Influencia de factores climáticos y agronómicos sobre el rendimiento de Sandía
Parte I
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- Introducción
- Temperatura
- Humedad relativa
- Nivel de radiación
- Manejo climático del cultivo
- Factores agronómicos
- Principales medidas de actuación
- Introducción
Las condiciones ambientales reinantes en el entorno del cultivo tienen una influencia significativa en el desarrollo de las plantas, así como en su producción final. Es evidente que los cultivos en campo abierto están más expuestos a las inclemencias del tiempo, siendo más complicado actuar sobre estos fenómenos. En cambio, los cultivos protegidos tienen un margen de mejora si se actúa frente a unas condiciones desfavorables que van a ocasionar una reducción del rendimiento. En cualquier caso, intentar modificar, aunque sea un mínimo, dichas condiciones adversas puede suponer una mejora de la cosecha.
- Temperatura
La climatología ejerce un efecto directo sobre el desarrollo de los cultivos. En este sentido, la sandía no es una excepción, reaccionando en sus distintas fases fenológicas al entorno ambiental que la rodea. En el caso de la temperatura, ésta influye en todas las funciones vitales de la planta, como son la germinación, crecimiento, transpiración, fotosíntesis, floración, etc. (Crawford, 2017).
Dentro de la familia de las cucurbitáceas, existen unas especies más sensibles a la influencia térmica que otras. Así, la sandía resulta ser menos exigente en cuanto a temperatura que el melón. Del mismo modo, los cultivares triploides de sandía parecen ser más exigentes que los diploides (Di Benedetto, 2005).
En lo que respecta a la influencia de la temperatura en el cultivo de sandía, Peñaloza (2001) señala los valores térmicos que son importantes en cada fase del ciclo biológico:
– Germinación. Las semillas, que están distribuidas por la pulpa, requieren temperaturas relativamente altas para germinar, entre 28 º y 35 º C, cuyo intervalo de temperaturas mínimas es de 12 º – 16 º C. A este respecto, la aparición de la radícula está limitada por las bajas temperaturas.
Según Rostrán y Bárcenas (2014), las semillas pueden germinar en 5 – 6 días si se exponen a un rango de 14 º a 16 º C durante un periodo continuo de 24 horas, mientras que si la temperatura se eleva hasta 30 º C, la germinación se puede reducir hasta los 4 días.
– Desarrollo inicial. Los plantines o plántulas de sandía poseen una elevada tasa de crecimiento desde el primer instante, con una temperatura óptima para la expansión foliar que se encuentra alrededor de los 25 º C, con un valor promedio de 20 º C.
– Crecimiento de la planta. Los valores ideales durante el día oscilan entre 25 º y 35 º C, soportando hasta un máximo de 39 º C, mientras que por la noche rondan los 18 º – 22 º C. El crecimiento vegetativo se puede detener entre 11 º y 13 º C, alcanzando la helada a una temperatura en torno a 1 º C.
La sandía es un cultivo que presenta cierta sensibilidad a las heladas, por lo que es preciso tener presente su implantación en regiones que estén libres de esta condición climática, lo que va a determinar la duración de su ciclo, cuyo periodo dependerá también de factores como la variedad cultivada y el manejo agronómico recibido.
– Floración. La influencia de la temperatura sobre esta fase está relacionada con la diferenciación de primordios florales durante el desarrollo de la flor hasta la antesis, que es la apertura de las flores, cuyo rango óptimo es de 18 º a 20 º C, lo que permite dejar las partes florales disponibles para la polinización y la dehiscencia (apertura espontánea de las anteras para dispersar el polen). Igualmente, durante la fecundación de la flor es fundamental que la temperatura favorezca el desarrollo del tubo polínico, requiriéndose un mínimo de 18 º C.
En condiciones de baja temperatura, la antesis y la dehiscencia se pueden retrasar hasta el día siguiente, siendo la mínima para la antesis de 10 º C. Por encima de dicho valor térmico las flores se abren, permaneciendo un tiempo considerable abiertas. Asimismo, las bajas temperaturas pueden inhibir el desarrollo de flores masculinas después de la diferenciación, provocando una precoz aparición de flores femeninas.
En el caso contrario, es decir, cuando se dan altas temperaturas, por encima de 30 º C, la antesis ocurre en horas tempranas y las flores se cierran a mediodía o durante las primeras horas de la tarde. El proceso denominado abscisión, o caída de flores, suele producirse por temperaturas demasiado altas o muy bajas, pero también puede deberse a fenómenos morfológicos o a aspectos fisiológicos.
– Cuaje y desarrollo de frutos. Las sandías se desarrollan mejor en climas cálidos, con temperaturas favorables para la formación de frutos en torno a 28 º C. Para Rosado (2020), valores inferiores a 21 º C resultan poco favorables y reducen la eficiencia operativa del cultivo. Asimismo, la maduración de los frutos presenta su estado óptimo entre 20 º y 30 º C.
- Humedad relativa
La humedad relativa (HR) existente en el ambiente del cultivo es un factor fundamental, ya que es necesario un cierto nivel de humedad desde las fases iniciales para que las plantas realicen un crecimiento ágil. Para algunos autores (Crawford, 2017; Ortiz, 2017; Félix, 2019), el rango óptimo se sitúa en 60 % – 80 %.
No obstante, para las fases que no impliquen un acentuado crecimiento vegetativo, como la floración, el cuajado de frutos o incluso la maduración, también es preciso un cierto nivel de HR, alrededor del 50 %. Durante la floración, un mínimo del 50 % facilita la apertura de las anteras, la dehiscencia y la polinización (Félix, 2019).
En este sentido, Delgado (2019) señala como valores ideales de humedad relativa en los distintos periodos fenológicos los siguientes rangos:
- Crecimiento de las plantas: entre 65 % y 75 %.
- Periodo de floración: entre 60 % y 70 %.
- Durante la fructificación: entre 55 % y 65 %.
Es preciso tener en cuenta que los casos extremos de HR suponen una potencial situación de estrés para el cultivo de sandía (Crawford, 2017). Por ello, si la humedad es demasiado elevada, fases como floración y cuajado de frutos se verán afectadas al no ser óptimas las condiciones ambientales de la polinización, sufriendo incluso el polen de las flores una cierta alteración que podría convertirlo en inviable. Además, existe el riesgo de la incidencia de ciertos fitopatógenos responsables de causar enfermedades.
Por el contrario, un ambiente excesivamente seco, con niveles de HR demasiado bajos, va a afectar de manera negativa a todas las fases del cultivo, ralentizando el crecimiento vegetativo y provocando una merma en la fase generativa, incluso con caída de flores, las cuales se perderán por tan alto reseco. Asimismo, ambientes secos favorecen la aparición de plagas como los ácaros, siendo la araña roja un enemigo temible en las sandías.
La incidencia de vientos fuertes, especialmente los que son secos y calientes, ayudan a reducir de forma drástica los niveles de humedad relativa, además de agravar los daños descritos anteriormente, mermando de manera considerable las producciones. Igualmente, en cultivos bajo estructuras, un viento potente puede causar daños tales como el desprendimiento de las cubiertas de los túneles e invernaderos (Crawford, 2017).
Asimismo, Aramendiz et al. (2017) señalan al viento como un factor que resulta determinante en la producción de sandía, ya que, además de los daños mecánicos que puede provocar en las hojas y frutos de los cultivos en campo abierto, también puede incrementar de manera notable la transpiración de las plantas, afectando su normal funcionamiento y su rendimiento final.

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