11/10/2022

Revista InfoAgro México

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Plaga del piojo de San José

Plaga del Piojo de San José

1.Introducción

2.Origen y distribución

3.Morfología de los estados evolutivos

4.Fenología de la especie

5.Importancia y daños

6.Medidas de control

  1. Introducción

El piojo de San José está considerado como una plaga de importancia a nivel mundial, ya que se ha constatado su presencia en todos los continentes. Otro aspecto que confirma su relevancia como plaga es la enorme amplitud de cultivos que puede llegar a colonizar, habiendo sido identificado en más de 150 especies de plantas diferentes, siendo especialmente importantes en los árboles frutales, entre los que se encuentra el duraznero.

Este pequeño insecto de color amarillento está provisto de un escudo en tonos grisáceos que le sirve de protección. Se alimenta succionando la savia de las plantas a las cuales les causa severos daños, sobre todo, si la población de éstos es elevada. Por ello, la vigilancia de su presencia, así como la integración de las distintas formas de control resultan fundamentales para hacer frente a esta temida plaga.

  1. Origen y distribución

El insecto conocido como piojo (o escama) de San José (Quadraspidiotus perniciosus) debe su nombre a que fue descubierto en el valle de San José (California) en 1870, en un campo propiedad del Sr. James Lick. Posteriormente, en 1901, Marlatt realizó una expedición a China, Japón y Europa, concluyendo que esta especie era nativa de China y que la infestación sufrida por las plantas del Sr. Lick se debió a la introducción de plantas procedentes de este país. Inicialmente, se consideró la posibilidad de que hubiera sido introducido desde Chile, pero se pudo averiguar que la plaga ya estaba presente en Chile a través de unos árboles procedentes de Estados Unidos.

La distribución de este insecto plaga es enorme, invadiendo una infinidad de campos de cultivo de todo el mundo, siendo identificada en todos los continentes. A finales del siglo XIX, Q. perniciosus ya se encontrada disperso por toda Norteamérica (Comstock, 1881; Marlatt, 1906). Asimismo, su aparición y expansión por Europa tuvo lugar durante los años 30 del siglo XX.

  1. Morfología de los estados evolutivos

 

El denominado piojo de San José es un insecto que presenta un marcado dimorfismo sexual, es decir, que tiene claras diferencias morfológicas entre el macho y la hembra. A este respecto, la hembra tiene dos estados ninfales previos al estado adulto, mientras que el macho debe pasar por cuatro. Las características de cada estado de desarrollo de esta especie se exponen, a continuación, según la visión de Comelles et al. (1989).

Piojo de San José [Image]. (2022). Recuperado de https://www.jardineriaon.com/piojo-de-san-jose.html

– Primer estado ninfal (ambos sexos)

Es el periodo que transcurre desde el nacimiento del insecto hasta que se produce la primera muda, corresponde a un estado provisto de apéndices locomotores. Este estado inicial es bastante similar en ambos sexos, donde se producen tres fases: larva móvil, escudo blanco y escudo negro. Una diferencia apreciable entre los géneros, desde el nacimiento de la larva, es la presencia de un par de cortísimas quetas dorsales en el 1º y 2º segmento abdominal en el macho, que no están en la hembra.

La larva móvil es de color amarillo y mide unos 0.2 – 0.3 mm, de cuerpo ovalado, con antenas, patas y un par de quetas caudales. Tiene el aparato bucal dentro de un saco denominado crumena. Cuando la larva inserta su estilete bucal en la planta y comienza a secretar su escudo dorsal, las antenas y las patas comienzan una regresión para perderse definitivamente junto con el exuvio. Presenta un marcado fototropismo, desplazándose hacia las zonas más iluminadas, como son las partes altas de la planta.

En la fase de escudo blanco, pasados de 1 a 3 días, la larva se fija insertando su estilete bucal (tan largo como su cuerpo) en la planta y comienza a secretar filamentos algodonosos. Dicha secreción se inicia entre las 6 y las 12 horas después de la fijación descrita. De este modo, la ninfa permanece con el estilete introducido en la planta, con las antenas y patas replegadas bajo el cuerpo.

La fase de escudo negro se caracteriza por presentar un tamaño de 0.6 – 0.7 mm, donde el cuerpo de la ninfa es ancho y tiene el pigidio más destacado, así como las patas y antenas más cortas debido a que estos apéndices detienen su desarrollo. Ocurre a los 3 – 4 días de la fase anterior.

El escudo (o escudete) comienza a aumentar de tamaño debido al activo trabajo de las glándulas dorsales del pigidio, el cual produce secreciones de forma oscilatoria formando arcos que tienen como centro los estiletes, añadiendo líneas concéntricas en el margen. El escudo también incluye materiales céreos y sustancias proteicas que se oscurecen al poco tiempo.

Este primer estado ninfal finaliza al producirse la primera muda, proceso en el cual el insecto renueva su estilete, pierde las antenas y patas, además de incorporar el exuvio en la cara interna del escudo. González (1981), estima la duración del primer estado ninfal en frutos, a 20 º C, en un periodo entre 11 y 15 días.

– Segundo estado ninfal (ambos sexos)

Este estado tiene una duración similar al anterior (a 20 º C), 11 – 13 días en hembras y unos 2 – 3 días menos en machos (González, 1981). Los machos, durante la muda, pierden definitivamente el estilete bucal, siendo reconocidos por mostrar un escudo dorsal más alargado.

Las hembras adquieren una forma más angulosa en la región pigidial, con la presencia definitiva de lóbulos y peines. En la muda correspondiente vuelven a renovar su estilete bucal e incorporan el exuvio dorsal en la cara interna del escudo, que es circular debido a que ésta gira completamente alrededor del estilete bucal mientras segrega los filamentos.

– Tercer estado ninfal (machos)

Se le denomina estado de pre-pupa y tiene una duración de 2 a 5 días. A pesar de carecer de aparato bucal y de que el sistema digestivo no es funcional, es capaz de tener una rápida sucesión de cambios metamórficos. En este estado comienzan a apreciarse los muñones de las antenas y patas. Asimismo, se produce una clara prolongación del abdomen y del escudo dorsal.

– Cuarto estado ninfal (machos)

Este estado, denominado pupa, muestra un notable desarrollo de las antenas, patas y alas por parte de los individuos, las cuales están envueltas en sus correspondientes estuches “pupoides”. Además, el pigidio desaparece, apareciendo el estilete copulador y formándose los espermatóforos en ambos testículos, donde ya no existe el aparato digestivo. La muda final puede ocurrir a los 5 – 7 días.

Piojo de San José etapa adulta [Image]. (2022). Recuperado de https://www.jardineriaon.com/piojo-de-san-jose.html

– Macho adulto

Es alado, de color amarillo, con los ocelos de color rojo. El abdomen termina en un estilete copulador, que es tan largo como la mitad del cuerpo. El insecto mide 1 mm desde la cabeza al estilete copulador. Las alas son transparentes con una vena media horquillada. El segundo par de alas está reducido y transformado en balancines.

Una vez fuera del exuvio y, después de limpiar sus alas y antenas, el macho se moviliza. Por lo general, prefiere caminar por las ramas, aunque suele realizar vuelos de forma intermitente. Tan pronto como detecta hembras vírgenes empieza a realizar la cópula, que incluye un breve periodo de aproximación para que ocurra el contacto.

Con ayuda de las antenas, ubica la región pigidial de la hembra, la cual desplaza el pigidio hacia la periferia del escudo. Entonces, el macho introduce su estilete bajo el mismo, produciéndose la inseminación de inmediato (duración media de 1 minuto), alejándose posteriormente. No se sabe muy bien cuántas hembras es capaz de fecundar el macho, pero pueden ser varias.

– Hembra adulta

Se encuentra protegida por un escudo dorsal circular de 1.3 a 1.6 mm de diámetro y de color grisáceo, apreciándose una banda circular mediana de color pardo grisáceo que separa los periodos de crecimiento radial durante los dos estados ninfales.

Los restos de mudas van incluidos en el escudo, el cual aumenta de diámetro, experimentando un mayor crecimiento desde el momento que es fertilizada. A partir de este momento y, hasta el inicio de la salida de larvas, la secreción de filamentos es muy activa, ya que debe proteger a su pigidio, así como a las larvitas recién nacidas que suelen permanecer por un tiempo debajo del escudo.

El cuerpo de la hembra joven es ligeramente piriforme debido a que su pigidio sobresale y de color amarillo, cambiando a anaranjado a medida que envejece. En hembras grávidas, el prosoma se hace más ancho, por lo cual el pigidio se retrae. Una vez inseminada, a partir del tercer o cuarto día, ya se observan los embriones diferenciados.

Aunque depende de las condiciones climáticas y fenológicas del entorno de la planta huésped, se puede estimar que las hembras son capaces de iniciar la primera generación primaveral a los 35 – 45 días después de la fecundación. Pueden tener de 20 a 40 embriones desarrollándose en su interior con una puesta diaria de 6 a 8 larvas, alcanzando un total de 200 a 400.

Por otra parte, la partenogénesis no existe, ya que se ha podido ver que hembras no inseminadas no tienen desarrollo ovárico. No se ha encontrado ninguna tendencia en cuanto a la relación sexual de las larvas recién salidas según la edad de la madre. Sin embargo, lo que sí se ha podido apreciar es un ligero predominio del sexo femenino frente al masculino, del orden de 60 – 40 %, respectivamente.

  1. Fenología de la especie

Esta especie suele tener tres generaciones anuales, pasando un elevado porcentaje de la población el invierno en el primer estado ninfal en la fase de escudo negro, aunque también pueden encontrarse algunos individuos en el segundo estado ninfal e incluso algunas hembras adultas.

En general, según Comelles et al. (1989), los individuos de estas tres fases pueden sobrevivir perfectamente a unas temperaturas medias de 4 º C. Si descienden por debajo de este valor, la aparición de larvas se detiene y muchas hembras mueren por no poder librarse de los embriones más avanzados. A menos de 0 º C las hembras mueren, pero no los estados ninfales en la fase de escudo negro. En estas condiciones, la población de Q. perniciosus tiende a nivelarse hacia individuos de primer estado.

Piojo de San José fase escudo negro [Image]. (2021). Recuperado de https://agroproductores.com/piojo-de-san-jose/

Se considera como valor umbral de desarrollo de la especie la temperatura de 10 º C. El macho necesita de 16 a 17 º C para emerger y volar (Katsoyannos y Argyriou, 1985). A temperaturas inferiores es capaz de abandonar el escudo, pero no vuela, solamente camina. Por tanto, la falta de temperatura puede ser un inconveniente para controlar el vuelo de machos de la primera generación con feromonas (Pfeiffer, 1985).

En este sentido, las curvas de vuelo de los machos son muy cortas, no superiores a 8 días para la primera generación, aunque en primaveras lluviosas la emergencia de machos se ve muy prolongada. Asimismo, el nacimiento de las primeras larvas es un hecho ligado biológicamente al vuelo y apareamiento de los primeros machos (Rice et al., 1982).

Es interesante señalar que, a partir del descubrimiento de Rice (1974) y la identificación de Gieselman et al. (1979) de la feromona sexual de Q. perniciosus, se han desarrollado varios estudios para determinar con exactitud las curvas de vuelo de los machos. Dicha feromona necesita temperaturas superiores a 17 º C, así como vientos inferiores a 1.8 m·s-1 para poder controlar dichos vuelos (Rice y Hoyt, 1980).  

En Estados Unidos se determinó la fenología del piojo de San José usando modelos matemáticos basados en los datos climáticos que tienen en cuenta los grados x día, con un umbral de 10 º C. Así, en el estado de Nueva York (Mague y Reissig, 1983), se estima que el primer vuelo de machos tiene lugar entre los 90 y los 140 grados – días, la 1ª generación de larvas móviles ocurre a los 360, el 2° vuelo ocurre a los 667 y la aparición de la 2ª generación de larvas móviles a los 890.

En Virginia, el primer vuelo de machos se simuló a los 154 grados – días y la primera salida de larvas a los 350 (Pfeiffer, 1985). En California, se obtuvieron valores de 125 grados – días para el primer vuelo y 179 hasta la aparición de las primeras larvas (Rice et al., 1982).

Estos autores comparan los datos de campo con los valores esperados según modelos fenológicos que consideran los requerimientos en función de la temperatura. Según dichos modelos, se puede predecir la emergencia de larvas aproximadamente en 222 grados – días después del vuelo del primer macho en cualquier generación.

  1. Importancia y daños

Entre las más de 150 especies vegetales en las que se ha identificado, las familias de plantas huéspedes más importantes corresponden a las Rosáceas, Tiliáceas, Salicáceas, Ulmáceas, Vitáceas, Fagáceas, Juglandáceas, Leguminosas y Aceráceas (Comelles et al., 1989).

La verdadera importancia económica de esta plaga se debe a que ataca a la mayoría de árboles frutales cultivados, a los que causa daños, a veces severos, en ramas y frutos. El daño lo realiza al succionar la savia de las plantas, a las que puede causar un debilitamiento considerable, así como una situación de asfixia como consecuencia de la obstrucción de sus estomas.

Además, cuando se está alimentando, inyecta una saliva tóxica que colorea de color violáceo intenso los tejidos vegetales cercanos al punto de picadura. Esta saliva puede provocar un rápido marchitamiento de la planta. El ataque sobre frutos ocasiona típicas aureolas de color rojizo alrededor de la zona donde se fijan las cochinillas. Es preciso señalar que la sola presencia de la plaga en la fruta es motivo para que ésta no sea apta para la comercialización. También hay que tener presente que el principal modo de transmisión de la plaga es a través de la propagación de plantones infestados.

Los daños que ha venido ocasionando esta plaga han sido temidos desde hace mucho tiempo (hay que recordar que su presencia fue detectada a finales del S-XIX), debido a su virulencia y polifagia. A los árboles que atacaba, principalmente a frutales, era capaz de acabar con ellos en 2 o 3 años. Actualmente, el piojo de San José está considerado como una de las plagas más importantes, ya que puede marchitar un árbol y depreciar la fruta, la cual es rechazada para ser comercializada.

Piojo de San José Male [Image]. (2021). Recuperado de https://www.britannica.com/animal/San-Jose-scale
  1. Medidas de control

Generalmente, los tratamientos con insecticidas son el principal medio de defensa frente a esta plaga, sobre todo, cuando su retención se torna complicada. Sin embargo, existen una serie de acciones que pueden servir de ayuda en el control de Q. perniciosus. Algunas de éstas son:

  • Empleo de plantones sin ninguna presencia de la plaga cuando se realice una nueva plantación.
  • Eliminación, en el momento de la poda, de las ramas infestadas, que suelen ser las de la parte alta del árbol debido a que el cóccido tiende a situarse en esas zonas, donde suelen llegar menos los tratamientos fitosanitarios.
  • Quema de las ramas podadas con presencia de la plaga.
  • Realización de labores de monitoreo, el cual es fundamental, siendo imprescindible vigilar atentamente el huerto en fechas claves como son la cosecha, la poda y el raleo. De ninfas durante la dormancia en las ramas podadas, para asegurar que la escama no se desarrolle en las copas de los árboles, y de machos usando feromonas adecuadas.
  • Vigilancia por parte de los operarios del campo, marcando con pintura los troncos de los árboles afectados y observando, con más atención que al resto, su evolución.
  • Localización de frutos con síntomas de ataque en la cosecha o en momentos previos a ésta.
  • Limpieza de los árboles con agua y jabón en ataques esporádicos y/o no generalizados.

En cuanto al denominado control químico, los tratamientos contra el piojo de San José en frutales se suelen realizar, principalmente, en dos épocas: tratamientos invernales contra formas invernantes y tratamientos de verano contra larvas móviles. No obstante, algunos autores han ensayado aplicaciones en otras épocas, que han demostrado ser bastante eficaces. Por ejemplo, los tratamientos otoñales, en los cuales se han utilizado los mismos productos de los tratamientos invernales, con la intención de poder alcanzar a un mayor porcentaje de individuos en estados más prematuros (González, 1981).

Con respecto a la eficacia de las pulverizaciones, se ha comprobado (Downing y Logan, 1977; Rice et al., 1979) que los productos organofosforados, dirigidos a los machos adultos en el momento en que realizan el primer vuelo primaveral, es buena, aunque se presenta el inconveniente de que dicha época puede coincidir con la floración.

Por tanto, las características de los plaguicidas a utilizar dependerán de la época y de la fase del insecto contra la que van dirigidos. Para la aplicación invernal se recomiendan que sean productos que tengan acción de contacto directo, así como capacidad de penetración a través del escudo de los estados invernantes, lo cual se ve favorecido por la acción por inhalación (Reissig et al., 1985). A este respecto, la persistencia del producto no es tan importante en este momento como en las aplicaciones dirigidas contra larvas en los momentos de máximo avivamiento durante el periodo vegetativo (Comelles et al., 1989).

Por otra parte, los productos contra larvas móviles deben tener una gran acción de contacto residual con cierta persistencia, capaz de matar a las larvas que caminan por encima del residuo del producto. Este tipo de insecticidas de contacto suelen afectar al sistema nervioso, mientras que los sistémicos presentan una acción digestivo – nerviosa al ser ingeridos por el insecto. De este modo, los productos que posean las dos características, serán los más eficaces en los tratamientos durante el periodo vegetativo, ya que serán capaces de eliminar, tanto las larvas como los individuos en fases protegidas (Comelles et al., 1989).

Según estos autores, los productos que se aplican para el control del piojo de San José requieren una cuidadosa aplicación, con un alto volumen de agua para mojar bien todas las partes de la planta. Por este motivo, los tratamientos mediante pulverización dan mejores resultados que los de atomización porque se debe mojar abundantemente las partes altas del árbol, que es donde se encuentra preferentemente el insecto plaga.

Finalmente, no hay que olvidarse del control biológico, el cual ha dado buenos resultados en algunos países, sin olvidar la importancia que tiene un uso responsable de los plaguicidas, ya que algunos reducen o eliminan la fauna benéfica del entorno del cultivo. En este sentido, se ha observado un eficiente control de la plaga por la acción de estos enemigos naturales en huertos abandonados, es decir, en ausencia de tratamientos plaguicidas por algunas temporadas (Allende y Quiroz, 2017).

El INIA, en algunas regiones de Chile, ha observado un conjunto de enemigos naturales que afectan a la escama de San José, constituidos por avispitas del género Aphytis (A. aonidiae, A. diaspidis, A. mytilaspidis), Aspidiotiphagus citrinus y chinitas depredadoras de los géneros Coccidophilus, Lindorus, Scymnus y el ácaro Hemisarcoptes spp. Asimismo, otras empresas e instituciones especialistas en el control biológico han añadido como seres hostiles del piojo a Cryptolaemus montrouzieri, Chilocorus stigma, Cybocephalus californicus, Encarsia perniciosi o Coccinella infernalis, entre otros.

De este modo, la implementación de nuevas técnicas y/o medidas, así como la combinación del mayor número de ellas posibles, en las parcelas de cultivo, aumentará las posibilidades de control frente a este enemigo que resulta tan dañino, en este caso, para los huertos de duraznos.

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