18/06/2024

Revista InfoAgro México

Toda la agricultura, ahora en tus manos

Aspectos clave de la siembra

Aspectos clave de la siembra

  1. Introducción
  2. Momento adecuado
  3. Pregerminación

4. Siembra o plantación

  1. Introducción

El cultivo de la patata es uno de los más conocidos en el mundo. De hecho, se cultiva en la mayoría de países del globo. En principio, su plantación no requiere demasiados esfuerzos, siendo puesta en práctica en diversas zonas con características diferentes. No obstante, es recomendable tener en cuenta algunos aspectos que pueden servir de gran ayuda en la siembra. En el presente artículo se exponen algunos de estos aspectos para que esta fase inicial comience de la mejor manera posible y repercuta favorablemente en las etapas posteriores.

  1. Momento adecuado

Es fundamental a la hora de realizar la siembra de la papa, haber realizado una planificación previa en la que se tenga en cuenta aspectos como la variedad, el terreno, la región o los valores climáticos de la misma, entre otros, ya que las fechas para tal acción dependen de estos factores.

Suelen distinguirse dos temporadas bien diferenciadas para sembrar tubérculos de patata, una más fría y otra más cálida, aunque el criterio es el mismo en ambos periodos, siendo necesario tenerlo en cuenta según la época y la zona donde se vaya a cultivar.

A este respecto, la temperatura del terreno resulta clave en la siembra, ya que, si dicho valor desciende de 10 º C, se verá afectado el desarrollo del cultivo, pudiendo causar daños en los brotes recién emergidos. Los periodos en los que las temperaturas mínimas del aire se sitúen en torno a 2 º C serán propicias para ocasionar estos problemas.

Los primeros y los últimos meses del año son los que coinciden con estos valores térmicos. Sin embargo, en determinadas zonas más frías, también podrían suceder estos hechos desfavorables en los meses intermedios. Por tanto, es esencial tener en cuenta las temperaturas reinantes de la zona de cultivo en el momento de la siembra para no sufrir daños posteriores en el crecimiento del mismo.

  1. Pregerminación

Las papas se siembran a partir de los tubérculos, que son la parte comestible de la planta, enterrada en el suelo, donde se acumulan las sustancias nutritivas. Los tubérculos pueden ser seleccionados de la cosecha anterior o comprados directamente en algún centro autorizado,  pudiendo plantarse directamente en el terreno (en el momento adecuado) o mediante una pregerminación previa a su plantación.

Esta operación puede ser recomendable, principalmente, por dos motivos: Primero, se adelantará tiempo al sembrarlas previamente germinadas, ahorrando así las semanas correspondientes a la germinación bajo tierra. Y segundo, se asegurará el brote de todas las patatas, realizando un control de las mismas, seleccionando aquellas que sean óptimas para la siembra y desechando las que no lo son, evitando así crecimientos fallidos en la parcela.

Las patatas de siembra se pueden adquirir, pero si se desea reducir el gasto en este concepto, se puede realizar de manera doméstica, con el trabajo propio, llevando a cabo las siguientes tareas un mes antes de la fecha de plantación prevista:

  • Inspección de los tubérculos. Éstos deben presentar un buen aspecto, con firmeza y uniformidad, eliminando las piezas que estén blandas o defectuosas.
  • Colocación correcta de las patatas en los recipientes. Deben ponerse con los “ojos” hacia arriba. Estos son los orificios por los cuales van a emerger los brotes. También es importantes distribuirlos de forma ordenada para que los tubérculos estén mejor expuestos a la luz y al aire.
  • Situación adecuada de los recipientes, los cuales deben ser ubicados en una habitación fresca y que disponga de suficiente claridad, con una temperatura aproximada de unos 10 º C. Dicha iluminación tampoco debe ser excesiva si se pretende obtener brotes cortos, gruesos y con una buena unión al tubérculo, que son los más adecuados para desarrollar posteriormente un crecimiento adecuado, así como un rendimiento óptimo.
  • Revisión periódica de las papas que presenten desperfectos, como pueden ser zonas blandas, descoloridas o podridas, entre otros síntomas.

Aproximadamente un mes después de comenzar la germinación de las patatas, ya se podrían sembrar estas piezas pregerminadas, aunque, como se ha mencionado anteriormente, es preciso que la temperatura ambiental no descienda de 2 º C, porque podrían sufrir daños. Es preciso señalar que, durante las heladas, las hojas se ven seriamente afectadas y los tubérculos detienen su desarrollo.

Para reducir dichos daños, es recomendable asegurarse de que la fecha de plantación no va a presentar esas temperaturas tan negativas. Las protecciones frente al frío son también una buena alternativa para evitar problemas.

  1. Siembra o plantación

Plantar y cultivar estos tubérculos no consiste únicamente en enterrarlos y esperar. Es necesario llevar a cabo una serie de labores que aseguren un correcto desarrollo de las plantas, así como una óptima cosecha final. Teniendo en cuenta que la parte comestible de este cultivo crece debajo de la tierra, es recomendable dotarlo de suelos mullidos, sin piedras, con una humedad adecuada y un buen contenido de nutrientes.

Además, son necesarias algunas labores como, por ejemplo, el aporcado, que consiste en cubrir con tierra los tallos a medida que van creciendo con el objetivo de que los tubérculos próximos a la superficie no se pongan verdes. Para este cometido, la técnica tradicional se realiza mediante la construcción de surcos y caballones, una tarea bastante laboriosa que se está sustituyendo en algunos ámbitos por los cultivos en parcelas elevadas o incluso, en contenedores, para no tener que labrar la tierra al no estar compactada y las labores de mantenimiento precisan poco esfuerzo.

La técnica de realizar surcos y caballones consiste en ir formando lomos de tierra a ambos lados de la planta, los cuales se van arrimando lateralmente para cubrir los tallos. Actualmente y, debido a la eficacia que se busca en las tareas, es menos recomendado por el laboreo del suelo y el esfuerzo que supone.

Por el contrario, la técnica de cultivo elevado resulta más sencillo y menos laborioso, aunque deben aplicarse acciones como aporte de compost, rotaciones de cultivo o acolchado del suelo si se quieren obtener rendimientos aceptables.

En huertos urbanos o parcelas con macetas, se deben usar recipientes con un volumen mínimo de 18 litros, aunque se obtendrá una mayor producción con capacidades superiores, comprendidas entre 30 y 50 litros. En dichos recipientes deben aportarse sustratos con nutrientes como humus de lombriz, compost, estiércol o mezclas de éstos.

En cualquier caso, independientemente de la técnica empleada, la siembra de la papa requiere que esta sea enterrada haciendo surcos u hoyos en el terreno, con una profundidad comprendida entre 8 y 10 cm, de manera aproximada. Asimismo, la separación que debe existir entre las plantas puede oscilar entre 30 y 45 cm, dependiendo principalmente de aspectos como la variedad cultivada, la fecha o época del año, el ciclo que se pretenda cultivar, las condiciones del entorno (clima, suelo, agua), etc.

En cuanto a la colocación de los tubérculos, éstos deben situarse con los brotes hacia arriba y, si aún no han emergido, con los puntos conocidos como “ojos” en tal sentido. También, para favorecer la brotación, se pueden cortar los tubérculos en 2 o 3 trozos, en las siembras de final de invierno y principios de primavera. Si se quiere hacer de una forma más eficaz, es preciso cortar pedazos que contengan al menos 3 ojos (brotes o yemas), haciéndolo en un periodo anterior a la plantación de 4 – 5 días.

Es importante mencionar que esta labor no resulta aconsejable para las patatas de siembra tardía, ya que pueden aparecer pudriciones al realizar los cortes. Por ello, las que se siembren en este periodo no deben ser troceadas para la plantación. Solamente, deben enterrarse enteras al tratarse de papas de menor tamaño.

Así pues, considerando lo anteriormente expuesto, hay que tener en consideración los distintos aspectos que pueden influir en la siembra y que van a ser cruciales en el desarrollo del cultivo y la posterior cosecha.