07/07/2026

Revista InfoAgro México

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Plagas en el cultivo de Frambuesa

Plagas que afectan al cultivo de Frambuesa

 

  1. Introducción
  1. Incidencia y control detrips  
  1. Presencia y control de ácaros

 

  1. Introducción

 

El cultivo de frambuesa sufre el ataque de un buen número de insectos plagas de todo tipo, frente a los que hay que actuar si se quiere obtener una cosecha óptima y de calidad. Es evidente que la incidencia de cualquier plaga y/o enfermedad merman la producción del cultivo, así como sus atributos de calidad. Por ello, llevar a cabo el mayor número de actuaciones posibles va a incrementar las opciones de control. Entre éstas destacan el monitoreo de plagas, el uso de plantas sanas, una fertilización equilibrada, la limpieza de las parcelas y los trabajadores, el manejo climático o el control biológico, entre muchas más.  

 

  1. Incidencia y control detrips 

 

Una de las premisas principales en el manejo de este cultivo es desarrollar una buena densidad foliar para sostener de manera adecuada a la carga de frutas que se forman en la fase del cuaje. Sin embargo, una vigorosidad excesiva, generalmente propiciada por un aporte nitrogenado de más, suele hacer a las plantas más apetecibles para las plagas, resultando así más susceptibles a sus ataques.  

 

A este respecto, son varias las especies de insectos que intentan colonizar los cultivos de frambuesa, desde distintos tipos de gusanos, pasando por chinches y cochinillas, hasta diversos ácaros y demás. En el presente artículo se van a describir dos plagas que son bastante generalistas, es decir, que actúan sobre un gran número de huéspedes, destacando cítricos, frutales, hortalizas de hoja y de fruto, etc. Se trata de los trips y los ácaros, muy conocidas a la vez que respetadas por los daños que ocasionan en un amplio abanico de plantas cultivadas. 

 

Comenzando por los trips, las especies más reconocidas en el cultivo de frambuesa y en otros más, son Frankliniella occidentalis, F. australis Thrips tabaci, aunque en las parcelas de cultivo, algunas de estas especies no son fáciles de distinguir (Ripa et al., 2001). Los daños más visibles de su presencia corresponden a la oviposición y a las marcas causadas por la alimentación de larvas y adultos, principalmente “russet” y “puntos” en los frutos (Cisternas y France, 2009). 

 

Una breve descripción de estos insectos (Cisternas et al., 2000; Cisternas, 2013) señala que son de pequeño tamaño, entre 0.8 y 2 mm en su estado adulto, de cuerpo cilíndrico y apariencia frágil, que presentan dos pares de alas membranosas, delgadas y pilosas.  

 

Asimismo, presentan reproducción sexual y por partenogénesis, en la que las hembras insertan sus huevos, brillantes y transparentes, bajo los tejidos vegetales, normalmente en tallos tiernos, en pedúnculos y en los frutos. Es preciso indicar que hay determinadas especies que son particularmente florícolas, como Frankliniella occidentalis, cuya presencia suele localizarse en el interior de las flores. 

 

De los huevos emergen las larvas de estadío I, las cuales son de color blanco hialino, cambiando a un tono amarillento conforme van evolucionando. De este modo, las larvas de estadío II se identifican por el color amarillento, mudando posteriormente para dar lugar a la fase de pre-pupa, que después de un breve periodo será una pupa, la cual no se alimenta, para emerger después en forma de un nuevo adulto, con una alta actividad. 

 

El ciclo de vida tiene una duración variable, en función de las condiciones climáticas, aunque generalmente se puede completar en 15 – 20 días, siendo las larvas y los adultos los estados que se alimentan de los tejidos tiernos a través de su estilete, actuando también como vectores de enfermedades, ya que pueden transportar patógenos como hongos, bacterias y virus (Ripa et al., 2001). 

 

En lo referente a las medidas de control de este insecto, se debe comenzar por llevar a cabo labores de monitoreo para detectar su presencia en las parcelas de cultivo, mayoritariamente mediante placas adhesivas y en las flores, siendo más preciso en las fases iniciales de la temporada, así como en los periodos donde las poblaciones de trips resultan más numerosas. 

 

Una vez detectada su presencia, hay que valorar el nivel de población de esta plaga, poniendo en marcha una serie de medidas que deben estar en consonancia con el peligro que ésta puede ocasionar, por ejemplo, si los frutos del frambueso se encuentran en su fase inicial.   

Algunas recomendaciones (Artigas, 1995; Ripa et al., 2001; Rojas, 2005; Cisternas, 2013) son: 

 

  • Limpieza de malezas o plantas hospederas del entorno del cultivo. 

 

  • Implantación de setos naturales que atraigan trips y también a sus enemigos naturales.   

 

  • Entre sus enemigos naturales se encuentran: otros trips depredadores, crisopas (Chrysoperla carnea), chinches (Nesidiocoris tenuis, Macrolophus pygmaeus), ácaros (Amblyseius swirskii) y antocóridos (Orius laevigatus).  

 

  • Las prácticas de control biológico en las que se liberan algunos de estos insectos de control son una herramienta muy útil.  

 

  • Los tratamientos insecticidas deben llevarse a cabo con coherencia, utilizando productos registrados, respetando dosis y número de aplicaciones, siendo compatibles con los enemigos naturales, estando en consonancia con las condiciones ambientales, etc. 

 

  1. Presencia y control de ácaros

 

Otro enemigo a tener en cuenta, no solamente en las frambuesas, sino en numerosos cultivos de importancia económica son los ácaros, entre los que destaca la conocida araña roja (Tetranychus urticae). También se ha reportado otro ácaro fitopatógeno para el cultivo (Panonychus ulmi). Ambos ácaros provocan daños severos en las plantas al succionar la savia de las células en el envés de las hojas (González, 1989). 

 

Los síntomas son muy característicos, manifestándose por punteaduras amarillas en las hojas, que derivan en un amarillamiento más generalizado. También provoca la defoliación de la planta y la inhibición del desarrollo de las yemas florales, comprometiendo la cosecha de ese año, incluso la del siguiente (González, 1989).  

 

Su ciclo biológico se desarrolla rápidamente, pudiendo completarse en unos 7 días con temperaturas de 30 º C y ambiente seco, alargándose a medida que la temperatura desciende, siendo estimada la duración en unos 14 días si es de 23 º C. El ciclo engloba distintos estadíos: huevo, larva, ninfa (protoninfa y deutoninfa) y adulto, descritos por Cisternas (2013).  

 

La reproducción es normalmente sexual, pero puede darse también de forma partenogenética. Una hembra adulta puede poner alrededor de 100 – 120 huevos, con una frecuencia diaria de entre 3 y 5. Éstos son de pequeño tamaño (0.12 – 0.14 mm de diámetro), normalmente de color amarillento o anaranjado, con forma esférica, lisos y brillantes. 

 

De los huevos eclosionan las larvas, que son incoloras y transparentes en sus inicios, cambiando su color a verde claro, amarillento o verde oscuro, dependiendo de su alimentación. Miden unos 0.15 mm de longitud y poseen dos manchas oscuras características en el dorso del tórax y tres pares de patas. 

 

Posteriormente, se producen dos estados ninfales, protoninfa y deutoninfa, ambos del mismo color que las larvas, aunque las manchas en los laterales del dorso son más grandes y nítidas. Poseen cuatro pares de patas y la diferencia entre los dos estados radica en el tamaño, mayor en la deutoninfa, en la que se puede diferenciar el sexo según las formas, siendo las hembras de mayor tamaño, más voluminosas y redondeadas que los machos. 

 

Finalmente, se forman los adultos. Éstos muestran un claro dimorfismo sexual, siendo las hembras de forma ovalada y más grandes que los machos (0.5 mm de largo y 0.3 mm de ancho), que son más pequeños y con el cuerpo más estrecho, el abdomen puntiagudo y las patas proporcionalmente más largas.  

 

En cuanto al color, la hembra tiene más diversidad, pudiendo ser amarillenta, verde, rojo – anaranjado, pero siempre con dos manchas laterales oscuras sobre el dorso del tórax. Por su parte, la coloración del macho suele ser más pálida. Además, las hembras viven más tiempo, entre 20 y 28 días, frente a los 14 días de los machos, y son más numerosas con una proporción 3:1 en relación a éstos. 

 

La distribución de los ataques suele producirse por focos, generalmente si hay proximidad de malas hierbas, que actúan de reservorios de la plaga. En las plantas suelen ubicarse en hojas jóvenes de los últimos brotes, aunque si se produce una alta incidencia se verán en cualquier tipo de hojas, incluso colonizando toda la planta. El viento y el transporte del material vegetal son también medios de dispersión para estos ácaros (Cisternas et al., 2000). 

 

Las medidas de control deben enfocarse en las labores preventivas y en la detección temprana de esta plaga porque una vez que se establece, y las condiciones climáticas les favorecen (ambientes cálidos y secos), resulta muy complicado su control. Por ello, se recomiendan las siguientes acciones (González, 1989; Artigas, 1995; Rojas, 2005; Cisternas y France, 2009): 

 

  • Es preciso utilizar material vegetal sano, sin presencia de plaga, procedente de viveros o semilleros autorizados. 

 

  • En parcelas con antecedentes de araña roja, se recomienda tratar las estructuras y el suelo antes de realizar una nueva plantación, cuya fecha debe distanciarse. 

 

  • Se deben vigilar las fuentes de polvo en el aire porque favorece su aparición. 

 

  • Es conveniente aplicar una fertilización equilibrada, evitando el exceso de N, que hace a las plantas más vulnerables a la plaga. 

 

  • Mantener precaución con la ropa, el calzado y las herramientas de trabajo, que sirven de medio de dispersión a estos ácaros. 

 

  • Retirada de los restos de poda con presencia de ácaros para evitar que vuelvan al cultivo.  

 

  • Es recomendable aumentar la HR mediante riegos y fuentes de agua, especialmente en las épocas calurosas en las que no hay presencia de lluvia.  

 

  • Se deben establecer cultivos trampa, como el maíz, así como eliminar las malezas hospederas en la periferia del cultivo. 

 

  • El control biológico basado en la suelta de enemigos naturales, entre los que destacan las especies Phytoseiulus persimilisAmblyseius californicus o A. swirskii, son una excelente opción de apoyo al control de estas arañitas. 

 

  • Es importante no abandonar los cultivos al final del ciclo, especialmente si tienen presencia de ácaros u otras plagas. 

 

Después de haber estudiado dos de las plagas más peligrosas que afectan a un gran número de cultivos, no solamente al conjunto de las berries, es preciso tener más consideración en la gestión del cultivo, en este caso de frambuesa, así como en las labores preventivas y de monitoreo, que facilitarán su control al ser detectadas de forma temprana.