23/11/2022

Revista InfoAgro México

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¿Cuáles son las condiciones óptimas de cultivo de la coliflor?

¿Cuáles son las condiciones óptimas de cultivo de la coliflor?

  1. Introducción
  2. Condiciones climáticas
  3. Condiciones edáficas
  4. Otros requerimientos
  1. Introducción

Es evidente que, si un cultivo no se desarrolla bajo unas condiciones que le son favorables, éste no crecerá ni producirá dentro de los valores deseables. Más bien todo lo contrario, si las variables del entorno son negativas para dicho cultivo, será susceptible de sufrir un progreso no deseado, así como situaciones de estrés que le perjudicarán. Por ello, a la hora de cultivar es preciso informarse bien de cuáles son las mejores condiciones para el correcto desarrollo del cultivo en cuestión. En este caso, la coliflor.

  1. Condiciones climáticas

Los valores climáticos que se producen en el entorno del cultivo influyen de forma determinante en el desarrollo del mismo, para bien o para mal, siendo un aspecto fundamental, no solo en el crecimiento de las plantas, sino en todos los procesos fisiológicos que se producen en ellas, además de la severidad de los ataques de plagas y enfermedades, entre otras incidencias, sin olvidarnos obviamente del resultado final de la cosecha.

(Las fórmulas del éxito, 2016)

La coliflor no es una excepción a esta dependencia climática. De hecho, se puede decir que este cultivo muestra bastante sensibilidad a determinados rangos térmicos. En general, es una crucífera propia de épocas frías, aunque el periodo trascendental es el momento donde se produce la floración, el cual no debe coincidir con los meses más calurosos ni con los excesivamente fríos, donde se producen las heladas. Por tanto, la planificación de las variedades a cultivar, así como la programación de su ciclo, se diseñan en función de las posibles heladas.

En este sentido, la coliflor es algo más sensibles al frío que el brócoli, ya que responde mal a las bajas temperaturas, siendo el valor mínimo de desarrollo de 0 º C y el mínimo de germinación de 4.4 º C (Colegio de postgraduados, 2004). En estos casos, se utilizan variedades cuyas hojas puedan arropar a las pellas cuando éstas alcancen su tamaño de mercado, debiendo cosecharlas antes de que las hojas se abran y las dejen desprotegidas, sufriendo así daños por las bajas temperaturas. Por ello, se desarrolla mejor y rinde más en climas templados y frescos.

Sin embargo, el cultivo de coliflor no es solamente sensible a las bajas temperaturas, sino que también lo es a las cálidas, viéndose afectado si los valores superan los 26 º C (Colegio de postgraduados, 2004). De hecho, si se producen altas temperaturas dan como resultado una pobre calidad de las inflorescencias, denominadas cabezas o pellas, tornándose amarillentas y flojas (Hermosillo, 2016).

Por tanto, la coliflor necesita temperaturas templadas, situándose su rango óptimo entre 15 º y 21 º C (Colegio de postgraduados, 2004). A este respecto, Hermosillo (2016) coincide en este intervalo térmico, añadiendo además los requerimientos de humedad ambiental, la cual debe ser elevada, propia de los climas frescos y lluviosos. La tabla 1 muestra los valores óptimos de temperatura, así como los críticos en la germinación y en el crecimiento.

En el caso de México se cosecha durante todo el año, dada la diversidad de climas existentes, realizándose en regiones tropicales y subtropicales durante el invierno. El mayor productor de coliflor es el estado de Guanajuato, con el 30 % del volumen nacional, seguido por Hidalgo (19 % del total) y Puebla (17 %), con producciones muy cercanas. Cierran el top 5 de los mayores productores nacionales Michoacán y Aguascalientes.

  1. Condiciones edáficas

En cuanto a los requerimientos del suelo, la coliflor resulta algo “especial”, ya que es más exigente que el resto de cultivos del grupo de las crucíferas, necesitando suelos que muestren unas características de buena fertilidad, no alcanzando un crecimiento óptimo en terrenos de mala calidad o que presenten condiciones desfavorables.

Entre las preferencias del cultivo, se pueden destacar algunas, como son (Colegio de postgraduados, 2004; Hermosillo, 2016):

  • Se adapta a una cierta amplitud de texturas, desde suelos arenosos hasta texturas medias o medio – pesadas. Lo importante es que tengan capacidad de drenaje, evitando los encharcamientos. En el caso de los suelos de textura suelta, hay que tener cuidado con los descensos de humedad, que pueden causar estrés hídrico en las plantas, lo que dará lugar a la formación de cabezas prematuras.
  • Prefiere suelos desde ligeramente ácidos hasta neutros, con un rango de pH entre 5.5 y 7, siendo su óptimo de 6.2 a 6.5. Si se desarrolla en suelos más alcalinos, a partir de 7.5, puede sufrir estados de carencias nutricionales. Por ello, en tales casos, es recomendable la aplicación de fertilizantes con propiedades ácidas que ayuden a disminuir el pH del entorno radicular. Normalmente, los suelos suelen tener un pH más bien elevado, superior a 7.5, aspecto que debe ser tenido en cuenta.

Requiere un contenido aceptable de materia orgánica, la cual ofrece innumerables beneficios, entre los que destacan: mayor disponibilidad de nutrientes e intercambio catiónico, mejor capacidad de drenaje, superior capacidad de retención de agua, mayor actividad microbiológica en el suelo, mejoría de las propiedades del mismo, etc.

  1. Otros requerimientos

Los requerimientos de clima y suelo suelen ser los más importantes, así como los más mencionados, aunque vamos a enumerar alguno más, como puede ser la tolerancia a la salinidad del suelo, las necesidades nutricionales (especialmente de nitrógeno) o la demanda hídrica.

– Tolerancia a la salinidad. La coliflor es moderadamente sensible a las sales presentes en el suelo. De este modo, el potencial de rendimiento se ve reducido en un 10 % si la conductividad eléctrica del mismo se sitúa en torno a 2.5 dS m-1 y hasta en un 50 % si aumenta hasta 7 dS m-1 (Hermosillo, 2016). Según este autor, la coliflor establecida en suelos arenosos puede tolerar hasta una salinidad de 3.2 dS m-1, mientras que en suelos arcillosos solamente alrededor de 1.1 dS m-1.

– Aportación de nitrógeno. En lo referente a la fertilización, al tratarse de plantas de gran porte, requieren un buen aporte de nutrientes, principalmente de nitrógeno, el cual tiene una influencia relevante en el rendimiento de la coliflor, más que cualquier otro nutriente en la planta. Para Hermosillo (2016), si se realiza un manejo adecuado, con 200 – 250 kg de N por hectárea suele ser suficiente para obtener una producción aceptable, aportando aproximadamente la mitad durante las primeras 5 – 7 semanas después del establecimiento del cultivo.

Por ello, deben evitarse las deficiencias de este elemento en cualquier momento del ciclo de cultivo si no se quieren ver reducidos los rendimientos. Un periodo crítico es a partir del inicio de la formación de los «quesitos» o «abotonamientos», cuya aplicación demasiado tardía de N podría no corregir satisfactoriamente el problema.

También es importante tener en cuenta que la aportación de nitrógeno en suelos de textura arenosa puede resultar ineficaz como consecuencia de la lixiviación de este elemento arrastrado por el agua hacia las capas más profundas del suelo. En el pretrasplante, pueden ser necesarios de 40 a 60 kg de nitrógeno por hectárea en suelos con texturas más pesadas, como franco – arcillosos y franco – arcillo – limosos, y unos 40 kg por hectárea en suelos arenosos y franco – arenosos (Hermosillo, 2016).

– Adecuación del agua de riego. El cultivo de la coliflor necesita un nivel de humedad en el suelo suficiente y permanente. Por tanto, debe ser regado de manera regular, aunque sin excederse en la cantidad de agua, ya que puede dar lugar a la aparición de enfermedades fúngicas y bacterianas, las cuales también pueden aparecer si se aplica riego por aspersión y las condiciones climáticas favorecen el desarrollo de estos patógenos que causarían daños en las inflorescencias comerciales.

Por el contrario, tampoco conviene quedarse corto en las dosis de riego, lo que supone un estrés para las plantas por falta de agua, sobre todo, en el comienzo de la formación de cabezas y su posterior desarrollo, siendo considerado un estado especialmente crítico en coliflor. Por esto, dada la profundidad del sistema radicular no superior a los 30 cm, los riegos deben ser ligeros y frecuentes, siempre que la textura del suelo lo permita.

Por tanto, el sistema de riego idóneo para mantener un estado de humedad continuo y controlar las dosis de agua es el riego por goteo, mejor si está dotado de programador automático, evitando así desequilibrios hídricos que pueden ocasionar problemas diversos como la maduración prematura.

Como hemos podido comprobar, existen varios aspectos, fundamentalmente de clima, de suelo y de manejo, que pueden influir de forma definitiva en el crecimiento de los cultivos de coliflor, así como en la producción final, siendo necesaria la revisión de los factores de su entorno y actuando en consecuencia, si se quieren obtener los resultados deseados.