07/07/2026

Revista InfoAgro México

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Gestion de los nutrientes en el cultivo de Frambuesa pt.2

Importancia de la gestión de los nutrientes en el cultivo 

Parte II 

 

 

  1. Valores óptimos en el cultivo de frambuesa

 

Uno de los factores de manejo agronómico más determinantes a la hora de obtener un buen desarrollo del cultivo, así como una óptima producción, es la fertilización. A este respecto, los fertilizantes aplicados al mismo mantienen una relación directa con su rendimiento y con las propiedades químicas del suelo. 

 

Considerando esta premisa, el programa de fertilización de cada temporada debe afrontarse de manera específica en cada parcela de cultivo, prestando atención a las condiciones reinantes de cada momento (fase del cultivo, variables climáticas, características edáficas, niveles hídricos, etc.) y no emplear una fórmula genérica para cualquier situación. 

 

Por ello, es necesario contar con la información que aportan los análisis, tanto de suelo como foliares, que serán realizados en momentos donde se detecte una situación anómala o, si el cultivo tiene un comportamiento relativamente normal, para mantener un control nutricional del mismo.  

 

En este sentido, Hirzel (2008) establece que el diagnóstico nutricional y la recomendación de fertilización aplicados de manera específica se traducirán en un mayor rendimiento y calidad del frambueso, lo que significa una mayor rentabilidad para el productor. 

 

La mejor forma de aplicar los fertilizantes es siempre mediante la fertirrigación, aunque también se pueden llevar a cabo abonados de forma tradicional en cobertera, sobre todo en cultivos al aire libre y en zonas húmedas (García et al., 2013). 

 

Teniendo en cuenta los aspectos anteriormente mencionados, existen dos opciones de cara a realizar la fertilización del cultivo de frambuesa: tener disponible un análisis de suelo (o foliar) para ajustar el aporte de los nutrientes o no tenerlo.  

 

En el caso de no disponer de datos analíticos, Hirzel (2008), recomienda el cálculo de fertilizantes según la tabla 1:  

Dosis de fertilizante (kg ha-1)  Rendimiento esperado (t ha-1)  Factor específico 
Nitrógeno (N)  10 – 20  8 – 10 
Fósforo (P2O5)  10 – 20  3 – 6 
Potasio (K2O)  10 – 20  6 – 12 
Magnesio (MgO)  10 – 20  1 – 3 
Azufre (S)  10 – 20  1 – 3 
Boro (B)  10 – 20  0.1 – 0.2 
Zinc (Zn)  10 – 20  0.1 – 0.2 

Tabla 1. Cálculo de dosis de nutrientes (kg ha-1) en función de un rendimiento esperado (t ha-1).  

Fuente: Hirzel (2008). 

 

Es necesario tener presente algunas premisas si se desean realizar estas estimaciones: 

 

– Los valores de rendimiento a considerar deben ser coherentes, siendo establecidos acorde con las condiciones reales, es decir, si se cuenta con un suelo que dificulta el crecimiento del cultivo no se puede considerar un rendimiento máximo, sino que debería tomarse un valor más bajo, por ejemplo 12 t ha-1. 

 

– Con el factor específico de cada nutriente sucede lo mismo. Se debe aplicar un valor realista dentro del intervalo establecido. En un hipotético caso de máximas necesidades de potasio, debería elegirse un valor más próximo al 12 que al 6. 

 

– En cuanto al aporte de calcio, que no figura en la tabla, Hirzel recomienda una aplicación de cal en torno a 1 – 2 toneladas por hectárea cada 4 años, de forma general. 

 

– Un ejemplo para un rendimiento esperado de 16 t ha-1 en un suelo pobre en fósforo, su estimación sería: Dosis de P2O5 = 16  6 = 96 kg ha-1. 

 

En el caso en que se dispone de análisis de suelo o foliar, los niveles de nutrientes obtenidos deben compararse con los rangos de referencia establecidos y aportar (o no) las cantidades precisas para mantener al cultivo dentro de los valores considerados óptimos. Las tablas 2 y 3 muestran estos niveles de referencia, tanto en suelo como en hoja de frambueso. 

Parámetro a considerar  Nivel óptimo según textura del suelo 
De franco-arenoso a 

franco-limo-arenoso 

De franco-limoso a 

franco-arcilloso 

Materia orgánica (%)  > 1.5  > 1.5 
CE (dS m-1)  < 1.5  < 1.5 
CIC (cmol (+) kg-1)  8 – 15  15 – 30 
N inorgánico (mg kg-1)  15 – 30   20 – 40    
P Olsen (mg kg-1)  > 15  > 20 
K intercambiable (cmol (+) kg-1)  0.3 – 0.5  0.4 – 0.6  
Ca intercambiable (cmol (+) kg-1)  7 – 10  8 – 12  
Mg intercambiable (cmol (+) kg-1)  1.0 – 1.5  1.2 – 2.0 
Na intercambiable (cmol (+) kg-1)  0.03 – 0.3  0.05 – 0.6 
Suma de bases (cmol (+) kg-1)  > 8  > 10 
Azufre (S) (mg kg-1)  > 8  > 10 
Hierro (Fe) (mg kg-1)  2 – 4   2 – 10  
Manganeso (Mn) (mg kg-1)  1 – 2   2 – 5  
Zinc (Zn) (mg kg-1)  0.8 – 1.5   1.0 – 2.0 
Cobre (Cu) (mg kg-1)  0.5 – 1.0    0.5 – 1.0   
 Boro (B) (mg kg-1)  0.8 – 1.5  1.0 – 2.0 

 Tabla 2. Niveles recomendados de suelo para un cultivo de frambuesa. 

Fuente: Hirzel (2008). 

 

Nutriente  Nivel deficiente  Nivel óptimo  Nivel excesivo 
N (%)  < 2.5  2.7 – 3.5  > 4.0 
P (%)  < 0.15  0.2 – 0.4  > 0.6 
K (%)  < 1.0  1.5 – 2.5  > 3.0 
Ca (%)  < 0.5  0.8 – 2.5  > 3.0 
Mg (%)  < 0.25  0.3 – 0.6  > 1.0 
Fe (mg kg-1)  < 30  60 – 120  > 200 
Mn (mg kg-1)  < 20  50 – 150   > 300 
Zn (mg kg-1)  < 15  20 – 60   > 80 
Cu (mg kg-1)  < 2  5 – 20   > 50 
B (mg kg-1)  < 30  40 – 70   > 80 

 Tabla 3. Niveles de referencia para el análisis foliar en frambueso.  

Fuente: Clarke et al. (1986). 

 

  1. Manejo de la fertilización en el cultivo

 

La frambuesa es un cultivo altamente exigente en nutrientes debido a su rápido crecimiento vegetativo y a su constante producción de frutos. Por esto, un programa de fertilización que resulte adecuado no solo debe buscar el máximo rendimiento, sino también garantizar la calidad de las berries, basada en cualidades como la firmeza del fruto, sus características organolépticas (olor, color, sabor) o su vida postcosecha.  

 

Normalmente, la gestión del aporte de fertilizantes en este cultivo suele diferenciar entre los dos tipos de variedades de frambuesa, las remontantes (floración en primocane) y las no remontantes (floración en floricane), ajustando de este modo dichos aportes en función de la fenología de la planta (García et al., 2013). 

 

Por tanto, los requerimientos nutricionales, así como la dinámica de absorción de los principales nutrientes, generalmente los macroelementos, descritos en apartados anteriores, que deben ser aportados en las distintas fases del cultivo son los siguientes (Hirzel y Morales, 2008; Sotomayor, 2013; Bryla y Strik, 2015): 

 

– Crecimiento inicial y brotación: Deben predominar los fertilizantes de nitrógeno (N) y fósforo (P). En el caso del N, la frambuesa requiere este elemento prácticamente durante todo su ciclo, pero especialmente en el crecimiento de nuevos hijuelos, en la expansión foliar y en el desarrollo de una buena estructura de la planta. El aporte de N suele realizarse con fertilizantes en forma de nitrato (cálcico, potásico, amónico o magnésico), aunque también se puede aportar en forma amoniacal, como el sulfato amónico. 

 

El P es muy necesario en la fase inicial para alcanzar un progreso adecuado del sistema radicular, el cual debe ser cuidado a lo largo de todo el ciclo con el fin de potenciar la absorción de agua y nutrientes. Dado que el fósforo tiene baja movilidad en el suelo, su aplicación suele ser más efectiva en la pre-plantación o mediante fertirrigación ácida para evitar la fijación en suelos con pH elevado. Por ello, se debe aportar como ácido fosfórico o también en forma de fosfato (monoamónico o monopotásico). 

 

– Floración y Cuajado: Este periodo suele resultar crítico en cualquier tipo de cultivo, ya que del número de flores y de su calidad, vendrán los futuros frutos y con ellos el rendimiento de la planta. Para obtener una buena floración el aporte de P es crucial por el transporte de energía (ATP). A éste deben unirse otros macroelementos como el calcio y el potasio, así como los microelementos boro y molibdeno para mejorar la viabilidad del polen.  

 

– Engorde de frutos: En esta fase la fertilización debe ser variada, ya que la planta va a demandar más alimento para sostener su carga productiva. Por ello, los abonos de calcio y potasio son más que necesarios, aportados generalmente en forma de nitratos. De este modo, también se suministra N que ayudará a aumentar el calibre de las frambuesas, aunque ya hemos visto que un exceso de este elemento puede derivar en frutos blandos y en una mayor susceptibilidad a enfermedades como Botrytis cinerea (pudrición gris).  

 

La principal función del calcio es estructural, por lo que debe aplicarse para mantener la consistencia y el buen estado de los frutos. Si se produce una cierta deficiencia de este elemento puede afectar a las paredes celulares, provocando el “desgranado” de las frambuesas. Se puede aportar mediante nitrato cálcico o con cualquier producto que contenga CaO. Hay que tener en cuenta su antagonismo con el potasio. 

 

El magnesio y el fósforo no deben ser olvidados, aunque deben constar en concentraciones más bajas que los dos anteriores. En cuanto al Mg, puede ser aportado en forma de sulfato o de nitrato magnésico  

 

La gama de microelementos y, si es posible, fertilizantes orgánicos también serán bien recibidos, ya que la incorporación de materia orgánica bien compostada mejora la estructura del suelo y la capacidad de intercambio catiónico (CIC). 

 

– Maduración y recolección: Corresponde al periodo final del cultivo, donde hay que dar prioridad absoluta al potasio, con las mayores dosificacionesasí como evitar el abuso del nitrógeno, que debe ser reducido o incluso restringido, evitando así problemas innecesarios.  

 

El potasio es el nutriente fundamental para obtener la mayor calidad de las frutillas, ya que regula el balance hídrico y la síntesis de azúcares, además de aumentar el peso del fruto y los niveles de maduración, medidos a través de los grados Brix.  

 

La mejor forma de aportar el K es mediante nitrato potásico, aunque va a depender de factores como el estado del cultivo o la calidad del agua de riego. También puede emplearse el sulfato potásico. En forma de cloruro no es muy recomendable. 

 

En lo que respecta a la forma de aplicarlo al cultivo, la técnica más recomendable es la fertirrigación, la cual permite fraccionar y distribuir el aporte de los nutrientes de una manera más precisa y controlada. Además, en estos sistemas de fertirriego se pueden emplear soluciones nutritivas determinadas, con el equilibrio nutricional deseado y un pH ajustado entre 5.5 y 6.5, rango donde la absorción de la mayoría de nutrientes es máxima (Bryla y Strik, 2015). 

 

Tampoco se debe olvidar que la frambuesa es moderadamente sensible a la salinidad, tolerando niveles de CE del extracto saturado inferiores a 1.5 dS m-1. De modo que los sistemas de fertirriego ejercerán un mejor control, evitando una dosificación excesiva de los fertilizantes (Sotomayor, 2013). 

 

En conclusión, la estrategia de fertilización en el cultivo de frambuesa debe basarse en el equilibrio entre elementos. El uso de equipos de fertirrigación, herramientas de diagnóstico como análisis de suelo, de agua y foliar, así como un buen asesoramiento técnico van a permitir ajustar de forma adecuada la amplia gama comercial de fertilizantes a los requerimientos reales del cultivo. 

 

Por otra parte, una gestión óptima del agua de riego y de los fertilizantes va a minimizar el impacto ambiental y la contaminación por lixiviación de nitratos, además de reducir los gastos económicos en insumos, optimizando así la rentabilidad del productor.