28/04/2022

Revista InfoAgro México

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Riego y fertilización

Riego y fertilización

1. Introducción

2. Conceptos generales

3. Importancia del riego

4. Importancia de la fertilización

1. Introducción

La piña es un cultivo que demanda bastantes nutrientes, además de ser exigente en otras condiciones como, por ejemplo, las edáficas. Por ello, si se quiere obtener un buen rendimiento del cultivo, así como una buena calidad de las frutas, es necesario realizar, de la forma más óptima posible, las estrategias de riego y fertilización, las cuales dependen de varios parámetros a tener en cuenta, por lo que no resulta una tarea sencilla.

2. Conceptos generales

Tanto el riego como la fertilización son dos aspectos fundamentales para conseguir un buen desarrollo de las plantas, así como para alcanzar grandes rendimientos. Si alguna de estas dos técnicas no se realiza correctamente, el cultivo no alcanzará su producción óptima. Ambas se suelen estimar y calcular de forma separada, pero se aplican conjuntamente, es decir, los fertilizantes disueltos en el agua, a través de un proceso denominado fertirrigación.

Esta técnica ha permitido hacer más eficiente el uso de los recursos hídricos y de los fertilizantes en los cultivos, evitando gastos innecesarios o excesivos, mediante la aplicación ajustada y fraccionada de las cantidades de agua y nutrientes requeridas por las plantas. En el caso del riego, las necesidades hídricas diarias suelen estimarse a través de programas informáticos que tienen en cuenta las condiciones climáticas de la zona de producción, mientras que, en el caso de la nutrición, se realiza en base a la curva de absorción de nutrientes o a tablas de nutrición específicas por cultivo.

Una curva de absorción de nutrientes es la representación gráfica de la cantidad de los mismos extraídos por una planta durante su ciclo de vida. Estas curvas no constituyen un instrumento de diagnóstico, como sucede con un análisis foliar, más bien, contribuyen a dar solidez a los programas de fertilización, debido a que establecen las cantidades mínimas necesarias para que el cultivo obtenga un determinado rendimiento (Molina, 2017). Por tanto, conocer el comportamiento de estas curvas, permite saber cuáles son las fases fenológicas en las que se produce una mayor demanda por parte de la planta.

3. Importancia del riego

Sin duda, el agua es vital para cualquier ser vivo. En el caso de las plantas, el consumo hídrico marcará el ritmo de crecimiento, así como el resultado final. Para aplicar, de la forma más eficiente posible el riego, es necesario conocer sus necesidades de agua para que los aportes sean lo más aproximados posibles.

Molina (2017), reporta un consumo de agua entre 1000 y 1500 mm año-1 (80 – 120 mm mes-1), aunque estos valores deben tomarse como una referencia, ya que cada cultivo necesita unas cantidades de agua que están en relación directa con aspectos como el clima, el tipo de suelo, la calidad del agua, la fase fenológica o, incluso, la variedad de piña cultivada. Asimismo, el uso de sensores de humedad instalados en el suelo puede servir de ayuda a la hora de programar los riegos.

En dicha programación del riego, la piña, como cualquier otro cultivo, tiene periodos críticos en los cuales el suministro de agua no debe faltar bajo ninguna circunstancia. Estos periodos críticos son:

  • Primeros tres meses después de la siembra.
  • Momento de floración y fructificación.

En estas fases tan delicadas, no puede producirse estrés hídrico para las plantas

porque desencadenaría en serios problemas, tanto de calidad como de rendimiento. Por ello,

es necesario mantener el nivel de humedad en estos momentos críticos.

En este sentido, el uso de acolchado plástico puede resultar muy útil en suelos con tendencia a secarse, ya que mantiene la humedad del suelo por más tiempo a la vez que evita la evaporación, además de la emergencia de malas hierbas. Esta técnica debe aplicarse en los sistemas de riego por goteo.

El sistema de riego responde al nivel tecnológico de la plantación, siendo los más utilizados los de aspersión y por goteo. El riego por goteo es más difícil de manejar en el cultivo de piña que el riego por aspersión, además de que este último es más barato y fácil de operar. Otra razón del uso más extendido del riego por aspersión es la increíble capacidad de absorción que tienen las hojas de piña, sobre todo en sus axilas.

Si el cultivo está implantado en una región moderadamente lluviosa quizá no sea necesaria la instalación de un sistema de riego, el cual se justifica cuando en dicho lugar se repitan tres meses consecutivos con precipitaciones inferiores a 15 mm o cuatro meses con precipitaciones inferiores a 40 mm, ya que en esas situaciones hídricas se verá afectado el crecimiento del cultivo, así como el peso y el tamaño de la fruta.

Previamente a la programación de los riegos, es recomendable realizar un análisis de agua en un laboratorio especializado, aunque conocer la composición química tiene que ver más con las técnicas de nutrición vegetal. De este modo, estar al tanto de las características del agua que se va a aplicar a las plantas, evitará situaciones desfavorables como la formación de precipitados, la obstrucción de los emisores o la toxicidad iónica, entre otros. Por otra parte, la cantidad de elementos minerales que contenga el agua servirá para un cálculo más ajustado de los aportes nutricionales del cultivo.

4. Importancia de la fertilización

Lo mismo que sucede en el caso del agua de riego, también es recomendable llevar a cabo un análisis de suelo previo al inicio del cultivo para conocer, por un lado, la composición iónica y, por otro, la presencia de organismos patógenos, sobre todo antes de que comience la época de lluvias.

Para poder realizar una correcta nutrición del cultivo es preciso conocer la fase fenológica en la que se encuentra, así como su extracción nutrimental específica, lo que permitirá aplicar los elementos minerales necesarios en la cantidad adecuada para su desarrollo.

En cuanto a las fases fenológicas del cultivo, el ciclo puede dividirse en tres fases importantes:

  • Fase vegetativa, que va desde la siembra hasta diferenciación floral (entre 34 y 40 semanas).
  • Fase reproductiva, que comprende desde la diferenciación floral hasta la cosecha (de 20 a 22 semanas).
  • Fase propagativa, que va desde la fase reproductiva hasta después de la cosecha, con la producción de hijos reproductivos (entre 15 y 30 semanas).

Sin embargo, en la práctica, a veces la tercera fase se evita después de la primera cosecha (90 – 120 t ha-1), para obtener una segunda fase vegetativa y reproductiva para obtener una segunda cosecha (60 – 70 t ha-1). Después de la segunda cosecha, por lo general, se deja la fase propagativa. Con estas dos cosechas, el ciclo de la piña dura alrededor de 3 años (Molina, 2013).

En el proceso de absorción de nutrientes (tabla 1), los principales para la piña son nitrógeno, potasio y calcio, aunque fósforo, magnesio y los microelementos boro, hierro y zinc, también son importantes. La piña se caracteriza por ser un cultivo que presenta una alta capacidad de extracción de nutrimentos (tabla 2), por lo que puede empobrecer al suelo en un corto o medio plazo si no se reponen los elementos minerales consumidos por las plantas piñeras. La demanda más fuerte de nutrimentos se da poco antes de la inducción floral hasta las primeras etapas de crecimiento de la fruta, aproximadamente entre los 6 y 12 meses después del establecimiento (Molina, 2013).

Nutriente

Absorción (kg ha-1)

N

268

P2O5

87

K2O

712

CaO

113

MgO

82

S

37

Tabla 1. Absorción de nutrientes (kg ha-1) en piña en primera cosecha con rendimiento de 100 t ha-1 (Molina, 2013)

Nutriente

Dosis (kg ha-1)

Nitrógeno

600 – 700

Fósforo

150 – 250

Potasio

500 – 600

Calcio

80

Magnesio

50 – 80

Azufre

70

Hierro

8

Boro

5

Zinc

5

Tabla 2. Dosis de nutrientes para el cultivo de piña en primera cosecha (Molina, 2017)

Una vez conocidas las distintas fases del cultivo y la demanda de nutrientes del mismo, se procede a la programación de la fertilización, cuyos aportes se irán administrando de manera creciente a lo largo del ciclo de cultivo.

Según Molina (2013), se pueden aplicar los fertilizantes una vez a la semana o cada quince días, dependiendo de la etapa de desarrollo que se encuentre. Igualmente, recomienda iniciar el programa de fertilización en la tercera o cuarta semana después de la siembra, ya que, durante las primeras semanas, las plantas no tienen raíces. Así pues, las dosis de fertilizantes se irán incrementando conforme vayan pasando las semanas para alcanzar el peso mínimo requerido para la inducción floral (2.2 – 2.5 kg). Conviene mencionar que, aproximadamente, la mayor parte de los fertilizantes se aportan en la fase vegetativa, mientras que, en la fase reproductiva, básicamente, se aplican calcio, potasio y boro para mejorar la calidad de la fruta.

Finalmente, para llevar un control adecuado del estado de la planta, se suele realizar un monitoreo nutricional, mediante análisis foliar, una práctica común para determinar el estado nutrimental del cultivo una vez establecido. Se recomienda hacerlo entre la semana 16 y la 30 después de sembrar, siendo el mejor momento para hacerlo entre la 20 y la 24.

La “hoja D” es la que representa mejor el estado nutricional de la planta y, por tanto, debe tomarse para realizar este monitoreo. Dicha hoja se caracteriza por tener un ángulo de inserción de, aproximadamente, 45 ° con respecto al eje central de la planta y se identifica por ser la más larga en el momento de juntar todas las hojas hacia el centro con la mano (sin arrancarlas). Para extraerla es necesario moverla suavemente de un lado a otro para sacarla entera con toda su base, que es de color blanco y de unos 10 cm. Esta base de color blanco es muy importante porque en el laboratorio se emplea para determinar la concentración de casi todos los nutrientes, incluidos los micros. Por otra parte, en el tercio medio de la hoja, que ya es de color verde, se analiza el nitrógeno. El tamaño de la muestra debe ser de 20 a 25 plantas por lote de la misma edad y el lote no debe ser mayor de 3 hectáreas para asegurar que la muestra sea representativa (Molina, 2013).

Como se ha podido comprobar, llevar a cabo las tareas de riego y fertilización no resulta sencillo, ya que hay que tener en cuenta variada información para realizar los aportes de manera correcta, aunque siempre será más fácil con la ayuda de los análisis correspondientes que sirvan de guía.