalmente del género Fusarium la cual tiene una variedad de especies y se encuentran ampliamente distribuidas en el suelo y materia orgánica. Dichos patógenos son importantes en las plantas y causan diversas enfermedades en los granos de cereal. Se considera el género Fusarium como una de las enfermedades más dañinas del maíz en el mundo, pues en países desarrollados llega a reducir el rendimiento en más del 40%. En el altiplano de México, en donde se siembran más de 3,500,000 hectáreas de maíz, puede haber pérdidas superiores en 30% y, en el sureste de México, este mal es un factor limitante en la producción.

 

En Sinaloa, la pudrición de la mazorca, comúnmente, no rebasa el 10% de las mazorcas dañadas. Esta afectación está asociada al ataque de insectos con la posterior invasión de Fusarium, Aspergillus, levaduras entre otros agentes.

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Riego inteligente: tendencia en el sector agrario mexicano.

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• La mejora en el regadío impulsará la transformación del sector agrario, que sin duda se dirige hacia la gestión centralizada y automática.

 

Durante el 2021, uno de los principales avances en el sector agrícola será la mejora de los recursos hídricos, así lo estima el informe Global Water Trends 2021 de Idrica: un listado exhaustivo de las nuevas tecnologías que transformarán el sector del agua durante este año. Asimismo, el riego inteligente, basado en las necesidades hídricas reales de los cultivos, la humedad del suelo y la previsión meteorológica, se generalizará gracias a los avances de la la sensórica. En este ámbito, las soluciones tecnológicas y la reprogramación automática del riego optimizarán el consumo de agua mejorando la calidad de los cultivos.  “La mejora en el regadío impulsará la transformación del sector agrario, que sin duda se dirige hacia la gestión centralizada y automática” comenta Ori Ben Ner, CEO de SupPlant, empresa de tecnología agraria.

 

La tendencia agrícola es regar en función de las necesidades reales de los cultivos y del estado de humedad del suelo, también llamado riego inteligente. En base a la sensórica implementada en los campos, para el cálculo del balance hídrico, las soluciones tecnológicas indicarán cuándo y cuánto regar para optimizar el consumo de recursos hídricos. Los sensores de SupPlant que detectan el estado de cada planta se colocan, de manera estratégica en suelo profundo, suelo poco profundo, tallo, hoja y fruto. Gracias a ellos el agricultor tiene acceso, mediante la aplicación a los patrones de crecimiento de las plantas y sus frutos, cambios climáticos y necesidades de riego. Mediante algoritmos agronómicos, sensores, inteligencia artificial y tecnología basada en la nube los agricultores consiguen cultivos más duros frente a las inclemencias del tiempo, ahorran recursos y el aumenta el rendimiento de la planta. Los usuarios tienen acceso fácil, rápido y actualizado cada 30 minutos a gráficos, planes de riego, datos climáticos, patrones de crecimiento de la planta de cada una de sus parcelas.

 

La sensórica agrícola en sí misma supone un gran avance, ya que ofrece información sobre el estado de los cultivos sin necesidad de desplegar ningún activo. “La información facilitada, puede llegar a construir el mapa de salud de la vegetación y del suelo, mediante la detección de ciertos parámetros como la humedad” asegura Ori.

 

Toma de decisiones basada en datos.

 

La agricultura basada en datos es una forma de gestión agrícola que ayuda a los agricultores a manejar con elegancia diversos aspectos de sus operaciones, desde el rendimiento del suelo hasta la calidad de los cultivos. Permite a los agricultores tomar decisiones precisas, rápidas e inteligentes basadas en hechos y cifras reales, en lugar de confiar únicamente en sus instintos. Un paso más allá en esta tendencia es el ajuste automático de la programación de riego a través de la aplicación de algoritmia, teniendo en cuenta las necesidades de agua del cultivo, el estado del   suelo y la previsión meteorológica. Para una mejor toma de decisiones, resulta clave poder ver,  en tiempo real, toda la información relevante del sistema en una única plataforma. Con este objetivo, en los próximos años, la monitorización de todos los activos y el control de los consumos se convertirán en algo habitual.

 

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Exportaciones de tomate sinaloense están en riesgo por nevadas en Estados Unidos.

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La agricultura de riego o agricultura de regadío consiste en el suministro de las necesarias cantidades de agua a los cultivos mediante diversos métodos artificiales de riego. Entre los cultivos habituales de regadío destacan los frutales, el arroz, las hortalizas y la remolacha.

 

En 1970 se cosecharon en el país 548 mil hectáreas de algodón, de las cuales el 79% se cosechó en tierras de riego, destacando los estados de Sonora, Coahuila, Durango, Baja California y Sinaloa con más de 100 mil toneladas cada uno. El uso del riego en la agricultura es una práctica antigua, desarrollada con la finalidad de proveer una cantidad adecuada de agua para el correcto desarrollo de los cultivos y permitir así la producción de alimentos en la época seca, en la cual no existen lluvias frecuentes. Esto posibilitó la existencia constante de comida y gracias a esto los pueblos lograron asentarse y desarrollarse. El agua es tan importante para la agricultura debido a que crea una solución en el suelo en la cual se encuentran disueltos los nutrientes y mediante la absorción efectuada por sus raíces, las plantas logran acceder a estos.

 

La agricultura de temporal no es otra cosa que la producción agrícola que depende de las condiciones de lluvia para producir, es decir donde no se cuenta con riego ni estructuras tales como los invernaderos. No es que sean frutos de temporada o que sean solo cereales, es que la producción depende de la lluvia. Es importante considerar que la hidratación de el suelo de cada uno de los cultivos debe de ser moderada para evitar que los suelos se asfixien y posterior a eso el desarrollo de las semillas o la siembra se vea afectada. Las temperaturas forman parte de otro factor muy importante por lo que el agricultor debe de estar en constante monitoreo de sus cultivos.

 

Actualmente existen diferentes sistemas de riego recomendables para cada región y/o cultivo,  algunos de ellos son: riego por goteo, por aspersión, por bombeo y por gravedad, entre otros.

 

Riego por goteo:

Se caracteriza por ser una fuente eficiente de ahorro de agua, el cual consiste en suministrar la cantidad necesaria para cada planta por medio de un sistema de válvulas, tuberías mangueras con emisores. Puede utilizarse tanto a cielo abierto como en siembras bajo invernadero. Se recomienda para cultivos como huertas, montes frutales, agricultura orgánica, jardinería y sistemas agroforestales.

Otra técnica es por aspersión, en este tipo de riego el agua llega a la siembra por medio de tuberías y mediante pulverizadores llamados aspersores que humedecen el terreno de forma similar a como lo haría la lluvia.

El objetivo es aplicar una lámina que sea capaz de infiltrarse en el suelo sin producir escurrimientos.

La uniformidad de riego debe cubrir el área en un 80 por ciento para que su uso sea eficiente.

 

 

El riego por gravedad, también conocido como riego de superficie, consiste en la distribución del agua a través de canales o surcos, que se colocan a lo largo del área sembrada.

Para realizarlo, el agricultor debe contar con un estanque lo suficientemente grande. En él se acumulará toda el agua, que por medio de largos canales se dirigirá a los puntos de riego.

 

Cada día es mayor el número de productores que toman conciencia sobre la importancia que tiene en sus cultivos, el uso del agua en los sistemas de riego.

Se ha comprobado que la forma de regar, puede generar mejores cosechas y mayores ingresos, sabiendo que el vital líquido es un recurso cada vez más escaso, del cual hay que hacer el mejor uso posible.

 

Fuentes consultadas: www.gob.mx/agricultura

Fotos: www.gobierno.mx